View Full Version: Fríos vientos desde el Este

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Title: Fríos vientos desde el Este
Description: 20 de Junio del año 1226


Erzsébetta - January 9, 2008 02:58 PM (GMT)
El mundo no dejaba de cambiar. Un día alguna hoja caída desprevenida de un árbol. Al siguiente, en una cruenta batalla, miles morían por la orden de un señor, por el valor de tener su escudo en el pecho. Unas horas más tarde un halcón gemía feliz sobre los restos de su presa, de la extraería alimento para sus pichones. Y el sol aparecía y desaparecía. No cambiaba. Pero a nadie le importaba.

Pocas cosas hacían que el mundo temblase hasta sus simientes, y que conmoviera los pilares mismos del Orden Universal.

Por el camino empedrado que guiaba a la La Concergierie aparecieron tres carruajes, avanzando lentamente, como en una canción. El primero pasó de largo, y se detuvo un metro más allá de las escalinatas que conducían a la puerta. El tercero se detuvo mucho antes, dejando al segundo justo frente a ella.

Aquellos carruajes, aquellos caballos y sus cocheros traían un frío viento desde el este, lleno de susurros salvajes, de piedras puntiagudas y de malos presagios. Se respiraba a través de aquella densa niebla congelada, sin embargo, una nobleza tan antigua como la tierra, y una elegancia que lo era por la bravura.

Adentro del segundo carruaje, una esbelta figura, delgada y alta, atisbaba hacia el exterior con temblor en las manos y dubitativo aire. Su rostro no alcanzaba a percibirse totalmente, pues estaba cubierto por un fino velo que tan dejaba la mayor parte de aquellas bellísimas facciones para la imaginación.

En sus manos largas y blancas, había un único adorno: un anillo donde dos dragones danzaban, enredándose, el último baile antes del Azhi Dahaka.

El silencio del interior del carruaje se quebró cuando una hermosa voz preguntó, nerviosa, a su acompañante.

-Aleksay, querido, ¿crees que haya sido... buena idea?

La pregunta era por las calles planas, por las casas conrtahechas, por el calor insoportable, por el Ventrue que gobernaba.

Aleksay Drmèv - January 9, 2008 03:34 PM (GMT)

La suave melodía hecha voz de su bien amada esposa Erzsébetta, saco a Aleksay del trance en el que se había sumido en los últimos kilómetros camino a la ciudad.
Había venido escrutándo todo su entorno desde hacía horas.

Distinguió los cantos de las aves de las afueras de la gran ciudad, reconoció los apagados y burbujeantes tosidos de los tuberculosos en el campamento de refugiados, y captó el infame olor de los infames que colman los suburbios de cualquier ciudad. Inclusó se percató de la conspiración que dos gendarmes llevaban a cabo contra su señor en el puesto de guardia de una suntuosa villa de la isla interior de París. [auspex activado todo este tiempo, por supuesto].

Esta inquietud de su mujer lo devolvió a la realidad. A su cuerpo.

La miró compasivamente, y tomó firme su mano. Desde que Lord Laanto Domortji les había citado para encomendarles su actual misión, y les había dado trazas del comportamiento del mundo occidental y de esta ciudad de París, Erzsébetta se venía mostrando intraquila.

A pesar de su longevidad, la bella mujer era apenas una recién nacida en el mundo cainita, y era normal por tanto que conservase algunas trazas de comportamiento propio de un ser humano:

- Nada debéis tener. Querida mía. Nadie se puede encontrar más seguro en el mundo que unos emisarios recomendados de Lord Laanto, voivoda de voivodas. El clan Tzimisce es respetado y temido de un confín al otro del mundo. Es bien seguro que nos tratarán con la cortesía que merecemos.

Aleksay sabía de sobra que aquello no era de todo cierto, y menos cuando de un gobernante del mil veces maldito clan de los reyes se trataba. Pero confiaba en que eso tranquilizase a su dama.

- Además -añadió en un tono relajado- en último caso confío en vuestro encanto personal y en vuestro saber hacer. Los presentes que habéis insistido en traer son dignos del mismo Tzimisce en persona. -sonrió.


Erzsébetta - January 9, 2008 03:48 PM (GMT)
Erzsébetta suspiró. Apretó la mano que le tendía su amado, y miró una vez más al exterior. Añoraba demasiado. Cuando los siglos pasaron, sólo una idea abrigaba su alma, un deseo más grande y fuerte que cualquier otro: acompañar en la Eterna noche a su Amo, Señor y Amado, hasta el fin de los días.

¿Y ahora? De su deseo quedaban hilachas, miedos, temores y... y fealdad siempre que el Sol que ahora añoraba se aproximaba más a su aparición.

Suspiró de nuevo. Apretó la mano de Aleksay. Ella no sabía tanto de la Sociedad Cainita más allá del Clan de los Dragones como le hubiera gustado, y los imaginaba a todos pérfidos y viles. Extraña percepción sin duda, pero que le causaba gran desasosiego. ¿Y si su querido Aleksay sufría por culpa de aquellos occidentales bárbaros?

-¿De cuál encanto habláis?

Su vos sonaba como un filo de los Cárpatos, temblorosa y a punto de estallar en llanto, y su mano huyó de la del Antiguo presurosa.

-No me ofenderé con vos, sin embargo, mi bien amado, pues sé que olvidaís que mi encanto se ha perdido ya.

Golpeó con el anillo la madera del Este que olía a sus bosques queridos llenos de Maldad, y esperó que aquella fiesta circense comenzara.

Aleksay Drmèv - January 9, 2008 04:01 PM (GMT)

El corazón de Aleksay se encogió en alguna parte de su cuerpo que ya no recordaba. Un repentino brote de furia le invadió y quiso en un instante prenderle fuego al mundo enterno, un fuego que el mismo prendería a gusto en las entrañas del fundador del clan de los Usurpadores. Un brillo rojo sangre inundó los ojos del Voivoda en una fracción de segundo, mas no podía dejar que su amada lo viese afectado.

- Sois... Portadora de los más bellos y más variados encantos que han visto estos ojos. Vuestra compañía ha hecho transcurrir los siglos con la brevedad del día. Ni tan siquiera nuestro padre Tzimisce podría esculpir un corazón y un alma como la vuestra. -Aleksay volvió a extender su mano buscando la de su esposa.

- Nos sobrepondremos, como siempre hemos hecho, a cualquier eventualidad que el cruel destino nos depare, querida.

La miró fijamente a los ojos, y en un intento que esperaba fuese fructífero de cambiar la tónica de la conversición, se interesó:

- ¿Qué delicados presentes habéis escogido para nuestro anfitrión ?.



Erzsébetta - January 9, 2008 04:15 PM (GMT)
Sin embargo la mirada de la Tzimisce, aunque deseaba rehuir la de su amado, no lo logró. Escuchó sus palabras con calma y con el corazón compungido, y como siempre, ahora también entendió que el sufrimiento de ella era el sufrimiento de él.

Por una noche procuraría evitarle más dolores a él. Los de ella bastaban para ambos.

Finalmente, haciendo un esfuerzo, sonrió.

-Será una sorpresa tanto para nuestro Anfitrión como para vos, querido. Así que no demoremos más la revelación de nuestros presentes, y nuestras presencias mismas, ante aquel que Regenta esta ciudad.

Ante la señal que la Tzimisce había dado, un criado había abierto ya las puertas, y ofrecía su mano para ayudar a descender a la Dama Oriental.


Geoffrey - January 10, 2008 12:57 AM (GMT)
En ese momento, la entrada de la Concergerie se abrió y el anciano Chambelán salió a recibir a los recién llegados. El aire antiguo de los carruajes y los emblemas se notaban a millas de distancia, especialmente para los entrenados ojos de Icaro, que pronto reconoció la heráldica como la propia de los Cárpatos. Así que el Tzimisce enviado desde Transilvania había llegado. Así que esperó con calma ante la entrada del carruaje esperando que su ocupante descendiese.

Aleksay Drmèv - January 10, 2008 01:14 AM (GMT)

Aleksay descendió con un movimiento firme y decidido del carruaje y tomó la mano de su señora con delicadeza invitándola a acompañarlo.
Cuando ambos tocaron suelo, el Voivoda se echó hacia atrás el gran manto de color arena, asentó su gran espada por la empuñadura en el cinto y se encaminó en un totalmente perfecto compás con su pareja a la entrada de palacio.

- Znej, haced descender a nuestros sirvientes de los carruajes con los presentes que traemos a Lord Geoffrey y ordenadle a Abdel que se quede a cuidar de nuestras pertenencias. Esperad en la puerta a que os sea permitido el paso y solicitad el uniros a mi con los agasajos en el interior. Haced cuanto os ordene el chambelán y actuad con sumo cuidado, os lo ordeno. [auspex comunicación mental].

Cuando los dos tzimisce se encontraron a un par de pasos ambos se detuvieron al unisono, y tras escrutar levemente al anciano, Aleksay acertó a decir:

- Saludos, chambelán. -Dijo un tono de voz ligeramente más profundo y grave del que el voivoda acostumbraba a usar-. Os ruego hagáis saber a vuestro Señor y Príncipe de esta Ciudad de París, Geoffred du Temple, que Lord Aleksay Dmrèv de Tzimisce, su esposa Erzsébetta y sus vasallos se encuentran en su dominio para presentarse de acuerdo con las tradiciones de nuestra estirpe.


Geoffrey - January 10, 2008 01:30 PM (GMT)
Desde el momento en que el Tzimisce comenzó a hablar, Icaro supo que iba a haber problemas. Cómo se había aferrado a la espada era mala señal. Pero mucho peor era que no venía sólo, sino que traía acompañantes no mencionados en la carta. Geoffrey no se iba precisamente a alegrar con ello...

Sin embargo, no dejó que sus pensamientos trasluciesen al exterior mientras realizaba una perfecta reverencia para cada uno de ellos.

-Buenas noches, caballero y dama. Bienvenidos a París. El Príncipe los está esperando. Aunque me temo que va a tener que dejarme el arma mientras dure la entrevista...-

Icaro extendió suavemente una mano. Y aunque no lo había dicho, en su tono se notaba que se refería no únicamente a la espada del Tzimisce, sino a cualquier arma que los dos portasen.

Aleksay Drmèv - January 10, 2008 04:11 PM (GMT)

Qué pena...

Pensó el tzimisce al comprobar la recepción que el mismísimo Príncipe de París, la supuesta joya de la corona de occidente le había preparado. Está bien que ningún otro clan tenía un sentido de la hospitalidad tan desarrollado y cuidado como los hijos del dragón, más aquellos que a sí mismo se llaman los gobernantes entre los cainitas deberían esmerarse un poco más. O bastante.

Todo un antiguo, de alta posición y consideración en su clan. Un reconocido guerrero tzimisce es recibido en una corte por un... viejo chambelán sin más honores que el de una parca bienvenida... Aquello solo podía ser fruto de la inestabilidad política que atravesaba esa ciudad o... pero aún... algo premeditado contra su persona... algo que no sentaría nada bien en el este si se tuviese constancia de ello...

Más Lord Aleksay se decidió a pasar estas impertinencias por alto y sin dar un solo paso para demostrar lo mucho que respetaba y acataba las tradiciones del Oscuro Padre, se aflojó el recién ajustado cinto dejando salir su fabulosa espada con envuelta en su funda.

-Por supuesto. Aquí tenéis mi espada. - Aleksay hizo un sutil ademán y el único de sus vasallos que iba a entrar depuso su arma al momento.

-Sed cuidadosos con ella, os lo ruego. Pesa bastante [fuerza mínima para sostenerla de 3 puntos] y su valor es literalmente incalculable.

- Cuando gustéis estamos listos para la entrevista.

Mientras esperaba el movimiento del chambelán el voivoda se rió para sus adentros, recordando un viejo combate con su Sire... Deponer sus armas... Cada vez que entraba en un eliseo o corte el mismo consejo... Puede que las armas sean importantes para una flor delicada de corte en el combate, más un guerro de su antiguedad a muchos había convertido en polvo sin tocar siquiera su empuñadura...

Aleksay abandonó rápidamente este pensamiento y se concienció como la situación lo merecía para una presentación en sociedad.

- Una cosa más. Algunos de mis sirvientes portan presentes para vuestro Señor. Sed libres de comprobar la mercacía que llevan para su Ilustrísima.


Erzsébetta - January 10, 2008 04:21 PM (GMT)


No podía discernir con precisión los movimientos de corte que estaban teniendo lugar delante de ella, pero tampoco hacía falta conocer demasiado para notar un cierto ambiente enrarecido en aquella conversación.

Fijo su mirada en el chambelán tras la deposición de armas de su esposo y se dirigió a el con suma dulcura:

[mérito: voz encantadora]

- No poseo arma alguna, mi buen señor. Dijo haciendo un leve ademán con ambas manos. Podéis comprobarlo si así lo creéis necesario.

Geoffrey - January 10, 2008 08:26 PM (GMT)
Icaro sonrió a la dama mientras la sangre fluía por sus venas para poder sostener tan pesada arma.

-No hará falta, mi Señora, vuestra palabra me bastará.-

Mejor no caldear más el ambiente de lo necesario, ya bastante había. Y si además los demás habían dejado sus armas, no había razón para desconfiar de ella. Era cierto que los Tzimisce eran bestias terribles y animales sangrientos, pero a su retorcida manera, no estaban carentes de honor. Si decían que algo era de un modo, morirían antes que admitir que no era así. Así que aún si iba armada, era improbable que siquiera pensase en usar el arma. Y lo mismo se aplicaba a los regalos, de modo que tampoco los comprobó.

Con una reverencia y una indicación, el Chambelán se dio la vuelta y guió a los dos Tzimisce al interior serpenteante y complejo del palacio de la Concergerie. Paró brevemente a dejar las armas en una sala, apostando un guardia allí para que nadie las tocase hasta que sus dueños legítimos regresasen, y continuó su camino. Hasta el fondo, hasta la sala más grande y engalanada de todas: la Corte del Príncipe. Geoffrey estaba sentado en el trono, firme, regio y grandioso. Sus ropas eran dignas de un rey, y el poderío de su mirada demostraba la poderosa sangre que corría por sus venas. Ciertamente, era una estampa impresionante. A su derecha, de pie, un germano rubio y serio observaba la escena, igual de bienvestido. Y a la izquierda, igualmente de pie, un hombre grande y aparentemente algo rudo, con una cota de mallas. Los tres portaban sus espadas, señal de quien era el Señor de la ciudad.

-Su Excelencia Geoffrey, os presento a Aleksay Drmev y sus vasallos.-

Icaro lo dijo con toda la suavidad que pudo, intentando que el "sus vasallos" sonase lo más servil y adecuado posible. Y aún así, dudaba que eso hubiera salvado a los Tzimsice de la ira del Príncipe.

Sin embargo, Geoffrey permaneció en silencio, observando a los recién llegados atentamente. Su cara, una máscara impenetrable y dura. Sólo el hombre rudo, Montalbán, se removió un poco en su lugar, consciente de las implicaciones de las palabras del Chambelán.

No iba a ser una presentación corta, ni sencilla, ni agradable. Para ninguno de los presentes.

Aleksay Drmèv - January 10, 2008 09:17 PM (GMT)
Si alguien en la sala estuviese interpretando el aura de Aleksay en el momento de la presentacion a buen seguro se hubiese quedado ciego al comprobar la intensidad de la ira del tzimisce provocada con esa introducción del chambelán.

¿Cómo se atrevía aquel... viejo a presentarle como un plebeyo cualquiera ante su príncipe?

Era todo un Lord, un ser sumamente respentado en una sociedad en la que decrépitos individuos como aquel chambelán no servirían ni como alimento para las huestes de combate tzimisce.

Calma... Aquello no era una batalla para no mantener el control... al menos... de momento...

Una vez más los pasos de la pareja sonaron al unísono en toda la gran sala de audiencia encaminándose hacia el trono. Alli se entregaron simultáneamente al silencio para dejar paso a protocolo.

Aleksay apoyó ligeramente la mano siniestra en su armadura, tomando levemente con la diestra su fabulosa capa. Al tiempo un leve pero inequivoco ademán de respeto entre nobles caballeros como ellos mostró el reconocimiento del tzimisce ante el Señor de aquellas tierras.
Erzsébetta tomo su amplio vestido por sus costuras laterales y con un gracil movimiento se reverenció ante el Príncipe.

Por detrás, el fiel Basarab y sus mortales criados se postraron completamente arrodillados en el suelo y mantuvieron dicha posición.

- Mis saludos, Señor de esta vuestra magnífica Ciudad de París, su Ilustrísima Majestad Lord Geoffred du Temple de Ventrue. Me presento ante vos humilde, como rezan las tradiciones de nuestro Oscuro Padre y cumpliendo las Tradiciones de la Estirpe: mi nombre es Lord [recalcó esa palabra para dejar de manifiesto la falta de respeto del chambelán aunque si desviar su mirada en ningún momento] Aleksay Drmév de Tzimisce. Chiquillo de Lord Laanto Domortji, voivoda de voivodas gobernante del Reino de Bulgaria, hijo de Lord Andeleon de Tzimisce, chiquillo de Tzmisce mismo.

-Vengo de las lejanas tierras del este de Europa, de la Región de Hungaria de la que fui, hasta estos momentos, espada de mi Señor Domortji. Los motivos que me traen a vuestros dominios son dos: en primer lugar el honor de ser el enviado de mi clan a esta maravillosa ciudad para aprender de ella el modo de vida de occidente que poco a poco va llegando a nuestra patria, y que a menudo resulta desconcertante para los ancianos de mi familia.

Hizo aquí una pausa significativa y breve para que calasen sus siguientes palabras, que dejo caer sin aparente mayor importancia.

- Dado que Lord Vertzang, a quien espero tener el placer de volver a ver en algun momento, resulta ser un hombre poco locuaz para nuestra familia; los mismos trasladaron a mi persona la honrosa taera de vivir y aprender en esta ciudad que antes os referí.

- El segundo, y a pesar de que un guerrero nunca deja de serlo en su corazón, si necesita de tiempo para pararse a contemplar el mundo que le rodea para tener una mejor perspectiva de sus actos, y de sí mismo. Entended que tras mi joven rostro, se halla un ser anciano en siglos y que necesita cada vez más, mayor reposo en sus actividades...

- Así pues, concluyo mi presentación con la solemne intención y propósito de ponerme a disposición de cuanto este principado necesite, en tanto en cuanto este en mi mano o en la de mi clan, para contruibuir a la prosperidad del lugar que con vuestra venia, pretendo habitar. - Aleksay volvió a realizar en este punto otro leve ademán en señal de respeto.

El Tzimisce aún sin ser un hombre experto en temas de corte, y mucho menos en occidente hizo todo cuanto sus largos siglos de historia le habían enseñado en estas situaciones. Había permanecido todo el tiempo con una actitud humilde y sincera, nunca humillada. Y tal y como su sire le había enseñado había permanecido todo el tiempo mirando al Ventrue a su rostro, pero nunca a sus ojos. Poderosas armas de esa mezquina y deshonesta familia.

El ya había movido ficha, ahora era el turno de presentación de su señora y vasallos, que esperaba fuera lo más breve y afortunada posible.

Geoffrey - January 11, 2008 01:51 AM (GMT)
Y realmente lo había hecho bien. Por un momento, los vasallos del Príncipe esperaron que eso bastase. Pero no era el caso. La ira de Geoffrey bullía en su interior enmascarado. ¡Ese pretencioso Tzimisce! ¿Quien se creía que era? ¡Iba a ver lo que era una corte occidental!

-Primero de todo, os doy la bienvenida a esta ciudad, Aleksay Drmev- todos en la sala se sacudieron un momento, mientras Icaro se retiraba apresuradamente- . Pues eso es lo que aquí sois, un vasallo, en este caso seréis vasallo de ese Tzimisce a quien deseáis conocer, Lord Vertzang. Si queréis ser tratado de Lord en esta ciudad, deberéis ganaros dicha Posición en mi Corte. Lo cual probablemente implique sustituir a Lord Vertzang.-

Lo cual, ciertamente, podía ser interesante, aunque una guerra interna en el Clan Tzimisce en estos momentos podía ser peligrosa. Verían cuan lejos llegaban las ambiciones de este Tzimisce.

-Y me temo que vuestro Sire no informó de la llegada a esta ciudad de nadie más que vos. Ningún otro Cainita iba mencionado en la carta que escribió. Así pues, ¿por qué debería permitir que se quedaran vuestros vasallos? Además, ¿poseéis alguna carta de los verdaderos antiguos de vuestro Clan que pruebe que ellos os han enviado a esta ciudad de verdad como su emisario?-

Los verdaderos antiguos, no se refería ciertamente a Cainitas con muchos siglos a sus espaldas, ni siquiera los de milenios. No, se refería a los Matusalenes, a aquellos cuya sangre estaba realmente cerca de Tzimisce, aquellos que eran sus hijos o, como mucho, sus nietos. El alma del Clan de los Demonios. El Dracón, Yorak... no había muchos que cumpliesen esos requisitos, y sus palabras pesaban más que la de la mitad de los Tzimisce del mundo.

Ciertamente, si tenía la palabra de Tzimisce o de uno de esos antiguos, realmente merecía su admiración, porque estaba claro que la edad sóla no llegaba. Al fin y al cabo, París era una ciudad donde los Cainitas con siglos a sus espaldas abundaban, y donde hasta hacía muy poco reinaba un Chiquillo de Ventrue en persona: el propio Sire de Geoffrey. No, la antigüedad de la sangre del Tzimisce no impresionaba al Príncipe, y eso estaba muy claro.

O, por supuesto, Tzimsice mismo, aunque Geoffrey sabía que el Antediluviano hacía siglos que dormía, y que ni siquiera sus mismos Chiquillos sabían donde.

-Y por supuesto que os ponéis al servicio del Principado. Las Tradiciones y la Lextalionis así lo obligan. Otra cosa sería cuanto menos...-

Dejó las palabras en el aire. Era cierto que los Tzimisce tendían a ser bastante independientes en sus feudos una vez se independizaban de su Sire, pero eso era algo que no ocurría entre los vasallos de Geoffrey. No, París era una ciudad completamente distinta.

Aleksay Drmèv - January 11, 2008 01:03 PM (GMT)

La sangre, que por momentos comenzo a bullir en el interior del antiguo tzimisce, se fue calmando poco a poco hasta que lo invadieron unas poderosas ganas de sonreir tras la intervención de aquel joven aspirante a gobernante. Su rostro sin embargo, se mantenía impasible y relajado en apariencia como cuando habia cruzado el umbral de la puerta a la sala del trono.

Esta bien claro que para un ser carente de honor como aquel joven, que según había sido informado, había derrocado a su sire haciendo uso de malas artes y falta de honor [hay quien apunta incluso a artes infernales en el este] la antigüedad de la sangre no significaba nada. Más no era así dentro del honorable clan de los dragones. Y se lo dejaría claro:

- ... otra cosa sería sencillamente indigna e impropia de un honorable miembro de mi familia, Lord Geoffred. -concluyó Aleksay- Allí de donde vengo la hospitalidad es una de las más mimadas tradiciones. Somos magnánimos, y a la par duros e inquebrantables, en arte de respetar y acatar las voluntades de un Señor en su Dominio. No me gustaría que pensase que yo soy una excepción a esa honorable conducta.

- No poseo carta alguna más que la que ya ha sido enviada y de la que desconozco su contenido, pues mi Sire la envió cuando yo ya estaba en camino. Os ruego no os ofendáis si en ella no se citaba a los vasallos, que serán vuestros tambien [apuntilló a propósito para cebar el ego de aquel joven ambicioso] en caso de que aquí los aceptéis. El posible motivo es que la carta haya sido dictada en persona por algún matusalén de mi familia, y que respetando las líneas generacionales -que vos está claro no respetáis, pensó para sus adentros el voivoda- haya sido después firmada por mi Sire y Mentor, Lord Laanto.


- Si lo que buscáis es un aval o recomendación en mi persona, no debéis inquietaros. No he venido aqui a crear conflicto alguno, si no a tender lazos entre los miembros de la estirpe. -al decir esto extendió levemente la mano para que su gesto acompañase a sus palabras.

El tzimisce realizó aqui una pausa para medir sus palabras siguientes, que sin duda deberían hacer medir en un futuro la palabras de aquel arrogante Príncipe con un respetado miembro de la estirpe de los dragones:

- Esperaré fuera de vuestro dominio con los mios si es necesario y su Ilustrísima así lo considera oportuno. Esperaré allí a que cualquiera de los patriarcas de mi clan, a los que he servido redacten otra misiva de su puño y letra. Incluso el viejo y venerable Lord Andeleon de Tzimsice acudiría a dar testimonio de mi valía en persona si fuera necesario. He dado mucho por mi familia, y los míos no escatiman favores a quien les sirve eficazmente. ¿Sumisión, cortesía, ameneza velada o simple información? ¿Cómo acogería aquel Principe las palabras del voivoda?

- Con respecto a mi título... A buen seguro que un hombre no ha de vivir de rentas en dominios que no son suyos. Mas sabiendo que a pulso me he ganado el titulo de Lord hace ya siglos entre los míos, de que he sido tratado como Lord en las Cortes de Lord Mikail primero y Lord Alfonzo después en Constantinopla, en las Cortes de Praga por Lord Brandl y por Lord Vencel Rikard en Buda... -pausa...-

- Es cierto que es la primera vez que en calidad de emisario, piso suelo tan occidental, pero espero poder ser tratado como tal en este Principado tambien...

- En lo que atañe a Lord Vertzang, si bien es cierto que a mí y a los míos nos agradaría saber que ha sido de él en estos años de ausencia de relación por su parte... no venido en ningún caso a sustituír a nadie. Como os he dicho, vengo en calidad de pacífico emisario de mi clan...


Geoffrey - January 11, 2008 08:39 PM (GMT)
El Tzimisce tenía aplomo, eso había que reconocerselo. Si hubiese sido un Celote ya se habría lanzado estúpidamente al combate, poseído por la Bestia. Aunque Geoffrey ya imaginaba y esperaba algo así de un demonio antiguo: no se llegaba a viejo en los Cárpatos a base de acciones suicidas y mal planeadas. Sería interesante, pero habría que hacerle ver que aquí ya no era el señor, sino la última mierda en la escala de la ciudad.

-Su Excelencia Geoffrey du Temple, Aleksav Drmev- corrigió con suavidad, casi sin darle importancia. A su derecha, Erik casi hubiese palidecido más si era posible-. Me alegro de que valoréis tanto la hospitalidad y el honor en vuestras tierras, aunque ciertamente vuestro concepto de hospitalidad y honor sea... diferente... al occidental. Pero no dudo que seáis un honorable miembro de vuestro Clan, simplemente sois uno que no sabe su lugar en estas tierras.-

La suavidad con que Geoffrey había continuado hablando casi parecería casual a los demás, pero aquellos que lo conocían sabían que no era buena señal. No, la tormenta no había pasado, en absoluto, ahora era como un gato jugando con su comida. Mala cosa.

-Por supuesto que vuestros vasallos, si se quedan en la ciudad, serán míos. Eso es una obviedad que no merece casi ser comentada. Lo que me... preocupa... es que vos pretendáis ser emisario de quienes no han dicho nada de eso. ¿Se podría saber qué mensaje tan importante portáis? Porque enviar mensajes es lo que hacen los emisarios.-

Geoffrey sabía que eso no era estrictamente cierto, esa era la labor de los mensajeros. Pero si que era cierto que los emisarios eran apuntados a una Corte con una u otra función declarada desde el comienzo. Y seriamente dudaba que un Tzimisce, antes o después, no crease conflictos. Ya lo estaba haciendo, y acababa de llegar, cuánto más con un tiempo en la ciudad.

-Las Cortes de Mikail de Constantinopla y de Alfonzo de Venecia...- el gesto de disgusto del Príncipe fue claro para todos-. El primero un necio Toreador que después de traicionar a su amante Ventrue, fue incapaz de defender su ciudad y acabó sucumbiendo a la Diablerie, y voluntariamente según dicen. Y el segundo un advenedizo que se aprovecha del poder de su Sire para imponer el suyo propio mientras planea tomar el trono de Narsés en Venecia para si mismo.-

Ciertamente, había una diferencia básica entre Alfonso y Geoffrey: el Ventrue nunca había vivido del poder de su Sire. Cuando Alexander gobernaba, Alexander gobernaba. Y después lo expulsó, a él y a sus recursos. Alfonso hacía lo opuesto.

-Pero descuidad, no os haré permanecer fuera de la ciudad. Ni a vos ni a vuestros vasallos. El problema radica en Lord Vertzang, que como vos decís está ausente. No sólo para vos, sino para todos los Cainitas de la ciudad. Y es a él a quien deberéis rendir vasallaje...-

Y, sin embargo, no había dicho nada de los vasallos del Tzimisce.

Aleksay Drmèv - January 12, 2008 03:19 PM (GMT)
El tzimisce pudo percibir claramente un cambio de rumbo en la conversación. Puede que se escapase a los ojos de la vasta mayoría pero estaba seguro de que a pesar de las duras palabras que aquel desquiciado ventrue seguía profiriéndole, su estratégia para con el dragón había cambiado. No sabía si por mentar a Lord Andeleon, padre de su padre en la inmortalidad,o porque se había dado cuenta de su descortesía ante un antiguo miembro de la familia de los dragones... En cualquier caso, eso no importaba ahora.

- En efecto, y como vos decís, no sé el lugar que ocupo en estas tierras. Ni tan siquiera si ocupo alguno, por eso mis pasos solo han tocado el suelo de París necesario para presentarme a vos. Eso ya os lo había comentado antes.

- Y ése, Su Excelencia, es precisamente mi mensaje. El mejor y más claro que mi clan podría haber resuelto en enviaros. Soy un antiguo de mi familia. Probablemente, y si mis noches llegan a tal, llamado por mis precedesores a gobernar nuestras tierras del este cuando ellos reposen ausentes. Miembros como yo serán los llamados a gobernar el legado de Tzimisce en el futuro, y habemos de estar preparados para ello y preparar a los nuestros. Para ello es indispensable conocer el mundo exterior, ver como funciona y más importante: labrar buenas alianzas y relaciones con aquellos que como vos, gobiernan la parte más gentil y prolífera del mundo.

El Dragón confiaba en haber llenado de miel la boca del oso con ésos cumplidos velados a su persona... ahora era el momento por lo que vio... en hacer sangre en otro cuerpo para enviar alli al depredador...

- En cuanto a Lord Vertzang, me sorprende e inquieta la ausencia de sus funciones que me referís... Es impropio e indigno de nuestra familia abandonar nuestras obligaciones, así que supongo que lo que quiera que le acontezca ha de ser lo suficientemente grave... El rostro del tzimisce fingía una premeditada leve preocupación en su rostro.

Estaba seguro de que esas escuetas frases bastarían para que el ventrue se cebase en el tema. Aleksay decidió no hacer ninguna pregunta [ninguna abierta, pues con esa sentencia estaba seguro de que el Príncipe respondería algo], porque todo apuntaba de que eso picaría al gobernante en su orgullo, dado que estaba claro que a Geoffrey le gustaba ser él el que hiciese las preguntas.
El haber despreciado tan manifiestamente al mismisimo Mikail, solo ponía de manifiesto la arrogancia y el desconocimiento del joven ventrue. Obvio era que el Toreador de Constantinopla habia sido abandonado por su juicio mucho tiempo antes de su... muerte... más ¿quien sabe los secretos y locuras que podia albergar una mente milenaria como la suya? ¿quien podría decir que no estaba todavía entre nosotros incluso...?


F.d.I: hagámos una tiradita para probar el lanzador! :]
auspex 2 con el príncipe mientras que habla en la siguiente escena, para ver sus cambios de humor al tocar los distintos temas. sobre todo cuando habla de vertzang.

Tirada: Auspex 2 ---> 3 éxitos [tir]http://pariseo.byethost18.com/salida.php?id=375[/tir]

Znej Basarab - January 12, 2008 05:40 PM (GMT)
El Aparecido estaba inquieto. Su cuerpo era fornido, su piel oscura de tantas batallas a merced del sol y del frío viento de los cárpatos; su cabeza sin un sólo cabello, y tan sólo una larga trenza, recuerdo de su pasado montañés, acompañaba su estilizada y larga figura.

Como todos los siervos de Aleksay que se encontraban presentes, sus dedos eran largos, su cabeza alta, su delgadez era fina y poco normal en aquellas tierras occidentales. Su mirada concentrada en algún punto indefinido del piso, pero su ánimo revuelto.

Dos cosas había en su cabeza. La primera: la espada de su señor. ¿Dónde estaría? Si alguien la miraba, si alguien la tocaba, si alguien la portaba, algo despertaba la incipiente bestia del Aparecido; algo se removía en su interior, y sentía ganas de matar. Ahora, en esta situación, su ánimo estaba verdaderamente compungido.

Mucho esfuerzo de voluntad estaba haciendo para no salir de allí y destruir a aquel que había osado despojar a su señor de La Espada.

La otra cosa, mucho menos fuerte de lo que debería en aquella situación, era el comportamiento de aquel Ventrue. Esperaba, con algunos de sus sentidos dispuestos a ello, una señal de su señor para saltar a la cabeza de aquel impertinente hombre que se atrevía a hablarle en aquel tono a su amo, y desprender la cabeza de sus hombros con sus propias manos, aunque la muerte lo esperara después de ello.

Y así, esperando y haciendo acopios de voluntad, esperaba.

Geoffrey - January 12, 2008 07:17 PM (GMT)
La figura del Príncipe apareció rodeada del halo rojizo y violeta propio de la ira y el desprecio. En ningún momento cambió ni cambiaba, permanecía fijo a su alrededor, como si fuese parte de sus ricas vestimentas. Y estaba claro que el Tzimisce no lo conocía tanto como pensaba, al Príncipe no le gustaban las adulaciones ni directas ni veladas.

-¿Quien podría tener interés en tener buenos tratos con vuestro Clan, Aleksay? Vivís en una esquina del mundo, alejados de cualquiera de los reinos que tienen importancia en nuestros tiempos, y vuestra influencia más allá de esa pequeña región del mundo es pequeña. No movéis los hilos en las tierras de Iberia y sus guerras civiles, ni en el dominio de mi Señora Salianna; ni siquiera los germanos que tenéis al lado os prestan atención este año, dedicados como están a sus guerras en Lituania. No, vuestras palabras están vacías. Vuestro Clan agoniza, como hacen también los endemoniados Salubri. Afortunadamente, sois más fuertes que estos, pero la Guerra de la Profecía os tiene debilitados y a la defensiva. No, políticamente... no tenéis valor alguno en estas tierras.-

Y era cierto. Como Cainitas, podían tener poder e influencia a título individual, y porque seguían siendo un Alto Clan... pero como Clan, lo cierto es que su poder más allá del río Rhin era más bien reducida, y su presencia era algo raro, casi exótico.

Y dado que ignoraba qué tal le iba a Vertzang en sus planes y guerras con los lobos, Geoffrey se calló al respecto. Ya se encargaría de que el propio Aleksay lo investigase por él, llegado el momento.

Angelo - January 12, 2008 07:17 PM (GMT)
La puerta tras Geoffrey se abrió sin emitir ruido y una forma oscura se introdujo en la sala. Como ya había hecho en alguna ocasión, Ángelo intentaba asistir a algunas de las audiencias que otorgaba la gracia de su Majestad, sobretodo si eran miembros de la estirpe que acababan de llegar a París.

Ángelo avanzó sin prisa hasta quedar a lado derecho de Geoffrey, un paso atras. Saludando a este con una reverencia sienciosa.

Luego centró su mirada en los Tzimisce de la Sala, saludando a cada uno como era necesario en el Protocolo.

Ángelo iba ataviado con su coraza ligera negra con el emblema del cuervo en el pecha. Manos enguantadas en negro y pelo cojido tras su cabeza con una cinta de cuero del mismo color. La bastarda forjada por Maxence colgaba de su cinto, pues el era uno de los pocos con permiso para usar armas en la Concergierie.

Geoffrey - January 12, 2008 07:26 PM (GMT)
Geoffrey permaneció con su atención completamente centrada en los Tzimisce, tan sólo un breve movimiento de la mano (¿un saludo?) indicó que se había dado cuenta de la entrada del Lasombra.

Pero Angelo notó la tensión desde el momento, cuando Erik y Montalbán se volvieron para saludarlo. Y, de espaldas a los Tzimisce (pues la posición del germano era justo al lado de la del Segador), la mirada de Erik le mandó un claro mensaje al Lasombra:

"Cuidado. Los problemas se avecinan..."

Aleksay Drmèv - January 13, 2008 10:35 PM (GMT)
En contra de lo que cabía esperar, y a pesar de los movimientos nerviosos de sus vasallos en la parte trasera de la sala, Lord Alexsay ni siquiera se inmutó ante las últimas palabras del Príncipe. Los insultos proferidos contra el poderoso clan de los dragones, dejaron ver claro el juício de aquel ventrue. O bien su mente estaba bordada con los hilos de Malkav, o era simplemente idiota.

Pensó en decirle una infinidad de verdades, como que muchos reinos se conquistan desde la lejanía con espadas invisibles, darle lecciones de politica de alguien que ni siquiera lo era... pero no, no caería en eso. No le daría opción a aquel demente de imponerse por estar en su dominio.

- Que mi clan no tiene presencia en vuestra ciudad, es una obvia verdad. Puesto que antes de mi llegada tan sólo contabáis con un desaparecido miembro de nuestra familia... Sin embargo, y con todas las reservas que es justo alberguéis ya que no conocéis mi persona, las cosas pdrían haber cambiado con mi llegada.

- ¿Que qué os puede aportar mi clan? Por citar algo de lo que estoy seguro no dudaréis, os diré que pocos clanes tienen un conocimiento tan profundo como el mío acerca de los Usurpadores. Y según tengo entendido, su número ha crecido notablemente en París últimamente. Supongo que vos mismo habréis aprobado y contrastado su presencia en vuestro dominio, así que a buen seguro no hay motivo para preocuparse... Yo sólo os brindo mis artes ante cualquier eventualidad que, Dios no lo quiera, pudiera suceder...

Aleksay se hubiera ido de esa ciudad hace tiempo, pero su misión era más importante que él. Al menos de momento...

Geoffrey - January 13, 2008 11:40 PM (GMT)
Geoffrey escuchó de nuevo al Tzimisce. Odiaba cuando la gente no escuchaba lo que él decía, lo odiaba de veras.

-Os he dicho que a titulo individual podéis tener todo el poder que queráis- el sarcasmo con que lo dijo dejaba clara su opinión al respecto-, pero como Clan... como decís, estáis solo. Y un Cainita no hace un Clan. Estoy seguro de que entenderéis eso.-

Hizo un breve amago de sonrisa, que con el sarcasmo quedaba muy apropiada, antes de continuar.

-Precisamente, me gustaría conocer vuestra opinión sobre los Usurpadores...-

Ciertamente, los Tzimisce eran importantes para mantener a los Tremere bajo control, pero una guerra entre ambos Clanes en la ciudad no era nada atractiva.

Aleksay Drmèv - January 13, 2008 11:54 PM (GMT)

Ahora aquel bufón osaba reírse en su cara... ¿que sería lo siguiente? supongo que pronto lo sabría...

Aleksay esbozó una pequeña sonrisa en réplica al ventrue:

- ¿Mi opinión? Soy un guerrero, Su Ilustrísima. No un gobernante como vos. Mi opinión es la que me encomienden mis superiores en cada caso. Y así ha de ser. Los gobernantes gobiernan. Los guerreros luchan con y por ellos cuando se les manda. Los inútiles perecen.


- Sin embargo, y como vos así lo solicitáis, os diré sencillamente que es posible que los haya honorables en el trato en vuestra ciudad si vos así lo estimásteis... mas mi experiencia me ha invitado a no fiarme de ellos en ninguna ocasión... Sin embargo, como muy bien habéis señalado repetidamente, no estoy en mi tierra...



Geoffrey - January 14, 2008 04:33 PM (GMT)
El pretender que era un guerrero sin opinión sólida, y a quien realmente el tema dejaba frío era... cuanto menos increíble. Los Tzimisce llevaban en guerra con los Tremere desde que se convirtieron en Clan. ¡Y en la primera fila estaban los guerreros! ¿Pretendía colar que su Bestia no clamaba por la sangre de cualquier Usurpador que se cruzase en su camino? Veríamos, eso era fácil de comprobar, el tiempo diría qué tal se comportaba una vez que Goratrix estuviese frente a él...

¿Enviarlo de visita a la torre a presentarse? Con suerte uno de los dos no salía... Pero no, había que quitarse esos pensamientos de la cabeza, no ayudaban a gobernar la ciudad con mano de hierro. Claro que quizás, podía enviarlo fuera de París a eliminar a Elois como prueba de su buena voluntad, o a enfrentarse a Alexander como prueba de que realmente era tan poderoso como decia ser...

Tiempo, paciencia, nada de precipitarse. Pausa. Manten a la Bestia bajo control. Recuerda las enseñanzas. Gobierna la ciudad, el resto no importa.

-Ah, el perfecto soldado ciego. ¿De qué me sirve un embajador que sólo sabe hablar según le mandan? Un enviado sin cerebro propio es una carcasa, casi prefiero vuestras aves voladoras que rompen nuestras Tradiciones...-

Geoffrey sonrió, recordándole suavemente la importancia del Silencio de la Sangre. Y de cómo su Sire y su pájaro la habían roto. Quizás a su Sire no pudiese castigarlo, pero Aleksay era más que adecuado para ello.

Aleksay Drmèv - January 14, 2008 05:06 PM (GMT)
Realmente aquel Ventrue estaba poniendo a prueba la férrea fuerza de voluntad del tzimisce. Y pensó en lo afortunado que estaba siendo aquel joven principe de que Aleksay resultase ser un guerrero tan imperturbable. De otro modo su cabeza formaría hace tiempo ya parte del atrezzo de sus carruajes.

- Quizás no me he expresado bien. Os ruego me disculpeis en ese caso, pues no recuerdo haber hablado de mi cerebro en ningún momento. Soy el enviado de seres milenarios a los que debo profundo respeto y obediencia. Nadie llega a viejo en los Carpatos a base de vagar sin rumbo, como vos bien habeis mencionado con anterioridad. Presupongo y comparto las órdenes de mis superiores, de los que me aventajan en conocimiento y sabiduría. Nada he dicho de todos aquellos que me superan en inexperiencia en la Noche, cuyo número en comparacion con los otros es vastamente superior.

- El cometido de un embajador, requiere ciertamente el firme y sólido compromiso con los que lo envían. Hasta ciego si así lo quereis en las directrices básicas que se le han dado. En las orientaciones de su gobierno. A partir de ahí y en asuntos de otros órdenes, el embajador es libre de actuar según su juicio.

- Una opinión sobre los Tremere me habéis pedido, y una opinión sobre los tremere os he dado. No creo que me hayáis pedido consejo alguno, ni tampoco que recién llegado a la ciudad, este en condiciones de darlo.

- No sé cómo usados en la ornitología están vuestros guardas, más humildemente creo que no ha fallado mi clan al silencio de la sangre. Mi Sire con seguridad os habrá enviado a uno de sus fabulosos halcones privados. Animales realmente excepcionales, pero no modificados por nuestras manos más que un jubón y unos ornamentos en su pico, ya que son utilizados para el envio de misivas durante el día. En caso de que mi Sire os hubiera enviado otro "sirviente" por el aire, estad bien seguros de que no os la hubiesen referido como un "ave"... Espero esto resuelva vuestra inquietud con respecto a ese tema.


FdI: tío me olvidé de decirtelo pero creo que debes de reinterpretar el post de la misiva. el ave fue enviada durante el día y realmente no estaba tuneada a lo borrico con vicisitud. me disculpo si lo entendiste eso. Pero sea como sea, el halcon evidentemente se presentó durante el día.

Znej Basarab - January 14, 2008 07:06 PM (GMT)
El Aparecido estaba a punto de perder el control. Miraba con curiosidad a los mortales y vampiros en la sala, la desventaja que las fuerzas de su Amo tenían al encontrarse desarmadas, y las posbilidades de tomar la sala anterior, donde se encontraban las armas, si algo sucedía.

Pero de todo aquello sólo podía sacar una conclusión: aquel que se llamaba Príncipe tenía el cerebro de un Bratovich, y eso lo decía él, que no sólo no era una lumbrera, sino que tenía el mismo ánimo de los Perros.

Hizo un nuevo acopio de fuerzas y siguió esperando. Si algo había de suceder, sería su Amo quien lo dijera. Él se encargaría de devlverle SU espada para que cortara la cabeza de aquel Príncipito.

Erzsébetta - January 14, 2008 07:22 PM (GMT)
¿Qué podía llevar a un Hijo de Caín antiguo, como se suponía aquel Ventrue, a actuar de esa forma? ¿Acaso los Dragones en su pasado le habían hecho tanto daño?

Erzebetta temía por su amado. Sabía que era poderoso y hábil, y conocía su férrea voluntad forjada en las montañas con más peligro y maldad del mundo que le era a ella conocido. Pero sabía que todo tenía un límite, y en sus últimas respuestas notaba que se estaba acercando a él.

Cerró sus ojos, y se lamentó profundamente. ¿Habría sido un error que él fuera el escogido para realizar esta misión? Eran felices en el Este; felices y respetados. Aquí tenían que arrastrarse frente a un trono indigno. ¿Qué había hecho su querido para merecer esto?

-"Tranquilizaos, querido. Tranquilizaos, que pronto esto habrá terminado."*



* Auspex 4.

Geoffrey - January 15, 2008 01:08 AM (GMT)
Al fin el Tzimisce mostraba algo de energía y valor, ciertamente empezaba a pensar que carecía de él por completo. Y lo mismo notaron tanto Erik como Montalban, porque el primero rebulló inquieto y el segundo dio un suave paso al frente por si ocurría algun problema.

-En efecto, os he pedido una opinión: la vuestra. Y os habéis limitado a darme una respuesta vacía, propia de algún panfleto oxidado como una hoja abandonada bajo la lluvia. ¿Es eso todo lo que tenéis, o acaso realmente corre sangre de Cainita por vuestras venas?-

Geoffrey sonrió de nuevo, mostrando levemente los incisivos de depredador propios de cualquier no-muerto.


FdI: ok, olvidate entonces de esa referencia. Como describiste al pajaro como tan grande y demas pense que era un bicho modificado.

Aleksay Drmèv - January 15, 2008 03:45 PM (GMT)

Parece que sería imposible eludir el tema durante más tiempo. Aleksay se preguntó si era aquel el modo de ése inexperto Príncipe de conseguir información. Si fuese así, pobre era su estrategia, más le daría la respuesta que andaba buscando.

Los ojos de Lord Aleksay se tornaron ausentes...

- ¿Si corre sangre por mis venas...? Mucha más ha corrido por mi espada, Su Ilustrísima. Pues los Brujos nunca dan cuartel a sus enemigos, incluso cuando parecen tranquilos, retirados o casi moribundos. Los he visto luchar en el campo de Batalla usando los arteros Dones de la Magia de la Sangre...

- ... Los he visto en combate, como arrancaba la sangre misma a través de los cuerpos de mis hombres desde la distancia... como otros se desvanecían como fundidos por el Sol... he visto como brotaban auténticos infiernos de sus Usurpadoras manos... He descubrierto, como en la clandestinidad de sus Infernales Laboratorios engendraban esos enormes e implacables Siervos Alados que poseen las fuerzas de un batallón... He visto cómo derrocaban de sus tronos a muchos gobernantes desprevenidos del Este...

El tono del tzimisce no sonaba temeroso, ni furioso... sonaba con el tono de profesionalidad que un escultor emplearía para hablar de una talla. Sereno, pero no carente de emoción.

- ... Todo eso han visto mis ojos como para que mi cabeza o la de los míos se fíe de ellos... esa es mi opinión, como no puede ser otra, Su Majestad...

Aleksay pensó en Znej, y cómo se sentiría al recordar tantas y tantas batallas en el Este, tantas perdidas... y en qué pensaría su buena Erzsébetta...


Geoffrey - January 17, 2008 02:30 AM (GMT)
Excelente. Si era un monstruo, mejor que comenzase a mostrarlo como correspondía. Al menos eso podía ser interesante.

-Y contadme una de taaantas historias de batalla, Aleksay Drmev.-

La voz del Príncipe era suave, como aburrida.

Angelo - January 17, 2008 03:33 PM (GMT)
Ángelo se cruzó de brazos en un gesto acostumbrado que muchos ya conocían. En ocasiones el Príncipe parecía perder la compostura y luego cerraba las puertas de su locura mostrando una bestia despiadada.

Para todo aquel poco acostumbrado a estos sucesos, podía ser descorazonador... o decapitador.

Las cosas no iban bien dentro de la cabeza del Ventrue, que se creía con el poder de insultar a cualquiera sin que con ello hubiese reacciones. Una forma de trabajar tan próxima a los de su Clan, que resultaba incluso "normal".

El Lasombra estaba tan harto de aquello que ya se planteaba cuanto tiempo hacía que debería de haberse largado a sus asuntos.

Aleksay Drmèv - January 18, 2008 03:08 PM (GMT)

Parecía que aquella noche nunca iba a dejar de sorprenderse con aquel Príncipe:

- Las... historias de batalla, son todas iguales. Muerte por doquier. Estoy seguro de que harto estareis de escuchar a los juglares de contaroslas. Yo no soy uno de ellos asi que no ocuparé sus funciones.

El tzmisce estaba decidido a terminar con aquella estúpida situación cuanto antes. PAra bien o para mal.


- Con el debido respeto a alguien de vuestra posición, tengo que deciros que no me importará conversar con vos cualquier otro día, más el tiempo apremia para mí y los míos. La noche se acorta ya y todavía no tenemos refugio alguno en esta ciudad en caso de que permitáis nuestra estancia... en caso de que no, todavía nos apremiaría el buscar un lugar para pasar el día.

Aleksay esperaba a buen seguro otro arranque de histerismo de aquel extraño personaje, mientras se preguntaba cuán enfermo estaría Alexander para ser derrocado por tan pintoresco cainita.

Geoffrey - January 19, 2008 01:07 AM (GMT)
Geoffrey sonrió. Ya tenía lo que quería. El Tzimisce se retiraba, solicitaba permiso directamente para abandonar. Pero aún quedaba un tema por tratar, y la seriedad del rostro del Príncipe rapidamente lo probó.

-En cuanto a dejaros permanecer en la ciudad a vos y a vuestros vasallos- la primera vez que los incluía-, no voy a negárselo a vuestro Señor después de haber sido indicado con tan buenas formas... aunque incompletas. Pero si váis a permanecer en la ciudad, debéis saber que he convocado a levas a todos mis vasallos, y ello os incluye tanto a vos como a los vuestros.-

La guerra. El Tzimisce no escaparía de ella ni en Francia.

Znej Basarab - January 19, 2008 03:28 AM (GMT)
Znej estaba cansado. Znej quería matar a alguien. Hacía mucho rato había dejado de prestar cuidado a la conversación, y había vuelto a ocupar su mente únicamente con la Espada de su señor.

Sudaba aquel maldito calor de occidente; odiaba a toda aquella gentuza maloliente. Se ensoñaba con aquel filo cortando sus cabezas. Sí.

Quería salir de allí rápido. Quería volver a ver su espada; y quería no tener que volver a pisar aquel palacio en que habían faltado el respeto a, tal vez, el único Hijo de la Noche que lo merecía en París.

Aleksay Drmèv - January 20, 2008 09:58 PM (GMT)

El Tzimisce se alegró de vislumbrar un final próximo en aquella incómoda reunión. Poco le importaba cualquier leva que mentase el demente que estaba ante él. Trataría de instalarse lo antes posible y a partir de ahí que viniese quien quiera que fuese a sacarlo de su dominio, y comprobaría lo que era la guerra...

Bien, era el momento de presentarle a sus vasallos y retirarse a la búsqueda de un refugio.

- Si la guerra me rodea, no seré yo quien la evada. ¿Se me permite preguntar de que naturaleza es el conflicto en el que me veré inmerso? ¿qué mal azota vuestra ciudad?

Lo cierto es que le importaba media mierda a Aleksay todo eso, y viendo la deshonorable rata que ocupaba el trono, dudaba que alguien en todo París supiese empuñar un arma. Pero era su deber preguntar, aunque fuera para aparentar cierto compromiso.

Geoffrey - January 21, 2008 03:21 AM (GMT)
Geoffrey sonrió. Así que el Tzimisce quería jugar... pronto vería que la caída libre podía matar antes de chocar con el suelo.

-Lobos, traiciones internas, brujos... las típicas situaciones de cualquier ciudad en estos tiempos tumultuosos de la Guerra de los Príncipes.-

Ciertamente, era una era de sangre y ambición, pero decir que todas las ciudades estaban así quizás era mucho.

Aleksay Drmèv - January 21, 2008 05:29 PM (GMT)

Vaya... ¿por qué no le sorprendían a Aleksay todos aquellos problemas? Quizás porque pensaba que tenía ante él al único responsable de algo así: un pésimo dirigente...

- ¿Lupinos en la ciudad? Verdaderamente es un motivo para preocuparse, sea lo que sea que ha levantado su interés o su ira aquí haríais bien en cauterizar esa herida lo más rápidamente posible, antes de que se infecte demasiado... Asumo que iréis notificándome vuestros planes y movimientos al respecto según se vayan trazando, así que tan sólo me resta presentaros a mis vasallos...

El Tzimisce esperó a ver si se le era concedido ese permiso en silencio...


Geoffrey - January 22, 2008 01:57 AM (GMT)
Geoffrey sonrió.

-De hecho, creo que ya que sois del este, debéis tener experiencia tratando con los lobos. He oído que los de los Cárpatos son particularmente fieros. Y dado que su destino se halla sellado al vuestro, pues son los causantes de la presente situación de Lord Vertzang, creo que es adecuado que os encarguéis de un par de asuntillos relacionados con ellos. Así que si, creo que os mantendré informado. Ahora mismo.-

La sonrisa se ensanchó.

-De hecho, creo que, ya que lo primero que debereis hacer es presentaros y someteros al vasallaje de Lord Vertzang, vuestra primera tarea será investigar qué aconteció allí y regresar a informarme. Creo que eso, además, beneficia la tarea que habéis venido a hacer, pues permitirá comenzar a hacer que el Clan Tzimisce sea de nuevo operativo en la ciudad. Y eso es lo que vuestros Antiguos querrían, no...?-

Ciertamente, aun no era hora de molestarse con los vasallos del Tzimisce.

Aleksay Drmèv - January 22, 2008 04:34 PM (GMT)

Aleksay se removió de nuevo en su armadura. No es que le importase lidiar con lupinos, o con cualquier otra escoria de esa ciudad. Pero desde luego haría lo mínimo que le permitiese permanecer en la ciudad y cumplir con su cometido.

- Desde luego, sería todo un placer tener noticias de Lord Vertzang... de cualquier tipo. Mis Antigüos arden en deseos de saber qué ha sido de él.

El Tzimisce analizó rápidamente la situación y decidió que aquél esfuerzo no le saldría gratis al Príncipe.

- Por supuesto, no emprenderé ninguna misión a ciegas en un terreno que no conozco. Los lupinos, aunque en verdad es en el Este donde destacan por su ferocidad, no son enemigo pequeño en ninguna parte del continente. Emprenderé esa misión gustosamente para el Principado y para mi clan, más solicito el acompañamiento de alguno de vuestros hombres. Resultaría de gran utilidad en un territorio que me es desconocido.

- Además, me referiría cuales de mis armas son recomendables en una zona como París... Algunos de mis métodos puede ser... extraños y no propios del mundo occidental. ¿ qué decís ?


Geoffrey - January 22, 2008 06:41 PM (GMT)
Geoffrey sonrió.

-De acuerdo, uno de mis hombres... creo que vuesto guerrero silencioso de ahí detrás servirá.-

Si iban a quedarse en París, todos los presentes eran sus hombres. Y si el Tzimisce queria probarse merecedor de permanecer en la ciudad debería demostrar esa antigüedad y poderío que antes reclamaba.

-Y, dado que de momento no debería haber razón para que os enfrentaseis directamente a los perros sarnosos, haríais bien en recordar que en París consideramos al Silencio de la Sangre como una Tradición de gran importancia. Asi que refrenaros de usar cualquier método que muestre ante los mortales que entre ellos caminan algunos que ya han cruzado la línea de la muerte. Entre estas murallas hay demasiada Fé, y no queremos despertarla.-

Ni darle herramientas a Máximo para que las use contra mi, ciertamente.




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