Title: De Damas y Serpientes
Description: Residencia de Elois. 2 Julio, 1226
Isolda Lamartine - November 28, 2007 02:18 PM (GMT)
Todo había sucedido muy rápido. La noticia, la encomienda, la captura.
Un joven Despertado, enviado a tierras que le eran familiares, a hacer averiguaciones sobre rumores que habían llegado a oidos de la Archimaga, había terminado en una jaula. ¿Por què? El rumor ni siquiera había tomado verdadera forma, y sin embargo ya comenzaba a cosechar sus primeros frutos, deliciosos sin duda al paladar.
El puntear el día, como ave de presa, Isolda había abandonado la protección de su refugio. Cuando el sol estaba en lo más alto, y gracias a las ventajas que tienen aquellos que conocen los Misterios del Espacio, se encontraba ya en la casucha de Simon Largard, eterno Aprendiz y contacto del joven Despertado.
A las seis de la tarde ambos habían ya logrado reunir suficiente información: nadie sabía nada sobre el rumor, pero el joven mago se había acercado más de lo debido a quien tenía, sin saberlo, las respuestas a sus preguntas. Isolda la conocía: Elois, Elois peligrosa y hermosa.
Antes de que el sol desapareciera del firmamento, Isolda había logrado burlar las entradas y proteccione vanas de la muerta, y se encontraba en aquella sala sagrada donde vuelven a la vida, a una vida mentirosa, aquellos conocidos como Vampiros:
Amplio salón contruido en preciosa piedra, alimentado por lejanas luces, con delicados brocados en los suelos que tenían aires de provenir de las historias místicas de los padres de la Iglesia: y en el centro la sepultura acuática, la prisión a la vez protectora y mortuoria de la vampireza.
Isolda esperaba, recostada de lado y apoyada la cabeza en un codo, sobre un muro, observando con curiosidad el momento esperado en que el alma volvía, por doce horas, al inerte cuerpo.
Elois D'Umbrelle - November 29, 2007 12:28 PM (GMT)
Pronto, el agotador viaje de Apolo llegaría a su fin, el ocaso. Selene cobraba la hegemonía del cielo sobre el resto de astros y cuerpos celestes, pero dejando de lado la mitología y rozando la leyenda, las tinieblas cobraban forma en las entrañas del agua de aquel austero recinto forjado en cuatro paredes de roca milenaria.
Un pobre candelabro apenas soñaba con relatar el amanecer de oscuridad al que sucumbía el corazón de la vieja terma romana, donde un ser tan antiguo como terrorífico recibía una bocanada del hálito maldito para engañar una noche más a la muerte despertando de nuevo entre los condenados hijos de Caín.
Placenteras olas nacían en las tranquila terma y cual sirena, el desnudo caparazón que tejía los hilos de la política cainita, afloraba poco a poco, lentamente pues no había prisa y un Ventrue despierta cuando lo desea, como lo desea.
Primero asomó la melena azabache, luego la herramienta del mal, una mirada de halcón capaz de desmembrar a sus presas con un único deseo voraz que no tardó en percatarse de la profanadora presencia de Isolda reclamando inmediatamente toda su atención para cuando logró abandonar el líquido elemento, tal y como había sido concebida en un principio por la mano de Dios, el mismo que una veintena de años más tarde la maldijera con la eterna juventud.
Así que Geoffrey ha movido pieza...
Sonrió sensualmente a Isolda, si una linda estaca de roble no adornaba su pecho aún precipitarse sería un error, por el momento su vida tenía precio o quizás sólo quisieran enviarle el último mensaje, sea como fuere su cuello aún servía de nexo entre tronco y cabeza, el tiempo jugaba en su contra y sólo le quedaba usar la sangre azul que fluía por su inerte cuerpo como última defensa una vez el fatídico momento se acercaba.
- A que debo esta cálida visita.
Ironía, mordaz ironía embalada con un precioso tono y una dulce melodía.
Sus pasos la llevaban lejos del agua, próxima a aquella desconocida que había penetrado en el interior de su morada para transmitirle un mensaje... Ciertamente había captado toda su atención de la mejor de las formas posibles.
FDI: Elois gasta 6 puntos de sangre para subir sus atributos físicos toda la escena
Isolda Lamartine - November 29, 2007 01:03 PM (GMT)
La hermosura congelada en el tiempo. La Perversidad de las mentes que se creen Eternas. La caída en espiral de ambas cosas reunidas en un cuerpo como aquel que ahora sobrevenía a las profundidades y alcanzaba, de nuevo, la oscuridad de la noche.
Isolda se sentó, lentamente, observando con rostro lleno de curiosa cientificidad lo que en este momento estaba presenciando. Alguna vez había visitado los sueños de un vampiro, de aquella que ahora emergía de su celda diurna, Elois D'Umbrelle, y los había visto yermos y desolados: sin sombra alguna de las ideas, sin los Fantasmas hijos de Morfeo rondando los recuerdos para extraer de ellos sus mensajes y profecías, sus pesadillas o bendiciones. Nada podía verse en el horizonte onírico de aquel vampiro; estar muerto era mucho más de lo que los mismos vampiros creían.
Sus almas, lo que quedaba de ellas, viajaban a lugares solitarios y remotos, donde permanecían sentadas, esperando, hasta que llegaba de nuevo la hora de asentarse una vez más en aquella prisión fría y seductora. La Seducción de la Eternidad. La Seducción de las Palabras meditadas una, dos, cinco décadas antes de ser consideradas perfectas.
-Hemos de conversar sobre vuestras posesiones.
¿Cómo lo resistirían? Eran, por necesidad, seres inhumanos. Abocados a futiles juegos sin interés para matar el tiempo. Eso era. Y ahí se volvían peligrosos y detestables, mas lo que ahora tenía frente a sus ojos era interesante y salvaje, tan minuciosamente estudiado que resultaba impredecible, finalmente, para sí.
Elois D'Umbrelle - November 29, 2007 01:59 PM (GMT)
¿Mis posesiones?
Aquella circunstancia se tornaba irremediablemente adversa, no, extraña, tampoco... No había una palabra exacta que valiera para definirlo. Incluso fue capaz de fruncir el ceño a modo de respuesta, premeditada, obviamente.
Suaves pasos se deslizaban grácilmente por la arrugada piedra termal, aproximándose a su objetivo, Isolda. Sonrisa danzante como bandera, peculiar, infernal...
Nuevamente reclamó para si la palabra delegando sobre ésta un desdén propio de la nobleza, ¿altanería?... Elois de sobra sabía que estaba en desventaja, pero al fin y al cabo era Elois D'Umbrelle y lo sería hasta la muerte.
- Son tantas mis posesiones...
Sus ojos buscaron el contacto físico con los de la maga, extasiados de júbilo se arremolinaban con un corazón indómito, un tsunami huracanado que volcaba toda su rabia en la mirada que se le ofrecía. Escrutaban, buscaban, socavaban y en último lugar imploraban a su dueña el anhelado poder oscuro escondido bajo el regazo de su voluntad que sólo en situaciones muy delicadas empleaba. Así el alma condenada de la Ventrue afloraba inconscientemente impregnando en la cercanía el alma de Isolda con el poder de su aura, digna de una descendiente. Propio de una doblemente sangre azul.
En la línea de aquella conversación replicó en un tenue esfuerzo por hacerse con el control de la oratoria, pues en las palabras descansaba su mejor baza.
- ¿Tiene nombre la Parca?
Isolda Lamartine - November 29, 2007 02:19 PM (GMT)
Así como Elois se acercaba y su mirada se convertía en fogozo cañón de emoción, de silenciosas imprecaciones y éxtasis agónicos, los de Isolda, negros y profundos, se tornaban nebulosos, esenciales. Aleph era la Palabra que en su juventud la hermética había descubierto que la contenía, y era esa la palabra que toda ella, siempre, proyectaba: nacimiento, origen, todo contenido en un instante y siempre a un paso de estallar; todo sumamente bien ordenado y contenido en formas y figuras misteriosas y lejanas al intelecto común de los Durmientes, donde se incluían esos seres eternos, cadáveres andantes, impulsores de los más oscuros deseos.
Permaneció en su posición, como antigua efigie de tiempos pasados, recordatorio de que la magia no sólo era posible, sino vital, pero levantó una mano con las palmas abiertas, indicando a Elois que no se acercara más. En su gesto no había directamente ninguna amenaza, pero la Ventrue bien podía sentirla.
-Algunas de ellas no deberían serlo.
Aquello le gustaba. Tenía que aceptar que desde el inicio de aquella relación, Isolda había sentido una oculta admiración, provocada por los matices, por Elois D'Umbrelle.
-Ponedme el que más os plazca, que sabré acomodarme a ello.
También eran las palabras el bastión de Isolda, pero por razones diferentes, al menos en apariencia: la Despertada entendía los peligrosos juegos que involucraban.
Elois D'Umbrelle - November 29, 2007 03:42 PM (GMT)
Un gesto equivalente por más de un centenar de palabras, una palma levantada que supone un gesto fácilmente perceptible e inequívocamente abocado al entendimiento. Por otro lado la efigie de Isolda confluía con el halo del poder Ventrue que irradiaba Elois propiciando una atrayente espiral que despertaba los instintos más depravados del depredador llevándole sin remedio a un peligroso juego que por algún motivo no hacía más que alimentar el disfrute de la noble dama. Aunque la sombra del peligro aún planeaba sobre su cuello y, sin embargo, lo hacía más delicioso si cabe.
Voz melosa sobre labios carnosos pusieron nuevamente palabras sobre los pensamientos de Elois.
-La mayoría de ellas corresponde a esa descripción.
Sino todas…
El tono socarrón era más que evidente. ¿Hasta cuando duraría el juego?, ni Elois lo sabía, sólo esperaba que sus siervos llegasen para atenderla antes de que una espada o cimitarra sesgase su cuello y pusiera fin a su vida inmortal.
Justo al acabar su frase, el juego de palabras con el que trataba de sumir en un laberinto dialéctico a su, adversaria, tomó una nueva vía de comunicación, paralela al desarrollo original de la conversación.
- Parca no es un nombre por el que sienta especial predilección, prefiero conoceros por el vuestro si así gustais en confesar.
Sonrió, incluso extendió su mano diestra y tentada estubo de rozar la de Isolda, mas quedose a escasos centímetros del límite que suponía la palma de ésta, aún sería arriesgado, pero la curiosidad por palpar a la bruja para ver si era real o un mero espejismo no hacía sino aumentar.
Isolda Lamartine - November 29, 2007 11:16 PM (GMT)
Lo maravilloso de lo inesperado, la inminencia del peligro. Aquella cercanía tan cálida y distante al tiempo, removía algunos fantasmas en los baúles de la mente de Isolda. Más no era aquello que pudiera ser más obvio: era su curiosidad primera, peligrosa y fatal, pues es sabido que los niños no distinguen el bien del mal y poco les importa el dolor que puedan causar cuando este alimenta su propia diversión.
Aquella mano helada tan cercana, aquella mirada en la que podía verse, o su reflejo deformado, hicieron sonreír a Isolda para sus adentros.
-Lo imaginaba. Una de ellas no debe más permanecer más con vos.
Noche tras noche el mismo ritual; noche tras anoche revivir mirando el cielo corrupto por las ondas del agua. Y sin embargo nada de esto parecía importarle; había encontrado algo de lo qué aferrarse, y esto era más fuerte que la desidia o el tiempo. Podía ser que simplemente matara los días ocupándose en cualquier cosa.
Pues finalmente, ¿qué es lo Importante?
-No me acompaña un nombre; no dudo de vuestra imaginación para ponerme uno, si es lo que deseais.
Elois D'Umbrelle - December 3, 2007 05:24 PM (GMT)
Eslabones trenzados diluían la distancia de las cadenas inmortales que durante siglos habían atado los viejos y aciagos instintos de supervivencia cainita. Uno tras otro cedían por doquier ante aquella implacable enfermedad que arranca la vida sesgándola de cuajo cuan incauto no reprime sus ansias con templanza medicinal. En efecto, la curiosidad.
Isolda, Elois, pilares contrapuestos pero no tan distintos, absortos al fin, bajo una danza unísona que las mecía en un peligroso juego de intrigas palaciegas, conjuras y otras muchas temeridades propias de la suculenta mezcla de lo mundano y aquello no lo es tanto. Una teje, otra descose, la otra hilvana nuevas formas de plasmar sus ideas y como es habitual arrastrar bajo su sobrecogedor regazo de ansias y anhelos inmortales de su contrincante, mas aún no había patrón sino su antónimo.
Mirada fulminante y ego ensalzado un sobrio conjunto de sonidos cobró forma inequívoca en sus labios tras una sonrisa socarrona.
- Marlene de Nosferatu
De nuevo los instintos. Forjados sobre el auge del lago escarlata cuyas aguas fluían subterráneas regurgitando bajo la cáscara de porcelana inmaculada que Elois atesoraba como su reliquia y posesión más preciada. ¿Pretendía arrancarle su no vida? ¿Llegaba el juego a su fin?, sólo cuando el eclipse de una palma rozando la otra tuvo al fin su equinoccio final se comprobaría, pues fue así como la dama de Orleáns deseaba culminar aquella fatídica disolución de temeridad y malos presagios. No obstante si el contacto era fidedigno, real… Entonces, ¿Qué?.
Quizás una eclosión, quizás el fin, pero era el momento de mostrar su divinidad sanguínea, aquella que fluía atribuyendo vigor para afrontar el prorrogado encuentro con Hades eludido bajo subterfugios de una inmortalidad condenada.
- ¿Es mi sangre la que anheláis?
Aquella frase se produjo justo en el instante que su mano trató de fundirse con la de Isolda, con determinación, con osadía. Elois, era una Vetnrue y los miembros de su estirpe gozan del privilegio de la siempre perenne elección, así pues. A un Ventrue no lo matan, se suicida.
Isolda Lamartine - December 3, 2007 08:32 PM (GMT)
Era eso lo que Contenía el flujo de los Deseos: hilvanado cristal de oníricos materiales, removiéndose en las mentes-forjas de los demiurgos en lugares que no concebían el tiempo, trayendo de los lugares todos, auqnue no concibieran tampoco el espacio, ideas y formas, figuras y sonidos que lentamente se disolvían en púrpuras agónicas, en sonrisas veladas, en "buenos días", en "tic-tacs", pues aunque no concibieran aquellas ideas tan humanas, las creaban.
Las Formas. El Molde eterno era aquella misteriosa Mens Divina: la complejidad resumida en una palabra que era todas las palabras, pero no perdía su unidad. En aquella palabra se concretaban los deseos mismos de los demiurgos, habitantes de un meta-caliz, en un nivel superior que ellos, que presindían de los razonamientos tan humanos, desconocían.
Y entonces empezaba la eterna discusión en más altas esferas. La Existencia de las Coas estaba determinada por algún hilo en el gran Tejido, pero este era desconocido para muchos, incluso para los que con más energía tejían, parodias de Aracné y con su mismo final, pretendiendo, Pretensión, ser más bellos que aquella la Primera y así hasta el infinito.
Los nombres tenían un poder increíble. Las palabras todas por relaciones oscuras, casi siempre, lograban trazar el destino de los hombres. Aquel tacto divino, la frialdad de la Muerte en un ser que sin embargo estaba vivo, aquel nombre que desconocía pero que la definía, a ella, a Isolda, Aleph, la pesadilla de los Creadores.
Un instante. Aquel instante. Sí. Ella, Isolda, no conocía los movimientos del Tiempo. Muchos años los había dedicado a pensarlo mientras transcurría; pero aquel instante tenía tanto de sagrado, que las sonrisas cómplices de quienes las observaban accedieron a la petición que ambas, de algún modo, formulaban.
Y se quedó el Tiempo también como observador de aquel instante.
- Vuestra Vida y vuestra Muerte, por inexistentes, no pertenecen a nadie; a vos no os es dado darlas, y a mí no me es dado tomarlas.
En aquel eterno instante, los ojos de ambas, congelados en aquella mirada, pugnaban por algo indistinto, y lo que ella había ido a buscar perdió sentido.
-Lo que me daráis es mucho menos sagrado que vuestra sangre.
Elois D'Umbrelle - December 7, 2007 11:25 PM (GMT)
Complejos temores se desvanecían tan rápido como crecía un aura reclamando su estatus quo.
FDI: Gasto 1 Fv para activar Majestad
Moldes encarnados para dioses contorneaban la graciosa silueta que una vez más se antojaba diferente al resto, destacando tal y como un venero decidía aflorar y desprender sus preciadas aguas para rociar y esparcir la vida, aunque en esta ocasión las minerales aguas no eran sino el jugo de la propia esencia de la vida. Robado noche sobre noche y así hasta alcanzar la mayor pureza jamás conocida, pues lograr la perfección sanguínea no era un medio de subsidio, era un fin.
El ardiente deseo de la no muerta forjaba de azarosas llamas la absorbente aureola de poder, así ésta se ensanchaba reclamando más y más alimento, pues una vez engendrada no alcanzaría su colmen a menos que el último de los tenebrosos anhelos de Elois quedara saciado. La Ventrue era caprichosa, también perseverante…
- Que así sea pues.
Una sensual sonrisa fue ornamentada bajo la perfecta sintonía de dos delicados pliegues danzarines, custodios ancestrales de la perdición de los pescadores y navegantes, la hipnótica voz de la sílfide.
- Mi corazón arde en deseos de complaceros, pedid y os será concedido, mas una condición os acompañará pues si bien es cierto que la posesión no pertenece a Elois, también lo es que la decisión sobre su devolución si es pertenencia correspondiente a Elois de Ventrue.
El poder de la maldición de Caín surgió nuevamente para colorear pómulos cono un tono más animoso y, transmitir el ardor del pecho sobre la delicada porcelana que envolvía su ser porque ese era el deseo de la patricia. Había un fin pero una justificación y entonces ocurrió… Ya no sólo el aura acariciaba el rostro de Isolda, también las delicadas manos del lascivo cainita se hacían eco de la virtud de aquella bautizada Marlene y además, disfrutaba, pues nuevamente la artesanal mueca de placer suscitaba el deseo sobre su faz mordiendo sus carnosos labios mientras la penetrante mirada oceánica devoraba a su presa lentamente.
FDI:
Gasto 1 PS para tener calor en la piel y rojez en las mejillas.
Isolda Lamartine - December 11, 2007 03:36 PM (GMT)
Ante aquel tacto peligroso y ritual, Isolda se sintió como una doncella virginal siento sacrificada por la daga sobre el altar: el frío contacto con la hoja, el delicado penetrarse en las carnes mutuas, el susurro misterioso de los dioses que traían tranquilidad ante aquel estado, el más difícil, el más hermoso, el trance de muerte, y sintió el calor en aquella mano y sus palabras dulces como subir sobre olas.
Y quiso que su amor, aunque misterioso, fuera mutuo. Y en un silencio, Isolda dijo en voz baja estas palabras, devolviendo la curiosa caricia de la Ventrue.
-Auferat hora duos eadem.*
Y el hechizo fue un hechizo de amor, tibio en su atmósfera, tranquilo y dulzón pero no empalagoso, y la Ventrue sintió el Deslizarse sobre la Piel, así nada más, en abstracto.
Caín. ¡Oh maldición bienamada!
-Lo entiendo y lo respeto, más estoy segura de que sabrás complacerme pues no os es imprescindible aquello que tenéis que requiero.
La mano de Isolda llegó, lenta y tímidamente, hasta el rostro de la Ventrue, y se detuvo a los pocos centímetros.
-Un hombre y una flor.
Y venciendo finalmente aquel recogimiento supremo, los níveos dedos de la Despertada alcanzaron la piel cálida y porcelana de Elois.
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*He invocado magia de Mente (Corona) para lograr algo parecido a Majestad.
Elois D'Umbrelle - December 15, 2007 10:55 AM (GMT)
Un leve balanceo, un suspiro, éxtasis.
Largo tiempo hacía que la dama Ventrue no sentía algo parecido y puesto que en breves noches se postraría frente al destino, quizás su fin. No había motivo para negar la petición de Marlene a cambio de lograr más placer.
Elois sabía lo que quería y quería placer, quería a Marlene y la haría suya esa noche la luz de sus ojos irradiaba ese sentimiento que no sería reprimido por más tiempo.
- Concedido.
Primero fueron las palabras las que se deslizaron por sus labios, luego serían sus labios lo que rozasen la piel de Isolda, mientras su cuerpo se abalanzaba buscando el mutuo contacto, la haría suya esa noche.
Sus ojos, su sensual mirada, aquellos gruesos y carnosos labios alcanzaron al fin la base de la muñeca con sumo cuidado, mimando íntegramente el brazo y todo el cuerpo de la maga con el arte ancestral que las complacientes cortesanas dedicaban a su señor. Delicadas caricias que concluyeron bajo un nimio alegato.
- Ahora sois mía.
Elois ahorro palabras, no deseaba perderse en exceso bajo un manto de incongruencias cuando su objetivo yacía tan cerca.
Un beso, otro, otro más. Su lengua paladeó la base de la muñeca deleitándose con el sabor de su piel, pero era algo más lo que buscaba, su esencia, y estaba más que dispuesta para compartir su sangre, entregando pues su mano a las fauces de su Marlene imaginaria. Suave, delicada, clavó los colmillos desgarrando la piel de Isolda y comenzó a succionar esperando obtener el mismo placer por parte de su homónima cainita.
Y así, en medio del sumo placer que le era concedido a los cainitas, el compartir la sangre, descubrió Elois el latiente secreto de la maga, pues el flujo de sangre rezumaba hacia su garganta sin apenas esfuerzo, sumiendo eso si a Isolda bajo el influjo del beso pero no hallando la satisfacción equitativa esperada.
Contuvo sus ansias, subyugó la ardiente bestia que reclamaba más y más sangre para saciar el creciente apetito y lamiendo las dos punzadas que asestase en la carne de Isolda estas quedaron sanadas. Luego enfrentó su rostro a escasos centímetros del de la maga e inquirió con dulzura.
- ¿Quien sois?
Estaba claro que no era Marlene y ni mucho menos un cainita.
Isolda Lamartine - December 20, 2007 04:31 AM (GMT)
¿Cómo podía ser aquel Beso tan Divino? La suprema Dulzura. La suprema manifestación de la Divinidad escondida en aquella carne fría, por momento cálida, pero Muerta, definitivamente muerta, más Allá de los Ciclos que regentan la Vida de los Seres, el Continuo Fluir de la Vida.
Y llegaron, provenientes de Lugares alejados a los Vivos, aquellas palabras, y se estremeció su corazón y su cuerpo, y se tensionó su Alma. Pues estaba ante el Abismo, debajo del cual no había nada y sobre el cual no había nada.
Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.*
Del fondo de su Mente, aún consciente, una Fuerza Salvadora floreció, lo suficiente como para mirar a los ojos a la Ventrue, y con dulzura, casi con vergüenza, poner sus dos manos sobre los brazos de la vampireza.
-Os he dicho que podéis llamarme como gustéis, y habéis decidido llamarme Marlene. Sea pues esa quien soy. ¿Os complace aún, o deseáis ponerme otro nombre?
Isolda sonrió, pues aquella era la Hora Suprema. Una espera lenta y dulzona, casi molesta, antecedió a sus siguientes palabras.
-No me define un nombre, y la respuesta a vuestra pregunta me tomaría tanto tiempo como lleváis viviendo.
*Alejita Pizarnik.
Elois D'Umbrelle - December 22, 2007 10:33 AM (GMT)
Ya no hay respuestas que deban esperar, ni fantasías que no se hagan realidad, la cita ya carece de tiempo, es ahora, aquí... para siempre.
Brazos extendidos emprendieron el trayecto de la pasión. Abrazo fuerte, colosal y exultante de desnudo tacto, despojado de toda inhibición y bautizado con un sinfin de apelatidos antaño olvidados. Encerrando el exitante aroma de su cuerpo, dibujando versos escritos sin pudor sobre la hoguera de las vanidades, renaciendo y fusionando dos corazones sobre uno.
Perdida en cada paso, ahogada en un mar de sentimientos y respirando por cada poro de su piel cada una de las fantasías que su corazón anhelaba. Sus mejillas rozaban las de Isolda, cálidas, deseosas, ardientes e irrefrenables. Calor en sus ojos, dulzura para sus manos, ardor sobre el pecho y firmeza rotunda con el habla.
- Os haré mía.
Aún presente el cálido roce de un cuerpo sobre otro, la ventrue recobrando algo de consciencia articuló sensatez, aunque encaminada a su fin último y primer deseo.
- No es maldita tu sangre, tampoco de cambiante, así pues desvélame que eres, mas te prevengo que si el nectar que fluye por tu cuerpo no lo acompaña ninguna vigorosa esencia, te tomaré. Te haré mía y me acompañarás noche sobre noche en mi condena.
Isolda Lamartine - December 23, 2007 06:57 PM (GMT)
Isolda sonrió de nuevo, pero esta vez en su sonrisa había algo diferente. Algunos lo llamaban Aristeia, la Aristocracia del Espíritu, pues así como la Ventrue, menuda y ligera como el agua que desciende desde la Montaña, era a la vez imperturbable, mutable e inmutable, Isolda y su Mente eran de la misma manera, más sus ríos eran de Lava.
La seducción. Dejarse seducir era tan Alto en el Arte como Seducir en sí mismo, pero había límites que tenían que ser respetados. La Nieve, la Caricia, el Aliento de la Vida respirando debajo y sobre Elois; eso era Isolda. Un huracán de calor, aquellos negros ojos mirándola fijamente y no permitiendo ser ahondados, sonrientes y juguetones. Peligrosos.
-Si yo abandonase el Ciclo de la Vida, Elois D'Umbrelle, muchos pilares caerían reducidos a escombros.
La blanca mano de Isolda subió lentamente hasta acariciar la mejilla de la pequeña y sensual dama deseosa de sentimientos hacía tiempo perdidos, y sabiendo que se encontraba al borde de un abismo, continuó.
-Soy de aquellos que quedan de una Antigua y Noble Raza de Hombres; soy de aquellos que entienden la Realidad y ven a través de los velos que vosotros no podéis superar. Por mis venas corren los Misterios que se encierran bajo las pieles, detrás de los ojos, más allá de las estrellas, y en lugares que vos sólo concebís en sueños.
Elois D'Umbrelle - December 24, 2007 09:20 AM (GMT)
Ese amor forjado en silencio, dueño del tiempo, acunado por una noche e incapaz de respetar las fornteras de la cordura, sazonaba ególatras pensamientos en presencia de la fuente mágica, Isolda.
- No me importan esos pilares
Aquel amor que conquista toda consciencia, había sumido en una sinrazón su cabeza, caprichosa y dávida en sentimientos, por esa noche.
A pesar de los pesares sabía, pues el ser que comprende más allá de la mirada, más allá de lo físico y lo elemental, capaz de robar su corazón en un suspiro, sólo tenía un nombre.
- Otros ya trazaron el camino. Es posible seguirlos, unirte a los hijos de la noche y permanecer a mi lado.
Elois pensaba en los usurpadores tremere, tras haber descartado el resto de opciones posibles y haber reconocido el sutil pensamiento de los magus.
Isolda Lamartine - December 27, 2007 05:52 PM (GMT)
-Esos pilares sostienen vuestra vida.
Y cuántas otras. Entretejer las necesidades era tan común y necesario como arrojar una piedra y esperar que golpeara algo. Un hilo hacía de sostén de muchos otros, y esos otros sostenían al primero también. Los tejidos en el tapiz eran tan intrincados que sólo unos pocos, ellos, podían vislumbrarlos, y al hacerlo veían la realidad.
Una caricia o dos hacían parte de aquello de manera tan contundente, como la existencia misma de los demiurgos, pues en aquellos simples gestos estaba contenida el Universo. Y así, entre paso y paso iban los hombres haciendo su mundo; entre caricia y caricia, entre susurros de deseo y palpitar de corazones, incluso los muertos, se erigían sobre la tierra los monumentos que la guardarían hasta el final de los tiempos.
-Aquellos de que me habla no tenían fuego en la sangre.*
Los ojos negros de Isolda, se tornaron azules y profundos. Una mirada silenciosa y amorosa penetró los ojos de la Ventrue, acariciando sus recuerdos y sus tristezas, consolándola y amándola profundamente a medida que la caricia se convertía en un abrazo. Ellas dos, solas; siempre solas.
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Vires y Anima. Por si algo no deseable sucede. ;)
Elois D'Umbrelle - January 21, 2008 07:02 PM (GMT)
Un eco doloroso se hacía con el mando de la noble ventrue recorriendo los pasos infranqueables de la discordia. Contradicción sobrepuesta a la supremacía de los sentimientos. Sus pupilas langidecieron con el pesimismo propio de la derrota pues en los confines del negro cozarón alojado en su pecho sabía reconocer los límites de la noche.
- Entonces partid.
Mentía en sus deseos
- Partid con el presente de Elois de Ventrue.
Su corazón reprochaba a sus labios y estos a su vez a sus ojos por verter ríos escarlata sobre la pórcelana.
- Partid de una vez.
Su voz Imponía, imperaba, a la vez que su tono suplicaba la antítesis.
Solitaria observaba el devenir de los acontecimientos futuros.
Isolda Lamartine - January 22, 2008 03:20 PM (GMT)
Isolda caminó hacia la ventrue, y su mano blanca y delicada, levantada lentamente, acarició su rostro. Y fue esa caricia un movimiento de los astros, dulces y delicada, tierna incluso, y en los ojos de la archimaga brillaron los azules de la comprensión y el sentimiento. El Beso, tan temido, era a la vez tan placentero, que pocos elíxires dentro de los suyos podrían ablandar de tal modo el corazón y hacer sentir de tan profundas maneras el deseo.
Y sonrió, y era su sonrisa de faz sincera, y sus labios se acercaron, para sellar en los otros un dulce beso, que no hacía fluir el mundo como aquel de los Condenados, sino que lo hacía calmo y contemplativo.
Cuando los labios se separaron y las miradas se encontraron de nuevo, muchas cosas habían cambiado.
Pero Isolda entendía aquella naturaleza, y nada más podría hacer.
-Partiré, y os dejo un presente propio, que sabréis recordar aquellas noches de Luna Llena, que tanta nostalgia os han traído.
Y en las manos de Elois había un collar de lunares perlas, que canturreaba dulcemente una canción a la muerte y los amores desaparecidos.
Isolda se alejó dos pasos de Elois, y se giró, mirándola con una sonrisa, mientras su cuerpo se hacía uno con el aire, haciendo parecer que todo había sido un sueño. Aún así los dos pilares de azul que alguna vez habían sido sus ojos, permanecieron muchos días en aquella habitación en forma de recuerdo, iluminando los oscuros rincones de los sueños de la Señora de los Ventrue.