Isolda se reunió junto a todos los hombres, mujeres y niños que había
reclutado desde hacía tiempo para aquellas labores, sonriendo gentilmente a todas las miradas que aún tenían algo de miedo, de indecisión, como si estar en aquel lugar tuviera tanto de irreal como estar muertos.
Cuando los murmullos cesaron, final este alcanzado cuando todos se percataron de la presencia de Isolda, la archimaga habló. Su voz era suave pero llegaba a todos con total claridad. Y era firme y su rostro era igualmente firme.
-Habitantes de Le Ictus, vuestra presencia aquí os honra. Hace unas semanas con algunos, hace apenas unos días con otros, emisarios míos los han visitado y han conversado con todos y cada uno de ustedes ofreciéndoles la posibilidad de cambiar de vidas. Los que han manifestado aceptación, se han entrevistado luego conmigo.
-Debéis saber, antes de empezar, que todo lo que yo os dije se cumplirá, así como lo que ustedes me dijeron. Esta convivencia se basará en esa Confianza mutua: los hombres trabajaran en estos campos, cultivando lo que deseen; las semillas que pidan les serán concedidas, y las herramientas. Las mujeres se ocuparán de sus maridos y familias, y de cocinar para ustedes y para nosotros, los otros habitantes de la Capilla.
-Tal y como se los dije, ustedes comerán de lo que siembren, y no usarán más de lo que necesiten; lo demás viajará al resto de laberintos. Aquí no sufrirán enfermedades pues tenemos buenos médicos. Podrán asistir a los Oficios Religiosos quienes lo deseen. Pero nadie abandonará la Capilla.
-Vuestros hijos serán educados en las artes del campo por vosotros, y en las letras y artes todos los que así lo deseen. Construyan sus casas, sus lugares; hagan de este su hogar.Y así, poco más o menos, transcurrió aquella reunión con los campesinos.
FDI: En efecto, todos los hijos comienzan a ser instruidos por los acólitos, e incluso por la misma Isolda de vez en cuando, o con algún grupo especialmente prometedor. Una vez al mes Isolda les da una bebida que les da fuerzas, les evita problemas por la falta de aire fresco, y les pone alegres y contentos con su situación, aparte de darles la taza justa de obediencia hacia lo que diga quién se encargue de los sembrados. Tienen acceso a los jardines que bordean el lago, a donde siempre deben ir acompañados por una gárgola.