La noche se cernía sobre la nada iluminada muralla que rodeaba el Montparnasse. El maestro le había enviado allí a investigar. Dudaba mucho de si aquel era el mejor sitio para establecerse por un periodo largo de tiempo, pero las decisiones de un superior jamás se cuestionan, solo se obedecen.
En su mano, una pequeña llama le servía para ver aquello que no se alejara de él más de apenas dos metros. Tampoco pretendía llamar la atención. Aún así, se sentía continuamente observado. El maestro había enviado a "alguien" para velar por él, para que no hubiera problemas.
De todos modos, su única labor aquí era observar, y muy probablemente no tuviera ni que entrar en contacto con ninguna otra persona, humano, cainita o lo que fuera.
Sus pasos eran cortos y silenciosos. La ausencia de respiración hacía su tarea mucho más sencilla. Como una sombra que deambulaba, deslizándose por la fría piedra. Se preguntaba si aquella tierra tendría ya un señor que la dominase. De todos modos, para cuando ese señor se diera cuenta de que ellos estaban allí. muy probablemente sería demasiado tarde para él.
Continuó observando meditabundo y ausente, como trazando un plan en su joven y obstinada cadezota.