View Full Version: La Maldad 1º

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Title: La Maldad 1º
Description: 24-6-1226


Isolda Lamartine - February 14, 2008 06:13 AM (GMT)
Estaba claro que no iba a sacrificar corazones inocentes. Más, ¿quién era ella para elegir quién debía y no morir? Nadie; nadie debería estar pendiendo del juicio de la Archimaga, que aunque sabia, se dejaba consumir por sus humanas pasiones del mismo modo que el más iletrado de los campesinos.

Pero tenía ella que hacer la elección, y había decidido sacrificar almas malvadas, en su concepción de la palabra.

El primer lugar para buscar sería, cómo no, el Centro de la Fe Católica. Los sacerdotes, y eclesiásticos, cuando se iban haciendo viejos, se convertían en un problema para su propia fé: sacrificaban a diestra y siniestra pueblos enteros por condenar su cultura o a sus dioses, pregonando en todas las tierras, con la espada y la sangre, cuál era el verdadero dios de la misericordia: ciegos por los tesoros árabes, por los misterios del norte, o por cualquier cosa que amenazara su dominio del mundo, asesinaban.

Ahora no era eso lo que estaba buscando. Dentro de la Iglesia, y ella lo sabía, existían numerosos adoradores de fuerzas oscuras. Tal vez su busca demorara meses, pero no importaba.

Estaba allí, navegando de mente en mente, escudriñando secretos, observando comportamientos, y no se detendría hasta hallar lo que necesitaba.

Evento - February 23, 2008 01:50 PM (GMT)
Varios eran los hombres y mujeres que albergaba la catedral, y del mismo modo varios eran sus pensamientos. Las primeras horas de la búsqueda podrían dejar aturdida a la maga si no fuese por su férrea voluntad, pues en mayor parte todo eran almas tristes y apesadumbradas por el posible castigo que les podría inflingir el Señor. Un rezo aquí por el bien de la familia. Allá una mujer que suplicaba silenciosamente por la vida de su pequeña, que ahora yacía, según ella, en brazos de cristo. Todo parecían ser almas que se lamentaban por pecados, que ni tan solo eran eso, sino la cara más cruel de un dios inmisericorde.

Al cabo del tiempo Isolda pudo escuchar una conversación murmurada en el confesionario. Un apuesto hombre que pedía el perdón por haber sido tentado por una hija de Satán, y haber caído en sus redes. Pero las palabras no iban acordes con los pensamientos, y lo que la archimaga pudo ver fue a una pobre muchacha indefensa, siendo acosada por aquel vil charlatan, que ahora pagaba y eximía sus pecados con una más que venerable bolsa de monedas. Y por supuesto el religioso que la tomaba, no andaba exento de culpa ya que sins duda sospechaba del hombre al que acabab de absolver, pero el oro siempre ayudaba a llegar al Señor.




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