Ha aparecido en París un augurio de que Dios Todopoderoso no ha abandonado a sus fieles, un símbolo con la forma de una talla de la Virgen María en oscura madera y de increíble realismo.
Un pobre pescador la encontró en las orillas del Sena, flotando en un remanso de agua, y parece ser que se la vendió a un pequeño comerciante de la ciudad, el cual ha sabido apreciar el valor artístico y místico del objeto, pues nada más caer en su poder decidió llevarlo ante las autoridades eclesiásticas pertinentes.