Title: La noche de san Juan
Description: 24 de junio, 1226
Lucie - January 14, 2008 10:21 PM (GMT)
Hacía algunas horas que el sol había caído, sumiéndose en un horizonte rojizo y llameante. Según lo que se decía, cuando el astro se teñía de carmesí era signo de que correría la sangre aquella noche, pero la brisa suave y apacible, la calidez arropadora... todo parecía querer desmentirlo, y además Lucie tenía mejores cosas en qué pensar.
- Hoy es mi cumpleaños-, confesó de pronto, observando la reacción de Isolda.- Decían que el día que nací había muchas hogueras, que el fuego danzaba para darme la bienvenida.
Las elegantes palabras en su boca parecían una letanía aprendida. No obstante, a la escasa luz de las velas que iluminaban la estancia donde se encontraban maestra y alumna, ésta última parecía perder las redondeces infantiles mientras su rostro se afilaba por obra y arte de las llamas, como si la niña hubiese adquirido un año más súbitamente.
Isolda Lamartine - January 15, 2008 03:54 AM (GMT)
Isolda preparaba una masa en un pequeño cáliz de madera labrado, sentada en la misma mesa que la jovencita, y mirándola con una sonrisa.
No haber tenido noticia alguna de su Señor la tenía tranquila; a lo mejor había vuelto a su casa, llena de fango y maldad, enviado de vuelta por la inpetitud de sus vasallos o la suya propia, pues aunque eterno, había comprobado su imbecilidad.
Eso le daba tiempo de relajarse, de estudiar y releer sus textos, de cuidar a su aprendiz; aquella visión la conmovió profundamente. El crecimiento eterno, el Ciclo. La Belleza. Isolda por el contrario, a la luz de aquellas dulces velas, se veía petrificada; a pesar del movimiento constante de sus manos en la tarea de moler las semillas, nada parecía indicar que lo estuviera haciendo. Sus cuencas aparecían vacías por el efecto de las sombras, y su blanca piel lo era aún más en aquel ambiente.
Pero estaba contenta, y cuando Isolda lo estaba todos lo sentían.
-Y seguramente no sólo el fuego, Lucie. Cada nacimiento trae consigo el movimiento del Cosmos, una revolución de la mente de los Demiurgos, de Dios. Tu nacimiento fue especial, como tu vida, y cada vez que te sientas perdida sentirás esa llama en tu pecho.
Siguió moliendo un poco más de tiempo, y luego depositó el cáliz sobre la mesa, poniéndose lentamente de pie.
-Ven; hoy hemos de celebrar; deseo presentarte a alguien.
Sonrió a la pequeña, invitándola a salir de la Capilla.
Lucie - January 15, 2008 01:28 PM (GMT)
Lucie se puso en pie al instante. La niña era bastante inquieta y no solía saber quedarse en el sitio mucho tiempo.
- ¿Ah sí?
Sonrió a Isolda con un destello de alegría y al tiempo una punzada de impaciencia. ¿A quién iba a conocer? Sabía que era inútil preguntárselo antes de tiempo, así que avanzó rápidamente hacia la salida y espero a que su maestra la guiase. Por un momento se preguntó si no debería arreglarse, de modo que llevó una mano instintiva a su vestido y lo alisó levemente. Era la primera vez que aquel día iba a celebrar algo.
Isolda Lamartine - January 16, 2008 01:19 PM (GMT)
cIsolda tomó una bolsita de un estante, donde múltiples botellas multicolores guardaban seres de tonlidades y formas diferentes que miraban al exterior con las manos, tentáculos u otros miembros pegados a los cristales.
La bolsita de cuero recién curtido lleraba adentro parte del regalo. Cuando un niño crecía, recordaba Isolda, había dos cosas importantes que sucedían en su vida: La Magia y su Reconocimiento, y el Aprecio. Algún regalo, alguna caricia.
La puerta del Sanctum se abrió, y en pocos minutos se encontraron recorriendo los laberinto de la Capilla en busca de una salida segura.
-De tus lecturas, ¿recuerdas algo con especial aprecio?
Los caminos de ambas se dirigían hacia las afueras, y no sólo de París. Mucho había que enseñar, pero la joven aprendía rápido. Las Afueras de la Realidad siempre daban a los niños la misma magia de sus sueños.
Lucie - January 19, 2008 10:20 PM (GMT)
La pequeña recorría las intrincadas entrañas de la capilla ya con cierta soltura, aunque no sabía hacia dónde la llevaba Isolda y por tanto en aquella ocasión se plegaba a sus pasos.
La pregunta de su maestra evocó múltiples recuerdos en la mente infantil, algunos ciertamente aburridos, pero otros apasionantes y por los que se había llegado a quedar despierta largas veladas, hasta entrada la noche.
Aunque apenas se diese cuenta dada su edad, cuando tuviese unos cuantos años más a sus espaldas debería dar gracias a la suerte, a Tristán, a Dios... a quien fuese el responsable de haberla traído hasta Le Ictus.
Podría haber vivido y muerto como una mujer más del campamento de refugiados, ciertamente especial, pero ocultando su don y temiendo por su vida. Se habría casado y tendría varios hijos tras los cuales probablemente hubiese muerto de parto o de alguna enfermedad. Vivir en la miseria tampoco era mucho mejor.
Y sin embargo allí estaba, manejando con dedos curiosos los pergaminos, alimentándose de manuscritos con gula de conocimiento. Tomando entre sus manos objetos centenarios que hablan lenguas prácticamente muertas.
- Me gustan mucho los cuentos de Ovidio- confesó rememorando tantas fábulas y mitos de entramado complejo pero de fácil visualización, que alimentaba su fantasía.- Las bellas musas, Proserpina raptada, la doncella laurel...
Isolda Lamartine - January 20, 2008 02:52 PM (GMT)
Los pasos de ambas hechiceras se dieron el lujo de dar algunas vueltas en los laberintos. Sólo aquellos que habían decidido habitar allí podían cruzarlos sin perderse, y aún asi no era tan sencillo; bajaron, subieron, y se cruzaron en todo momento con elementales hermosos y graciosos, con campesinos y acólitos que iban de un lado a otro felices, cantando y contando sus historias.
Desde hacía no mucho, Lucie había podido encontrarse ella misma con muchas personas en las capillas, incluso niñas y niños, hijos estos de los recién ingresados trabajadores de la Capilla, que estaban siendo educados clásicamente y alimentados como en la ciudad nunca podrían.
Finalmente llegaron a una exclusa, sellada con dos símbolos mágicos. Isolda puso su mano sobre ellos, y luego de responder a la invocación con un débil brillo, la exclusa se abrió.
En el exterior había un bosque no muy tupido, algunos sembrados y un campo; a lo lejos podían verse algunas casillas, y mucho más lejos podía verse París, humeante y bulliciosa. Desde que Isolda dominara las artes del Espacio batini, había dado a la Capilla una seguridad increíble: con los tiempos que se avecinaban, ningun mago podría volver a entrar por la puerta delantera: todos podrían usar las exclusas y túneles, pero tan sólo ellos. Los que no estuvieran "marcados" por la magia de ambos archimagos, aunque conocieran la ubicación de los túneles, no podrían cruzarlos.
Isolda tomó de la mano a Lucie, y la ayudó a cruzar. Un vendaval de tiempo, una marea agotadora de sensaciones, luces, sonidos y colores, las invadieron en continua danza. La Magia verdadera estaba allí contenida, la Irrealidad del espacio, la belleza de la simplicidad.
Al otro lado un sol de madrugada caía débilmente, más arruyándolas e invitándolas al sueño plácido del día de dencanso, pero había en su invitación lago más cercano a la naturaleza flamígera de la pequeña que a la estaticidad revoltosa del Aleph de Isolda.
-Hesíodo en su Teogonía, cuando nos habla de Hφαιστος, Hefestos, nos dice que era el Dios del Fuego y de los Herreros; era un ser terriblemente deformado por su origen, y con corazón sincero y vengativo.
Comenzaron a caminar hacia el grupo de casitas que estaba más cercano, y Lucie pudo ver humo saliendo de una de ellas, así como escuchar el acompasado golpear de los martillos, más parecido al latir del corazón de la tierra.
-De entre todos es el más hermoso. ¿Lo conocéis?
Lucie - January 20, 2008 07:36 PM (GMT)
La paradoja en las palabras de Isolda desconcertó un poco a su aprendiz, quien no entendía demasiado la hermosura del eterno tullido, objeto de burlas, marido cornudo, y en definitiva, el más desgraciado de los dioses.
- La fragua de Vulcano-, rememoró Lucie en voz baja.
Una parte de ella sentía el poder que destilaban aquellas palabras, el poder del fuego incandescente e incansable, que maleaba el propio metal a su antojo y que surgía de las fauces de la Tierra con una bocanada ardiente.
Le fascinaba la idea.
- Sí, vivía en un volcán, se casó con la Belleza, y su amante es el Fuego.
Le era fácil recordar aquellas historias.
Isolda Lamartine - January 22, 2008 03:11 PM (GMT)
-Y su enemigo es la Guerra.
Sonrió, mirando la casa, que a cada paso se hacía más real, como si el resto de la existencia de ambas fuera un sueño y tan sólo lanzara anclas a este mundo en virtud a aquel olor a madera quemada, a aquellos colores oscuros del carbón, a aquellas paredes bárbaras y antiguas, llenas del sufrimiento del hombre hermoso y simple.
-El día que nacistéis, y el día que tomastéis tu nombre, Aura, eran el mismo día. Cuando los deseos de los hombres son tan fuertes como los vuestros, el mundo se arrodilla, más no servicialmente, sino reconociendo la Voluntad que los ha forjado.
Los perros salían al paso de las Despertadas, mirándolas con curiosidad y sumisión, pues aunque seres más elementales e instintivos, por eso mismo entendían su Condición de Forjadoras de Mundos. Lo entendían y lo respetaban. Algún niño corría, feliz e inocente, alguna voz ruda llamaba a la mujer, algunas voces juveniles se escuchaban perdiéndose en el bosque, pues iban a mostrar su fuerza derribando un árbol que sería su sustento.
-Y Hefestos fue quien observó tu nacimiento.
Las magas llegaron a la puerta abierta de la primera casa; al fondo podía verse la roja y brillante llama de la caldera, y un hombre viejo y grueso, aunque dinámico, golpeaba con tranquilidad un pedazo de hierro sobre el yunque. Isolda sonrió.
Lucie - January 28, 2008 07:51 PM (GMT)
El ambiente elemental y puro parecía un soplo de aire fresco para el alma de la pequeña maga, que captaba lo que Isolda le ofrecía con los ojos bien abiertos.
La casa, los perros, el olor del fuego y de la tranquilidad, todo estaba imbuido de un filtro de colores cálidos y terrosos... salvo al asomarse al interior de la fragua, donde se sustituyeron por la penumbra y el latente color rojo vivo reflejado en su rostro.
Como respondiendo al título de Hefesto, el hombre ya entrado en años seguía moldeando el metal. La cadencia de los golpes era casi hipnótica, y la niña no se atrevió a hablar, pues no sabía si su voz ensuciaría la pureza de la materia en su estado más primigenio.
Isolda Lamartine - January 29, 2008 03:26 PM (GMT)
La archimaga golpeó la puerta de la forja con sus nudillos, y el herrero, levantando la cara, pareció por un momento estupefacto. Luego se recuperó de la sorpresa, y soltando los guantes que protegían sus fuertes manos, y dejando el martillo a un lado, se acercó a las dos visitantes.
-¿En qué puedo ayudarles?
La archimaga, mirando a Lucie, le dijo al buen hombre.
-Hoy es el día de su cumpleaños, y yo deseaba hacerle un regalo. ¿Os será posible dejarnos unos minutos a solas con vuestra forja, mientras el presente está listo para ser entregado?
El hombre lo dudó un segundo, pero aquellas mujeres eran tan encantadoras, y lapetición tan simple, que encogiéndose de hombros aceptó con una sonrisa.
-No se vayan a quemar.
Dijo divertido, con su humor tan llano, y salió de la forja después de haberle hecho algún cariño y comentario de felicidades a la pequeña.
Lucie - January 30, 2008 08:24 PM (GMT)
Lucie no alcanzaba muy bien a comprender cómo el fornido hombretón había accedido al propósito de Isolda, pero eso le daba igual ahora que había escuchado que su maestra pretendía hacerle un presente.
Sus ojos brillaron ilusionados; cualquier cosa que saliese de aquel lugar sería el mejor regalo que habría recibido, aunque la competencia a través de los años no había sido digna de tal nombre.
- ¿Puedo mirar?- inquirió tímidamente mientras devoraba visualmente desde su posición todos los objetos allí dispuestos. No se le ocurría lo que Isolda, tan hermosa y delicada, podría estar planeando hacer.
Isolda Lamartine - February 4, 2008 12:57 PM (GMT)
-Por supuesto.
Dijo Isolda sonriendo, mientras se acercaba a la forja, donde el el fuego bailaba y hacía gemir a la madera, en una súplica que iba más allá de los oidos humanos. Pero no de los oidos Despertados. El fuego iluminaba el blanco rostro de Isolda con vehemencia, como si reclamara algo que había en ella que le pertenecía, y lenguas tímidas salían de este intentando alcanzarla. Vano esfuerzo, sin embargo, porque ella estaba más lejos, donde ellos no podían dar el salto.
Había "alguien" allí que sin embargo necesitaba. La Magister Mundi miró hacia atrás, sobre sus hombros, para ver lo que Lucie hacía, al tiempo que extrajo de su cinturón dos bolsitas de cuero, y de cada una de ellas otras dos. Al abrirlas, en su interior había finos polvos, y dos eran minerales y dos vegetales.
Con las puntas de sus dedos recogió una pizca del primero y la arrojó a las llamas, que tornaron su brillo azuloso, y en los labios de Isolda empezó una letanía. La voz canturreaba en el mismo idioma de las llamas, un idioma lejano y recóndito, que pocos conocían y la humanidad había olvidado, era la lengua de los espíritus, la lengua del bosque y del viento, de las bestias y del fuego. Fue en Enoch, la ciudad legendaria, donde por primera vez lo conocieron.
Arrojó otra pizca de otra bolsa, y las llamas aumentaron su magnitud.
La Archimaga esperaba que aquel presente no sólo agradase sino que acompañara a Lucie en las que sabía interminables noches de estudio; la soledad puede traer siempre ideas peligrosas y el poder recién descubierto se vuelve salvaje y huraño. A Ella la había salvado Chochmah, su pasiva presencia y su sonrisa siempre presta.
Al arrojar, al unísono, polvos de las dos bolsitas restantes, la letanía llegó a su término, y una lengua de fuego diferente a las anteriores en consistencia, ganó el suelo de piedra de la herrería. Era informe al principio, como si de una llama de una vela se tratase, pero luego ganó en tamaño y en forma, y podían distinguirse algo como dos pies y manos diminutos pero humanoides.
Isolda sonrió.
Lucie - February 6, 2008 06:46 PM (GMT)
Lucie se había acercado hasta donde estaba Isolda con la curiosidad de un gato, dejando que el calor y el resplandor del fuego se reflejasen en su rostro, que no mostraba signos de rechazo ante la proximidad. Aún así, Isolda hubo de retirarla un poco hacia atrás antes de comenzar con el proceso mágico.
¿En qué estaría hablando? pensó la pequeña cuando su maestra inició el ritual, intentando descifrar algo de lo que veía u oía. Con una mezcla de frustración e impotencia comprobó que no se parecía ni al latín, ni al griego, ni a nada que se hubiese afanado en aprender durante los últimos meses. En cualquier caso, sonaba hipnótico, y no pudo ni quiso apartar su mirada de los gestos que la archimaga estaba realizando.
Pero de pronto, el fuego creció y se precipitó hacia el suelo. De su garganta se escapó una exclamación sorprendida, que no ilustró ni la mitad de la sorpresa que sintió al entrever unas manos, y pies, y posteriormente el resto.
Fue entonces cuando Lucie saltó para atrás como un resorte y señaló expresivamente al diminuto ser, como si Isolda no lo hubiese visto.
- ¿De dónde sale eso?- inquirió, presa del sobresalto.
Había visto extrañas criaturas y sucesos desarrollarse durante su estancia en le Ictus, pero aquel proceso de creación del que acababa de ser testigo desbordaba tanto su aprendido concepto de normalidad que no pudo evitar la reacción.
Isolda Lamartine - February 6, 2008 06:56 PM (GMT)
Una sonrisa ancha se dibujaba en el rostro de Isolda, mirando al pequeño elemental y la sorpresa de Lucie, tan esperada y normal. La pequeña gota de fuego se movía, "mirándo" alternativamente a la Maestra y a su Aprendiz, y posteriormente se dirigió presta hacia la pata de madera de la mesa, deseando seguramente consumirla.
Isolda movió la mano hacia el ígneo ser, y este cobró altura, impidiéndole acercarse a cualquier cosa. Luego se dirigó a Lucie.
-Como habréis ya entendido, el mundo como nosotros lo conocemos es sólo una fracción de la Realidad. Esta se divide en tres facetas, tan diferentes y tan ligadas a la vez, que no cualquiera podría verlas siquiera: donde ahora nos encontramos, y donde la mayoría de nosotros pasa su tiempo, lo conocemos como el Materia Mundi; más allá en complejidad, penetrando este mundo en todos sus aspectos, hay uno efímero, fabricado de materia pensante y sintiente, conocido como el Spiritus Mundi, o Mundo de las Ideas, donde se arremolinan informes masas de los deseos y esperanzas humanos, a la vez que las de los Demiurgos; estas ideas conforman lo que nosotros vemos y sentimos en este nuestro mundo.
-Más allá, en el inicio mismo de la Creación, se haya el Intellectus Mundi, de donde todo proviene y que no tiene forma alguna o concepto que lo defina, y hacia donde los Despertados nos movemos. Algunos lo llaman Dios, otros prefieren no darle nombre alguno.
La archimaga sonrió, mientras volvía a prestar atención al pequeño.
-Este ser que ahora ves, es pura fuerza espiritual, y proviene directamente del Spiritus Mundi; allá su forma es maravillosa y gloriosa; aquí tiene que ocupar la de una diminuta llama de una vela.
Lucie - February 6, 2008 08:34 PM (GMT)
El hecho de que Isolda sí supiese acerca de la existencia de aquella criatura devolvió la confianza a Lucie, quien, superando su inicial rechazo, se puso en cuclillas delante del pequeño ser y lo contempló, proyectando en él las ideas que acababa de escuchar para comprender mejor su existencia.
- ¿No todos pueden verle, no?
La existencia real de una parte del Spiritus Mundi era algo bastante complicado de entender en la mente de Lucie, pero a pesar de todas las dudas que pudiese provocarle, poco a poco se dejó seducir por la encantadora presencia de la criatura y le ofreció la palma de la mano como una superficie más estable que en medio del aire, aunque también como método para saber cuáles eran sus competencias.
Isolda Lamartine - February 6, 2008 09:07 PM (GMT)
-Así es, no todos pueden verle.
Con curiosidad miró el gesto que Lucie hacía. La única manera de aprender ciertas cosas era sentir en carne propia el dolor de las quemaduras; aunque fuera un ser fabricado con espíritu puro, en este momento su cuerpo material era fuego.
Sin embargo... ella era Aura.
Con lentitud la criatura, que no dejaba de mascullar en un lenguaje insonoro para Lucie, se acercó a la tierna palma de la mano, y la pequeña sintió el calor que se siente cerca del fuego.
-Y tan sólo hay dos maneras de ver su mundo: entrando a él, lo que pocos logran, y casi nadie en la Orden de Hermes, o invocándolo a que acuda a este mundo, como lo acabo yo de hacer.
Lo que seguía era más importante, tal vez, pero la Archimaga deseaba que la pequeña formulara todas las preguntas que tuviera.
Lucie - February 6, 2008 09:32 PM (GMT)
La niña sintió el calor cerca de la mano y con un gesto rápido tocó al diminuto elemental, en parte también para saber si se le podía traspasar como si fuese una mera llama, o tenía un cuerpo físico.
Al instante apartó la mano. Isolda no supo si lo había hecho porque no quería quemarse o sólo como una precaución más ante lo desconocido. En cualquier caso, Aura no parecía temerle a aquel elemento.
- Es bonito-, afirmó mientras daba una vuelta alrededor y se volvía a poner en pie con la satisfacción de quien acaba de descubrir algo nuevo.
Aún así, había una cosa que le preocupaba. O mejor dicho un par de cosas.
- Pero... ¿es como nosotros?- no, obviamente no, así que intentó perfilar la pregunta para hacerse entender- quiero decir... ¿puede hablar, pensar, y esas cosas?
El rostro de la aprendiz había vuelto a tomar el matiz umbrío de la estancia, pero la claridad del fuego brillaba aún en el fondo de sus pupilas.
Isolda Lamartine - February 6, 2008 10:20 PM (GMT)
-Por supuesto.
Una sonrisa enternecida afloró a los labios de Isolda, pero su semblante cambió lentamente, a uno más serio, cuando comenzó a responder su pregunta.
-Él es un ser esencialmente diferente a nosotros; siempre ha existido en su mundo, aunque permanece largo tiempo en algo que llaman Sueño. No está hecho de carne y huesos, y para pensar o ver no necesita ojos, o cerebro.
Miró por un instante al pequeño, flotando.
-Por tanto no está atado a nuestras mismas necesidades y deseos. Sus pensamientos nunca acuden a nuestros lugares comunes, nuestras preocupaciones, nuestra hambre o sueño, nuestro cansancio. Su mente es pura, como pretendemos que sea la nuestra cuando alcancemos el Intellectus Mundi; así pues, claro que piensa y siente, pero sus pensamientos y sentimientos pueden ser tan alejados de lo humano, que a algunos les daría escalofríos. Sin embargo son sabios, y comprenden más secretos que muchos de nosotros.
Y sonrió finalmente.
-Y por supuesto que puede hablar, aunque tú no lo entiendas.
Con cuidado extrajo un pequeño trozo de hierba macerada, y se lo alargó a Aura.
-Pon esto bajo tu lengua, y verás que no ha dejado de hablar desde que salió del fuego.
Lucie - February 8, 2008 10:13 PM (GMT)
Le costaba entender que una criaturilla hecha de fuego pudiese hacer las mismas cosas (e incluso hacerlas mejor si había entendido bien) que ella misma, pero al fin y al cabo estaban hablando acerca de una pequeña llama que andaba y parloteaba, con lo que la lógica que podía haber estudiado en los libros no tenía mucho que decir sobre aquello.
Entonces recogió con cuidado lo que se le tendía, y antes de obedecer lo miró con curiosidad, como si estuviese decidiendo qué efecto tendría una vez bajo la lengua.
Finalmente, lo colocó y cerró la boca, mirando a Isolda con cara de circunstancias.
Isolda Lamartine - February 10, 2008 05:22 AM (GMT)
Inmediatamente Aura puso la mezcla bajo su lengua, sintió un escalofrío bajándole desde la punta de la cabeza; sintió que su boca producía más saliva de la normal, y que su estómago se contraía con claras intenciones de vomitar aquella repugnante combinación de hierbas.
A parte de estas claras sensaciones, sintió también otra cosa: una voz que no había escuchado en esa habitación, y que parecía continuar una arenga que llevaba desde hacía un buen rato.
-... es eso, no? ¿Te crees con suficiente poder como para sacarme de mi sueño, Jinete de las Tormentas? Mírame al menos, que me lo merezco, y líberame de esta presa que deseo incinerarte hasta que no queden ni siquiera las cenizas! Ya sabrás de mi Padre, y de su Padre, y tendrás que enfrentarte con todo el Linaje de Ciervo por lo que acabas de hacer! ¿Quién iba a creer que alguien que había sido invitada al mismísimo bosque de Ciervo iba a actuar de esta manera! ¡No lo tolero...!
Y continuaba y continuaba.
A pesar de ser una criatura de ínfimo tamaño en nuestro mundo, en el suyo no lo era de ningún modo. Era un elemental poderoso, y este hecho se reflejaba en su voz, gravísima y poderosa, que dominaba todos los espacios en aquel taller.
Isolda miraba a Aura, buscando una señal de su entendimiento, antes de continuar.
Lucie - February 10, 2008 07:47 PM (GMT)
Esta vez, Aura se mantuvo estoica ante la irrupción de la profunda voz envolviendo la estancia, mas sus ojos traicionaron la quietud de su pequeña figura mientras se abrían desmesuradamente y contemplaban sin dar crédito la relación existente entre el poderoso sonido y la diminuta presencia.
- ... Ah... - exclamó, debatiéndose en una mezcla de darle la razón a su maestra, y al elemental al mismo tiempo, porque por el tono no estaba muy dispuesto a verse contrariado.
Pero el parloteo continuaba sin cesar, y la criatura no parecía estar pendiente de ella ni de lo que pudiese decir, así que sin saber muy bien cómo pacificar los ánimos, la niña lanzó una mirada suplicante a Isolda.
- ¿Qué le pasa?
Isolda Lamartine - February 14, 2008 06:06 AM (GMT)
La curiosidad primera, aquella que tanto había enamorado a Isolda de sus primeros pasos por aquellos mundos invisibles, estaba tan latente en Aura, que le causaba un tierno escalofrío.
-Su naturaleza es esa; nunca estará contento, o furioso, o calmado: es el Fuego, es la Creación original, de donde salen todas las cosas.
Isolda observó al elemental, y con un gesto de su dedo sobre el labio, le pidió silencio. Aura escuchó una voz en un lenguaje cadencioso y tranquilo, que no llegaba a sus oidos sino a su alma; sin embargo, sin ningún esfuerzo, lo entendía.
-Sigmath, del Fuego, Hijo de Anfión, del linaje de Ciervo, os ruego me excuses por sacaros del sueño, más algo que sé que os interesa está sucediendo en este momento, en esta sala.
La llama demoró unos segundos su respuesta, y después preguntó, apaciguada ya su furia por el respeto que le mostraba la Archimaga.
-¿De qué se trata, Jinete de la Tormenta?
La Magister Mundi sonrió.
-Ella es Aura, La que no se Consume; mi aprendiz.
Había algo en sus palabras que al parecer era claro para ambos, y la pequeña sintió sobre sí la mirada inmaterial del espíritu.
Lucie - February 17, 2008 08:55 PM (GMT)
Aura escuchó antentamente, aliviada de que Isolda hubiese podido hacer algo por aplacar a la criatura malhumorada. Pero cuando vio que la conversación cambiaba de rumbo y las miradas convergían en ella, no pudo evitar sonrojarse levemente mientras los nervios la asaltaban. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Cuál eran los modales que debía mostrar ante una llama de fuego? Aquel pensamiento casi hizo que se le escapase la risa.
Tras un instante de dubitación, la niña terminó por inclinar la cabeza, flexionando levemente las rodillas con gracia infantil para terminar alzando de nuevo la mirada, primero hacia Isolda para buscar su aprobación y después hasta el elemental.
- Mucho gusto en conoceros, Sigmath del Fuego.
Y siguió mirándole, expectante. ¿Qué vendría ahora?
Isolda Lamartine - February 19, 2008 01:21 PM (GMT)
El elemental observó largos minutos a la pequeña, que seguramente se sentiría incómoda bajo el terrible peso de aquella responsabilidad, que sin saberlo, iba a tomar. Lo sabría, sin embargo, antes de tomar el paso; y también sabría que aunque exigía responsabilidad, otorgaba mucha ayuda a los nuevos iniciados. Ser aprendiz de un Magister Mundi de la Orden de Hermes, y serlo de Isolda, no era algo qué despreciar.
En aquel misterioso idioma, fue Sigmath el que tomó la palabra.
-Así que eres la Aprendiz. ·Por un momento "miró" a Isolda. Antes de caer en el sueño, estoy seguro de haber escuchado en las Cortes de Ciervo que se trataba de un Aprendiz, ¿eh? ¿Los cambias como de ropa? ¿Tan poco eficiente era, que decidiste dejarlo por otra? ¿O ya estás contraviniendo las órdenes de tu cábala, hechicera, tomando muchos aprendices al tiempo?
Seguramente hubiera seguido, si Isolda no hubiera levantado la mano, exigiendo respeto por parte de la criatura, que se calló, no sin soltar unas cuantas quejas inintelegibles.
-Bien, bien pequeña. ¿Sabes qué es un Familiar? Abrás visto a Chohmah, no? El caballo blanco. ¿Lo sabes?
El ser era impetuoso. Aunque no había dado tiempo a Aura de que respondiese, ya mostraba el tono del enfado en su voz por la demora. Isolda sonreía, complacida.