FDI: Este post se extiende a lo largo de muchos días; Isolda reserva un par de horas, o una al menos, diarias a visitar a su "prisionero" en la roca. Los detalles de la captura pueden verse
aquíLa sala estaba preparada para contener aquella diminuta piedra. Una piedra rojiza con los símbolos saturninos, fabricada con luz de luna cuando esta se encontraba invisible a los ojos Durmientes, preparada para contener las almas de los que tuvieran la mala suerte de merecer la enemistad de la Archimaga.
Así era aquella reliquia: baúl de un alma Despertada en otro tiempo, ahora para siempre encadenada a la necesidad de "vivir" de sus pensamientos, perdiendo día a día los lazos que la ataban al mundo, y convirtiéndose lentamente y cada vez con más fuerza en piedra consejera.
Pero aún no. Aún el Círculo Carmesí era un Misterio, e Isolda daría a las órdenes mágicas la posibilidad de conocer a estos enemigos de todos ellos. Que lo eran aunque los ignoraran.
En completo silencio para el resto de la eternidad; el mismo negro destino de Yakob de Tremere, una mente encerrada en un cascarón mantenido para siempre. Así era como Isolda trataba a sus enemigos.
Las puertas se abrieron; el Oscuro Despertado, sin sentidos y sin magia, ignorante de aquello, pasaban sus eternas horas en tontas divagaciones que cada vez más se acercaban a la locura. ¿Qué más tortura? Y sin embargo era necesaria porque su voluntad se demoraba en desgarrarse.
Isolda, ritualmente, tomaba asiento frente a la piedra, rodeada en la mesa de madera de cerezo de complicados símbolos de poder trazados con resina de hueso calcinado de cuervo. Y una vez allí instalada, en los primeros días, se limitó a explorar aquella mente, buscando sus puntos débiles, sus miedos, sus deseos.
En los siguientes los explotó: lo atemorizaba, lo agredía, sin que él siquiera notara que sus ideas y temores venían del exterior. Y finalmente su voluntad se venció ante la enorme presión que Isolda le imponía.