Fundado y regentado por la Orden de los Franciscanos, este hospital es el lugar de reunión de los leprosos de la ciudad, y es uno de los muchos (más de dos mil) como él que existen en Francia. Es un edificio es relativamente grande, con toda la planta baja de piedra y una encima de madera. Los monjes se mueven por entre los enfermos, intentando hacerles más llevadera lo que les resta de vida, y muchos de ellos son muy expertos en el arte de la medicina (al menos, para lo poco que se sabía de aquellas); otros monjes se encargan de las liturgias y otros menesteres más sagrados, tratando de aliviar la carga espiritual de los enfermos, porque se creía que a menudo la enfermedad era castigo Divino.