Title: Regreso antes del alba
Description: 31-6-1226 Abadía de St. Germain-de-Près
Maximo Constanza - April 18, 2008 10:26 AM (GMT)
La noche perdía fuerza con la temprana llegada de un nuevo amanecer. Un amanecer cargado de sangre y cambios. Una nueva era se abría paso entre los últimos retazos del manto de morfeo que aún acunaban a los mortales de París. Esta había sido una larga noche para algunos, pero más larga sería para aquellos que no volverían a presenciar una distinta, aquellos que habían perecido en las catacumbas.
Mientras, una sombra solitaria recorría el último tramo hacia su refugio. Una sombra más oscura que las demás, y ahora debilitada por la batalla que había tenido lugar. Pero aún y estando a las últimas debería aguantar un poco más, pues no podía amanecer sin haber presenciado el rostro de su protegida, y haberle dicho que todo había ido según lo planeado. No dejaría que el peso de la incertidumbre cargara el alma de aquella que lo esperaba, sin duda, atenta a cuanto pudiera haber ocurrido.
La sombría silueta ascendió por las murallas que resguardaban la Abadía de St. Gemain del exterior, hasta colarse por una rendija abierta que lo llevaría al interior de la santa fortaleza. Una vez dentro solo había un destino posible. Así con la velocidad del cuerpo inmaterial se deslizó hacia los aposentos de aquella que aguardaba su regreso. Una vez ante la puerta tomó nuevamente su forma corpórea, y con dos decididos golpes anunció su llegada. Si su deseo fuera el que lo guiara, se habría colado en el interior de la estancia al instante, pero el respeto y lo que sentía por Sharede hicieron que mantuviera la compostura.
Sharede d'Alençon - May 2, 2008 11:13 PM (GMT)
Aquellos golpes retumbaron en el alma de la cainita, que llevaba toda la noche debatiendo internamente lo que debía hacer, lo que ocurriría, e infinitas consideraciones más sobre lo que al fin y al cabo se trataba para ella de supervivencia. El irracional deseo de vivir se enfrentaba a la lealtad, la fe, a todos los principios que amaba.
Sus escasas pertenencias habían sido diezmadas, desordenadas y luego reordenadas, empaquetadas, escondidas, y algunos documentos habían perecido a manos del fuego que yacía ya moribundo, dejando poco a poco paso a la próxima claridad del amanecer.
Todo aquello había sido testigo de sus dudas y continuos vaivenes. Sharede había pensado en marcharse directamente lejos de París, pero... había hecho una promesa, y tenía que saber lo que había ocurrido entre el Príncipe y Máximo antes de tomar una decisión. Y quizás ahora la decisión estaba allí ante su puerta en forma de emisario de Geoffrey, o podía ser que...
Su pálida mano se acercó al pomo de la puerta deseando saber a lo que se enfrentaba. Pero lo hizo a ciegas, y en el profundo silencio de la Abadía, una puerta cedió, mientras la doncella se dibujaba en su umbral, rodeada por la débil aura de las llamas, y con las pestañas aún salpicadas de lágrimas.
Maximo Constanza - May 5, 2008 12:00 PM (GMT)
Por unos momentos Máximo se quedó parado, observando el rostro de su dama, y con el reflejo del rastro carmesí en los ojos de ella vió una vez más en su interior. Entonces, presto, la tomó entre sus brazos en un inmortal abrazo, levantándola en vilo y adentrándose en la habitación. El tiempo transcurrió inmemorial mientras el contacto entre ambos cainitas tenía lugar. Luego, lentamente acercándose en un susurro el tiempo volvió para los allí presentes.
- Todo ha acabado.
Las implicaciones de aquellas palabras, tan solo ciertas en lo referente a aquella noche pues mucho quedaba aún por hacer, resultarían claras para Sharede. Pero ahora todo eso daba igual, pues el destino otorgaba su momento al vencedor, que volvía junto a los suyos en busca de aquello que podría haber perdido para siempre si hubiera fracasado.
Sharede d'Alençon - May 16, 2008 02:57 PM (GMT)
No vendría nadie a por ella: él había regresado. El hecho de que fuese la figura de Máximo la que había aparecido en el umbral implicaba un conjunto de sucesos tan denso que Sharede se sintió abrumada y simplemente dejó llevarse por la situación, abrazando al Lasombra de vuelta mientras cerraba los ojos.
-Gracias a Dios-, murmuró contra su hombro, quedándose así por un momento.
Finalmente abandonó el protector contacto y quedaron frente a frente en la penumbra salpicada de destellos anaranjados.
- ¿Cómo estás?- preguntó con dulzura, ofreciéndole asiento. Aunque había muchas preguntas que se podían hacer sobre aquella noche, prefirió que fuese él quien decidiera contárselo si así lo creía oportuno.
Maximo Constanza - May 17, 2008 01:10 AM (GMT)
La dulzura de Sharede resultó un balsamo para el antiguo que sentía plenamente el peso de sus actos. No es que hubiese sido algo hecho sin premeditación, pero mucho vendría a partir de ahora.
- Estoy bien, y seguro que tus rezos han tenido algo que ver en ello. Pues por lo visto nos estaban esperando. Pero ya está, Geoffrey no volverá a ver un nuevo anochecer.
Las palabras sonaban pesadas mientras eran pronunciadas, señal del antiguo aprecio que había tenido por el monarca caído. Pero eso ya era parte del pasado, y ahora había que centrarse en el futuro prometedor que los esperaba.
En un rápido vistazo contempló el revuelo que había tenido lugar en la habitación de su protegida. No podía echarle nada en cara pues él mismo había dudado de las posibilidades del golpe. Aún y así una sonrisa apareció en sus labios mientras sus ojos volvían a brillar.
- ¿No creerias que sería tan fácil librarte de mi?
Con la dama a su lado todo volvía a resplandecer con brillo propio, tanto incluso que Máximo se atrevió a bromear.
Sharede d'Alençon - May 17, 2008 01:59 AM (GMT)
Seguramente sería difícil para él haber acabado personalmente con una antigua amistad como la que tenía con Geoffrey. ¿Cómo podían las cosas cambiar tanto? cuando no había límite de tiempo todo se distorsionaba y era tan fácil volverse irreconocible, que Sharede sintió una punzada de miedo al darse cuenta de lo fácil que era que Máximo entrase en la Conciergerie y reclamase el trono como propio. Más cerca que nunca, y con él la ciudad estaría segura, pero... ¿se volvería él también extraño con el paso del tiempo?
La tirantez de sus labios se relajó para dejar paso a una tenue sonrisa al escuchar la broma. Él no merecía preocuparse además por sus pensamientos.
- Tenías que volver, no esperaba menos.
No se atrevió a hablar del futuro.
Maximo Constanza - May 17, 2008 02:32 AM (GMT)
En efecto el Lasombra había vuelto. La cuestión era el precio que había tenido que pagar. O más bien que tendría que empezar a pagar a partir de ahora.
Máximo se moría de ganas de quedarse ahí contemplando a Sharede y dejar que el amanecer llegara sometiendolos al sopor diurno, mientras sus mentes divagaban sin pensar en nada concreto. Pero había cosas por hablar antes de todo aquello. Ideas que rondaban por la mente del antiguo y que necesitaba contar a su protegida. Una vez más la utilizaría como consejera.
- Mañana al anochecer tomaré la Concergerie y reclamaré el trono de París. Es el momento de hacerlo, antes de que otro lo intente. Antes de que la ciudad vuelva a tener un Príncipe indigno.
La mirada de Máximo se perdió por unos instantes en algún lugar de su mente, mientras la mantenía dirigida hacia Sharede.
- Tan solo espero ser merecedor del Principado, y saber llevarlo como es debido.
Sharede d'Alençon - May 17, 2008 03:08 AM (GMT)
Ella se mordió el labio inferior de forma imperceptible; lo había temido e intentado esquivar, pero ahora que se lo escuchaba decir, ya no podía pensar que era evitable. Entonces sus manos saltaron de su regazo hasta posarse sobre las del Lasombra.
- Es una decisión valiente, pero... piénsalo bien.
Tenía que hacerle volver a meditar sobre sus intenciones, aunque en el fondo sabía que la decisión estaba tomada, y que sería lo mejor para la ciudad. ¿Pero y para él? lo dudaba. Entonces se debatió entre alentarle o retenerle.
- No me gustaría que entre tantas obligaciones no encontrases tiempo para poder ir a la torre.
No se había podido decidir por ninguna de las dos cosas así que optó por devolverle la broma anterior, y emitió una risa azorada.
Maximo Constanza - May 19, 2008 02:17 AM (GMT)
La referencia a la torre, aquel lugar mágico para ambos, hizo sonreir a Máximo, que sabía que durante algún tiempo pocos serían los momentos que pudiera compartir con Sharede.
- Lamentablemente ya no hay marcha atrás en todo esto. Alguien debía hacerlo, y alguien debe tomar las riendas de París para que no se desboque aún más si cabe. Espero poder contar con tu apoyo, pues te voy a necesitar más que nunca.
Mientras hablaba con las manos de la dama entre las suyas buscó a tientas el dedo que poseía el anillo de ónice para acariciarlo suavemente.
- En cuanto a la torre no te preocupes, pues ahora que estamos juntos no pretendo separarme de ti mientras pueda, además lo que ese lugar representa jamás desaparecerá de mi corazón.
Instintivamente llevó una de las manos de Sharede a su pecho, donde en su vida mortal el corazón había latido fuerte, aunque nunca tanto como lo hubiese hecho en estos momentos.
Sharede d'Alençon - May 22, 2008 01:35 AM (GMT)
La seriedad volvió a ella, mientras dejaba su mano contra el pecho del Primogénito.
- Mi apoyo lo tienes pero... Geoffrey era el Príncipe hasta hoy, ¿de verdad se ha hecho tantos enemigos como para que no temas represalias? quizás el primero que suba al trono es quien sufra las consecuencias y el odio de todos...
Como consejera, se veía en la obligación de expresarle sus pensamientos más hondos y preocupaciones.
- Todavía estás a tiempo de asegurarte.
Maximo Constanza - May 26, 2008 04:14 AM (GMT)
Las palabras de Sharede no dejaban de tener razón, pero era algo a lo que había decidido arriesgarse.
- En estos últimos tiempos he intentado sondear a los cainitas influyentes de la ciudad para comprobar su lealtad, pero habrá que ver que es lo que ocurre, ahora que son partícipes de todo lo ocurrido.
Los ojos de Máximo se posaron en el rostro de ella, mientras le dedicaba una sonrisa al cruzarle un pensamiento por la mente.
- Extrañamente parece ser que esta vez seré yo quien deba recordarte que la esperanza es una arma poderosa. Pues si ni en nosotros mismos ponemos un poco de fe, todo esto no tendría ningún sentido.
A medida que hablaba con su protegida, el Lasombra reafirmaba más sus convicciones, y se aseguraba de haber hecho lo correcto... almenos lo que él así creía. Y esperaba que fueran muchos los que pensaran del mismo modo, y sino ya canviarían de opinión cuando París se alzará en su máximo esplendor una vez más.
Sharede d'Alençon - May 27, 2008 07:37 PM (GMT)
Sharede no pudo menos que sonreír ante aquellas últimas palabras del Lasombra. Le gustaba comprobar que su presencia había servido para algo, y que despejaba las sombras en el alma de Máximo. ¿Qué quedaba si no era fe? Incertidumbre e indecisiones. Sería mejor que estuviese decidido para no cometer errores.
- Te seguiré ayudando y guiando para que la nueva responsabilidad no pese demasiado sobre tus hombros, Máximo. No lo dudes.
Sin embargo, había una cuestión que le preocupaba.
- ¿Qué piensas hacer con la Abadía? No me gustaría que este santo lugar a partir de ahora se viese profanado por la política y la ambición de la Corte.
De ser así, ella tendría que cambiar de refugio.
Maximo Constanza - May 29, 2008 12:42 AM (GMT)
Por lo que parecía el momento de hablar del futuro había llegado. Y aunque la decisión ya estaba tomada, resultaba dificil de explicar.
- No deberías preocuparte al respecto de la Abadía, Sharede. No pretendo traer a la Corte aquí, ni dejar que se aproxime en medida de lo posible. Este es nuestro hogar y así seguirá siendo, pero habrá algún cambio, eso es cierto.
Máximo sondeaba a Sharede a cada momento, esperando podeer entreveer su aprovación o negación respecto a algo de lo que le comentaba.
- La Corte permanecerá en la Concergerie, puesto que no quiero llenar este lugar con una procesión de cainitas dispuestos a cualquier cosa, tanto por nuestra seguridad, tranquilidad, y el aprecio que sentimos por este lugar. Sin embargo precisaré de tu ayuda para dirigir St. Germain, pues pensaba otorgárte el poder sobre este sitio en mis ausencias. Pues lamentablemente la política robará gran parte de mi tiempo a partir de ahora.
Un silencio permitió al antiguo valorar la situación, y ver como la dama se lo estaba tomando. Finalmente dejó la conversación abierta para que Sharede comentara cuanto quisiera.
Sharede d'Alençon - May 30, 2008 08:54 PM (GMT)
La mujer suspiró aliviada al saber que el silencio seguiría siendo el dueño último y más poderoso de Saint-Germain, y que permanecería imperturbable en las ajetreadas noches que sucederían a aquella. Pero algo en el discurso del antiguo hizo aflorar en ella cierta inseguridad.
¿Quería dejarle al cargo de la Abadía? Se sintió honrada y a la vez inquieta por la gran responsabilidad. Pero no iba a dejar que la inquietud la ganase y la hiciese indigna de la confianza que se estaba depositando en ella, así que pasados unos momentos Sharede alzó la barbilla, decidida.
- Aunque será nueva para mí esa responsabilidad, cuidaré del lugar lo mejor posible- respondió con suavidad-La Conciergerie es un lugar muy exigente, y tus nuevas tareas también, pero este edificio será siempre un remanso de tranquilidad para afrontar desde una perspectiva distinta los problemas.
La mano del anillo y la diestra del Lasombra seguían entrelazadas en una caricia constante.
- ¿Hay algo más que quieras decirme?
Maximo Constanza - June 3, 2008 07:29 PM (GMT)
Realmente lo más angosto de la conversación ya había tenido lugar. Lo correspondiente al mundo en que se convertía París desde aquel momento ya había sido nombrado. Y ahora en el corto lapso de tiempo entre el alba y el día, llegaba el tiempo de los amantes.
- Son muchas las cosas que quiero decirte, y poco el tiempo que nos resta esta noche, pero por suerte para nosotros las noches se nos contarán eternas mientras nos hallemos el uno en brazos del otro.
Callando subitamente, Máximo se acercó a Sharede, acortando la distancia que los separaba a la del sonido de un susurro.
- Muchos silencios complices han mantenido inaudibles las palabras que deseo pronunciar, más no oso hacerlo, por temor a una negación.
Y allí se encontraba el futuro Príncipe de París, atemorizado ante lo que sentía por la dama que hacía revivir su muerto corazón.
Sharede d'Alençon - June 3, 2008 11:44 PM (GMT)
Una mano, casi cálida, abarcó dulcemente su mejilla, sustituyéndose por el aire sin que casi pudiese notarse la diferencia, tal fue la ligereza con que se posó contra su piel.
Los ojos a tan escasa distancia podían recrearse en cada pequeño detalle, y si bien Sharede contemplaba el veteado castaño clavado en ella, él no podría distinguir nada más que la más completa negrura, un espejo negro que nunca había parecido tan envolvente como en aquel momento.
Su cabello ligeramente despeinado acompañó cada ínfimo movimiento, lamiendo los bordes de un rostro femenino de asombrosa frescura, que la muerte no se había encargado de corromper.
El silencio del que hablaba Máximo estaba allí, aunque casi era imposible que cupiese entre ambos. Sharede aguardó, insegura, sin saber lo que depararía romper ese silencio y allanar el camino a sus palabras.
- No dejéis que esas palabras se enmustien dentro de vuestro pecho, mi señor.
Maximo Constanza - June 5, 2008 12:27 AM (GMT)
Nuevamente, al terminarse las palabras de la dama, el silencio volvió. Y así, arropados en una infinidad de frases inauditas, capaces de leerse a través de los ojos de ambos Lasombra, Máximo recorrió el corto tramo que los separaba y la besó, acariciando la nuca de Sharede al mismo tiempo.
En aquel momento el tiempo se paró, y nada de lo ocurrido aquella noches pareció tener importancia, a excepción de ese mismo instante. Y cuando el beso terminó, manteniendo aún los labios con un ligero contacto, las ansiadas palabras brotaron con la fuerza de un susurro de boca del antiguo.
- Te quiero.
Sharede d'Alençon - June 5, 2008 04:13 AM (GMT)
El extraño vínculo entre ambos seres inmortales se selló con aquellas palabras. Sharede tenía la extraña sensación de que su corazón había pegado un vuelco, e intentó disimular su turbación.
- Por eso serás un buen Príncipe- susurró sonriente- porque posees la capacidad de sentir; porque tu corazón no está muerto... y muy pocos de los nuestros pueden decir tal cosa ni apartarse de sus necesidades egoístas.
Entonces se llevó las manos al pecho.
- Yo también siento el mío cuando estoy cerca de ti.
El silencio se restableció, pero la aurora comenzaba a amenazarles. Llegaba el momento de separarse, aunque a tenor de sus palabras, les costaría gran esfuerzo. A partir del momento en que Máximo cruzase el umbral, para ella se convertiría formalmente en el nuevo Príncipe de París, con la distancia que aquello conllevaba...
Maximo Constanza - June 7, 2008 08:57 AM (GMT)
La sangre de Máximo pareció cobrar más fuerza de lo normal mientras rebullía en su interior. Finalmente el tiempo del silencio había terminado para dar paso a algo más. Las palabras habían sido pronunciadas y ahora ya solo el tiempo y ambos amantes decidirían su propio futuro.
Y con el renovado fluir de su sangre, el Lasombra pareció volverse más humano. De hecho lo que iba a hacer no era demasiado común entre cainitas, pero sentía que quería hacerlo, ya habría tiempo para estar separados. Con estos pensamientos en mente tomó nuevamente a Sharede en brazos y la recostó sobre el jergón acostándose a su lado, mientras la rodeaba con un cálido abrazo.
- Permíteme quedarme a tu lado éste día.
La frase, con la voz más dulce que Máximo hubiera usado jamás, apenas resonó en el lugar con un quedo susurro, casi suplicante.
Sharede d'Alençon - August 29, 2008 08:28 PM (GMT)
El primer impulso de Sharede fue desembarazarse del Antiguo y salir corriendo. Demasiados fantasmas rondaban su mente, fantasmas que pensaba haber olvidado pero que se volvían a materializar cuando menos se lo esperaba para torturarla.
No obstante, el ambiente cálido y los brazos protectores, el silencio, la paz de aquellos muros, todo era distinto a aquella otra vez.
La Lasombra se acurrucó cerrando los ojos y respiró profundamente intentando calmarse e imbuirse del aroma de Máximo, para que su subconsciente entendiese que el recuerdo de su Sire eran solo cenizas.
Conforme el sol comenzó a ascender por el horizonte, ajeno a las criaturas que se resguardaban de él, Sharede notó la acostumbrada pesadez en sus miembros, en sus párpados. Como último gesto de aquella noche que expiraba, la mujer apoyó suavemente la cabeza contra el pecho del Lasombra, y se quedó dormida.