Title: Llego a la casa de la Blasfemia! Sí
Description: 2//6/1226
Sabudal Al Mohamed - October 11, 2007 02:18 PM (GMT)
"Le Ictus, claro, cómo no."
He llegado con mi Maestría del Anonimato; no conviene que vean a un árabe en el corazón cristiano.
Eso voy pensando mientras recuerdo las instrucciones de mi Maestro. "Gira la derecha cuando veas una piedra con forma de zapato al lado del camino... ¿o era al la izquierda?"
Pero a veces tiendo a olvidar que esas cosas no son importantes; claro, así pues que sigo por donde venía y allí está: "Verás, me dijo él, una casa simple; si no te esfuerzas lo suficiente pasarás de largo, pues ni magia se siente arededor".
Tal cual. Veamos qué tienen estos bobalicones qué decirme. A lo mejor hasta puedan ayudarme y tal.
Toco la puerta, y espero, mirando justo a la mirilla, que ha de abrirse de un momento a otro: no lo creerán cuando vean a un árabe plantado allí con cara de muchos, muchísimos amigos!
Isolda Lamartine - October 12, 2007 05:31 PM (GMT)
Como el árabe previó, el visillo de la puerta se abrió, dejando entrever dos ojos claros, viejos e inquisidores, que después de demorarse en el rostro y en la vestimenta de Sabudal, desaparecieron de nuevo tras el visillo.
La puerta se abrió chirriando, y el anciano que estaba tras ella, vestido con humilde traje campesino, hizo indicación fría al árabe de que entrara a la construcción.
Dentro había un jardín hermoso, de dimensiones increíbles para lo que podía adivinarse desde afuera. Resaltaban sobre el tapiz de hierba, rodeado por todas partes por pajarillos gorjeantes, un sauce llorón de dimensiones descomunales y que sin embargo se movía* a pesar de la ausencia de viento.
Bajo él había una roca, y allí, sin mediar palabra, señaló el anciano; luego desapareció en el edificio principal.
Pocos minutos después Isolda hizo su aparición en el jardín.
Vestía un sencillo traje marrón atado a su cintura por una correa de tela del mismo material; su pelo suelto y negro caía pesado a su espalda, y en su blanco rostro, sus ojos negros denotaban a la par interés e indiferencia, imposible combinación que sin embargo en ella se daba.
Se acercó al recién llegado, y le hizo una inclinación de cabeza a modo de saludo. Antes de ella decir cualquier cosa, tenía que enterarse de lo que él tuviera a bien decir.
*
Galileo dixit
Sabudal Al Mohamed - October 14, 2007 04:59 PM (GMT)
"Y yo que pensaba que todas las brujas eran feas, con tumores en la nariz, escobas y una pila de leña por si había qué quemar un niño a la vuelta de la esquina."
De un salto me paro, porque aunque no es morena como a mí me gustan, esta bruja destila poder en esos trajes feos y arrugados que tiene, que tanto se parecen a los míos; y si me convierte en sapo ya, sin previo aviso, ¿os imagináis cómo sufrirían todas las mujeres que dejé en mi tierra, teniendo que besar mi piel mohosa y olorosa?
[]-Os saludo, Gran Señora de los Elementos, Oh Princesa de la Luna de Fuego, como mi maestro os llamó; he venido a vuestra tierras no sin razón, y nunca pensé que me sería tan agradable conocer a quien aquí manda, ¡por que estoy encantado con vuestra belleza ultraterrena y con vuestros ojos profundos y mágicos!
Así es como soy: un inepto. Después de decir esa verborrea entendí que estaba en peligro, y me arrodillé ante ella, pidiendo perdón.
-Disculpadme, os lo pido, pero me habéis deslumbrado y no sin razón. Mi nombre es Sabudal Al Mohamed , y soy miembro de los Ahl-iBatín. Y aunque son joven, me ofrezco a vuestros servicios para pagar la afrenta que os he hecho.
Isolda Lamartine - October 16, 2007 12:55 AM (GMT)
Isolda lo miró unos segundos, y luego habló, seria e indiferente.
-Levantaros abudal Al Mohamed, bani Alh-I-Batín.
Espero a que este le hubiera hecho caso, y luego ella misma se sentó junto al árabe.
-Supongo que venís de tierras muy lejanas, y como es costumbre entre los vuestros, sabios siempre y hasta ahora en guerra, nunca desperdician un hechicero sin una buena razón. Contadme pues, si os es preciso, qué os trae a París, y no calculéis vuestra respuesta pues nunca cierro las puertas a un Magi. Si no lo consideráis propicio, entonces segudme adentro.
Sabudal Al Mohamed - October 18, 2007 01:48 PM (GMT)
El árabe estaba verdaderamente sorprendido. Muchas veces había tenido que soportar la ira de los Maestros de los batini por sus impertinencias, y de las historias que conocía estaba claro que los herméticos eran los más amargados de entre todos los Despertados. Pero esta no sólo le hablaba con una mortal indiferencia, sino que lo trataba con ecuanimidad sorprendente.
No le contaría su misión, pero no quería enemistarse con ella, hermosa y poderosa.
-Os ruego, Oh Señora de París!, que me perdonéis por no poder complaceros. Sí, tenéis razón y eso demuestra que nos conocéis bien, pero mi misión es nimia y no quiero molestaros, ¡Oh, nunca me lo perdonaría! Pero estoy muy agradecido por que e recibáis bien, pues pensé que los árabes no estábamos bien recibidos en parís.
Se puso de pie de un salto, sonriendo, y por primera vez quitó la capucha de su cabeza; era un árabe verdaderamente feo, con varias cicatrices que recorrían su cara y ojos saltones y vivachos; la nariz alargada como era propio entre los de su raza y una mueca de astucia siempre enredada entre sus labios.
-!Vamos pues adentro y mostrad,e vuestras bellezas que yo os relataré de las nuestras, Señora de Le Ictus!
Isolda Lamartine - October 20, 2007 05:15 PM (GMT)
Camina con el Musulmán hasta la entrada del edificio, y gira a la izquierda antes de entrar en él. Algo en su pecho está moviéndose, feliz; siente renacer algo que creía perdido, y por un momento el árabe puede ver sus negros cabellos tornarse rubios. Sin embargo esto se detiene, pues nunca más, e Isolda lo sabe, podrá ser la que era antes.
Llegan a una pequeña pared, e Isolda canta un salmo, delicado y tenebroso al tiempo, y una pequeña puerta se abre ante los ojos de los dos magos y sólo ante los de ellos. Con un movimiento de la mano, la Hechicera invita al árabe a entrar primero, y le sigue.
Descienden unas escalinatas de piedra y se encuentran en un subterráneo, en la verdadera Le Ictus. Allí la magia vuela en cada esquina, y la presencia invisible de lo arcano es tan poderosa que ambos se sienten reconfortados. Multitud de elementales diminutos de piedra corren, informes, por las paredes, en algarabía ininteligible, y lámparas de luz como la del sol, colgadas de las paredes, iluminan semptiternamente la oscuridad del subterráneo. Poderosa magia de la mente hace que tan sólo aquellos habitantes de la capilla puedan cruzar los laberintos sin perderse para siempre.
-Bienvenido, de nuevo, a Le Ictus.
Caminan largos minutos, mientras Isolda explica al recién llegado sobre los lugares comunes, los lugares que es mejor no visitar pues aún contienen secretos a los habitantes de la capillla, y le guía a la que será su habitación.
-Aquí podráis permanecer el tiempo que deseéis; se os proveerá alimento, y podráis hacer uso de los lugares que consideréis.
Sabudal Al Mohamed - October 20, 2007 08:46 PM (GMT)
Camino con los ojos bien abiertos; algo hay en mi cabeza que duele un poco, pero mi corazón palpita rápidamente; la verdad es que nunca había sentido tanta magia en un lugar, ni había visto diminutos elementales correlones. Y sin palabras, cosa rara en mí, llego al lugar donde Isolda considera oportuno terminar el recorrido inicial, pero mi cabeza todavía está dando vueltas en los laberintos mágicos.
-La belleza de este lugar hace honor a vuestro renombre, ¡Oh mágica anfitriona!, y mi corazón se siente tranquilo y satisfecho por haber llegado hasta aquí y no a otro lugar, con menos magia y menos Unidad.
Entro a mi habitación, la recorro con calma, y arrojo en un camastro humilde mi capa de viaje, sucia y maltrecha, y los pocos instrumentos que me acompañan. Queda al descubierto una daba pegada a mi mano izquierda con un pedazo de cuero, de fácil extracción en caso de peligro.
Y queda al descubierto mi cuerpo: fuerte y negro, tamizado en las arenas del desierto durante años.
Y sonrío, y luego me carcajeo de felicidad.
-Bienvenida entonces a mi habitación. Pero vamos, ¡entrad!, no os quedéis afuera que puedo prepararos una bebida con hojas de mi tierra.
Y carcajeando de nuevo, se dispone el árabe a cumplir su amenaza, encendiendo un fuego en el lugar destinado a ello.
-Cuando sintáis el calor de la bebida en vuestro labios, os narraré mi historia, hasta donde es posible. Menos no puedo hacer como agradecimiento.
Isolda Lamartine - October 27, 2007 04:26 PM (GMT)
Isolda se permitió una sonrisa, y entró a la hbitación del árabe; ciertamente la vida de aquel hombre le traía recuerdos y le provocaba nostalgia, y seguramente su pertenencia a la Capilla crearía en ella un renacer Primaveral que todos apreciarían.
Tomó asiento donde el árabe le indicara, y en silencio, con una sonrisa cordial en los labios, observó el proceso de preparación de la bebida.
Sabudal Al Mohamed - October 29, 2007 01:34 PM (GMT)
Sirvo los brebajes y me siento en un banco de madera. Sonrío tranquilo ante el vapor del ensalmo, que es rejuvenecedor aunque no haya magia Despertada en él.
-Pues bien, mi historia empieza hace unos meses: algo nos fue robado; o mejor dicho, perdimos algo. Vos sabéis, estoy seguro, que cuando un pueblo está en guerra pocas cosas que se pierdan valen la pérdida de un guerrero, como vos mismaa habéis apuntado. Sí, pero lo que perdimos no fue poca cosa. Espero no os molestéis en que no os diga el qué, pero sea como sea, tuvimos que tomar una decisión: minar el frente, teniendo el peligro de que no alcanzase a regresar con lo que nos pertenecía, o bien permanecer con el frente completo y perder de todos modos.
-Vos, que además de hermosa sois inteligente, habréis de saber cuál fue la decisión más lógica, pues los batini también nos movemos por la lógica. Así pues un noche escapé de la aldea cercada, y me uní a una caravana de viajeros que tenía también cristianos y judíos. Pues como los batino no somos nuevos en eso de pasar desapercibidos, logré vijar con ellos sin que me notaran por casi dos semanas, y me comía su comida y eso.
Una sonora carcajada resuena en la habitación y un brillo de astucia aparece en la mirada del árabe, recordando los pormenores de su pequeña aventura.
-Pero las cosas se pusieron difíciles cuando llegamos al puerto. Porque habéis de saber que en un viaje en el mar, donde no podéis salir de unos cuantos metros, no hay posibilidad de no pasar desapercibido a menos que seáis un maestro, y no lo soy, os lo aseguro. Así pues tuve que recurrir a otros métodos.
Con un gesto significativo, miro la daga en mi mano, y acto seguido levanto mis manos en señal de defensa.
-¡Un momento, Dama de Le Ictus! No creáis que por esta daga muchos recibieron la muerte en esa embarcación. No; simplemente muchos recibieron la amenaza de no tener más cabezas, pues no es mi credo ir degollando a los inocentes, a menos que se opongan a mi Destino. Y llegamos a otro puerto para mí desconocido, en los Reinos Cristianos, luego de muchos meses.
-Eso fue lo más difícil: no saber la lengua; no saber las costumbres; estar siempre alejado de lo que me es más caro. Tener a cada paso que esconderme, incluso de los Despertados, o en Especial de los Despertados. Pero ya sabía yo que vos vivías en París, y vuestro nombre es conocido en los Desiertos como el de alguien sabio -aunque los ancianos omitieron el detalle de vuestra belleza-. Ea pues, que viajé hacia aquí pues aquí encontraré lo que busco, si es el deseo de Alhá, y sabía que aquí encontraría descanso.
-Aún antes de llegar nada interesante aconteció, excepto el encuentro con tres curiosos personajes en los lindes de este bosque: dos gigantes, uno de ellos un anciano musgosos Despertado, y una mujer; el otro gigante y esta hermosa dama, que lo era pero no más que vos, no era Durmientes pero nunca supe qué eran a ciencia cierta. Y heme aquí, a vuestros pes y en vuestra casa, con el remordimiento de no poder deciros a qué he venido.
Isolda Lamartine - October 31, 2007 12:43 AM (GMT)
Isolda sonrió más de una vez en el transcurso del relato del árabe, mientras sorbía poco a poco aquella deliciosa bebida. Se sentía sumamente reconfortada, y la inusitada energía del musulmán la llenaba a ella también de la misma.
En ese momento fue que el aura de indiferencia que la había estado rodeando desde hacía meses desapareció por vez primera, enternecida y contenta como estaba, y el árabe sintió cómo la Tranquilidad invadía su mente y su cuerpo.
-Me siento satisfecha con vuestra presencia en la Capilla, y sé que aquí, mientras dure vuestra misión, estarás a gusto y protegido. Debéis saber entonces que si en algún momento consideráis propicio pedirme consejo o ayuda, así no deseéis o podáis reverlarme lo que tras vuestras palabras se esconde, yo os ayudaré con gusto.
Bebió un poco más, mirando con sus ojos negros y profundos, ahora tranquilos y alegres, al árabe.
-Debo entonces advertiros varias cosas, y será vuestra elección lo que siga de ellas; más antes deberé contaros qué otros Despertados habitan París, y de ellos cuáles Le Ictus; antes hubo muchos más caminando por estos corredores, pero negros designios los alejaron de aquí.
- En los Bosques, en una acogedora cabaña, habita aquel Despertado de impresionantes dimensiones que ya conostéis. Su nombre es Eddard Danzasombría, y los Lobos lo llaman Roble Gris, y que pertenece a la Tradición de la Vieja Fe. Es sabio y poderoso, pero debéis tener cuidado con qué de lo que dice os quedáis.
-En el Hospital de San Julián, dedicado al cuidado de los enfermos, leprosos, sean estos ricos o pobres, habita un Mago perteneciente a las Voces Mesiánicas; es un hombre santo, misericordioso y justo, además de Poderoso en Extremo pues ha alcanzado un nivelde iluminación increíble. Su nombre es Aloisius Montenegro.
-Y en la Capilla habitamos dos herméticos tan solo. El otro de ellos, es el Adeptus Iniciatus Gerard Delacroix, bani Verditius, Herrero de Mundos. Es de tranquila conversación y de preocupaciones sanas y justas, y su entendimiento de los mecanismos de la Unidad son inalcanzables por ninguno otro que os haya mencionado.
Un largo trago siguió a su pausada y tranquila conversación. Nunca se aceleró y permitió al árabe que entendiera todo lo que le decía antes de mencionar otra cosa. Cuando creyó que lo más importante estaba ya dicho, pasó a lo otro.
-¿Sabéis algo sobre los vampyr
Sabudal Al Mohamed - November 2, 2007 06:59 PM (GMT)
Adopto un tono serio, propio de quien pone atención, y pienso en las características que dice de cada uno de ellos y sus nombres; disimulo lo mejor posible el respingo al escuchar a el tal Aloisius. ¿Cómo puede un cristiano ser justo? Pero no conviene delatarme, no en este momento. Y no delante de quien ella misma dice que es en Extremo Poderoso.
Y pues bueno. Los Lobos. Los Mecanismos del Universo. Creo que hay más cosas interesantes en esta ciudad de las que pensaba inicialmente, y definitivamente ese Gerard será mi primer interlocutado: los herméticos, decía mi maestros, entienden como nosotros pero se decantaron por otros caminos. Veremos qué tan acertado estaba el viejo.
Y finalmente.
-¿El qué?
Hago una cara de completa ignorancia. Los Lobos... son una cosa, y pues finalmente me topé con dos. Pero vampyr?
-Os ruego disculpéis mi ignorancia. Pero nunca había escuchado esos nombres que decís.
Isolda Lamartine - November 3, 2007 06:50 PM (GMT)
Isolda no pudo menos que contener una sonrisa; aquel árabe era encantador, ciertamente.
-No os acongojéis, pues estoy segura de que los conocéis, aunque sea con otro nombre: son estos seres inmortales, muertos, que sólo viven en las noches pues llevan sobre ellos una maldición, y se alimentan de la sangre de los Durmientes.
Miró al árabe con renovada curiosidad, y tomó untrago de su deliciosa bebida, pensando en qué papel habría de jugar aquel joven Despertado en lo que sobrevendría, pues nada es una Casualidad en la tierra de los Demiurgos.
Sabudal Al Mohamed - November 4, 2007 04:32 PM (GMT)
El árabe abrió los ojos de par en par, casi gritando de felicidad.
-¡Pues sí que los conozco! EN mis tierras los llamamos simplemente los hijos de Haqim. Son seres peligrosos, pero de muchas maneras aliados nuestros contra las invasiones del occidente. Aprendimos mucho a su lado.
Hizo una pausa, regodeándose de felicidad por saber de qué le hablaban.
Isolda Lamartine - November 7, 2007 04:08 PM (GMT)
-Pues bien, entonces te contaré una historia.
Y durante dos horas Isolda estuvo contándole al despertado asuntos esenciales sobre los Massasa, lo que sabía de su historia y de sus capacidades; y estuvo otras tantas hablándole sobre los Tremere, desde cuando estos hacían parte de la Orden de Hermes, hasta que se vendieron por una inmortalidad nocturna.
-Lo que cuando nos conocimos os dije es cierto: es vuestro deber decidir qué camino tomar; preparamos un ataque, y si es vuestro deseo, entonces podrás participar en la reunión que lo antecederá y en el ataque mismo.
Sabudal Al Mohamed - November 9, 2007 02:11 PM (GMT)
Aquello era serio. Eso no ten'ia nada que ver conmigo. No sab'ia quienes eran esos traidores, y si mor'ia entonces mi gente en el Este pasar'ia muy malos tiempos. Mi misi'on. Mi deber.
Pero de pronto lo entend'i, porque esas cosas no suelen estar separadas unas de las otras. As'i que as'i son las cosas, pues que as'i sean, que bien que me hacen. No voy a estar todos los d'ias de mi vida encerrado en el cuarto este pensando en que tengo que cumplir mi misi'on. Ya all'a en esa reuni'on ver'e qu'e puedo aportar.
Y si todo sale bien, a lo mejor esto y lo otro sean una misma cosa, finalmente.
-Sea! All'a estar'e pues,. y pondr'e lo que est'e de m'i en ayudaros. Aunque os digo que soy joven y mis habilidades m'agicas escasas, pero no es escasa mi astucia.
Isolda Lamartine - November 11, 2007 06:27 AM (GMT)
Isolda sonrió complacida, y ella entonces también lo entendió. ¿Cómo desde un inicio no había podido verlo? Se regañó mentalmente, prometiéndose no sojuzgar a quienes llegaran bajo su cobijo sin ningún tipo de previsión: había entendido que aquel animoso jovencito sería quién desestabilizaría la balanza.
-Estoy segura de que vuestro aporte será más importante de lo que pensáis.
Dijo así significativamente. Ahora, por ahora, lo mejor sería que descansara.
-A vuestra derecha hay un salón donde siempre reposan dos hombres: uno anciano y uno joven. Si necesitáis ubicaros en los laberintos, recurrid al anciano. Si necesitáis alimentos, ropajes, o conversación, dirijiros al joven. Ahora descansad, que después de mucho tiempo por fin tenéis lugar seguro dónde cerrar los ojos.
Isolda se puso de pie, sonriendo al cálido recién llegado.
Sabudal Al Mohamed - November 18, 2007 04:21 AM (GMT)
Vaya. ¡Se refiere sin duda a algo grande! ¿O serán capaces los herméticos de halagar por conseguir la confianza o el cariño? ¿Algo grande? Me encogo de hombros. Nunca me ha importado.
Me pongo de pie, casi de un salto, cuando ella lo hace, y caigo de nuevo sobre mi rodilla derecha.
-Oh, Hermosa Isolda, la Hermética; descansar ahora será imposible pues vuestra imagen y la de vuestro refugio volverán insistentemente a mis ideas, hasta que nada más pueda que ponerme en pie y volver a visitarlas. ¡Pero vuestras nobles intenciones no caerán en vacío bolsillo, pues me han hecho feo más nunca ingrato!
Y con eso el árabe se despidió de su señora.
Isolda Lamartine - November 19, 2007 05:23 PM (GMT)
Juventud. Invaluable tesoro aquel que inevitablemente se perdía. ¿Qué hacer? ¿Qué esperar de la pérdida del mundo? Las estaciones, como bien decían aquellos Despertados de la Vieja Fe, son inherentes a la existencia. Y como todos los procesos en ella, menester es aprovecharla al máximo mientras aún existe.
Isolda salió del Sanctum del árabe tranquila y satisfecha.