View Full Version: ¿Un Camarada del Pasado?

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Title: ¿Un Camarada del Pasado?
Description: 21 /06/1225 - Noche-.


Isolda Lamartine - July 8, 2005 05:05 PM (GMT)
Habían pasado ya varios días desde que el suelo de París recibiera de nuevo a Isolda. Las cosas seguían igual en estas tierras, y podían adivinarse que las campanadas de las Iglesias monumentales y el oro de los monarcas seguían en su sitio: en cuellos de níveas damicelas o en baúles escondidos en lo más profundo de su paranoia.

Pero a pesar de las apariencias muchas cosas habían cambiado. Isolda lloraba escoondida en sus habitaciones en Le Ictus, lloraba desconsoladamente. No por la pobreza del mundo, y no de tristeza. Lloraba de rabia, de oido.

Todos los que algún día había querido ya no estaban en esta tierra. ¿dónde entonces? Sus cuerpos desaparecidos, sus cadáveres quemados, las marcas de su sufrimiento en las paredes de la que había sido su casa.

¿Dónde estaba todos? ¿Dónde sus tumbas en un mundo en el que sólo los ricos tienen derecho a morir? Afortunadamente nada a nadie debían, y sus cuerpos y sus casas nof ueron saqueados.

Pero necesitaba respuestas.


Había escuchado nada más llegar, de un hombre que en otro tiempo había conocido. Sabía de sus extrañas capacidades y conocía su naturaleza y su historia, y sabía que era él a quien debía recurrir pues sin duda el destino les había puesto la misma prueba

En la lejana Transilvania se habían enfrentado a un inmenso peligro, y habían logrado salir a salvo, vencedores y amigos. Ahora, cuando él conociera que ella sufría sus mismo pesares, tal vez lo que los uniera fuera aún más grande.

Justo en la entrada del siniestro cementerio Isolda se detuvo. Con cuidado retiró una cadena fabricada con hojas de Sauce, donde colgaba una pequeña piedra lunar. Todos hasta el momento habían ignorado su existencia, pero desde allí, cualquiera en las sombras de esas tumbas, podría sentir su presencia.

Descubrió su rostro, altivo y hermoso, y miró en la oscuridad del interior. Sabía que si entraba sin permiso seguramente moriría, así que allí permaneció, de pie.

Trang Oul - July 8, 2005 05:20 PM (GMT)
En el mismo momento en el que la magus toco el porton del cementerio, el viento se levanto, y los engranajes de una siniestra maquina se pusieron en marcha en el camposanto...

Una serie de pequeños movimientos sucedieron a otro mayor, entre las hierbas, imperceptibles para aquella mujer.

En ese instante, un sonido que parecia proceder del mismo cementerio penetro en su mente para preguntarle:

- Bienvenido a mi humilde morada... - dijo la voz en la cabeza de la maga - vos... vos debeis de ser sin duda... - dejo la palabra en el aire - (a la mente de la maga)


El silencio volvio a la cabeza de la maga, esperando su respuesta...

Isolda Lamartine - July 8, 2005 05:26 PM (GMT)
Los sonidos que escuchaba y el viento que se levantaba la pusieron en alerta inmediata. Pensó por un momento que se había equivocado de cementerio, y que algún otro ser, vivo o muerto, había tomado a mal su presencia.

La voz de Trang Oul en su cabeza la tranquilizó. Tenía que reconocer que aquel ser era extremadamente poderoso.

-... Isolda Lamartine, bani Bonisagus. Completó la frase del Capadoccio. -Han pasado largos años desde nuestro último encuentro, Ukter-ar. Sonrió, complacida, por no haberse equivocado.

Trang Oul - July 8, 2005 05:40 PM (GMT)

Si hubiese podido, el corazon de Trang Oul hubiese saltado de alegria ante lo que su mente acababa de oir... ¡era ella! ¡Isolda! de nuevo sus vidas se cruzaban, esperaba que esta vez fuera por mas tiempo, ya que disfrutar de la presencia de Isolda era como volver a la vida en parte para el palermo... Ya que la vida era el objetivo de ambos..

- ¡Isolda Lamartine! - exclamo el capadocio - Se bienvenida mi humilde refugio. Concedeme unos instantes y me presentare yo mismo para recibirte. -añadio el capadocio saltandose una de sus costumbres- (a la mente de Isolda)

En seguida el capadocio ordeno a sus 3 mas fieles vasallos que acomodasen su mausoleo privado y dispusiesen todo tipo de comodidades y lujos para recibir a Isolda. Dentro de el los sirvientes se movian para limpiar todo y dejarlo preparado para desaparecer antes de la llegada de la maga, que no dejada de ser humana y no gustaba especialmente de la vision de los muertos en vida.

Trang Oul se encamino hasta una de las salidas secretas y en seguida llego a la altura de la maga, con una gran sonrisa:

- Mi pequeña Isolda -dijo cordialmente el palermo- tan bella como de costumbre... ¿que tal te tratan tus dias? Es un inmeso placer para mi comprobar que sigues de una pieza en estos tiempos tan duros... Pero pasa, pasa, no te quedes ahi y cuantame que ha sido de tu vida...

El capadocio condujo a la maga al interior de su mausoleo privado, algo que tan solo Maximo habia visto. Alli la acomodo en su mejor catedra y le ofrecio aquellos manjares que la boca de un no - muerto no podia disfrutar.

Isolda Lamartine - July 8, 2005 05:48 PM (GMT)
Isolda, al ver aparecer a Ukter-ar entre las sombras de la noche, sonrió como una pequeña y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no lanzarse a su cuello.

En los años que habían pasado, cierto era que grandes desgracias había tenido que presenciar, pero nunca había dejado de ser, de algún modo, una pequeña niña, y el recuerdo de los buenos tiempos en los Fríos Montes de los Cárpatos con su amigo, la hicieron rejuvecer varios años.

Sólo una cosa opcaba la felicidad de Isolda, y era justamente esa la razón de que estuviera allí. Sin embargo, decidida a no hacer que su amigo se pasara un mal rato -no todavía-, ocultó sus sentimientos lo mejor que pudo y le siguió, hablando con jovialidad.

-No me creerías todos los lugares que he conocido, amigo mío. He visto atardeceres en tantos países, en tantos bosques y en compañía de tan sabios hombres, que podría ya morir feliz y sin remordimientos.

-Y ver que tú tambíén estás a salvo me hace aún más feliz.

POr un instante su ira la traicionó y le tembló la voz, pero supo controlarse.

Observó, al llegar, el mausoleo de Trang, caminando por todos lados y pasando la punta de sus dedos por las paredes y los objetos, siempre sonriendo. Por fin, al regresal al punto del que había partido, se quitó la manta que la cubría y esperó a que su amigo le ofreciera asiento.

-Tienes un lugar acogedor. No mentía. Muchos años había vivido en oscuros laboratorios y casi se había acostumbrado a la falta de luz.

Trang Oul - July 8, 2005 06:07 PM (GMT)

Trang Oul escuchaba atentamente a la maga. Cada palabra que salia de su boca para tocar sus oidos lo llena de la vida que hace tanto tiempo habia perdido. Vio lo sincero de la alegria de Isolda y se emociono por ello, mas advirtio en su voz a veces la perdida de fogosidad por momentos... No le hizo falta leerle el aura para comprobar que algo atormentaba a la joven maga. No le preguntaria de momento, sabia que si algo queria contarle, ella misma lo haria si lo consideraba oportuno, era una chica realmente inteligente.

- Muchas gracias, Isolda - dijo oul con una amplia sonrisa -. El capadocio recorrio con la mirada los marmoles de carrara y las finas maderas y esculturas que se habia traido de su italia natal, no hacia falta ser un toreador para quedarse embelesado con tanta belleza -.

Pronto centro su atencion de nuevo en la magus, y tomandola de la mano derecha (notando el calor de la vida), decidio hacerle un pequeño regalo de bienvenida. Cerro los ojos y con su mano libre cerro los de la joven, entonces envio una imagen a la mente de su amiga

Pudo ver los verdes campos de montaña de los carpatos jugando y zigzagueando con otros terrenos mas secos creando los bonitos paisajes transilvanos. Pudo ver las cumbres de las montañas nevadas de transilvania en una noche en la que ambos, destrozados por el cansancio reposaban admirando la noche bajo el cielo estrellado. Y pudo verse a ella misma con los ojos del capadocio, orgullosa tras su primer gran trabajo bien hecho, cogida por el hombro por Trang Oul y afrontando su nueva vida. (transmision telepatica de imagen, auspex 6)

Ambos abrieron los ojos tras eso e Isolda encontro la sonrisa complice de Oul.




Isolda Lamartine - July 8, 2005 09:40 PM (GMT)
Mientras Isolda observaba las hermosas posesiones de su amigo, varios lugares llegaron a su mente, lugares malsanos para la cristiandad pero llenos de conocimientos y sentimiento estético como el corazón más profundo del artista.

Pocos lugares había conocido tan bellos en su vida, y los mármoles que su amigo poseía eran sin duda de manufactura angelical.

Había algo extraño en el rostro de su amigo, que no notó al principio -seguramente por la felicidad del encuentro-. Y se sonrojó al pensar siquiera en decírselo.

Cuando las imágenes pasaron a la mente de Isolda, un escalofrío recorrió su cuerpo -tanto por el tacto frío del vampiro como por lo que significaba aquel lugar, después de haberse conocido-. Recordó los nombres que daban los lugareños a las montañas, reconoció el espíritu de aquellas valientes plantas, creciendo solitarias y poderosas en medio de la nieve y la soledad, y reconoció su rostro, altivo y orgulloso luego de la primera victoria, visto por su compañero de batalla.

Cuando la imagen desapareció Isolda estaba totalmente destrozada. Los recuerdos... recordaba que en ese instante, en esa época, deseaba poder volver con los suyos, deseaba poder decirle a su familia que había paises blancos por la nieve, y que había hombres que vivían en la leyenda del pueblo como sus salvadores y defensores, contarles que los castillos de las montañas eran más imponentes que en Francia...

Pero ya no podía. Sin resistirlo, incurriendo en una falta gravísima a la etiqueta -algo que poco le importaba en este momento-, se aferró al cuello de su amigo, y las lágrimas de impotencia y de rabia comenzaron a brotar de nuevo de sus azules ojos.

Trang Oul - July 9, 2005 10:13 AM (GMT)

Trang Oul vio como Isolda se la echo encima entre lagrimas, completamente destrozada... No sabia que era exactamente lo que habia hecho mal, pero adivino que la imagen proyectada a la mente de la maga habia desatado en ella todas sus preocupaciones... Al fin y al cabo solo era una niña... habia pasado tantos desafios a tan corta edad...

- Tranquila, mi joven Isolda, no debes preocuparte por nada ya... Ahora estas bajo mi techo, y bajo el nada ni nadie osara nunca mas hacerte daño... Descansa... -dijo mientras acurrucaba la cabeza de la joven contra su pecho, cerca de su escudo.-

En una circunstancia normal, el capadocio hubiese urgado en esa mente y tomado sus secretos sin pudor, mas esta vez, pregunto timidamente:

- ¿que te ha ocurrido en este tiempo, amiga mia? -pregunto apenado el vastago-.

Isolda Lamartine - July 9, 2005 04:11 PM (GMT)
Hizo un gran esfuerzo, y contuvo sus lágrimas. Sin embargo se descubrió aferrada al frío cuerpo de su amigo, y se ruborizó un poco. Limpió sus lágrimas con la manga de su camisa y se separó para mirar a su amigo a los ojos.

Ya no eran azules, estaban rojos. Su rostro blanco y juvenil estaba cuarteado por los caminos de las lágrimas, y ahora podía saberse que no era la primera vez que lloraba. Pero en su miraba no se veía tristeza; se veía impotencia, rabia.

Suspiró. Sabía que era en él en el único en quien podría confiar, el único que entendería lo que le pasaba a su corazón lastimado, y seguramente el único que podría ayudarla.

-Hace mucho tiempo, amigo mío, se me impuso un trabajo en un pequeño pueblo muy al este de las tierras desérticas de los moros. Su voz, en cada instante, se mostraba cansada, y hacía un gran esfuerzo para poder seguir hablando. -Al parecer un espíritu se había instalado en todo el poblado, y acababa las cosechas, hacía que las mujeres encinta murieran y sus niños, y había una riña en cada esquina. Investigué rápidamente, y encontré señales que me mostraron que podría tratarse de un poderoso espíritu maligno que en muchas culturas han llamado Lor-Ukter, el Guardián de las Sombras.

Tragó aire y cerró los ojos. -No parecía muy difícil. Me demoré cinco días haciendo todo lo necesario, y al quinto, justo cuando la Luna estaba Nueva, lo envié de regreso al lugar de oscuridad del que había venido.

Guardó silencio largo rato, y se separó de su amigo, caminando hacia una pared cualquiera. -Hace unas semanas regresé a París, donde había dejado a toda mi gente: a mi padre, mi mamá, mis hermanitas, mis amigos. Y todos han desaparecido. Tragó saliva y las piernas le temblaron, y apoyándose de nueo en la pared logró llegar a la silla, donde se sentó con la cabeza agachada y sumida en lágrimas. -Tú... sabes... que regresé por ellos... En una semana mi... padre, mi madre y mis hermanos murieron... entre lágrimas de un mal que les hundía los ojos y secaba su boca... mis amigos y conocidos, todos desaparecieron sin llevarse nada...

Levantó el rostro hacia su amigo. -Y encontré en mi hogar algo que señala a Lor-Ukter. Quiero vengarme. Y quiero que mis padres y mis hermanas vivas de nuevo...

Sin poder evitarlo, comenzó a llorar de nuevo, profusamente. Desde que se encontrara con aquella terrible realidad era la primera vez que lloraba con tanto ahinco. Seguramente aquello sería bueno.

Trang Oul - July 14, 2005 09:53 PM (GMT)
El capadocio abrazo fuertemente a la chiquilla que tenia entre sus brazos y cerro los ojos. Cientos de recuerdos pasaron ante sus ojos, recuerdos terribles que lo atormentaban noche tras noche... Una lagrima de color escarlata rodo por la mejilla del palermo y aun abrazado a Isolda juro a los cielos:

- ¡Pongo a Dios por testigo de que esto no quedara sin solucion! No podremos fin a nuestra exitencia hasta encontrar a los culpables y hacerles pagar por lo que te han hecho, igual que yo he hecho en mis dias, asi tengamos que vencer a la misma eternidad....

Trang Oul bramio estas palabras en alto, con una voz atronadora que hizo temblar los mismo cimientos del cemeterio. Luego separo suavemente a su amiga de su cuerpo y mirandola a los ojos añadio:

- La muerte es un gran libro que antes o despues acabare por entender. Le arrancare sus secretos y los pondre a nuestros pies para poder encontrarnos algun dia con lo que tan maliganamente se nos fue arrebatado. Ten fe en mi, mi buena Isolda, ten fe en Ti... - concluyo el capadocio -

A la llegada de su amiga, habia ordenado a sus vasallos la preparacion de un cuarto a la altura de la maga, para que esta descansase. Algo confusos los dos, llegaron al cuarto que el viejo palermo habia preparado para Isolda. Miles de petalos de rosa se extendian por el suelo de una de las habitaciones del mausoleo privado del capadocio, en el medio una fina cama con su mobiliriario y todo lo necesario para una comodisima estancia.

A pesar de todo el lujo y esfuerzo del capadocio vio como Isolda apenas percibia ningun detalle de los que la rodeaban debido al importante shock que haia sufrido. El vastago la levanto agilmente en el aire y la poso en la cama, deseandole descanso.

Afuera ya era dia, habian estado hablando toda la noche y los efectos del astro rey empezaban a hacer mella en un somnoliento Trang Oul. Sin embargo decido ser fuerte y aguantar. Se arrodillo al lado de la maga y acariciando su frente cerro los ojos. Cerro los ojos y vio lo que guardaba la mente de su amiga. No queria que tuviese que volver a recordarlo hasta tener su vengaza, aunque fuese para contarselo a el. No haria falta. No soportaria verla otra vez en ese estado...

Isolda Lamartine - July 16, 2005 03:26 PM (GMT)
Las lágrimas habían dejado el gran océano de las Esperanzas Acabadas, vacío. Se sentaban los grandes hombres desde tiempos inmemoriales en sus orillas a ver cómo poco a poco, a cada uno, su propio mar -siempre superpuesto a los otros- se iba secando.

Cuando por fin no había más agua, renacían en la tierra, y sus memorias no se perdían en la nada. Eran siempre grandes hombres. Pero Isolda, con el cuerpo cansado, con la mente cansada, con los ojos rojos y adoloridos, sintió cómo su cuerpo se movía, y una fragancia a rosas invadió la estancia en la que se encontraba -auqnue no la veía.

Su cuerpo se posó, como en un sueño, delicadamente sobre algo, y unas manos frías pero tiernas cerraron sus ojos. Sus recuerdos, como la luz y la consciencia, se perdieron lentamente, sindejar cicatrices, y antes de dejarse vencer por las fuerzas de Morfeo, su rostro sonrió tranquilamente.

Trang Oul - July 16, 2005 04:24 PM (GMT)

Una mano acerco con torpes y cansandos movimientos una carta al lecho de la Maga mientras esta dormia placidamente:

Mi querida Isolda:

La fatalidad divide nuestros caminos cuando el Astro Rey se levanta, mas ello no impide que mi voluntad sea fuerte y me permita dejarte unas ultimas palabras que encontraras cuando te levantes.

Lo que me has transmitido me ha dado pie para iniciar investigaciones para encontrar al culpable. Esta misma noche cuando me levante mi ire a visitar a mi Señor, el Alto Principe de la Noche de Paris y contactare con mi buen amigo Miguel de La Rosa, Obispo Via Caelis de Paris y hombre Santo, para saber si han tenido noticia de movimientos recientes de espiritus malignos o rituales infernalistas en esta nuestra ciudad.

Ten por seguro que no cesare hasta encontrar a los culpables y hacerles pagar por ello.

Espero que hayas tenido un buen descanso. Si necesitas algo, no dudes en pedirselo a mi fiel sirvienta Maria. Es una chica inteligente y muy diligente.

Yo me he de retirar ya... Es mi hora de reposo.

Un abrazo.

Por siempre vuestro amigo, Trang Oul (Ukter-ar).

Isolda Lamartine - July 16, 2005 10:31 PM (GMT)
Cuando Isolda despertó, eran más de las doce del día. Había dentro de la caverna un calor casi insoportable, pero el agradable aroma de los pétalos de rosa -y el pesado ambiente de humedad que a pesar de los cuidados de Ukter-ar se sentía-, hacían que Isolda olvidara.

Le dolían los ojos. Se sentó en la cama, y miró a su alrededor, observando los detalles y recapitulando todo cuanto había sucedido la noche anterior. Sus ojos se toparon de pronto con una caligrafía imposible e confundir, y en su rostro se ibujó una sonrisa.

Sin embargo, lo que en la carta estaba escrito no le provocó tanta felicidad como preveía. Sí, la historia de su amigo y la suya ahora se cruzaban de una misteriosa manera, pero cualquier cosa con Lor-Ukter era asunto de ella. Era una entidad muy peligrosa...


Tomó una pluma y escribió. Su letra magnífica, con adornos y curvas, levemente inclinada a la izquierda -a pesar de que era diestra-, se hizo a sí misma en el papel:


Querido amigo

He leido tus palabras, y dos emociones llenan ahora mi corazón. Una gran alegría por no estar sola, una gran alegría por ahberme el destino permitido ahora entender la fuente de tu dolor, saber de dónde proviene, y lo más importante, a dónde va.

Lucharemos juntos hasta donde tu vida no esté en riesgo, y venceremos juntos a la muerte.

Pero Lor-Ukter es un gran peligro. No es posible destruirlo, sólo desterrarlo, y su mente es pérfida y retorcida, y en su negro corazón sólo puee albergar venganza. Yo te pido que no lo busques y no indagues sobre él. Él es mi enemigo. Y yo tengo que encontrar la manera de castigarlo.

Con mucho amor, tu amiga Isolda.



Luego de doblar la carta y ponerla donde recogiera la que él le había dejado, se levantó y se fue de casa de su amigo.




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