View Full Version: Magia, alcohol y garras de lobo

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Title: Magia, alcohol y garras de lobo
Description: Noche entrada, 1/6/1226


Erika - November 20, 2007 11:53 AM (GMT)
Viene de aquí.


La noche ya era bien entrada cuando Erika y su recién conocido acompañante salían del bosque en dirección a la taberna del campamento de refugiados. Mientras se acercaban, la Galliard no pudo dejar de recordar los acontecimientos que habían ocurrido allí hacía ya unas cuantas noches. Domotor, un agradable recuerdo, y Anubis, casi una hermana, aquellos que ahora se encontrabn lejos por lealtad a su lider Guillerm du Trem. Pero así era la vida, y así debía vivirla. Pero no pudo remediar el acto instintivo de cantar una bella tonada mientras se perdía en el recuerdo.

Y para cuando quiso darse cuenta ya se encontraban justo en la entrada de la taberna.

Sabudal Al Mohamed - November 20, 2007 03:01 PM (GMT)
-¿Y esto que mierda es?

Preguntó el árabe escadalizado al ver la situación de aquellas personas, pero casi de inmediato soltó una tremenda carcajada.

-Pues vea que estos hombres valen más que mi preciosa arena, que está afuera y seguramente tienen pestes y tienen que comer tierra, y sin embargo aún tienen, ¡vedlo bien mundo cruel que se os están riendo en la cara!, una taberna!!

Y caminando al lado de Érika continuó su disertación, feliz como estaba, y molesto como estaba.

-Pero el que estos miserables hombres que viven en las afueras prefieran una taberna a escupirles en la cara, deja a su honor en el mismo lugar donde yo tengo mi belleza, y no os diré qué lugar es ese por decoro, si es que alguno aún me queda.


Erika - November 20, 2007 06:22 PM (GMT)
Una rápida mirada de arriba a abajo al mago y la nórdica soltó una carcajada como hacía tiempo que se escuchaba.

- Por mucho que lo intente, me cuesta encontrar un significado para la palabra belleza que pueda relacionar contigo.

Y al comentario fue seguido un golpe amistoso en el hombro, eso sí, al estílo vikingo.

- Venga hombre, no hemos venido aquí para escuchar tus lamentaciones, sino para mojar nuestros gaznates, así que tira para adentro e invitame a una ronda como muestra de gratitud por enseñarte tan bello lugar. Pues si tu posees belleza alguna, por muy escondida que esté, por Thor que este lugar también.

Y siguiendo con las bromas abrió la puerta y entró dejando que el arabe decidiera que hacer con su apariencia, si pasearla hasta una mesa para compartirla con ella, o por contra dejarla fuera de aquel lugar que le hacía decir tantas imprecaciones.

Sabudal Al Mohamed - November 21, 2007 11:27 AM (GMT)
El árabe respondió con la misma fuerza el cariñoso empujoncito de la perlirroja. Si es que él también era un guerrero y también tenía esa fuerza, vamos! Pero lo que le intrigaba era saber cómo era aquella mujer en la intimidad, y no precisamente por que la deseara, ejem.

-Pues la respuesta es obvia, Dama Fogosa. ¡Veamos qué cucarachas beben adentro!

Y así entro, precediéndola. Veamos. Miro con curiosidad y por fin me dirijo a una mesa, la única tal vez; aparto un pedazo de hueso ya rancio al suelo, y sonrío mirando a quienes me rodean.

-POye, no sé por qué presiento que hoy habrá problemas.

Y en una estertórica carcajada lo celebro.

Erika - November 30, 2007 06:06 PM (GMT)
Y viendo que el árabe se dirige directo a una mesa, la nórdica, que lleva más tiempo en el lugar, se acerca a la barra, y tras un intercambio de palabras y gestos que señalan al mago recibe un par de jarras que no tarda en coger, una en cada mano, y acercarlas hasta la mesa. Posando una delante de su acompañante, añade con sus palabras un poco de ruido al ambiente de la taberna.

- El tabernero me ha dicho que no te olvides de pagar la ronda antes de irte o el dolor de cabeza que tendrás mañana no será por culpa del vino.

Y para darle mejor sentido a la inventiba que acababa de tener soltó una carcajada.

- Yo no me preocuparía por los problemas, mi buen amigo, pues seguro que vuestra apariencia los mantendrá alejados. Y bien... ¿Por qué brindamos?

Acompañando sus últimas palabras levantó la jarra para darles mayor fuerza.

Sabudal Al Mohamed - December 12, 2007 05:43 PM (GMT)
FDI: Erika, te ruego disculpes mi demora :(



El árabe, burlón, puso su índice sobre los labios.

-No digas tan alto que soy muy feo, que vendrán hordas enteras de curiosos a mirarme debajo de la capucha, y no quiero que sientas celos, gran Dama de las Grandes Curvas y el Martillo.

Tomo el vaso de vino y lo levanto, poniéndolo frente a la amazona. Este era un día feliz: había llegado a salvo, había conocido a alguien fiestero y dicharachero como él. Que le cortaran la garganta mientras se desplazaba borracho no me importa mucho ciertamente.

En tono alto y festivo, sonriendo como un niño, lanzo mi oración a la noche entrada.

-¡Brindaremos, en esta noche que se me antoja roja por lo célibe de las risas de nuestros vecinos de mesa, y anteponiendo al Único a mis palabras, por lo dichoso de los encuentros de dos extranjeros en tierras extranjeras!

Erika - December 14, 2007 01:14 AM (GMT)
FDI: Disculpas aceptadas, la próxima ronda invitas tu ;)

Cuando el árabe hizo su brindis, Erika entrechocó su jarra con la de él, y acto seguido la llevo a su boca y la vació hasta la mitad de un trago. Para acabar el ritual estampó el recipiente, demostrando así su dureza, contra la mesa.

- Este brebaje no es nada comparado con el excelente hidromiel que producen en mis tierras. Deberias probarlo, para poder decir que has bebido un buen licor.

Y aunque acababa de despreciar la calidad del liquido ingerido, se llevó el vaso de nuevo a los labios y lo terminó de otro trago.

- Aunque la verdad es que si bebes lo suficiente, puedes encontrarle un cierto regusto auténtico, así que sé un buen caballero y levántate a por otra copa para esta dama. Así en el camino de ida y vuelta, tienes la oportunidad de pensar en qué vas a contarme sobre tu persona.

Cuando finalizó sus palabras, para añadir un toque de complicidad al asunto, guiñó un ojo a su acompañante.

Sabudal Al Mohamed - December 20, 2007 01:48 PM (GMT)
El árabe abrió los ojos tan grandes como los tenía, y estalló en una contundente carcajada.

-¿Qué hacías lejos de mí, Dama de los Labios Furiosos?

Y meneando la cabeza de un lado al otro, riendo aún, el árabe se puso de pie y se acercó a la barra.

-Sí, este, amigo, tipo raro, sí... ¡Oiga! ¡Eso me gusta! Una cerveza.

La de él ni siquiera iba por la mitad, pero le daría gusto a aquella chica en la medida de sus posibilidades... esto...

Se devolvió copa en mano luego de haber escuchado unas palabras ininteligibles de parte del posadero.

-Oye, ¿cuánto podemos pagar con esto?

Sonrió, pícaro, a la pelirroja, mostrando unas monedas en la palma de su mano.








Erika - January 14, 2008 08:03 PM (GMT)
La mujer nórdica vió la cantidad de dinero, y aunque no fuese mucho, sabía de sobras que podían pagar bebida suficiente para tumbar a un buey, pero como gustaba de la compañía del extraño personaje le devolvió la sonrisa.

- Guardad ese dinero viajero de tierras lejanas, y dejad que mi canto sea el pago de esta agradable noche.

Entonces sacando su lira de detrás de la capa llamó la atención de todos llamando al silencio, como hiciera noches antes. Y por curiosidad, o por temor a la extraña pareja, finalmente el silencio se hizo en el ambiente. Entonces lentamente y con una voz más parecida a un dulce susurro que a un canto, empezó a entoncar una canción. Acompañada de la música que emitía la lira con cada caricia de su mano experta.


Reunidos estaban Ases y Asinias,
todos hablaban; discutían los dioses,
las nobles potencias, por qué tuvo Baldr
aquellos sueños de tan gran horror.

Alzóse Odín, padre de los dioses,
a lomos de Sleipnir coloca la silla:
cabalga hasta el Niflhel, encuentra allí un perro
saliendo del reino de la horrible Hel.

Su pecho estaba rojo de sangre,
aulló largo rato al gran hechicero;
sigue Odín la marcha, la tierra retumba,
y llega después a casa de Hel.

Odín cabalga a las puertas de oriente,
donde, él lo sabía, enterraron la völva;
usó sortilegios, recitó conjuros,
obligó a la muerta que habló cual cadáver:

«¿Cual de los hombres, al que no conozco,
ha venido a agobiar mi amargo viaje?
Me cubría la ventisca, me azotaba la lluvia,
me helaba la escarcha; muerta he estado.»

«Vegtham me llamo, y mi padre es Veltham,
háblame ahora, yo lo hago en la tierra,
¿De quién es el banco lleno todo de joyas,
de quién el asiento cubierto de oro?»

«Listo está para Baldr ya el hidromiel,
la clara bebida, bajo un escudo;
ansiosos esperan todos los dioses;
obligada he hablado, ahora he de callar.»

«¡No calles, völva! Quiero aún preguntar,
hasta que todo se llegue a saber:
¿quién a Baldr un día matará,
y al hijo de Odín la vida ha de robar?»

«Hödr lanzará al muy noble la tan famosa rama;
él, pues, a Baldr un día matará
y al hijo de Odín la vida ha de robar.
Obligada he hablado, ahora he de callar.»

«¡No calles, völva! Quiero aún preguntar,
hasta que todo se llegue a saber:
¿quién, lleno de odio, en Hödr le vengará,
y al asesino de Baldr llevará a la pira?»

«Allá en occidente Rind engendró a Váli,
apenas nacido, al hijo de Odín matará:
no lavará sus manos, ni peinará sus cabellos,
antes de llevar a la pira al enemigo de Baldr.
Obligada he hablado, ahora he de callar.»

«¡No calles, völva! Quiero aún preguntar,
hasta que todo se llegue a saber:
¿quiénes son las doncellas que habrán de llorar
y sus mantos, del cuello hacia lo alto lanzarán?»

«Tú no eres Vegtam como yo llegué a pensar,
sino que eres Odín, el viejo gauta.»
«Tú no eres la völva, ni una sabia mujer,
sino que eres la madre de tres gigantes.»

«Vuelve a casa, Odín, glorioso,
y nunca más volverá hombre alguno a preguntarme,
hasta que esté libre Loki ya de los nudos
y llegue al final el gran Ragnarök.»
*

Al finalizar el cántico la magia se había adueñado del ambiente, y algunos de los clientes seguían con la mirada perdida, divagando en el mundo al que los acababa de transportar la Galliard. Ésta lentamente, para no romper el influjo que había creado volvió a su lugar mientras el público comenzaba a despertar del ensueño.

- Ahora que ya me conoces un poco más, permíte que yo te conozca.

Y con aquella invitación la Hija de Fenris terminaba su actuación.


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FDI: Vegtamskviða (Los Sueños De Baldr / Cantar De Vegtam)

Sabudal Al Mohamed - January 15, 2008 08:04 PM (GMT)
Escucho el canto con los ojos como platos, y una dulzura inesperada nace en mi pecho. La hermosa voz de la Amazona de Pelos rojos me electriza y me seduce, y aunque nunca he escuchado esos nombres, y auqnue nunca había imaginado ese instrumento, me encanta.

Cuando regresa le tengo la mejor de mis sonrisas, que es, sin embargo, una mueca horrible por mi cicatriz de guerra en medio de la cara.

-!Vaya que es hermosa! Ambas, déjame decirte. Si tuviera un poco menos de alcohol en la sangre, no estaría menos contento y embriagado, bella damicela de los cabellos rojos y la voz de viento.

Me recuesto contra la silla y bebo un trago de cerveza. Pasar ese encantador trago es un pesar, pero un deber. No puedo embobarme. Alhá observa en todas partes, hasta allí donde nadie le respeta ni le reverencia como se merece.

-Y aunque quisiera corresponderos con algo igual de bello para que me conozcáis, ¿puedes creer que esta cara es capaz de combinar con lo sublime?

Me carcajeó, dando un golpe en la mesa.

-Pero sí que puedo hablarte de mí.

Termino de un trago lo que queda en mi mesa, y me pongo en pie.

-Acómpañame. Y no te preocupes, que volveremos.

Le guiñó un ojo recordando los mil barriles que se ha tragado la encantadora guerrera.

Erika - January 15, 2008 08:47 PM (GMT)
Cuando el árabe carcajeo, ella lo hizo igual, sinó más fuerte. La verdad es que se sentía a gusto con aquel extraño personaje. Y aunque su faz no fuera ningún prodigio de la naturaleza, sino algo parecido a lo contrario, cada una de las expresiones que la surcaban parecía provenir de un millar de historias exóticas. Así que cuando le propuso saber más sobre él, no lo pensó ni por un momento. Vació su jarra de un trago, y tras posarla sobre la mesa con la suavidad vikinga que profesaba, dió un salto desde la silla para ir en pos de Sabudal.

Y para quitar importancia al su aceptada fealtad, no pudo menos que añadir un comentario.

- Lo sublime, y tu rostro encajan a la perfección... bueno al menos mejor que con la de los rostros de estos estirados franceses...

Entonces lo miró a los ojos divertida, y con un guiño añadió:

- ... cosa que no es mucho.

La risa de la Fenrir sacudió el envejecido local.

Sabudal Al Mohamed - January 19, 2008 07:42 AM (GMT)
El árabe sonrió, enternecido, y por un instante, intentando decir algo, lo único que pudo hacer fue pronunciar balbuceos.

Se sentía extraño, pero decidió dejarlo por un instante; y así guió a la pelirroja a la salida. Una vez afuera dirigió su mirada a las lejanías.

-Nunca me habían hecho un cumplido.

Aunque sonó en voz alta, era más un pensamiento propio que uno compartido. Aún mirando al este, el árabe continuó, quitándose la capa de viajero que cubría su cuerpo. Bajo ella, Erika pudo ver un cuerpo fornido, torneado al sol del caliente desierto, con muchas cicatrices y extraños tatuajes escritos en arabescos serpenteantes, que rodeaban todo su cuerpo. En sus dos muñecas, y en sus botas, había una daga. En su aire un rumor de dunas, de camellos, de dolor, guerra y misticismo.

-Mi hogar está tan lejos que recordarlo me es difícil. No hay tierra o piedras, ni verde ni agua. Hay desierto, hay sol, hay sed y amor. Hay Alha y bravos guerreros; guerra y magia.

Señaló unos arabescos que empezaban en su cuello y terminaban en su estómago, y empezó contando, de memoria, lo que sus ancianos habían inscrito en él, para que nunca olvidara quién era.

"Antes de entrar en el desierto
los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.
Hierocles derramó en la tierra
el agua de su cántaro y dijo:
Si hemos de entrar en el desierto,
ya estoy en el desierto.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es una parábola.
Antes de hundirme en el infierno
los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa.
Esa rosa es ahora mi tormento
en el oscuro reino.
A un hombre lo dejó una mujer.
Resolvieron mentir un último encuentro.
El hombre dijo:
Si debo entrar en la soledad
ya estoy solo.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es otra parábola.
Nadie en la tierra
tiene el valor de ser aquel hombre."*



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* Jorge Luis Borges

Erika - January 22, 2008 03:05 PM (GMT)
Erika contemplaba el cuerpo del árabe con fascinación contemplativa. Aquellos carácteres poseían una belleza sin igual, y reflejados en el escultural porte del mago eran capaces de transportar a la Galliard a la tierra de guerra, magia y arena que le acababan de citar. Lentamente, mientras Sabudal narraba la historia, Erika posó una de sus manos en el torso del hombre, recorriendo con sus dedos los extraños simbolos que en él tenía grabados. Cuando él termino, ella también, liberandose del embrujo de esos arabescos, para levantar la mirada hacia la del Batini.

- Sin duda es una buena historia, y espero recordarla si algún día tengo la suerte de visitar tus tierras.

Una sonrisa sincera se plasmaba en el rostro de la mujer nódica, que ya volaba de vuelta a sus tierras natales.

- Mi gente también cubre su cuerpo con símbolos en algunas ocasiones, en otras los usa para ornamentar las armas y armaduras de los guerreros. Puedo aseguraros que me habeis hecho un regalo permitiéndome contemplar dicho espectáculo, así que intentaré ponerme a la altura.

Dicho esto se llevó la mano a la cintura para liberar la presa de su martillo de guerra y sujetándolo con una mano, se lo mostró al mago.
Un montón de glifos y runas cubrían la cabeza del martillo dotándolo de una belleza sin igual. Dotándolo de una aura mística que el Batini podría notar.

- Éste es Mjolnir, como indican estas runas. Y cuentan las leyendas que Thor, el dios de la guerra de mi pueblo, poseía uno parecido que retumababa como los truenos cuando mataba a sus enemigos... Por el hecho de poseerlo, y de elevar mi voz en la batalla por encima del estruendo del entrechocar de las armas y los gritos de los moribundos, se me bautizó en el norte como Hija de Thor.

Al decir estas palabras Erika mostró en todo su esplendor el orgullo que le profería tal honor, tan solo con la expersión de su rostro.

Sabudal Al Mohamed - January 22, 2008 05:32 PM (GMT)
El árabe sonrió, satisfecho por lo que veía. Sus ojos brillaron con la magia del martillo, y las runas a sus ojos adquierieron vida propia, hablándole de lo que había sido su existencia.

Su lengua no era capaz ni siquiera de pronunciar el nombre del arma, y tampoco el del dios, pues eran extrañas las maneras de aquellos sonidos. Pero su alma se sintió complacida porque él también era un guerrero, y en su tierra habían sido muchos los oasis regados con la sangre de sus enemigos.

Dos guerreros cantores y felices; una carcajada de satisfacción invadió el cuerpo de Sabudal mientras volvía a ponerse sus raídas vestiduras de viaje.

-Entonces es un gusto conocerte, Hija de Thor.

Y auqnue mi propia arma me es querida, no tiene el esplendor de la que acabo de ver, y tal vez ni siquiera tanta magia. Su mano derecha entró en la ancha manga de su mano izquierda, y extraño una rara daga curva, conocida en sus tierras como katar pero tal vez desconocida para Erika.

A diferencia del martillo, esta estaba limpia en su hoja, y un blanco mate, marfil, era lo único que decoraba aquella mortal arma. Sin hendiduras, sin dibujos, brillaba en la noche buscando la garganta del enemigo.

-Se llama Nâsser, y ha hecho temblar a los cristianos en mis tierras, y ha derramado más sangre que ejércitos completos de los míos.

Erika podía sentir el poder en aquella letal daga, que no permitía que se cerraran las heridas, y que hasta a los peligrosos assasin llamados Hijos de Haqim, destruía como si fuesen palomas.

-Ahora creo que podemos decir que nos conocemos, Erika, Hija de Thor, Amazona de los Cabellos de Fuego.

El árabe sonrió, y finalmente se carcajeó, no pudiendo contenerse más.




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