Todo estaba dispuesto. En un gigantesco círculo adornado en cada una de sus partes por complicadas distribuciones de las diez sephirot en forma del árbol de la vida invertido con el Pilar de la Forma y el de la Consciencia como bases, y el de la Esencia como copa, las letras hebreas, griegas y latinas se mezclaban y danzaban en complicados grafos de poder.
El poder hermético y verdadero.
Un pequeño ser, un homúnculo, de un metro de altura y un par de cabezas, dos largas y fuertes manos, emitía un sonido monótono con su garganta monstruosa. Ser sin mente ni espíritu aquel ayudante estaba hecho para repetir una orden, y en este caso eran aquellas palabras y el golpeteo incesante de sus largos dedos a una lira órfica, pues se estaba convocando la magia más antigua y poderosa.
Piedras bañadas con luz de Luna, pequeños retoños de Flor de Saturno, sangre de Marte, huesos roídos por multitud de años e interperie.
Aquello era lo que se entremezclaba bajo tierra, rodeando a Isolda, que con voz mustia y lejana, recitaba los ensalmos mágicos tiempo atrás aprendidos que creaban de la nada, en conjunción con las energías que viajaban alrededor de ella, un centro de Poder. Un Nodo.
Y entonces estuvo aquel verso:
Ubi sunt qui ante nos
in mundo fuere?
Venite ad superos,
transite ad inferos
ubi iam fuere.
Y después, cuando alguna noche caía, hubo otro:
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Aquel pequeño univsero creado pero igualmente legítimo, se organizaba, acomodaba cada una de sus piezas convocados por aquella reunión Sancta de poderes y plegarias. Y Finalmente, cuando las cosas estaban listas, de las palabras de Isolda salieron las últimas invocaciones, las de la Ira de Dios, que años atrás Thomas de Cellan había también usado.
Dies ire, dies illa,
Solvet saeclum in favilla
Teste David cum Sibylla.
Quantus tremor est futurus,
Quando iudex est venturus,
Cuncta stricte discussurus!
Tuba mirum spargens sonum
Per sepulchra regionum
Coget omnes ante thronurn.
Mors stupebit et natura,
Cum resurget creatura
Iudicanti responsura.
Liber scriptus proferetur,
In quo totum continetur,
Unde mundus iudicetur.
Iudex ergo cum censebit,
Quidquid latet apparebit:
Nil inultum remanebit.
Quid sum miser tunc dicturus,
Quem patronum rogaturus,
Cum vix iustus sit securus?
Rex tremendae maiestatis,
Qui salvandos salvas gratis,
Salva me, fons pietatis.
Recordare, Jesu pie,
Quod sum causa tue vie,
Ne me perdas illa die.
Quaerens me sedisti lassus,
Redemisti crucem passus,
Tantus labor non sit cassus.
Iuste iudex ultionis,
Donum fac remissionis
Ante diem rationis.
Ingemisco tamquam reus,
Culpa rubet vultus meus,
Supplicanti parce, Deus.
Qui Mariam absolvisti
Et latronem exaudisti,
Mihi quoque spem dedisti.
Preces meae non sunt dignae,
Sed tu, bonus, fac benigne,
Ne perenni cremer igne.
Inter oves locum praesta
Et ab haedis me sequestra
Statuens in parte dextra.
Confutatis maledictis,
Flammis acribus addictis,
Voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
Cor contritum quasi cinis,
Gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa,
Qua resurget ex favilla,
Iudicandus homo reus;
huic ergo parce, Deus.
Pie Iesu Domine,
Dona eis requiem
Y no importó ya cuánto había sido el tiempo. Importó que aquel submundo tenía un Gran Corazón Palpitando.