La noche se presentaba tranquila y las estrellas iluminaban tenuemente las calles parisinas. Katriana había salido esa noche temprano y se había alimentado de un estudiante que regresaba algo tarde a su casa sin sospechar de la dama que requirió de su ayuda unos minutos. Se dirigía a una misteriosa cita y prefería estar preparada para cualquier mal encuentro.
Se cubría con una capa que había tomado prestada a una de las criadas de su mansión para pasar más desapercibida y con paso rápido no tardó demasiado en llegar al Hospital de San Iulian.
Ahora sólo quedaba esperar.