Title: La llamada
Description: 20-6-1226
Evento - January 15, 2008 04:45 PM (GMT)
La capilla había sido creada hacía ya algunos días. Pero hasta hoy no había tenido un significado concreto. Hoy iba a tenerlo.
Un retumbar de la estructura. Un poderoso estruendo capaz de alterar toda aquella concentración mágica. E Isolda estuviera donde estuviera la había percibido. Él se había encargado de ello.
En la mente de la archimaga apareció una imagen, que tan solo duró un momento, pero fue suficiente.
La reciente capilla, con un altar del color del Abismo. Y en él un cuerpo tendido. Un cuerpo sangrante.
Y súbitamente, después de la imagen una sensación de poder. Luego nada.
Isolda Lamartine - January 16, 2008 01:40 PM (GMT)
Isolda abrió los ojos. Se encontraba sentada en su Sanctum, y jugaba con la disposición de una cantidad increíble de piedrecillas multicolores, preparando la mejor de las disposiciones posibles para conseguir lo que necesitaba. Hacer Poesía, pues era ese finalmente el hacer de los demiurgos.
Suspiró y tomó entre sus manos una de las piedrecillas, negra y con un arabesco tallado en una de sus caras planas. El reflejo de la luz de las antorchas y de los elementales que vagaban en el techo, hizo recordar a Isolda aquellos días felices y trágicos y le arrancaron una sonrisa y un suspiro. Últimamente siempre suspiraba; siempre estaba cansada y triste, pero esperanzada por el silencio de aquel al que odiaba, que había jugado con el último ser que quedaba al que apreciaba y quería, y que había sellado para siempre su corazón.
Pero ahora había vuelto.
Miró la disposición general de los elementos sobre la mesa, y sonrió trágicamente al encontrar la posición de aquella piedrita.
El Destino.
Evento - January 16, 2008 03:12 PM (GMT)
De repente, el arabesco de la piedra del destino empezó a brillar levemente desprendiendo una sensación de calma y llamando la atención de Isolda. Entonces dos nuevas luces aparecierón entre las distintas runas. El amor y el poder resplandecían titilantes ante los ojos de la archimaga. Y al apagarse estas tres, una última se encendió tenuemente. Un símbolo extraño, que apareció en la mente de la dama con un significado difuso entre el Deber y el Sacrificio.
Luego todo volvió a su estado natural, y la magia siguió fluyendo como el curso de un río.
Sin duda la hechicera supo que alguien la estaba llamando, y la imagen que apareciera antes en su mente, desvelaba como debía llevarse a cabo el despertar.
Isolda Lamartine - January 17, 2008 03:59 AM (GMT)
La Magister Mundi se puso perezosamente de pie. Los elementos de la mesa le arrancaron una misteriosa sonrisa, indescifrable en esencia. Estaba aburrida. Mortalmente aburrida. Y no precisamente porque sus Caminos, los que había seguido en los últimos días fueran dignos de ser hechados a un lado.
No. Tomó un lapislázuli redondo, y después de mirarse en el reflejo largos minutos, decidió que era ahora tiempo de terminar aquella inacción.
Guardó la piedra entre sus ropajes, y se volvió hacia la pared, donde Löw, la gárgola, descansaba.
Un Sacrificio.
-Jamás pensé que fuese tan difícil.Las palabras resonaron solitarias en aquella bóveda donde sólo una mente descansaba. Se acercó a la inmóvil estatua, y acariciando su frente, le ordenó volver a su cuerpo pétreo.
-Hoy volaremos.---
Sigue
aquí
Isolda Lamartine - January 17, 2008 04:03 AM (GMT)
Viene de
aquí.Entraron de nuevo a la Capilla sin ser vistas nunca fue un problema. Esta vez no lo sería tampoco. Isolda, su acompañante y su víctima, atravesaron oscuros pasadizos, laberínticos y peligrosos, y después de cruzar las puertas, de estremecerse con los grabados, y de oler aquel tufo a muerte, llegaron al Altar Negro.
La Archimaga sonrió con pesadumbre.
Löw, sin tener que oir la orden, depositó al hombre sobre la negra piedra, y se retiró, dejando solos al soldado y a su asesina.
Se acercó al cuerpo, y con delicada sensualidad lo despojó de sus ropas. Acarició sus ojos cerrados, su pecho desnudo, sus muslos y sus caderas, y sonrió una vez más, esta vez con más tristeza.
Vuelvo la esquina de la plegaria y ardo
en una bendición del repentino sol
en nombre de los condenados
me volvería o correría
a la escondida tierra
pero el sonoro sol
purifica
el cielo
Alguien
me encuentra
Oh dejadlo
que me abrase y me ahogue
dentro de su herida terrena
Su relámpago contesta mi llanto
mi voz arde en su mano
ahora estoy perdido en Aquel que enceguece
y al fin de la plegaria se oye el clamor del sol*Un líquido rojizo se desprendió del corazón del hombre; navegó cansadamente sobre su piel aún caliente, alcanzando la piedra del Altar, bostezando y en un suspiro. Y así fue como gota a gota, pero sin sufrimiento, aquel murió para que otro viviera.
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*Dylan Thomas.
Evento - January 18, 2008 11:56 AM (GMT)
Cuando la primera gota de sangre tocó el altar, pareció detenerse el tiempo. Un infinito de sensaciones colmaron la mente de la archimaga, y ante ella el mismo suelo empezó a agrietarse al otro lado le oscuro sagrario. Y acompañando el retumbar de aquella capilla una leve niebla oscura empezó a posarse a la altura de los pies de la mujer por toda la sala.
De repente, como si de un único suspiro se tratase, los minutos volvieron a transcurrir con normalidad, para dar paso a la aparición de un portal de color rojizo ribeteado por las llamas del Abismo. Entonces apareció. Referirse a él con un único nombre podría resultar dificil, pues la majestuosidad de su presencia, así como el porte de su apariencia parecían mezclarse combinando la magnificencia de todos los seres que había conocido la dama. No había duda, aquel que ahora se hallaba ante la archimaga era claramente un señor de los infiernos. Más si todo lo dicho anteriormente resultaba cierto, era de extrañar como podía ser contando con un delicado detalle. Pues el ser carecía de rostro, ya que una fina y cambiante máscara de plata se posaba sobre él.
Isolda Lamartine - January 18, 2008 06:37 PM (GMT)
La archimaga observó la aparición con curiosidad.
Ni miedo, ni conmoción en su alma causaron aquella aparición. Su vida transcurría entre criaturas inimaginables para la mayoría, pero no era aquello lo que la mantenía imperturbable; no, puesto que lo que veía, podría tan sólo compararse con dos seres que había conocido; uno, eterno, vivía con ella en forma de un simple perro.
El otro la observaba desde las profundas aguas del Sena.
No. Simplemente había tomado precauciones; nada ni nadie entraría a su mente; nada la conmovería, y por nada se asombraría. Debía tener cuidado, y así lo había hecho.
Nada dijo, sin embargo. Cruzadas las manos sobre la espalda, Isolda permaneció estática observando al ser que tenía frente a ella. Esperando.
Evento - January 22, 2008 02:08 PM (GMT)
La magnificencia de los dos seres allí presentes colmaba el ambiente. Parecían dos estatuas, inmóviles y espectantes al principio, pero lentamente el de la máscara de plata se adelantó un par de pasos mientras hablaba. Pues supuestamente debía de estarlo haciendo ya que el retumbar de una voz tronadora se escuchaba por toda la habitación sin una procedencia clara.
- Me has llamado Isolda Lamartine. Por tu propio deseo. Significa eso que deseas algo de mi... ¿O más bien que la curiosidad de los tiempos ya no puede ser saciada en tu mente por nada mundano?
Una carcajada, como si de la más terrible de las tormentas se tratara, resonó por toda la sala. Entonces con una voz más seductora de lo que jamás la dama hubiera podido escuchar volvió a hablar.
- Podríamos hacer tantas cosas si ese fuera tu deseo...
Las palabras terminaron en un susurro, porsupuesto camelador, que aunque no traspasaría las defensas de la archimaga como hechizo, pues ninguna mágia lo guiaba, si lo harían como un sonido realmente agradable, dulce.
Isolda Lamartine - January 22, 2008 03:05 PM (GMT)
Isolda entendió entonces lo sencillamente burlada que había sido, y le pareció sumamente gracioso. Atrayente y encantador había sido, y tan simple que no pudo hacer más que mirar hacia atrás, sobre sus hombros, intentando adivinar en la sombra la figura de algún cuerpo contorsionándose de felicidad.
Así sería entonces. Mucho tiempo había pasado entre los libros de su Sanctum; mucho polvo en sus dedos, mucho delicado mancillar los elementos de la tierra para convertirlos en algo sacro, que ya había olvidado comportarse frente al mundo de afuera.
-Yo no deseo.
Dijo finalmente, más con tristeza que como aseveración, y más hacia ella que hacia aquel que ahora la miraba.
Aquella dulce voz, aquella infinita presencia que como laberinto se escurría desde aquel entonces, cuando no había tiempo, engrandeciendo la habitación con su solo estar tranquilo. Hubiera suspirado, pero esos eran otros tiempos.
Crédula, ingenua. Sí. Sonrió de nuevo.
-Hace mucho tiempo que nada deseo, y no tenéis nada que pueda yo desear, pues no existe debido a los cruces de camino. Pero es cierto que os he llamado, aunque porque vos así lo quisistéis, y mi palabra de serviros es mi prisión y condena. Decidme pues, cuáles son vuestros deseos.
Evento - January 22, 2008 03:20 PM (GMT)
Por unos instantes la máscara de plata pareció mostrar una expresión de pena, pero tan solo duró el tiempo de un parpadeo así que jamás se sabría si ese hecho había acontecido.
- Es triste y desesperanzador que no desees nada, ante aquel que puede concedertelo todo. Aquel que a su voluntad puede doblegar las hebras del destino, crear los objetos más maravillosos, y volver a hilar los hilos que corta la Parca.
La voz de aquel ser infinito seguía sonando con su dulce y agradable cadencia. Su voz parecía acariciar a Isolda para que se relajara y se dejara llevar, en aquel lugar que al fin y al cabo, no era más que su casa.
- Pero bien, siendo consecuente con tus palabras, y ya que has preguntado mis deseos te los confesaré. Silencio... Deseo que vuelvas tu mirada y desees. Que seas capaz de sentir la esperanza de un deseo cumplido, porque al fin y al cabo ese es mi cometido. El cumplimiento de nuestros deseos mutuos.
La figura dió un paso más hacia la dama, acerándose levemente, sin muestra de amenaza en sus acciones.
- ¿Te sientes capaz de complacerme?
Isolda Lamartine - January 23, 2008 03:20 PM (GMT)
Isolda sonrió mecánicamente. Si bien era cierto que la sola presencia de ese ser podía turbar los cimientos del mundo, a los que Isolda no escapaba, por curiosidad o por lo que fuera, también era cierto que de oratoria aquella vampireza llamada Elois podría enseñarle varias lecciones. Pero no lo culpaba, pues era un ser Eterno, que existía cuando aún el Tiempo no había entrado en los planes de los Demiurgos y las cosas simplemente eran atemporales.
No había tenido más que hacer que guerrear sus divinas batallas, combatir contra sublevaciones tan mortales como las de París, y aburrirse viendo siempre el mismo paisaje. ¿Hacía cuánto no visitaba las Tierras de la Piel?
-No, no es posible aunque sea capaz de hacerlo.
La voz de Isolda no era recentida, pero alguien como él, seguramente entendía a qué se refería.
-Cuando aquel jovencito cayó en vuestras redes, hicimos una promesa mutua, usted y yo. Desde entonces no deseo nada, y no lo volveré a hacer por la eternidad que espera a mi alma, a vuestro lado o en cualquier otro.
Si Isolda deseaba, estaba perdida.
París estaría perdida.
Evento - January 24, 2008 03:36 PM (GMT)
En aquellos momentos la máscara pareció divertida. Era extraño el contemplar ese extraño elemento que tanto podía mostrar la inanimada indiferencia de un objeto mundano, como cualquier expresión conocída o por conocer. A cualquiera le hubiera causado un leve malestar, pero no asi a la archimaga.
- Me apenan tus palabras querida mía. Pues si que hay algo que yo deseo que hagas por mi. A cambio pensaba cumplir tus propios deseos, pero como pareces estar exenta de ellos... quizá pueda ofrecerte algo.
De nuevo la expresión plateada del rostro de aquel ser infernal volvió a mutar, mostrando esta vez una faz casi paternal.
- Hace breves instantes te he citado mi posibilidad de volver a hilar los hilos cortados por la Parca. Quizá pudiera hacer volver del otro mundo a alguien a quien tu amaras.
Un silencio se hizo en el ambiente para permitir a la dama sumirse en sus recuerdos.
- Isolda, se que en el pasado uno de tus seres más queridos te fue arrebatado injustamente. Todo esto podría cambiar si lo quisieras.
Lentamente, al lado del demonio, empezó a proyectarse uno de los recuerdos de la dama. Ella joven e inexperta, acompañada por el que sería su guía en el camino de la magia. Pocos instantes después la imagen cambiaría, pues ya no se trataría de la joven Isolda, sino de la que vivía el presente, caminando por las calles de París con aquel maestro por quien tanto respeto había sentido.
Isolda Lamartine - January 24, 2008 05:20 PM (GMT)
Y sólo en ese momento sintió que aquella suave presión del Demonio era demasiada.
Su Maestro. Su Maestro... hizo un esfuerzo. El Hubris, el Hubris. ¿Cuántos de los suyos no habían caído en los brazos de seres como aquel, después de haber intentado inútilmente revivir a los que ya no estaban con ellos? Muchos, demasiados grandes hechiceros por la inutilidad. Su Maestro... Trang Oul... ¿cuántos más?
Le había dolido la pérdida de ambos... aquel ser podía...
Abrió los ojos, y con un movimiento brusco de la mano intentó alejar esas perniciosas ideas, aquella nebulosa creada para ella por aquel Tentador.
-Entended algo. Yo os sirvo a cambio sólo de algo... de que mantengáis vuestra promesa de no acercaros a Mystere Imum; nada más quiero de vos, nada...
Pero sus palabras, auqnue intentaban ser fuertes, mostraban una delicada duda, una duda que tan sólo un Tentador Eterno notaría, pues ni un vampiro con milenios en las espaldas habría podido notar.
Evento - January 24, 2008 06:00 PM (GMT)
Y en efecto la duda había sido notada. Una pequeña grieta en la poderosa armadura de la archimaga. El punto sobre el cual apoyar el cincel antes de descargar el golpe del martillo.
La máscara volvió a cambiar. Pero esta vez nada se mostraría en su expresión. Nada, tan solo una fría e inanimada pieza de brillante plata.
Entonces el Demonio dió un paso más. Leve, difuso y grácil, como si invitara a Isolda a acercarse ella también para compartir el cariño de un ser querido.
- Entiendo tu preocupación por el muchacho, pero no debes afanarte ya más en ella. Tus servicios son gratos, al igual que tu compañía. Nada quiero de él, y mi mano dejó el camino hacia su persona hace tiempo.
Otro paso. Y ya casi solo los separaba el oscuro altar. Pero nada debía temer la hechicera, pues ya sabía que si el Demonio quisiera causarle daño, ya lo habría hecho.
Y las imagenes volvieron a aparecer a la diestra del ser eterno. Isolda y su maestro, cara a cara. Y de los ojos de él pareció surgir una lágrima, que empezó a resbalar pos ru mejilla. La dama del reflejo llevó su mano al rostro de él en un intento por secarla.
Entonces la archimaga, allí de pie ante toda esa escena, sintió como una cálida gota de agua recorría el dorso de su mano.
- Piensa en ello, pequeña. Está al alcance de tu mano.
Las palabras volvieron a acariciar el rostro de la hemética, aportándole todo el cariño que se le había robado.
Isolda Lamartine - January 25, 2008 12:39 AM (GMT)
¿Qué sería si en algún momento lo único que se deseaba se perdía? Nada; yermo y gris, y solitario. Pero los recuerdos no desaparecen. Siempre, en algún lugar o en muchos si se hace un esfuerzo, es posible ver al mundo transformándose.
Por eso se hizo de nuevo el silencio*.
Y con una sonrisa suave, y una suave negativa con la cabeza, la archimaga respondió.
-No. Ni a él ni a mi nos interesa.
Con una misma sonrisa, mirando aquella plateada máscara, Isolda descansó.
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FDI: Gasto FV.
Evento - January 29, 2008 02:08 PM (GMT)
El Demonio asintió lentamente.
- Pues si no deseas nada, nada tendrás. Pero tu promesa te sigue ligando a mi. Así que mis deseos si deberán ser cumplidos.
La voz de aquel ser eterno, no mostraba amenaza, ni tan siquiera se mostraba imperativa. Tan solo iba cargada de un leve tono de pesar por no poder complacer a aquella quien debía trabajar para él.
- Tengo una tarea para ti, pequeña. Sin duda será algo fácil de realizar. Tan solo necesito tu disposición dentro de dos noches. ¿Puedo contar con ella?
La conversación se cernía más al discurso entre dos iguales que al de un superior a un vasallo. Pero la delicadeza de las palabras del enmascarado hacía que todo se asentara con la más total de las normalidades.
Isolda Lamartine - January 29, 2008 03:23 PM (GMT)
Por fin. La archimaga sonrió, complacida, de que su esencia quedara intacta por un poco más de tiempo; sí, la ataba una promesa, y la cumpliría con toda la devoción del mundo, pues Mystere Imum estaba reservado para grandes cosas, allá lejos, lejos de aquella ciudad pérfida. No le molestaba cumplirla tampoco, aunque las peticiones que se le hicieran fueran macabras; pero había una cota de maldad que no estaba dispuesta a traspasar.
-Decidme pues en que puedo complaeros.
Dijo seria, ignorando el primer comentario del enmascarado, como si aquella omisión fuera una queja contra su inocente comentario, que debía haberse dado por entendido desde un inicio.
Evento - February 5, 2008 07:26 PM (GMT)
La disposición de la dama era la adecuada, y así se mostraba complacido su señor. La máscara volvía a aparecer inexpresiva.
- Deberás reunir diez cuerpos mortales y cinco diamantes. Entonces mediante el ritual que te mostraré deberás hacer que la sangre de los humanos quede embebida en las cinco gemas. El rito durará cinco días. Una vez realices esto grabaras a fuego un pentáculo en el suelo y situarás cada una de las piedras ensangrentadas en uno de sus vértices. Finalmente me llamarás con una invocación para que verifique el trabajo.
Al finalizar de hablar unas imágenes, inofensivas y sin intento de ser más que información para la dama, empezaron a transcurrir en su mente. Los diez cuerpos situados por parejas, cons sus corazones latientes aún. Entonces una rápida estocada con un fino punzón atraviesa los corazones de todas las víctimas, para situarlas de dos en dos, una encima de la otra de modo que entre las heridas mortales quede el diamante. Finalizado esto se ve una perspectiva diferente del ritual en la que quedan los cuerpos amontonados a modo de estrella. Luego nada.
Isolda Lamartine - February 6, 2008 05:00 PM (GMT)
La archimaga mueve la cabeza en señal afirmativa.
¿Cuánto tiempo, y para qué? Las olas de locura que provenían de aquel ser no alcanzaban a tocar a Isolda; si un ser era infinito en su tiempo, había estado desde la creación misma del mundo, entonces sus planes podrían tomar siglos, o milenios, que para los demás mortales eran la misma edad del universo, en completarse. ¿Cómo leer en tan lejanos planes las intenciones?
Ella estaba condenada a servir a aquel ser hasta el día de su muerte; lo había prometido. Pero había un límite. Asesinar a un inocente...
No.
-Pronto sabrá de mí.
Y flexionándose un poco, en señal de respeto, se dio la vuelta y salió de aquel subterráneo.