Title: El anochecer de una nueva era
Description: 1-7-1226
Evento - April 11, 2008 12:33 PM (GMT)
Los rumores volaban raudos por las calles de París, pues ese era su sino. Muchos de los cainitas de la ciudad de las luces tenían sus informadores diurnos, capaces de mantener informados a sus durmientes señores cuando las sombras caían de nuevo sobre la urbe. Una noticia como la que acontecía, no dejaría impertérrito a nadie. Cada uno tendría sus ideas, cada uno buscaría información allá donde se le antojara. Pero lo que es seguro, es que la corte de aquel uno de julio, iba a estar repleta de almas en busca de respuestas.
Todos aquellos que asistieran a la Concergerie se encontrarían, como siempre, guíados por la educada y sútil mano de Ícaro. Leal desde hacía tanto tiempo al trono de París. Pero al llegar a la gran sala de audiencias encontrarían un trono vació. El significado estaba claro: las respuestas tardarían un poco en llegar. Así aquellos que iban llegando, empezaban a llenar el salón de silenciosos murmullos, con algunos nombres musitados aquí y allá. Quizá la paciencia de aquellos que decidieran aguardar sería recompensada, pero aún no. Pues aún ninguno de los caínitas realmente importantes había hecho acto de presencia.
Geoffrey - April 12, 2008 12:36 PM (GMT)
Erik intentaba llenar el hueco en la Corte como mejor podía, pero su desaliento era fácil de percibir. La noche anterior, Geoffrey había sido muy específico cuando él, Montalbán y los Caballeros de la Flor de Lis habían marchado a la batalla. Si no volvía esta noche, no era probable que volviese jamás, y era mejor que Erik huyese cuanto antes.
Y no había vuelto.
Pero el germano se negaba a marcharse ya, aferrándose al clavo ardiente de la esperanza como mejor podía. Tenía que creer que podía cambiar todo, o todo carecería de sentido para él. Su vida habría sido rota.
Así que atendia a los Cainitas que venían, intentaba acallar los rumores, conversaba con estos y aquellos e intentaba sonreir... aunque en esto ultimo fallaba miserablemente.
Maximo Constanza - April 18, 2008 07:33 PM (GMT)
Un carruaje negro como ala de cuervo rompía el silencio nocturno que cobijaba a la Concergerie. Al detenerse justo en frente de los portalones de la fortaleza, el cochero dio un rápido salto desde el pescante para abrir la puerta por la que saldría en primer lugar, una antigua conocida de la ciudad. De melena oscura y curvas sinuosas, con un andar tan grácil y seductor que jamás podría olvidarse. Con un ajustado vestido negro, que marcaba su posición social, Helenna D'Angello se dirigió hacia los guardias, que intentaban mantener la compostura ante tal derroche de sensualidad.
Una mirada de la dama, seguida de una orden imperiosa, hizo que ambos soldados corrieran a cumplir la petición. Así en unos momentos los portones del castillo quedaban abiertos para los que bajaban en esos momentos de la carroza.
Primero Máximo, con el porte serio y decidido que habitualmente lo acompañaba, y a sus espaldas dos desconocidos de la ciudad, ambos con rasgos italianos, guardaban las espaldas de su señor.
Directamente el séquito entró al edificio y con la presta aparición de Ícaro fue guiado hacia la sala de Corte, donde al entrar toda mirada recaía primeramente sobre la sinuosidad de la mujer, y seguidamente sobre el primogénito Lasombra, que en esos momentos mostraba una firmeza y determinación ferreas en cada uno de sus movimientos.
En su recorrido hacia el estrado el antiguo dejaba caer la mirada a lado y lado, sobre todos aquellos que la buscaran, y al menor indicio de revuelo, un brillo abismal surgía de sus pupilas para acallar cualquier comentario. A su paso, una estela de sombras lo guiaba mostrándolo en todo su esplendor. El largo pelo negro, más oscuro de lo posible, la piel marmórea signo de la antigüedad, refulgente bajo la luz de las antorchas, y la mirada de hierro desafiante.
Por contra, los acompañantes del Lasombra tenían fija su mirada, no era tarea suya el disponer su atención a lado y lado, sino mantenerla fija en el estrado, en el trono que lo governaba.
Tras un tiempo que pudo parecer interminable, en que los susurros y murmullos quedaban silenciados por el paso del magistri, finalmente la compañía llegó a su destino. Como habían entrado, igual subieron los dos peldaños que los separaban de la posición del governador. La dama se apartó levemente a un lado, mientras Máximo se situaba ante el trono que presidía la sala, y los dos italianos lo secundaban, uno a cada lado.
Una mirada recorrió la gran sala, luego el silenció se rompió por la astuta y fina voz de Máximo.
- Buenas y oscuras noches a todos. Estoy aquí para acallar todos los rumores. Como parecen decir las voces de París, Geoffrey du Temple, Príncipe de París, ha desaparecido. Su peor error, adentrarse en unos dominios sin previo aviso. Todos poseemos trampas y peligrosos encuentros en nuestros refugios más preciados. Necio es aquel que osa adentrarse en un lugar desconocido. Necio es aquel que cree poderlo todo. Pero eso ya no importa, pues la ciudad ha quedado sin cabeza, y eso es lo que nos atañe esta noche.
El Lasombra hizo un silencio, mientras dejaba que sus palabras, cargadas con toda la manipulación de que era capaz, se aposentaban en los oyentes.
- Así, en esta noche, por el bien de todos, y por el bien de París, reclamo este trono como propio, para guiar a la ciudad de las luces y devolverle su esplendor robado.
Otro silencio mientras recorría nuevamente la sala con su oscura mirada, y mientras las sombras a su alrededor lo envolvían mostrándolo a todos como un ser superior.
- Todo aquel que tenga algo que decir al respecto, que lo haga ahora, o mantenga el silencio por la eternidad.
Al finalizar el discurso, Máximo tomó asiento, a la espera de lo que pudiera ocurrir, pero con la seguridad del que cree tenerlo todo bajo control.
Geoffrey - April 19, 2008 01:00 AM (GMT)
Erik miró incrédulo cómo el Lasombra entraba en la sala, ni se fijó en la mujer. Él sabía quien era la víbora, ahora estaba todo claro. Y su desparpajo, seguridad y pose demostraban lo que venía temiendo desde que al comienzo de esta noche sus sirvientes mortales le informasen de que Geoffrey no había llegado de vuelta de su expedición nocturna. Ni Montalbán. Y las palabras del Lasombra eran obvias y claras al respecto.
Erik quería gritar, quería luchar, quería decir algo... pero no sabía el qué. No era rival para el antiguo Primogénito, ni en combate ni mentalmente. ¿Qué hacer? La duda lo corroía, pero tenía que hacer algo. Aunque muriese por ello. Ese advenedizo estaba destrozando con sus palabras todo lo que amaba y valoraba en París, no podía lograrlo sin oposición alguna.
-Yo no guardaré silencio- logró decir, sorprendido por la fiereza y seguridad con las que hablaba. Quizás había aprendido algo de Geoffrey después de todo.
Miró al Lasombra mientras avanzaba entre los Cainitas de su alrededor, que murmuraban apartándose rápidamente. Cobardes. Algunos de ellos eran más viejos que el propio Erik, y ni siquiera tenían el valor de hablar, para bien o para mal. Pero al germano ya no le quedaba nada que perder. Nada.
-Sois un traidor, un asesino, y habéis atentado contra las Tradiciones. Sabéis tan bien como yo que no os enfrentasteis al Príncipe en liza justa, ni en vuestro Dominio, por mucho que lo afirméis. Habéis urdido un plan para eliminarlo, y lo habéis asesinado. Así de simple. No lo rodeéis con bonitas palabras, la sangre aún se huele en vuestras manos.-
Erik no estaba al tanto de los detalles de lo que había ocurrido la noche anterior, por alguna razón Geoffrey había optado por mantenerlo en la ignorancia. Pero si algo sabía era que el Príncipe nunca hubiese ido al monasterio de Maximo. Lo habían discutido a menudo, y sabía que jamás habría hecho eso.
Maximo Constanza - April 19, 2008 01:30 AM (GMT)
Los custodios del autonombrado Príncipe hicieron ademán de moverse hacia el acusador, más en el último momento una, casi silenciosa, orden de ¡Quietos! los mantuvo en su lugar cual marmóreas estatuas. Lo único que se movió fue la mirada del magistri, que se clavó profunda en el alma del germano.
- Erik von Himmler de Ventrue, nada tengo en contra de vos, y nada creo haberos hecho. Llamais traidor a aquel que desea devolver la gloria a París. Al que en un momento de caos pretende traer el orden a la ciudad. Si amarais París del mismo modo que yo, rectificaríais vuestro juicio.
La voz salía calma y firme de entre los labios de Máximo. Ninguna amenaza guiaba sus palabras, ni siquiera el más mínimo rastro de hastío aparecía en su discurso.
- No deseo entrar en el juego de la culpabilidad, pues tan bien como vos pretendeis juzgarme culpable, otros podrán ratificar lo contrario, al igual que asegurar la limpieza de mis manos en este asunto. Sin embargo si os diré una cosa, ya que hablais de justicia. Ésta hace tiempo que abandonó París, y yo pretendo restaurarla. Sois libre de quedaros si así lo deseais, al igual que también sois libre de partir. Vuestra decisión es lo que cuenta ahora.
Lentamente el Lasombra se levantó del trono y dio un par de pasos encima del estrado, acercándose levemente al Ventrue.
- En cuanto a las tradiciones, si pareceis conocerlas tan bien, y darles tan buen uso, deberiais mostrarme mayor respeto en mis dominios, sino almenos por mi antigüedad en la sangre. Deberías escuchar la sabiduría antes que a vuestra bestia Erik von Himmler.
Mientras el discurso terminaba, la voluntad del antiguo se dirigía hacia las profundidades del abismo reclamando sus servicios. Y desde las sombras, prestos a atender a su señor, varios tentáculos de negrura aguardaban agazapados las ordenes.
Geoffrey - April 19, 2008 02:07 PM (GMT)
Erik notaba, en efecto, como la Bestia se agitaba bajo la superficie de su piel. "Dejate ir" le decía, "déjate ir y arráncale su piel a tiras. Hazle sufrir por el dolor que va a causar a París. Que muera como la bestia que es, como el traidor que es." Pero la mantuvo bajo control, aunque quizás eso no durase demasiado.
-Este no es, y nunca será, tu Dominio legítimo, serpiente. Quien se alza con sangre, con sangre cae. Recuérdalo cuando otro corte tu garganta. Y que esa maldición te siga hasta ese momento.-
Tras eso, casi con violencia, se dio media vuelta y se dirigió a la salida. Era hora de empaquetar sus cosas, París ya no tenía nada para él. Y si los agentes del Lasombra trataban de impedirlo... quizás finalmente dejase ir su Bestia sobre todos ellos.
Maximo Constanza - April 19, 2008 04:23 PM (GMT)
El magistri abandonó la presa visual que tenía sobre el germano, y mientras éste partía se dirigió a los demás.
- Cainitas de París, todos vosotros que quedais bajo mi manto, no es otro mi sino que el de devolver su gracia a nuestra ciudad, y a todos los que la habitan. Pensad en el día de hoy como el renacer del mundo que conocemos, en el que se abren prodigiosas oportunidades para todos. Sabed que el trabajo y la confianza serán premiadas, y que por contra la traición, o el incumplimiento de las tradiciones y las reglas establecidas será castigado. Vuestra es la decisión de permanecer a uno u otro bando, pero atended bien a mis palabras antes de decidir.
La pausa dramática del Lasombra quedaba perfectamente calculada y encajada en su discurso, que pretendía ganarse a los allí presentes en el menor tiempo posible. Si más no, convencerlos de que su apuesta era segura.
- Ante los presentes, declaro mi intención de reestablecer las primogenituras abandonadas para que todos tengais vuestra representación en la corte. Para que todos vuestros deseos y peticiones puedan ser evaluados y llevados a cabo con buen puerto. -Nuevamente la mirada de Máximo se posó sobre cada uno de los que lo escuchaban.- ¡Apoyadme, pues no teneis nada que perder, y al contrario sí mucho que ganar. Ahora ha llegado el momento en que debeis tomar vuestras decisiones, pues la mía ya ha sido tomada!
Lenatamente, mientras transmitía su frase final, se acercó al trono sin dar la espalda a la corte, y ratificando sus últimas palabras se sentó de nuevo.
Khando Ezcani - April 20, 2008 01:45 AM (GMT)
Khando observó aquella situación en el más absoluto de los silencios. Desde que había llegado a Paría, tan solo dos noches atrás, se había mantenido oculto a los ojos de extraños. Por fin ahora veía que su decisión había sido la mejor.
Dio un paso adelante, frente a la multitud de vástagos que allí se encontraban. Su accionar era resoluto y a la vez dantesco.
"Es un honor, y un alivio, que tan digno señor se siente en el trono" Dijo, más hacia la multitud que hacia Máximo. "Por fin, la justicia y la cordura volverá a reinar sobre Paris, bajo la atenta mirada del Principe y la guía de la Primogenitura"
Khando hizo una elaborada reverencia. Esperaba agradar al antiguo, pero por sobretodo, esperaba hacerse conocer ante los allí presentes. Es momento de que salga a la luz -pensó
Maximo Constanza - April 20, 2008 09:39 PM (GMT)
Una voz en el silencio.
Máximo recorrió la sala en busca del que acababa de hablar, mientras las palabras volvían claramente a su mente.
- ...el trabajo y la confianza serán premiadas.
La mirada del Lasombra llegó al hablante justo antes de que éste realizara la reverencia. Ese momento valió para observar sus facciones y ver que era un extraño en París, pues cons sus siglos de no-vida en la ciudad conocía, si más no reconocía, a todos los cainitas que la habitaban. Y a éste no lo había visto nunca.
- Escucho una nueva voz entre nosotros. Adelántate y dale nombre a tu rostro, pues no osaré dar la bienvenida a alguien que desconozco.
La consigna era clara. El recién autonombrado Príncipe exigía una presentación, pues aunque gustaba del discurso del tipo que acababa de hablar, debía mantener unos principios como la figura que pretendía ser.
Khando Ezcani - April 21, 2008 01:50 AM (GMT)
El príncipe había sido claro, y Khando debía obedecer las leyes, -pero más allá de todo, actuaba por pura convicción. Pura creencia de que los Lasombras eran los únicos capaces de regir sobre las noches, y convicción de que Máximo era el indicado.
Después de todo, por lo que había oído, el Lasombra se lo merecía más que nadie. No importaba ya si había sido una conspiración o si el nuevo príncipe solo se había aprovechado del vacío de poder. El vástago había jugado sus cartas, y tenía la mano ganadora.
- "Mi nombre," inició el hasta entonces extraño "es Khando Ezcani, mi Lord; venido desde las tierras más allá del Sur" Volvió a realizar una reverencia, sin mirar a su interlocutor.
Escuchó algunos murmullos a sus espaldas, pero no se preocupó en demasía. No estaba aquí para causar problemas, sino para resolverlos.
Maximo Constanza - April 21, 2008 07:25 PM (GMT)
La mirada de Máximo seguía clavada en el recién llegado mientras éste hablaba. Y al acabar, un leve silencio mostró a todos que en esa presentación faltaba algo.
- Decidme Khando Ezcani... ¿De allá donde veniis, os acompaña algún linaje, o algo que os distinga de los demás?
Estaba claro, que antes de proseguir, como mínimo el interrogado debía responder a tan simple pregunta, pues conocer el clan al que pertenecía un recién llegado podría ser de mucha importancia para el futuro.
- Y contadme también, qué os trae a París.
Al finalizar las preguntas, con un leve gesto de su mano cedió la palabra a Khando.
Khando Ezcani - April 21, 2008 07:37 PM (GMT)
- "Mi Señor," Khando retomó la palabra. "pertenezco al clan Lasombra, y vengo desde Italia, desde el hogar mismo de nuestro padre oscuro". Khando se mantenía en posición de reverencia, sin levantar la vista. Había aprendido muy en en tiempos pasados el arte del protocolo.
- "He llegado a Paris por la voluntad y gracia del Supremo," Khando se aseguró de no identificar a aquel que llamaba Supremo. Si el principe era lo suficientemente inteligente, como Khando creía que lo era, sabría que se refería de Lasombra y no de Dios.
- "Luego de años recorriendo el mundo, he decidido asentarme en esta bella ciudad, atraído por la historia de otros vástagos. Esta es sin dudda, un importante lugar para muchos" Sus palabras estaban cargadas de misiticismo, y a la vez doble sentido. Intentaría aclarar la situación con el príncipe en cuanto estuviesen a solas, pero por ahora, ante la presencia de aquella congregación, era mejor ocultar la verdad. "Es reconciliador saber que la ciudad volverá ahora a un profundo estado de paz y prosperidad, donde podre continuar con mis estudios "
Maximo Constanza - April 21, 2008 07:58 PM (GMT)
Un Lasombra más en París.
Un atisbo de sonrisa apareció en el rostro de Máximo el tiempo justo para hacer dudar de si había existido ese gesto o no a todos los presentes.
- Sed bienvenido a la Ciudad de las Luces Lord Ezcani de Lasombra. Dejad que vuestros buenos deseos para París se mezclen con los suyos por vos, para traernos prosperidad y armonía.
Primero eran las apariencias, luego ya habría tiempo para mantener unas palabras con el recién llegado.
Khando Ezcani - April 21, 2008 08:09 PM (GMT)
Khando afirmó con la cabeza, "Agradezco de todo corazón su calurosa bienvenido, mi señor" Reafirmó Khando en un tono de voz firme y seguro, pero a la vez condecendiente. No deseaba ganarse una enemistad tan tempranamente en su estadía.
- "Sabed señor, que deseo que todas las gracias caigan sobre usted y los suyos, y que goze usted de una prospera existencia" y dijo Khando hacia el resto de los allí presentes "En verdad es esto algo bueno, mis amigos. Tal vez ustedes no me conocen, y por seguro yo no los conozco a ustedes, aun. Pero con lo que he vivido en estos últimos días no puede sino alegrarme por el repentino cambio, hoy es un día para alegrarnos, hermanos"
Khando estaba seguro de que aún habría dudas entre los allí presentes. Meras palabras no serían suficientes, pero tal vez existía la oportunidad de que algunos cayesen en la cuenta de que no había nada que pudiesen hacer para evitar lo que se venía.
Maximo Constanza - April 22, 2008 07:02 PM (GMT)
Máximo hizo un gesto con la mano indicando al nuevo Lasombra parisino, que si no tenía nada más que decir, el tema quedaba zanjado. Por contra su astuta mirada reclamaba algo más. Pero no algo capaz de ser tratado ante aquel variopinto grupo de vampiros.
Desde un lateral Helenna reconoció aquella mirada de su señor, y tan disimuladamente como era posible para semejante sensualidad, se acercó a la puerta de entrada para interceptar a Khando si este llegaba a partir.
Khando Ezcani - April 22, 2008 07:30 PM (GMT)
Khando volvió lentamente hacia la turba de vástagos que se encontraban presentes en aquel momento. Muchos de ellos se abrieron para dejarlo pasar, no por miedo o respeto sino por puro asombro.
No intentó pasar desapercibido o desaparecer en la multitud, ya no le sería tan fácil como antes. Al menos no hoy.
Estuvo allí prestando atención por unos minutos más a lo que sucedía a su alrededor. Susurros, palabras secretas. Khando decidió partir. Su papel aquella noche ya se había cumplido.
O eso es lo que creía.
MIentras se dirigía hacia una de las puertas, fue abordado por una mujer. La Bestia ronroneó y el otro se movió placenteramente. Aquella mujer era el deseo lujurioso hecho carne. Khando tuvo sensaciones que hacía mucho no tenía. Sonrío y se relamió por lo bajo, algo que no era común en él.
Maximo Constanza - April 23, 2008 07:59 PM (GMT)
La sensualidad desbordaba por cada curva del cuerpo de Helenna al acercarse al que partía, y tomándolo del brazo lo acompañó al texterior de la sala de Corte. Sin duda, en esos breves instantes que tardaron en salir de la estancia, aquel recién llegado despertó la envidia a más de uno de los presentes.
Una vez fuera, la dama liberó su presa para encararse con el Lasombra, dirigiéndole una cautivadora mirada.
- ¿Tanta prisa teneis en abandonar la corte? Parece que queríais partir sin despediros... ¡Que falta de galantería por vuestra parte!
La actuación de la perfecta seductora podía resultar contradictoria, y confusa por los derroches de seducción intercalados con el enfado latente en sus palabras. Además un tercer factor infulía en todo aquel cuadro: el divertido brillo en los ojos de Helenna.
Khando Ezcani - April 23, 2008 08:19 PM (GMT)
Khando sonrió lascivamente ante aquella hermosa criatura. Algo dentro de él se despertaba. "Que modales los mios" dijo, mientras se acercaba a ella de manera provocativa.
"Si hubiese sabido que tan perfecta criatura se escondía entre este nido de serpientes" continuó a la vez que indicaba a un grupo de vástagos que susurraban y conspiraban, "tal vez me hubiese quedado un rato más, tan solo para tener el placer de observarla"
Khando se sintió atrapado por aquella misteriosa mujer "¿Acaso tanta hermosura en el mundo tiene nombre?" Preguntó a la desconocida. No se había movido, y esperaba que la mujer reacciones a sus insinuaciones de una manera u otra.
Maximo Constanza - April 23, 2008 09:20 PM (GMT)
Una vez más la debilidad masculina cedía ante la lascivia. Qué fácil resultaba todo precedido por su escultural presentación, pensaba Helenna mientras sonreía interiormente.
- Los conjuntos de hermosura en el mundo no poseen más nombre que ese. Más creo que no es esa la respuesta que andais buscando. Quizá si no desdeñarais a vuestro supuesto nido de serpientes podríais aprender de ellos, pues sabed que las cosas más interesantes siempre ocurren desde dentro.
La sobervia y frialdad en la voz de la mujer demostraba su desengaño por lo predecible de la situación.
- Si debo seros sincera, ganaríais mucho más viendome como una ribal, antes que como una presa.
Un guiño seguido de una calurosa sonrisa extinguió las palabras de la magistri.
Khando Ezcani - April 23, 2008 09:40 PM (GMT)
Khando sonrió sorprendido por aquella sorpresiva muestra de caracter. Sorprendido y encantado. "Disculpe si mis modales no han sido de su agrado señorita" Puso especial acento en aquella última palabra. "No es de mi intención hacerme de enemigos" Al menos no aún - pensó en su interior.
Khando se alejó unos metros. "Pero tenga por seguro que nada ganará con amenazarme." Se mantuvo unos segundos en silencios. La Bestia comenzaba a surgir dentro de él, lentamente, poco a poco.
Pero el peor de los peligros era el otro, que se deleitaba con aquella situación. "Si deseáis ser mi enemiga, sabed que - aun contra mi voluntad - no os dare respiro, y que aunque no deseo ningún mal hacia vuestra persona o posesiones, no tendré misericordia contra cualquiera que actue contra mis designios" Khando sonrió calidamente. No había levantado la voz en ningun momento, y para cualquera que estuviese viendo aquella conversación, solo aparentarían ser dos conocidos hablando.
"No hos estoy amenazando, bella dama. No es esa mi intención, pero si deseais que juguemos, sabed que se como hacerlo"
Khando le sonrió
Maximo Constanza - April 25, 2008 12:11 PM (GMT)
Hombres... siempre tan predecibles...
La perfida y serpentina sonrisa de la dama volvió a su rostro.
- Si os sentiis amenazado, será que algo teneis que temer, pues en mis palabras no había más que el consejo de una supuesta compañera de clan. Pero por lo visto la máxima de "la sangre nos une, y la sangre nos separará" se muestra bastante certera en esta ocasión.
Los oscuros pozos de tentación que eran los ojos de Helenna centellearon con la astucia y la malicia de un viejo zorro.
- Si debo hacer caso a vuestras palabras... si por algún hipotético caso el Príncipe de París actuara momentáneamente, o bajo vuestro punto de vista certero o no, en contra de los intereses de vuestra persona por el bien de la ciudad... ¿No tendríais misericordia con él, y sus acciones traerían desastrosas conseqüencias?
Khando Ezcani - April 25, 2008 01:18 PM (GMT)
Khando no cambió de actitud, ni tan siquiera de expresión. ¿Asi que aquella mujer era Lasombra? Interesante. Aquel juego le divertía.
- "Si debo seros sincero" comenzó el joven Lasombra "el Principe, y toda Paris para el caso, ganaría más viendome como un aliado, antes que como una presa" Había utilizado las palabras exactas, con algunos cambios aquí y allá, que antes usase la mujer.
Khando se alejó unos pocos metros de ella. "Y si me siento 'amenazado'" no usó un tono burlón, pero le dio enfasis a aquella última palabra. "Es porque se que incluso las manzanas más bellas pueden esconder gusanos"
Sonrió cortezmente.
- "Pero tenga por seguro que no desestimaré tan benéfico consejo de tan ejemplar dama. Ahora ¿Si le pudiesemos poner un nombre a vuestro rostro, cual sería este?"
Maximo Constanza - April 26, 2008 10:59 AM (GMT)
La ambición y la vanidad podían llegar a ser buenas aliadas, pero haría falta limarlas un poco para mejorarlas. Pero eso llevaría algún tiempo. Tiempo al tiempo, pues si hay algo que les sobraba a los cainitas precisamente era eso.
Tendiendo una mano, como haría cualquier ilustre figura femenina, se presentó.
- Helenna d'Angello. Será un placer teneros en París Lord Ezcani. Debo reconocer que hacía algún tiempo que no me divertía tanto, aunque prometo no olvidar lo de los gusanos.
El último comentario iba acompañado de un guiño de ojo de absoluta complicidad. Finalmente el juego había sido desenmascarado, y la dama mostraba la más dulce de sus sonrisas.
- Mi intención no es otra que la de retrasar vuestra partida de la corte, pues creo que pudierais estar interesado en mantener una conversación privada con nuestro Príncipe. Y de bien seguro, yo podría concederos tal honor con las palabras adecuadas en los oídos adecuados.
Khando Ezcani - April 26, 2008 07:50 PM (GMT)
Khando hizo una pequeña reverencia como respuesta, luego tomó dulcemente la mano de la mujer y la besó.
- "Es un placer conoceros lady Helenna d'Angello" dijo con una amplia sonrisa.
Luego volvió a soltarle la mano, y volvió a enderezarse. Miró hacia los costados, pero nadie se había percatado aún que la pareja hablaba. O al menos nadie aparentaba importarle.
- "Una conversación privada con el Príncipe sería desde luego agradable, y conveniente, si puedo agregar. Veo que estáis muy bien conectada si podéis conseguirme una cita con tan poca anticipación"
Khando la observó por unos segundos más. "Sois una mujer de enorme belleza Helenna, pero lo que se les escapa a la mayoría, es que posees otros dones más... interesantes"
Khando ya pensaba en ella en gran estima, lo que era infrecuente para un vástago que estaba acostumbrado a viajar y conocer personas.
- "Podría asegurar que sois una de las cosas más increibles de esta corte"
Maximo Constanza - April 28, 2008 09:25 PM (GMT)
Continuando el cumplido que acababan de ofrecerle, Helenna siguió la conversación.
- Y eso que acabais de conocerme.
La suave risilla con que agradeció el halago pudo mostrar el agrado por éste hacia quien lo había proferido.
- Si me seguiis, os guiaré a una habitación donde podreis esperar al Príncipe, o quizá prefirais quedaros en la sala de Corte hasta llegado el momento, ya que lamentablmente mi compañía terminará aquí por el momento, pues hay muchas cosas que deben ser atendidas en una noche como esta. Vos direis monsieur.
Khando Ezcani - April 28, 2008 09:44 PM (GMT)
- "Estoy bastante cansado de esta multitud," dijo Khando hechando un cabeceo al público allí presente "Y aunque de seguro, muchas cosas interesantes acontecerán esta noche, podría disfrutar de unos segundos de soledad y reflexión"
Luego sonrió. "Entiendo que de seguro estáis muy ocupada, lady Helenna, y no deseo quitaros más tiempo." Hizo una reverencia.
- "Si podéis llevarme hasta mi lugar de espera, estaré muy agradecido"
Maximo Constanza - April 28, 2008 09:58 PM (GMT)
Dicho y hecho, la Lasombra guió por el interior de la fortaleza al invitado. Recorriendo algún que otro corredor finalmente llegaron a la habitación indicada. (
Sigue aquí.)
Una vez bien asentada la noche, cuando ya parecía que no habría nuevas sorpresas ni presentaciones, Máximo se levantó del trono para hablar a los presentes.
-
Cainitas de París, en esta ajetreada noche, como todos supondreis, quedan muchas cosas por hacer aún. Así qu eme despido de todos vosotros por hoy, pero sabed que atenderé vuestras dudas, quejas, sugerencias o cualquier motivo que creais oportunos a partir de mañana.El Lasombra recorrió por última vez con la mirada a todos los allí presentes.
-
Os deseo a todos unas oscuras noches y un grlorioso renacer.Después de esto el magistri partió de la sala, dejando a sus custodios allí por si había que mantener algún orden.
Elois D'Umbrelle - May 3, 2008 08:25 AM (GMT)
La interesante noche llegaba a su fin, los rumores se ratificaban en propia voz del tejedor de mentiras y nadie hubo con valor para plantar discordia, nadie salvo el infleiz Ventrue, leal siervo de Geoffrey.
Y así Maximo se abría paso victorioso dejando tras de sí un reguero de fornidos y sobrios guerreros, entonces llegó su momento de abandonar el espectante silencio.
- No todo será armonía ni las victorias colmarán tu reinado.
La voz masculina espetó en la distancia al lasombra acolchada por los susurros de la confusa muchedumbre de cainitas presentes pero con el justo tono para que, aunque difuso, su mensaje alcanzase el objetivo.
Maximo Constanza - May 5, 2008 12:27 PM (GMT)
Las palabras resonaron en la sala hasta su destino. y así fue como con la tranquilidad abismal de la que gozaba, Máximos se giró y buscó al que había hablado. Y mientras lo miraba fijamente a los ojos se dirigió a él.
- Lamento que hayais decidido éste como vuestro momento de gloria, pues son muchas las cosas que quedan por hacer esta noche como ya he anunciado previamente. Pero supongo que si vuestras ideas son las que predicais podré encontrar un momento para mantener una charla privada con vos. Seguidme por favor
Acto seguido salió de la sala con aquel cainita en pos de él. Y una vez cerradas las puertas de la Corte lo guió hacia una estancia relativamente cercana atento a cualquier movimiento.
- Y bien monsieur... me agradaría saber qué os disgusta tanto, y como creeis que podríamos solucionarlo.
Las palabras del Lasombra resultaban calmas, pero sus ojos mostraban un frío y una profunda negrura capaces de helar el alma de cualquiera. Ya había tenido suficiente con Erik aquella noche, no deseaba otro alborotador.
Elois D'Umbrelle - May 5, 2008 01:15 PM (GMT)
En contra de su voluntad el cainita siguió al "príncipe" Constanza, conocía el riesgo que implicaba alzar su voz sobre el resto, más aún en contra del lasombra, sobre todo dadas las circunstancias y sin embargo un temor mayor le impulsó a ello.
A solas, elocuentemente Contanza encaminó un diálogo al cual encontraría respuesta serena.
- No me disgusta nada excelencia.
Calló brevemente.
- Sólo es un mensaje del que os debía hacer entrega en caso de que ocurriera lo que ha ocurrido y así lo he hecho. De hecho ni tan siquiera sé porqué mis palabras fueron esas, es algo extraño.
Maximo Constanza - May 9, 2008 02:51 PM (GMT)
Con la revelación dos nombres aparecieron en la mente del Lasombra: Geoffrey du Temple y Elois d'Umbrelle. Cualquiera de los dos podría preveer el cambio en el trono de París. En el primer caso la advertencia solo serviría como la maldición de un caído, lo cual a parte de la superstición tradicional no tenía mucha importancia. Pero la segunda posibilidad era algo que había que tratar con cuidado. Máximo había invitado a la dama Ventrue a visitarlo antes del golpe, pero no había recibido noticias. Tal vez con la invitación presente acompañada de las noticias de la caída de Geoffrey, regresaría a la ciudad. Ahora empezaba el verdadero combate político.
El magistri asintió mientras observaba a la victima de la dominación.
- Bien en tal caso no os entretendré. Volved a los quehaceres de los que os he preivado durante este momento y olvidad todo cuanto hemos hablado aquí dentro.
Acto seguiro Máximo se levantó acompañando al hombre a la puerta y lo despidió. Aún quedaban cosas por hacer aquella noche.
Dominación 2