La noche caía. Había ya dejado al anciano, y moviéndome rápidamente entre la ciudad había alcanzado sus exteriores. Le interesaba volver a aquel campamento de los refugiados.
Nunca había visto algo parecido, y le interesaba sobremanera... conocerlo mejor. Creía que de algún modo podía obtener ayuda en aquellos lugares. Cualquier tipo de ayuda.
Una vez entre las improvisadas viviendas, comenzó a caminar en busca de la taberna. Una venta, algún otro árabe... cualquier cosa sería buena, ciertamente.
Caminando, caminando, divisó por fin algo que seguramente le sería útil. Un grupo de hombres morenos, auqnue no de vestiduras árabes, estaban reunidos alrededor de unas llamas que aliviaban el frío de la noche.
Claro, muchos se preguntarán cómo pude llegar hasta aquí así como así... pues es que entre esos hombres y yo la diferencia es que mi cicatriz en la cara es un poco más grande. Bueno. Volviendo a lo importante...
No es que cualquier ser de tez morena fuera hermano, amigo, compatriota. No, ya saben. Pero es más fácil preguntarle a ellos que a un blanquito con ojos verdes y el tamaño de una montaña.
Me acerco, y después de saludar a la manera árabe, me siento entre ellos sin pedir permiso, carcajeándome.
-Claro, claro. Es que estas noches nunca cambiarán.
Una nueva carcajada golpeó en la cara a los tres hombres, que silenciosos cambiaban lentamente sus miradas a unas verdaderamente aterradoras. Pero bueno, ese es el asunto: yo prefiero ir dandome golpes; es más honesto.
Los tres hombres se miraron, y vaya si se miraron los condenados.
Uno de ellos, en un idioma que aunque estaba lejos de ser francés, era entendible, dijo.
"Tú mejor irte que no te queremos", o algo así, que tampoco es que hubiera tenido muchas intenciones de quedarme. Yo hice una chanza sobre su manera de hablar, y cuando terminé de desternillarme de risa, un puñetazo me hizo caer de espaldas.
Me arrodillé, limpiando la sangre de mi nariz, y sonriendo. Los tres hombres se pusieron de pie. Yo también.
-Oigan, chicos. Es un hecho que este no sabe hablar. ¿Eso es motivo para golpear a alguien? Golpéenlo a él, que a lo mejor se le arregla la lengua.
Una nueva serie de carcajadas los lanzó contra mí. Esto era pasar una buena noche.