Renaud de Dammartin es liberado por varios de sus incondicionales de la prisión normanda que lo retenía. El viejo y enfermo conde de Boulogne (suegro de Felipe Hurepel) planta de nuevo cara a la corona dispuesto a recuperar las tierras de las que fue despojado y reclamar el título de Boulogne que por derecho de sangre le corresponde.
Johanna de Flandes ha reconocido a Renaud como legítimo señor de Boulogne al tiempo que proclama su independencia con respecto la corona, apoyando de ese modo la sublevación en el norte.
Mientras, más al sur y de manera simultánea, los campesinos de Bloise y Orleáns se han sublevado ante los opresivos impuestos y el alto reclutamiento que han sufrido a causa de la cruzada albiguense. La inestabilidad crece y puede que se extienda a otros condados.
La simultaneidad con la que se han producido tan desalentadoras noticias deja lugar para pensar que hay una mano negra que ha orquestado todo, pues ha tenido lugar poco después de que el Rey fuera traicionado y tomado por rehén.