Title: Secreto de confesión
Description: Privado Máximo y Sharede (21-06-1226)
Sharede d'Alençon - January 12, 2008 05:17 AM (GMT)
La noche del veintiuno la oscuridad engulló misteriosamente a Sharede tras marchar al trote de la casa de los hermanos lasombra. Nadie la vio cruzar la ciudad, aunque nadie acostumbraba a verla si ella misma no decidía desvelar su presencia. Es posible, incluso, que si decidía desaparecer nadie la echase de menos... pocos eran los lazos afectivos reales que se profesaban entre sí los vástagos oscuros ya que, mientras la luz del día delata a quienes no cuidan las apariencias, la noche arroja un velo que a veces hace ahorrar gestos innecesarios porque muchos se perderán en las sombras.
Pero finalmente el mismo caballo reapareció atravesando fugaz las calles de París para dirigirse hacia un rumbo que su jinete tenía bien preciso: la abadía de Saint Germain des-près.
Nadie la acompañaba, y nadie la vigilaba. Aquella era una hermosa y calmada noche de verano donde nada parecía fuera de lugar, casi como si su regreso lo hubiese obrado milagrosamente.
Los guardias de la puerta apenas dudaron un segundo al verla llegar: conocían bien aquella figura a pesar de su ausencia, y además la voz que surgió de la mística silueta era inconfundiblemente amable y suave.
Sharede aspiró el aroma de los viejos muros de la abadía cuando atravesó el portón, y se dirigió a Dinard para aprender las nuevas sobre Máximo.
Supo que no había salido, pero el abad ignoraba su paradero, de modo que la lasombra decidió hacer caso a su intuición, ¿o quizás simplemente esperanza?, y poco tiempo después llegó al lugar más alto de Saint Germain.
Maximo Constanza - January 14, 2008 12:28 AM (GMT)
En aquel lugar, a medio camino entre lo terreno y lo celestial, se encontraba Máximo, cual guardian en una atalaya, contemplando la inmensidad de París. La ciudad de las luces, que posiblemente hubiera visto más oscuridad que otras con un nombre menos contradictorio, se mantenía erguida y desafiante, resistiendo los embites de las almas inmortales que residían en ella.
¿Pero por cuanto más? ¿De cuantas vidas debía alimentarse el corazón de Francia para seguir latiendo?
Los pensamientos volaban por la mente del Lasombra, que sumido en la oscuridad divagaba sobre el devenir de su propio destino. Y como si fuese una señal de los hados apareció ella, la que hubiera ocupado largas noches su mente provocando el anhelo de su cálida presencia. Tierra firme para el náufrago, oasis para el sediento caminante de un desierto, y estrella para el marinero extraviado. El corazón de la Abadía comenzaba a latir de nuevo, pues ella había regresado.
Elevando una mano al cielo, en dirección al firmamento, y con la mejor de sus sonrisas en el rostro, Máximo saludó a su protegida.
- Parece que las estrellas arrojan más luz sobre St. Germain ahora que has regresado.
Sharede d'Alençon - January 14, 2008 02:41 PM (GMT)
Sharede d'Alençon se acercó a Máximo, y los ojos posados en el cielo se empaparon del brillo de las estrellas antes de dirigirse hacia él, sonrientes.
- Como el hijo pródigo, vuelvo a casa. No hubiese podido quedarme en un sitio que careciese de torre.
La sonrisa de la mirada se reflejó en su boca. Contempló al primogénito tanteando su estado de ánimo en un primer contacto visual, y esperando no haber perdido el talento para interpretarle.
La lasombra notó entonces que en el fondo de la expresión despreocupada del antiguo subyacía algún enigma, una resolución latente que sólo había visto el día en que le comunicó la necesidad de abandonar Saint Germain.
¿Más problemas?
- Me alegro de que las cosas aquí hayan vuelto a su cauce. Decidme, ¿París tendrá ya la paz que necesita?
No fue una pregunta inocente, y ni siquiera casual.
Maximo Constanza - January 14, 2008 06:09 PM (GMT)
Todo parecía perfecto en la inmensidad de la noche. Allí en la torre, distantes del mundo que los rodeaba el Lasombra podía dejarse embriagar por la dulce voz de su compañera. Sonido celestial a oídos mortales, cuanto más a los inmortales de Máximo. Y de repente, por causa de la que pudiera parecer la más inocente de las preguntas, los pies del magistri volvieron a posarse firmes en el suelo de fría piedra. Y su mirada voló del infinito cielo reflejado en los ojos de su protegida a las profunidades de los terrenos abismos de París.
Vuelto hacia uno de los ventanales, por casualidad o de forma intencionada, exactamente aquel que mostraba la Concergerie en un plano lejano el Lasombra clavaba su oscura mirada en el edificio con un rictus serio que mostraba una férrea determinación.
- París no tendrá paz, no aún. Pero quizá las noches venideras iluminen la ciudad con el color carmesí de la sangre del tirano. Y entonces podamos volvar a llamarla la ciudad de las luces.
La voz surgió por la boca de Máximo apenas en un susurro. Casi sin abrir los labios. Mientras los rayos de la luna bañaban su marmóreo rostro.
Sharede d'Alençon - January 15, 2008 01:58 PM (GMT)
No se había equivocado en su presentimiento. Aún así, la mención de la sangre alertó todavía más los sentidos de Sharede, que no hizo ningún movimiento pues ya le estaba mirando con fijeza. Las preguntas se agolpaban en su boca, pero decidió informarse en orden.
- ¿Visitásteis al Príncipe tal y como él pedía en su carta?
Supuso que no, pero tampoco podía haberse quedado en silencio.
La tristeza embargaba su espíritu, y una sensación parecida a la inquietud la atenazaba. Máximo, en poder de su resolución, sería implacable, pero los riesgos quizás tuviesen un precio demasiado alto.
Derrocar a un tirano con el poder de la violencia y sin el consenso de la ciudad era a veces peor que el propio mal. Por otra parte, el malestar era tan grande que muchos habrían sido convencidos fácilmente. Pero cuando llegase el momento de la verdad... ¿quién mostraría su faceta más oscura?
Maximo Constanza - January 15, 2008 04:18 PM (GMT)
Máximo se giro nuevamente hacia su protegida.
- Hice una de las dos cosas que pedía en su misiva, y puesto que os encontrais aquí compartiendo vuestro tiempo conmigo, queda claro que no tomé la opción de la visita como algo factible. Pues de haber acudido no sé que hubiera podido ocurrir.
El Lasombra observó los ojos de Sharede directamente, y centrándose en la paz que le trasmitía su mirada confesó:
- Estoy conspirando para que el trono de París cambie.
Nuevamante quedó mudo, centrándose en el silencio del lugar y aspirándo a reconocer todos los detalles del rostro de la dama.
Sharede d'Alençon - January 15, 2008 04:35 PM (GMT)
Máximo había hablado de forma clara y contundente, y la lasombra obtuvo una mezcla encontrada de sensaciones donde luchaba el agradecimiento por que no le ocultase sus planes con desconfianza, y una materialización de la inquietud anterior, que perforó su estómago e hizo contraer sus pupilas.
Pero ya que estaban hablando sin rodeos, Sharede preguntó una vez más.
- ¿A quién deseáis ver sentado en el trono de París, Máximo? ¿Quién será el que haga honor a su responsabilidad?
Temía una respuesta llamada Máximo Constanza, y a la vez su mente estaba vacía de otros nombres que pudiesen cumplir las pesadas expectativas que conllevaba el cargo.
Maximo Constanza - January 15, 2008 06:39 PM (GMT)
Y como si las palabras de Sharede fueran cargadas del poder de la dominación no pudo negarle una respuesta. Aquella calma voz, junto con el brillo de esos ojos eran todo el hechizo que necesitaba el antiguo. Una vez tras otra desde que la conociera había permanecido a su lado, escuchando y guiando sus pensamientos. Este momento no iba a ser menos.
- No hay en París nadie capaz de governar el dos veces maldito trono. Y del exterior me ha llegado una propuesta de alianza, pero tras mandar mi respuesta sigo a la espera con un plan en marcha. No confío en ella, pero ahora es nuestra mejor opción. Aunque temo que llegue cuando sea demasiado tarde.
De repente, debido a la tensión de los últimos días, o tal vez a los principios de paranoia que pudiera empezar a sentir el antiguo, llamó a varios tentáculos procedentes del Abismo. Y en el mismo instante en que agarraba a Sharede y la atraía hacia si en un abrazo fuerte pero nada brusco, los poderosos tentáculos barrieron la habitación dispuestos a agarrar a cualquiera que pudiera encontrarse escondido y escuchando, sin dejar ningún rincón libre de su paso excepto el pequeño espacio ocupado por la abrazada pareja.
Después lentamente soltó a su, posiblemente asustada, compañera.
Sharede d'Alençon - January 16, 2008 01:11 AM (GMT)
Ni siquiera le dio tiempo a meditar la respuesta u ofrecer una réplica. Con aquel inesperado gesto, Sharede no pudo hacer otra cosa que cerrar los ojos y comenzar una silenciosa plegaria.
Los segundos entonces se aceleraron y en un abrir y cerrar de ojos notó que la presión se relajaba y las sombras se disipaban. Suspiró quedándose contra él y alzó la mirada inquisitiva hacia sus ojos oscuros. Viniendo de Máximo, no había llegado a temer daño alguno, pero la tangible oscuridad seguía invadiéndola de temor cada vez que rozaba sus sentidos.
¿Acaso había sentido alguna amenaza?
- ¿A qué temes?
La cálida voz femenina cerca de su oído desterró la fría hostilidad que había adquirido de pronto la estancia.
- Aquí nadie puede hacerte daño.
No quería que el abrazo acabase.
Maximo Constanza - January 16, 2008 01:37 AM (GMT)
Al soltar ligeramente a Sharede, y sentir que ella se mantenía en el sitio sin intención de apartarse, volvió a abrazarla. Al momento recordó la ocasión en que, llevándola en brazos, cruzó el abismo para salir de la Abadía. Los poderes de las sombras nunca la habían mantenido tranquila. Y por eso Máximo la estrechó un poco más contra su pecho mientras susurraba algo a su oído.
- Lo siento. Pero tranquila, ya ha pasado.
Entonces liberando un poco la presión que ejercía su abrazo, esperó a que ella lo mirara a los ojos.
- Las sombras se hacen más oscuras a cada noche que pasa, y es dificil distinguir enemigos y aliados. Cuanto menos encontrar algún amigo entre ellos...
Las palabras se perdieron en el silencio que dejó el antiguo, pensativo.
- En tres días, cuando caiga la noche me reuniré con Zack Thomas de Nosferatu y Aureus de Gangrel... con la intención de atacar la Concergerie. No confío en ellos, temo que pueda ser una trampa, pero alguien debe acabar con todo esto.
Nuevamente la voz del Lasombra se apagó, para acercarse un poco más a Sharede y hablarle con un fino hilo de voz.
- Al menos te tengo a ti.
Sharede d'Alençon - January 16, 2008 01:49 AM (GMT)
Sharede no se habría esperado escuchar aquello. Pensaba que habría tiempo, pero el hecho de que los acontecimientos se precipitasen a pocas noches vista lo cambiaba todo.
- ¿Necesitas que vaya contigo?
Era posiblemente la primera vez que Sharede le tuteaba. También la primera en la que ofrecía a alguien su ayuda en alguna situación que incluyese la posibilidad de tener que usar la violencia. Pero lo decía en serio.
- Puedo... puedo utilizar las sombras, si algo va mal.
Intentaba no pensar en lo que estaba diciendo. Qué locura.
Maximo Constanza - January 16, 2008 02:02 AM (GMT)
El simple hecho de escuchar a Sharede decir aquellas palabras fortaleció la resolución del antiguo. No sabía si sería a la noche siguiente, pero sentía la seguridad de que Geoffrey caería en breve.
- Sharede, siempre te necesito a mi lado, pero esta vez no puedo permitirte que me acompañes. Será demasiado peligroso. Además, si te ocurriera algo...
Lo que aconteció entonces fue algo totalmente impensable, algo que no sucedía desde hacía siglos. A Máximo se le quebró la voz.
Sharede d'Alençon - January 16, 2008 02:12 AM (GMT)
La frase fue interrumpida no sólo por el propio Máximo sino también por una de las manos de ella, posándose sobre su boca.
- Entonces tendrás que prometerme que saldrás ileso, aunque por ello no puedas llevar a cabo lo que pretendes.
La mujer clavó su mirada en la de él. Su mano se apartó levemente, y en ella, Máximo pudo ver un hermoso anillo de ónice.
Maximo Constanza - January 16, 2008 02:35 AM (GMT)
El tacto de aquella mano resultó cálido a pesar de su procedencia. Quizá el propio gesto fuera lo que cargara la acción de intensas energías para el Lasombra. Y entonces, sumido en el ligero trance de sus sentidos la imagen del anillo en la mano de Sharede lo transportó al momento en que se lo había entregado:
Unos meses atrás, en aquel mismo lugar. Agraciados por la proximidad al cielo, condenados por la cercanía de la tierra. Dos almas atadas en un mismo momento, y destinadas a compartir ese instante por toda la eternidad.
Como en aquella ocasión, encontró algo mejor, que las palabras, con que sellar su promesa. Algo que no podría llevarse el viento, la fuerza, ni el mismísimo Cronos, dios de los tiempos. Un hecho imperturbable en la inmensidad del universo que ambos compartían.
En ese instante la besó.
Durante ese beso el tiempo se detuvo, demostrándo así a su señor que nada tenía que hacer. El viento, poderoso y enfurecido, sopló y sopló pasándo inadvertido por los dos amantes, que ceñidos en un eterno abrazo demostraron que ni él, ni otra fuerza externa a ellos, sería capaz de separarlos.
Sharede d'Alençon - January 16, 2008 04:31 AM (GMT)
En aquella ocasión, Sharede interpretó el gesto en el instante en que se producía y, al mismo tiempo, salió al encuentro de sus labios.
Recordaba haber pensado en varios momentos que lo que había sucedido la última vez que estuvo en la torre era producto de alguna ensoñación, pero ahora... se hallaba sumida en aquel dulce éxtasis que había anhelado desde entonces...
Su mano, suspendida en el aire, terminó por acercarse a él y posarse sobre su cuello, en forma de caricia. Su gesto ya no dudaba, ahora se aferraba a él como si fuese la última vez que pudiese probar sus labios, aunque la promesa era fuerte, y tenía una confianza sin fisuras en que le volvería a ver.
- Rezaré por vos.
El beso culminó con una sonrisa y aquel susurro, próximo pero sosegado, como si hubiese encontrado un remanso de paz en medio del caos que los precipitaba hacia los acontecimientos.
Maximo Constanza - January 16, 2008 03:59 PM (GMT)
Máximo no necesitaba un rezo, pero si que Sharede centrara sus pensamientos en él, pues si desfallecían sus fuerzas las buscaría en el anhelo de volver a verla. Y ahora renovada su fría vitalidad se sentía dispuesto a todo. Menos a una cosa: romper el vínculo de aquel abrazo eterno. Así que aún sabiendo, que debía realizar los preparativos para aquella noche y el día siguiente se quedó ahí, inmóvil, como si de una estatua perdida en los albores del tiempo se tratara.
- Volveré a verte cuando transcurran cinco noches y, espero, todo haya terminado.
La voz del Lasombra acariciaba los oídos de su compañera, mientras una de sus manos peinaba su pelo negro y acababa rozando una de sus mejillas.
Sharede d'Alençon - January 16, 2008 10:36 PM (GMT)
Quería creerle y no diría nada para dudar de sus palabras, pues minar su decisión sólo le resultaría destructivo a estas alturas… pero depender de la buena voluntad de los cainitas a veces era tan arriesgado…
Se forzó a borrar aquello de su mente: no podía emitir un juicio de valor sobre quienes no conocía, como era el caso de ambos primogénitos mencionados por Máximo.
Si le traicionaban, sabría escapar con vida. No en vano su existencia se extendía a lo largo y ancho de tantos siglos.
- Os estaré esperando.
Y como un gesto repentino e inesperado, alzó ambas manos y suavemente recogió el rostro del antiguo entre ellas, haciéndole inclinar la cabeza hacia sí. Sus labios le rozaron la frente en una mezcla de dulzura e instinto fraternal.
- Cuídate.
Después se dio la vuelta e hizo una pausa, de espaldas al cielo estrellado. Suspiró; le costaba tanto dejarlo a solas con tal peso cargado sobre sus hombros...
Maximo Constanza - January 21, 2008 12:12 AM (GMT)
En verdad el Lasombra no deseaba la soledad si eso significaba ver partir a su protegida. Pero tal vez fuera algo necesario para acabar de ordenar sus pensamientos, así que la dejaría marchar. Y pronto, en las noches venideras esperaba poder volver a verla y tomarla de nuevo entre sus brazos.
- Hasta pronto
Únicamente esas dos palabras acompañadas de la más tierna de las sonrisas y la mirada más cariñosa observada jamás en uno de los suyos. No habría duras despedidas, ni palabras referentes al fracaso. Pues no podría haberlo si deseaba volver a verla.
Entonces para hacerle más fácil la partida a Sharede se volvió nuevamente hacia la ventana, y su mirada, fría como la oscuridad del Abismo, se clavó en la Concergerie.
Sharede d'Alençon - January 21, 2008 12:29 AM (GMT)
Finalmente, Sharede retornó a las sombras de donde había surgido.
¿Qué son cinco noches de espera tras haber vivido siglos?
No obstante, sabía que se le iban a hacer eternas.
Y aunque ella se había ido, su aroma suave y delicado se quedó con Máximo, haciéndole compañía.