Title: Visita siempre postergada: La Balanza
Description: 17-6-1226
Isolda Lamartine - October 30, 2007 11:57 PM (GMT)
Sabía dónde encontrarlo desde hacía mucho tiempo; dos veces lo había visto ya, siempre disfrazada, y había sentido su poder, que finalmente habíua constatado sin lugar a dudas el día en que vio destruida su Idea al intentar entrar en esta misma fortaleza.
No sabía qué posición tenía dentro de los Massasa, si es que tenía alguna; pero como fuera, había algo claro: este cadáver no echaría en saco roto lo que ella tenía que decirle, como había hecho ya Dazvog tiempo atrás.
Muchos dentro de la Orden desearían colgarla por lo que estaría a punto de hacer: no por quienes se verían afectados, sino por el simple hecho de interactuar con Massasas, pero por supuesto nadie tendría que saberlo, y nadie lo sabría. No podía confiar en un muerto, así que le evitaría la penalidad de tener que guardar un secreto.
¿Y las razones? Muy simples. Un Arcano: La Balanza.
Así pues un anciano vestido como artesano, con blanco cabello ralo, un poco calvo en la frente y con una barba igualmente corta e igualmente blanca, llegó hasta las puertas de la La Concergierie. En esta ocasión no usaría disfraz alguno: simplemente había poseido la mente del desdichado.
Una vez ante la puerta, tímidamente, preguntó a un guardia:
-Mi señor soldado, ¿usted podría indicarme los pasos que he de seguir para conversar con su excelencia el Duque Geofrey?
Geoffrey - October 31, 2007 12:39 AM (GMT)
Icaro miró al hombre de arriba a abajo, con cuidado. Había algo extraño en este mortal, porque un simple villano no hubiese solicitado una cosa tan poco razonable.
-Me temo que el Duque no recibe a simples ciudadanos. Marchaos y volver a vuestras tareas.-
Probablemente estuviese loco, porque desde luego no olía a borracho.
Isolda Lamartine - October 31, 2007 12:46 AM (GMT)
El anciano sintió temor, pero había otro más poderoso impulsándolo, así que continuó, con riesgo a perder su cabeza.
-Os aseguro, Gran Señor, que aunque soy un simple ciudadano, mi visita interesará al Duque como ninguna otra, o más. Si no es así, entonces disponed de mí, aunque sea para alimentar los canes de Palacio, pues nada más tengo que mi propio cuerpo con qué pagar la ofensa.
Y con sumisión agachó la cabeza, esperando el momento del golpe certero de la espada.
Geoffrey - October 31, 2007 01:09 AM (GMT)
Así que otro demente pordiosero que no tenía nada que perder. ¿Por qué los poderosos siempre atraían escoria como esta a su alrededor? Grandes hombres, atados por cadenas de débiles y pusilánimes.
-¿Y qué es eso tan especial que tenéis? El Duque no tiene tiempo para vagos ni perezosos...-
Isolda Lamartine - October 31, 2007 01:45 AM (GMT)
El pobre artesano comenzó a sudar copiosas gotas, y se notaba en su tono de voz, vibrante, que estaba verdaderamente asustado.
-Yo... no... Yo no entiendo... pero tiene que ver con los lobos.
Ahora todo estaba perdido. Había ido hasta allí, y había logrado vencer el miedo de hablar y solicitar una audiencia con un Duque. Pero nada más podía hacer. Si había otra negativa se iría de ahí: finalmente apreciaba en algo su cabeza.
Geoffrey - October 31, 2007 11:58 PM (GMT)
¿Lobos? ¿Sería un ciudadano asustado porque los lobos se habían comido sus campos y animales de granja, o acaso se refería a esas moles de carne y hueso que cambiaban de forma?
-Explíquese.-
Isolda Lamartine - November 1, 2007 01:50 PM (GMT)
El anciano miró a su alrededor, y después de comprobar que nadie más hubiera que pudiera escuchar aquella blasfemia, que en otro momento le hubiera costado morir en la hoguera, respondió a Ícaro, pero no sin temor:
-Os hablo, mi señor, de unos seres que son en un momento hombres, y al siguiente bestias, y que provienen de lo más hondo de los infiernos.
Geoffrey - November 2, 2007 01:56 PM (GMT)
Icaro miró a los ojos al hombre, notando el temor en ellos. ¿Sería un Inquisidor intentando pasar camuflado? ¿O realmente un granjero que había visto demasiado?
-Seguidme, el Duque os recibirá. Ni se os ocurra llevar a cabo ninguna acción violenta de ninguna clase en este recinto- (Dominación 2).
Tras ello, y de comprobar que la orden se asentaba en la mente del humano, se dio la vuelta y lo guió por los pasillos cercanos hasta una pequeña sala.
-Esperad aquí, el Duque os atenderá en breve.-
Tras ello abandonó la sala, al tiempo que dos guardias entraban para asegurarse de que el granjero no se llevase ninguno de los objetos dispuestos en la alacena.
Isolda Lamartine - November 3, 2007 04:54 PM (GMT)
El campesino, infinitamente asustado, esperó pacientemente donde le indicaran, mirando con curiosidad los lujos de los que estaría privado por el resto de sumiserable existencia.
¿Por qué él? No tenía nada de especial, era un simple hombre, humilde campesino. Nada podía legarle a nadie. ¿Qué era, entonces, lo que desde ahora sería para él la vida?
Geoffrey - November 6, 2007 05:15 PM (GMT)
A los pocos minutos entró en la sala un poderoso guerrero, un hombre fuerte y rudo que analizó al mortal de arriba a abajo. Tras él un hombre refinado, rubio, claramente germano. Y finalmente el Duque, a quien todo el mundo reconocía de su fiesta en honor al Rey de no hacía tanto. Vestía bien, elegante, y su gallarda posición resultaba casi intimidatoria.
-Hablad, y más os vale que mi tiempo no haya sido desperdiciado entrevistándome con vos...-
Isolda Lamartine - November 6, 2007 07:50 PM (GMT)
Y el campesino sonrió; o mejor, sonrió Isolda. Por fin llegaba el Duque, y ahora lo que quedaba era que aceptara sus consejos, y que permitiera a la balanza llegar a su equilibrio. Así pues, habló de la siguiente manera, y auqnue su acento no era refinado, no era precisamente el de un campesino.
-Buenas noches mi Señor-, dijo el campesino casi cayendo al suelo en su reverencia.
-Haré todo lo posible porque no sintáis que vuestro tiempo se ha perdido.
Y poniendo en práctica lo prometido, empezó de la siguiente manera.
-No es este campesino quien habla con vos, sino Eugene Santiane, lo que ustedes llamarían un "mago". Y he venido a usted recurriendo al engaño, porque sin duda sus hombres me hubieran exterminado al verme.
Seguramente lo harían en ese momento también, si no hubiera continuado inmediatamente el campesino.
-Sé a qué le temen los Hombre Lobo; conozco su más grande temor y debilidad.
Geoffrey - November 7, 2007 11:41 PM (GMT)
Geoffrey tensó la mandíbula, pero no le dio tiempo a dar siquiera una orden antes de que el recio guerrero del principio hubiese desenvainado la espada y puesto al cuello del mortal (Celeridad 2).
-Dame sólo una escusa, brujo...- dijo, con tono grave y amenazante.
Geoffrey iba a hacer un gesto para detenerlo pero luego lo pensó mejor. Si eran capaces de dominar mortales como usando Dominación, ciertamente podían ser más que peligrosos, más valía prevenir.
-Bajad la mirada al suelo, y contadme todo lo que sepáis de ellos.- (Dominación 2)
Listo, así ya no podría usar su Dominación. O eso esperaba. Al menos no podría Dominarlos a los tres y prevenir ser destruido con rapidez.
O eso esperaba.
Isolda Lamartine - November 8, 2007 01:53 AM (GMT)
¡Qué magnífico movimiento! Sintió, en el momento en el que pasaba, una onda mágica, pero no pudo saber siquiera de qué se trataba hasta que ya tenía el filo al cuello. Impresionante, ciertamente, pues lo que sentía era un efecto de Al-Hajj, el Dominio del Espacio.
Aquella situación era sumamente divertida, pues dejaba de manifiesto que los Massasa, a pesar de poseer habilidades impresionantes como la que acababa de presenciar, eran entre los seres Despertados los que menos sabían del mundo. Pero no era de extrañar, sin embargo; y era de agradecer, a pesar de todo.
La siguiente oleada mágica sí pudo sentirla mientras acontecía**, y pudo bloquear* la mayor parte de sus efectos dañinos. Ya conocía esto, y de Yakob de Tremere sabía que lo llamaban Dominación. Poderoso sin duda, y cabía esperar muchos, muchísimos más conjuros sorprendentes.
El campesino bajó la mirada, y empezó a hablar en el mismo tono tranquilo que había empleado desde la aparición de Geofrey.
-Sé pocas cosas: son a la vez hombres y espíritus; los seres de los bosques y animales de las ciudades les obedecen en cualquier cosa que pidan. Sé que son seres sanguinarios, sedientos de guerra y cualquiera si se distrae puede llegar a ser su enemigo.
Un leve tono de disgusto sonó en sus últimas palabras.
-Sé que trabajan en las ciudades como cualquier campesino, y que pueden ser refinados como los miembros de la corte; sé que son longevos y que no hay enfermedad que los amedre, y que aunque las armas los hieran de muerte, no mueren: sanan a los pocos minutos. Sé que convocan poderosos demonios de los bosques que los protegen y los ayudan, y eso los hace casi invencibles.
-Y sé que sólo hay una cosa que puede matarlos, a la que le temen y los enferma, y les impide usar la totalidad de su fuerza. Eso de lo que os hablo, señor entre los vampiros, es lo mismo que tiene la empuñadura de la espada de quien ahora me amenaza con su filo.
**[Percepción+Conciencia]
*[Corona 2]
Geoffrey - November 10, 2007 12:31 AM (GMT)
La mitad ya lo sabía, la otra mitad bien podían ser simples locuras de un hombre que se creyese un brujo, o de un brujo loco. Pero lo que no podía tolerar es que supiese quién era él. El Silencio de la Sangre existía por algo.
Y la guerra con los brujos también.
-Brujo, dudo que la madera que tiene la guarda de la espada de mi hombre haga ningún daño a una de esas bestias. Si eso es todo lo que sabéis, creo que sois de poca utilidad... vivo...-
Si él creía que era un monstruo no-muerto se aprovecharía de ello.
Isolda Lamartine - November 10, 2007 05:56 PM (GMT)
Pero el Príncipe se equivocaba en algo: Isolda podía ser tan perversa como cualquier vampiro, incluso como aquel que tenía al frente; poco le importaba la salud de aquel campesino, pues nada sabía y en nada la afectaba. Por otro lado, le interesaba que el Príncipe le creyera; así pues en el mismo tono tranquilo continuó sin inmutarse.
-No es la madera lo que les dañará, sino las incrustaciones de plata.
Simple y sencillo.
-No necesitáis siquiera forjar una espada con ese metal; bastará con incrustar en su filo algunas joyas, o bañar la hoja en el plateado líquido. Eso os asegurará la victoria.
¿Y ahora qué seguía?
Geoffrey - November 12, 2007 11:57 PM (GMT)
Geoffrey miró al mortal con una ceja levantada. Podría haberle dicho que el viento dañaba a los lobos, que seria igual de probable. ¿La plata? ¡Menuda tontería! ¿Cómo iba un material blando y débil como la plata siquiera a mellar el blindaje peludo de una de esas bestias de batalla?
El fiero guerrero de la espada ciertamente fue más obvio, soltando una breve risotada como respuesta al comentario, aún cuando su mirada no perdía el toque del acero de su espada.
-¿Y por qué se supone que debería creerme que una sustancia débil y decorativa como la plata afectaría a esas criaturas?-
Su tono de voz era irónico, pero el Príncipe no por ello parecía menos fiero.
Isolda Lamartine - November 14, 2007 02:28 AM (GMT)
El campesino sonrió.
-No lo creéis, y con justa razón. ¿Pero creerías acaso si os dijera que el filo que sostiene vuestro hombre no está hecho más que de la misma brisa tibia que os golpea la cara noche tras noche en vuestra interminable existencia?
Y para hacer que sus palabras fueran un Sortilegio, en la Mente de Isolda comenzaron a fraguarse aquellas Ilusiones embebidas: la destrucción de las Formas, ¡Oh Vanidosos colofones de la historia!; el devenir de la Pureza. Y el filo que sostenía aquel siervo del Duque no fue más que una brisa unos instantes después.
Aquello representaría, tal vez, la muerte del Campesino: pero así mismo una manifestación irrefutable de lo fácil que era creer en aquel mundo en el que estaban condenados a existir.
Geoffrey - November 16, 2007 12:36 AM (GMT)
Sin embargo, y aún cuando el guerrero saltó asustado y los ojos del germano del otro lado se abrían enormemente, Geoffrey sólo sonrió.
-Vuestras brujerías carecen de importancia en esta sala. Que vos podáis transformar dicho acero en nada no implica en absoluto que algo tan descabellado como que la plata afecte a las bestias sea cierto.-
Si la bruja creía que con esos truquillos baratos iba a asustar al Principe de los no muertos, se equivocaba mucho. El también había visto brujerías en el pasado, y sabía que la fuerza no se encontraba en el acero sino en la mente. No, necesitaría mucho más que eso para siquiera impresionarle con importancia.
Al fin y al cabo, ese truquillo se podría hacer con las Disciplinas adecuadas, y Montalbán seguía siendo igual de letal sin la espada.
Isolda Lamartine - November 17, 2007 07:19 PM (GMT)
El campesino se encogió de hombros, sonriendo.
-Si os parece descabellado, así sea. Rechazad el consejo que os doy, negaos a comprobar la ridiculez de lo que os digo, y los vuestros morirán despedazados bajo las garras de esas bestias.
Sonrió una vez más, y bajó la cabeza. Aquellos seres entre más imperecederos más necios: como niños de quinientos años.Nada más había qué decir. Si no despedazaban aquel cuerpo en ese instante, ella misma partiría de allí. Lo había intentado. Había intentado nivelar la balanza.
Geoffrey - November 18, 2007 12:47 AM (GMT)
Geoffrey entrecerró los ojos brevemente.
-¿Y qué es lo que los brujos tenéis que ganar con esto? ¿Qué beneficio obtenéis de esta guerra?-
"Aparte de tenernos debilitados a ambos bandos", pensó, aunque no lo dijo en alto.
Isolda Lamartine - November 19, 2007 05:21 PM (GMT)
¿Lo habría conseguido? Aquella era la pregunta que Isolda desde un inicio había intentado responder, haciéndose un conscienzudo análisis: no bastaba pretender equilibrar una balanza; siempre, en las mentes había intenciones diferentes. Y había buscado con cuidado en las que más sencillas parecían aproximarse. Esas eran justamente las que más temía, las que conducían al camino del Odio, a la Venganza.
¿Se trataba entonces de eso, de una venganza? Había amado en su existencia a tres seres, con tal devoción que on gusto habría vendido su alma por salvar la de ellos: con los dos primeros nada había podido hacer, y finalmente con el último la había vendido, satisfecha y sin remordimientos. ¿A qué costo? Lo que con ella tenía que ver no importaba. Su alma, como muchas otras, eran compradas día a día por Huestes con fines macabros. El costo era quienes le rodeaban, y eso constituía para ella un dolor tan profundo que le fue inevitable resistirse a los cambios externos que ese dolor representaba.
Su Maestro, Trang Oul de Capadocio, y Mystere Imum. Guillerm Du Trem había terminado el ciclo del segundo. ¿Era justo? Estaban en guerra. A ambos los apreciaba, más a uno que al otro, y por razones diferentes. Era cierto que le había dolido, y que por un instante, más largo del que le gustaría aceptar, pensó en ver morir a quien había terminado la existencia del Capadocio. Y sin embargo no lo había hecho. Así tenían que ser las cosas, y su Amigo encontraría, sin duda, un lugar más confortable entre los muertos. No.
Era la balanza. Sí, era la Balanza. Sin Goratrix de Tremere los Massasa perderían esa guerra; y ellos, los Despertados, que serían los Desequilibradores, tenían que volver las cosas a su curso.
-Verá, Monsiuer. Para mí el transcurrir normal de los acontecimientos es el único motivo. Sin ese conocimiento ustedes perderían inevitablemente la guerra.
Geoffrey - November 21, 2007 12:41 AM (GMT)
El campesino, o mejor dicho el mago del otro lado, había tardado demasiado en responder. Quizás no fuese un experto en ellos, pero sabía que los magos en el fondo eran personas, eso ni su pacto con el Infierno lo cambiaba. Y si tardaba era porque estaba decidiendo qué era lo que quería decir. Y era inteligente, lo cual implicaba que no había dicho ni la mitad de lo que sabía. ¿Habría algo de cierto, siquiera?
Pero era preocupante que supiese de la guerra. Y que siquiera fuese capaz de hacer predicciones de su desenlace, por infundadas que fuesen.
-¿Y qué te hace creer que tendrá ese desenlace?-
Y esa excusa, "el transcurrir normal de los eventos"... Ya se vería.
Isolda Lamartine - November 21, 2007 04:59 AM (GMT)
El campesino, con los ojos bajos, respondió sonriendo.
-Los he visto cuando están molestos.
Claro que eso era una síntesis gigante de lo que se encontraba detrás de la "verdadera" respuesta.
Los Massasa peleaban diferente. Ellos podían vivir eternamente, y en cien años de existencia son muchas las redes que pueden tejerse. No conocía, ni le interesaba conocer la profundidad de estas redes y su importancia, pero saber su existencia era cuestión de lógica.
Pero la dependencia de los cadáveres de "simples" mortales para sobrevivir en el día y el no poder hacerles frente en combate directo, si es que alguno se presentaba ante ellos por un lado, y por el otro la capacidad increíble de los lobos de volverse fanáticos, los hacía muy fuertes.
Ella no tenía tanto tiempo sobre la tierra como ningún Massasa, y ya se encontraba desapasionada y aburrida. ¿Qué podría esperarse de alguien con cientos de años sobre sus hombros? ¿Lucharía, engañaría, tejería poderosos engaños con la misma pasión con la que los lobos se sacrificaban en cuantiosas cantidades por dioses salvajes?
Geoffrey - November 23, 2007 12:34 AM (GMT)
Geoffrey sonrió con malicia. Así que los conocía. Y si los había visto enfadados, sólo podía ser una de dos: o los conocía muy bien, o ya se habían enfrentado antes y había sobrevivido. O era un farol. Lo segundo encajaba bien con ayudarles en la guerra. Demasiado bien. Los brujos eran artreros, era parte de su naturaleza infernal. Mucho más se escondía detrás de unos ojos capaces de resistir su Dominación a tanta distancia.
Era un juego interesante.
-Todos los hemos visto enfadados. Tampoco son tan impresionantes.-
Y era cierto. Su gran poderío físico y su capacidad de caminar siendo invisibles no eran tan tembibles al lado de la sutileza. Era mucho más temible el brujo.
Eso lo hacía interesante.
Isolda Lamartine - November 23, 2007 01:24 PM (GMT)
El campesino enarcó una ceja, sonriendo, pero aún con la cabeza agachada.
-Si eso es lo que creéis, entonces no hacéis más que reafirmar mi opinión.
No había nada más qué decir. El campesino se puso de pie, lentamente, para no sacrificar inúltimente esa vida. Aún tenía que despedirse.
-Haced la prueba, y si resulta falso en nada habréis perdido. Si resulta verdadero tendréis un arma tan fuerte contra ellos como el sol para los vuestros.
Geoffrey - November 23, 2007 03:59 PM (GMT)
Así que ya pretendía marcharse. Bueno, habría que encargarse de ese mortal. No era probable que apresasen al brujo del otro lado, pero no por ello era menos relevante el mortal.
-Puede que lo haga, si. Mientras tanto, creo que es hora de que bajéis a las mazmorras...-
Lo dijo con tranquilidad, casi con elegancia, mientras un brillo peligroso resonaba en sus ojos. Al instante, el guerrero más fuerte de los dos se colocó justo detrás del mortal en un relámpago, a una velocidad desmedida, y su hoja rodeó el cuello del granjero (Celeridad 2). El otro caballero también desenfundó su espada, aunque permaneció al lado del Príncipe en actitud protectora, y moviéndose a una velocidad de lo más normal.
Isolda Lamartine - November 24, 2007 04:58 PM (GMT)
El campesino sonrió.
-Ha sido interesante.
Cerró los ojos, y un segundo después, al abrirlos, todos pudieron ver que aquella chispa que antes tenía había desaparecido, y que tan sólo quedaba allí, en aquella sala, un campesino simple y sencillo, asustado de muerte, sabiendo que todo había finalmente terminado.
Isolda abría los ojos muy lejos de allí, satisfecha. Ahora las cosas sí que se ponían interesantes.
Geoffrey - November 25, 2007 05:27 PM (GMT)
Geoffrey sonrió al campesino, una sonrisa oscura, cruel.
No, no todo había acabado. Para el campesino acababa de comenzar.
Y tendría pesadillas sobre ello toda su vida... si sobrevivía, lo cual no era probable.