View Full Version: En el taller

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Title: En el taller
Description: 30-6-1226


Marcos Valverde - January 8, 2008 04:09 PM (GMT)
Las tres figuras aparecieron en el barrio latino.

Últimamente las historias de los vecinos apuntaban de alguna manera un tanto retorcida a aquella casa. ¿Quién era aquel hombre? ¿Qué hacía? ¿De qué viviría? Sí, no es que fuera especialmente significativo, pero había que aceptar que la vida en aquel barrio era tan devastadoramente monótona, que cualquier motivo de cambio ya animaba y exaltaba. Y a Marcos eso no le molestaba.

Todavía no podía ayudarles a salir de su miseria, pero sin duda lo haría, y pronto. Sino para qué entonces ser un despertado?

Guió a Sabudal hasta la puerta de su casa, y lo miró, invitándolo a pasar tras él.

Empezaba el juego.

Sabudal Al Mohamed - January 11, 2008 03:25 PM (GMT)



El árabe caminó perezosamente detrás del ancianito y de su criado, mirando con curiosidad toda esa chuchería que compraban. ¿Para qué las necesitaría? ¿Para tirarlas a las mujeres gordas y feas que se pasaran cerca de sus ventanas? No importaba verdaderamente.

Pero había algo extraño; ¿por qué lo había seguido, así, sin más, él que era tan desconfiado? ¿Un sexto sentido? A lo mejor... durante todo su entrenamiento había intentado mejorar su sexto sentido, pero nunca había sabido cómo se sentía. Simplemente sabía cosas y las hacía sin pensarlo.

Pero bueno. Como fuera, si las cosas salían mal, ahí tenía su daga y su fuerza. Así pues entro a la casa siguiendo al ancianito.

Marcos Valverde - January 13, 2008 10:58 PM (GMT)
FDI: Sí, me he equivocado. :S


El taller era espacioso, pero dada la cantidad impresionante de cosas que había, tomaba un aire sumamente sofocante: mesas, herramientas, un gigantesco fogón prendido en el fondo del salón; pedazos de metal, de rocas, de telas y de especias. Libros grandísimos de papeles amarillentos amontonados en los rincones, sobre las mesas y en el suelo.

Diagramas, mapas y diseños sobre grandes pedazos de cuero curtido pegados en las paredes, haciendo de guía.

El anciano nada más entrar, se sentó en la primera silla que había frente a él, con gesto cansado se limpió el sudor de la frente, y miró al joven, como extrañado, como si no supiera qué hacía allí. De un momento a otro, saliendo del sopor, con un gesto igualmente cansado de la mano, le invitó a sentarse frente a él.

La energía que había manifestado en la calle parecía haberse extinguido en dos segundos, nada más cruzar el portal de su nuevo hogar.

Sabudal Al Mohamed - January 14, 2008 12:41 PM (GMT)
-Salir de compras no te cae nada bien, eh?

El árabe sonrió, y sin pensarlo dos veces se sentó, corriendo hacia atrás la silla por si tenía que escapar, blandir su daga, cortarle la cabeza a Marcos, o esas cosas que siempre tienen que pensar los sobrenaturales.

-¿Y bien? No es que sea desagradecido, vamos, pero no eres árabe. No te conozco, y que yo sepa, no me conoce, así que... ¿cuál es el motivo de traerme a su... almacén? Sí, podemos hablar, pero dudo que con usted sea posible. ¿Ha notado lo callado que se pone cuando compra cachivaches?

Una sonora carcajada sale de la garganta sarracena, inundando la habitación. Los ojos avispados del árabe no dejaron en un instante de sonreír pícaramente a su "anfitrión."

Marcos Valverde - January 14, 2008 06:08 PM (GMT)
El anciano sonrió. No era un mal hombre; simplemente le costaba relacionarse con la gente, y nunca se había esforzado por intentarlo. Vamos, no le interesaba. Pero aquel jovencito se merecía una sonrisa, y después, tal vez, algunas palmadas en el hombro.

Sacó un pañuelo de su bolsillo y se secó el sudor, mirando tranquilamente al árabe.

-Verá, joven. Lo he invitado porque yo soy un Despertado, como usted, y tenemos muchas cosas qué tratar... Aunque hoy me baste con saber más sobre usted.

Sabudal Al Mohamed - January 14, 2008 06:50 PM (GMT)
Los ojos del batini habrían saltado de sus órbitas si su sorpresa hubiera sido tan solo una pisca mayor. ¿Acaso no todos vivían en Le Ictus, al amparo de esa hermosa dama que hacía las veces de Regente?

Y las ideas comenzaron a rondar rápidamente la mente del guerrero: este tipo había cometido un delito y había sido expulsado de la Capilla, hasta el punto de ni siquiera mencionarlo jamás. Y con su manera de ser, eso no sería del todo extraño.

¿Y por qué él? Si quería saber algo que visitara la Capilla. ¿O no sabía dónde estaba? Pero ¿si no sabía dónde estaba acaso no era de esperar que fuera un enemigo de la Capilla, que quisiera sacarle la información a él por verlo joven e irresponsable?

De un salto, asaltado por esta última idea, el batini se alejo de la mesa, extrayendo de su manga una daga, y mirando amenazadoramente al Anciano.

-Ya sabía yo que estas cosas no pasan. ¿Qué queréis? Venid, sacadmelo a la fuerza, sabandija, que no os diré nada. ¡Nada podrá saber nadie de mí, pues si es necesario me cortaría la garganta antes que traicionar a nadie!

Y de ese talante iba el batini diciendo cosas que no debía. ¿Acaso no era adorable?

Marcos Valverde - January 14, 2008 07:38 PM (GMT)
Marcos suspiró. Sí, desconfiados. Pero tenía que aceptar que había empezado mal. Bueno, al fin y al cabo, ¿cómo más empezar?

Se puso de pie, y camino hasta el fondo del taller, pasando por un lado de Sabudal sin siquiera inmutarse por su daga, o sus palabras, y se entretuvo unos segundos revolviendo algo en un cajón. Finalmente extrajo un papel amarillento, envuelto en un sobre ya rasgado por varias partes, con manchas negras de carbón y óxido.

Volvió a la mesa, y después de sentarse puso la carta en el frente al asiento vacío del batini. Con un gesto de la mano lo invitó a sentarse de nuevo y leer aquella carta.

Ser un Maestro exigía paciencia. Con Sabudal probaría cuánta tenía.

Sabudal Al Mohamed - January 15, 2008 07:50 PM (GMT)
El árabe se sentó lentamente, poniendo antes de hacerlo la daga sobre la mesa y mirando con desconfianza creciente al misterioso anciano.

No dejó de mirarlo hasta que tomó la carta en sus manos, y aún así, lo mriaba de reojo de vez en vez; no fuera que el maldito le lanzara una bolsa de mierda, o algo, que ya se sabe lo chochos que pueden ser los viejos.

Miró los caracteres borrosos y difusos, y aunque no era un hábil franco-hablante, extrajo lo principal. Lo que necesitaba. Puso la carta en la mesa.

-Bueno, bueno. Con que no eres un espía, ¿eh? ¿Sabías que yo también sé escribir? Puedo poner la firma que me venga en gana en una carta. Puedo firmar como Luis XXXX si así se me antoja. Puedo poner una huella de perro. Puedo decir que soy el rey del universo.

Había estado tenso, pero después, inesperadamente, carcajeó. Y carcajeó tanto que su estómago empezó a dolerle y tuvo que sostenerlo con ambas manos.

-Vaya, qué cosas. Oye, disculpa. Es que ya sabes. Los locos no desaparecen, se multiplican, y hay que ser desconfiado.

Sonrió, ya calmado del torrente de risas, y prosiguió.

-Pero bueno, abuelo de la barba venerable. ¿Qué puedo hacer por usted?

Marcos Valverde - January 17, 2008 05:23 PM (GMT)
Marcos Valverde se sentía verdaderamente molesto. Había soportado el comportamiento del árabe por mucho tiempo ya, pues lo consideraba normal al desconfiar de él. Pero que le tratara como a un crío, sabiendo que él era ya un miembro elevado de la Pirámide, le parecía intolerable. Lo primero que haría sería enseñarle a respetar.

-Aprenderá a respetar, niño insolente.

Antes de que el árabe pudiera contestar con otra de esas molestas carcajadas, el anciano, que tenía en su mano una elemental y primitiva tuerca con demasiados arabescos inscritos en cada diente, la encajó en un agujero sobre la mesa.

En el mismo instante en que las piezas ajustaron, la silla en la que el árabe estaba sentado pareció cobrar vida e intentó apresarlo, con velocidad muy extraña en seres vivientes, y casi seguro su ataque.

Sabudal Al Mohamed - January 19, 2008 05:27 AM (GMT)
La sorpresa es grande; me muevo rápido, intentando evitar los brazos de la silla, pero es demasiado tarde. Me apretan con fuerza, así que intento destruirlos con mis brazos, haciendo fuerza, pero es imposible.

Forcejeo no poco tiempo, mirando con odio al anciano, y balbuceando maldiciones en mi lengua, pero finalmente desisto. Tengo que admitir que me he equivocado. Ahora... tengo que evitar que este sujeto me destruya.

-Oye... la palabra anciano se queda en mi garganta; no puedo empeorar las cosas. Lo siento. No pretendía molestarte ni nada...

Mierda. Mierda.

Marcos Valverde - January 20, 2008 03:10 PM (GMT)
Pero Marcos lo ignoró; siguiendo con su trabajo, extrajo unos polvillos de metal molido de un estante, y una semilla de otro. Molió la semilla, sin mirar a Sabudal, y agregó juntos ambos polvos.

Los dispuso, repartidos homogéneamente, sobre la mesa, y dibujó un círculo. Esperó, y cuando supo que el efecto deseado estaba ya en pie, tomó un poco con sus dedos y se acercó a Sabudal.

Miró hacia atrás, y su criado, con una fuerza sobrenatural, le abrió la boca de modo que Marcos pudo verter en la lengua el polvillo.

No sonrió. No se sentía feliz por lo que estaba haciendo. Simplemente era su deber.

-Si al final de esta prueba no habéis aprendido a respetarme, os dejaré libre para siempre; si lo aprendéis, os contaré para qué os he traido aquí. Eso será en dos días. Relájate y descanda.

Y así el Masón Artesano se giró a su taller, y se dedicó a sus asuntos, mientras un inmóvil árabe lo observaba.

Sabudal Al Mohamed - January 20, 2008 06:00 PM (GMT)
Intento mover los labios y gritarle alguna grosería a ese maldito anciano, pero mi lengua se atraganta, me arde y duele, y tengo que retorcerme de dolor. Me muevo, intentando destruir la maldita silla, pero es imposible,

No puedo invocar mi magia estando atado, y me maldigo por haber sido tan torpe. Lo observo trabajar, y lentamente me canso. Sudo copiosamente. A la mierda. Si no quiere que me vuelva a burlar de él, no lo volveré a hacer.




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