View Full Version: Noches de leva

Edad Oscura Paris > Las Orillas del Sena > Noches de leva



Title: Noches de leva
Description: 25-5-1226


Ardra McLyr - October 4, 2007 04:54 PM (GMT)
El patio trasero de la taberna era un hervidero de actividad. A Ardra no le había costado demasiado convencer al posadero de que se lo prestara durante la noche, unas cuantas miradas duras y alguna que otra promesa habían bastado para contentar al truhan.

Bajo el oscuro cielo, a la tenue claridad de un par de antorchas, dos docenas de hombres, algunos de ellos criminales por derecho propio, se mostraban en todo su esplendor ante el extraño trío.

Ante ellos se erguían Ardra McLyr, junto a su pupilo y hermano de sangre Etheltar, así como el enjuto y peligroso Marcus, conocido como el rubio.

¿Esto es lo mejor que has podido conseguir? - El gangrel no parecía especialmente contento con el hallazgo de su ghoul. Por toda respuesta Marcus se encogió de hombros, indicando que era lo mejor que había.

Un sonoro suspiro de resignación marcó el comienzo de la charla.

Bien, habéis sido llamados todos aquí porque quiero presentarme. Me llamo Ardra McLyr, aunque algunos me conocen como Lobo sonriente - Una salva de carcajadas saludó lo que creían que era un comentario gracioso, mofándose de las palabras del gangrel. Éste esperó a que todos callaran antes de continuar. - Aquel que vuelva a reirse mientras yo esté hablando morderá el polvo esta noche.

La mayoría de los matones se amilanaron ante la mirada y el tono del celta, mas uno de ellos, grande como un toro y con cara de pocos amigos, soltó una seca y forzada carcajada, desafiando al vampiro con sus ojos.
La respuesta de Ardra no se hizo esperar, con un fluido y veloz movimiento de su mano extrajo un pesado cuchillo de combate y lo lanzó con toda la fuerza que fue capaz de reunir. La hoja de acero mordió la pierna derecha del gigantón por encima de la rodilla, y éste cayó al suelo entre un revuelo de pisadas. Muchos de los matasietes hicieron el gesto de desenvainar sus aceros, mas una mirada del rubio y la pose de Mclyr, el cual ni siquiera había pestañeado, les hicieron saber que no era buena idea.

Ardra McLyr - October 4, 2007 05:08 PM (GMT)
El mercenario observó la reacción que había provocado con su ataque, y tras asentir para sí mismo continuó su exposición.

Espero que entendáis que cuando hablo lo hago en serio. Vuestro compañero ha sido un estúpido al desafiarme y ha pagado las consecuencias, ahora tendrá que escuchar desde el suelo. - La mirada del vampiro dejaba claro que era una orden que si no era cumplida provocaría nuevas represalias. El hombretón miró hacia el gangrel con miedo y furia en sus ojos, y con un asomo de respeto, y optó por quedarse donde estaba.

Bien, Marcus el rubio os ha reunido porque deseo informaros de que, a partir de ahora, trabajáis para mi. - Una oleada de susurros disgustados recorrió a los presentes, mas nadie se movió. Sé a que os dedicais todos vosotros. Vivís del acero, trabajando como mercenarios, guardaespaldas, cobradores de morosos y cosas peores... pues bien, de ahora en adelante vais a seguir haciendo lo mismo, aunque con una única diferencia, lo haréis bajo mis órdenes o no trabajaréis en absoluto.

Los ojos del gangrel recorrieron a los presentes, calibrando el grado de descontento. Sabía que algunos de ellos dirigían pequeños grupos de matones a sueldo y que su exigencia era algo que no tolerarían sin protestar. No le preocupaba en absoluto.

¿Alguien tiene algo que decir?

Al principio nadie quería hablar, y fue el hombretón que había en el suelo quien, armándose de valor, planteó la primera pregunta.

¿Y por qué coño deberíamos seguirte?

Todos pensaban lo mismo, y pronto, los comentarios de apoyo empezaron a recorrer a los reunidos.

Ardra se acercó a quien había hablado, lentamente, sin demasiada prisa. Los hombres que había alrededor le abrieron un pasillo y el gangrel se detuvo ante el herido.

Porque si no lo hacéis y me entero de que seguís trabajando como matones os buscaré, uno por uno, sacaré vuestras entrañas y os las haré comer. Morirés lentamente, muy lentamente... sin embargo, si me seguís, seréis tratados con justicia, valorados según vuestras habilidades y respetados en los bajos fondos. Uníos a mi y seremos un grupo imparable.

Al gangrel no le gustaba proferir ese tipo de amenazas, pues no solía ser un hombre de palabras, sino más bien de acción. Aún así conocía a la gente de baja estofa como aquellos, y sabía que para ganárselos tendría que ser duro y cruel, al menos al principio.

Ardra McLyr - October 4, 2007 05:25 PM (GMT)
El muchachote buscó el apoyo de los miembros del hampa reunidos en el patio, y por último miró a Marcus el rubio. El ghoul le hizo un gesto afirmativo, y el caído asintió a regañadientes.

Ya veremos...

Ardra se dio por satisfecho con la respuesta y volvió a dirigirse a los presentes.

Bien, así están las cosas. A partir de ahora cualquier trabajo que os encarguen, por nimio que sea, deberá pasar a conocimiento de la organización. Cualquiera que quiera contrataros deberá hablar antes con Marcus el rubio, quien fijará una tarifa dependiendo de la tarea en cuestión, y será el mismo rubio quien se encargará de pagaros, una pieza de plata de cada cuatro. - La voz del gangrel era dura, seca.

Todo aquel que se dedique a este negocio tendrá que rendirnos cuentas, pues no toleraremos la competencia. Cualquiera que agreda a uno solo de vosotros, está agrediendo a la organización, que es lo mismo que decir que me agrede a mi, algo que no estoy dispuesto a permitir.

Haced tal y como os digo y no tendréis nada que temer y sí mucho que ganar. Desafiadme y acabaréis muertos.


No era una amenaza bana, sino una promesa en toda regla.

Ahora daréis vuestro nombre al posadero, todos vosotros, y cuidaos mucho de engañarme al respecto.

Un gesto brusco puso fin a la reunión, y el grupo de hombres comenzó a dispersarse, no demasiado convencidos aún, pero con un asomo de respeto y miedo por aquel guerrero celta de mirada dura.

Espero que esto funcione...

El gangrel indicó a Etheltar que se acercara y ambos se apresuraron a poner en pie al grandullón herido.

¿Cómo te llamas muchacho?

Simón fue más un gruñido de dolor que una contestación.

Bien. Marcus, debemos buscar a un galeno. Y no quiero a un barbero sacamuelas, sino un médico de verdad. No podemos dejar que uno de mis muchachos se desangre.




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