View Full Version: Otros vientos, Otros tiempos [783 D.C]

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Title: Otros vientos, Otros tiempos [783 D.C]
Description: Historia de Aleksay


Aleksay Drmèv - January 11, 2008 04:39 PM (GMT)

Parte Primera:

Resultaba realmente difícil arar aquella tierra. Parecía no estar dispuesta a ser doblegada por la mano de ningún hombre. Siempre seca. Impasible. Dios mismo parecía haberse olvidado de aquellos lugares al este de Europa, que solamente recibían riegos de lágrimas de campesinos o sangre de guerreros.
Me llamo Alekasay Dmrèv. Hijo de Nycka Dmrèv y de una madre con la que tan sólo coincidí unos breves instantes en este mundo. Mis primeros recuerdos datan de cuando tenía 7 años, allá por el año 783 de Nuestro Señor. De esos mil veces malditos campos y de esa yerma tierra que me vio nacer. De esa mi tierra del reino de Hungría...
Éramos por aquel entonces cuatro en mi familia: mi padre, yo, un viejo y parcheado arado y un buey que vivía mejor que nosotros. Nos dedicábamos a cultivar cualquier parcela de cualquier noble de la zona. Nos levantábamos mucho antes de que el Sol naciera y nos acostábamos con las lunas en todo lo alto. Día tras día nuestras manos se ajaban y nuestros cuerpos se doblaban duros como la madera de boj.
Vivíamos, o mejor dicho, sobrevivíamos con las sobras de los nobles que no eran de provecho para sus mercedes. Durante la época de lluvias, cuando existía, realizábamos pequeños transportes de avituallamiento para los ejércitos cercanos; el resto del año levantábamos rogando que ninguna batalla desbrozase nuestros campos.
Esta fue la imagen de mi inexistente infancia: un lomo escuálido de buey marcando el camino que malamente abría una gran pieza de hierro que pendía de varios maderos de encina, y que volcaba ardientes lenguas de polvo que abrazaban el torso desnudo de un muchacho. Por detrás, los pacientes, precisos y constantes movimientos del brazo de mi padre esparciendo la preciada simiente.
Los días eran calcos unos de otros hasta que todo aquello sucedió.
Un mal día nos levantamos todos menos nuestro buey. Conocedores de su edad y de que algún día iba a suceder aquello, fuimos a informar de nuestra pérdida a dueño de las tierras de las que estábamos trabajando: Lord Bymard. Todo sucedió en cuestión de minutos. Expusimos nuestra cuita, fuimos escuchados y rápidamente ajusticiados. El noble alegó un incumplimiento de nuestro deber para degollar ante mí a mi padre, mandar quemar nuestra casa y ordenar que me enviasen a formar de parte de sus ejércitos con mis pertencias. Es decir, unos pantalones raídos y el mendrugo de pan de hogaza que habíamos de comer aquel día.
Aquello fue el comienzo de la vida que conozco desde entonces. Mi sudor y mis lágrimas no volverían a regar nunca ningún campo, tan sólo la sangre de mis enemigos.




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