View Full Version: Caminata Nocturna (25/6/1225)

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Title: Caminata Nocturna (25/6/1225)
Description: De cómo se medita, de cómo se recuerda.


Isolda Lamartine - July 6, 2005 12:17 AM (GMT)
La noche era bulliciosa. Solía serlo allí, si su memoria no la engañaba, y no solía hacerlo. A su mano derecha se extendían, bajo el pequeño cerro desde el que miraba, multitud de casas en racimo y vahos de malos olores y de miseria se elevaban gritando y pidiendo clemencia al cielo.

Multitud de cuerpos terminaban de entrar a las pequeñas grutas humanas lo que acaban de sacar del mar, y vaho tras vaho, el olor a la pobreza y al pescado podrido hacía que Isolda tapara su nariz con la capa que llevaba puesta.

Era una mujer delagada y medianamente baja. Su cabello rubio ceniciento estaba cubierto por la capa de tela de mala calidad bastante opaca, que cubría también su espalda y rozaba casi hasta el suelo. Sus ojos, azules y tristes miraban el reflejo de la luna menguante sobre las aguas cailentas y pútridas del rio que tantas veces había visto de ese modo, en su desnudez.

No quería mirar hacia el cielo. Tenía miedo de encontrarse con desagradables sucesos, y que los ángeles fueran tan miserables como los hombres.

Juntó varias hojas secas y algunas piedras, y se sentó cruzada de piernas y cerró los ojos.

Isolda Lamartine - July 7, 2005 11:15 PM (GMT)
Pero la tentación pudo más, mucho más.

De sus vestidos largos y un poco sucios sacó varias bolsitas de la misma tela mal tenida. Sin embargo podían notarse- ojos suficientemente observadores- hilados exquisitos con hilo de plata e hilos rojos, negros, amarillos, azules, según cada bolsita, su contenido y su cometido.

Miró el horizonte. Sobre el ríuo había una vaga neblina, y a pesar de eso podían recibirse los rayos de Luna desde el cielo. El rostro gigante y bonachón de la Dama se mostraba adormilado, como entre un sueño largo y pesado.

Guardó todas las bolsitas, excepto aquellas con hilos de plata.

La abrió con delicadeza sobre su blanca palma, y sobre ella cayeron unas cuentas de cristal pequeñas y con aristas filosas. Sonrió, complacida.

Sacó de ellas tres y las puso sobre el suelo pútrido y negro. Miró hacia su derecha, y logró percibir cómo desde una de las casas salían llantos incosnolables.

Hacia la izquierda, un nubarrón neblinoso comenzaba a ganar terreno sobre la tierra firme.

Puso las tres cuentas formando un triángulo equilátero, y las unió con los hilos de plata, recorriendo con ellos los lados de la imaginaria figura.

El resto fue simplemente esperar: los componentes eran perfectos: La Luna estaba triste y menguando, la niebla permitía entrever los seres de otros mundos inimaginables, y lloraban los hombres sus penas sobre la tierra.

Suspiró, y observó cómo los rayos de la Luna rebotaban en los cristales tímidos. Luego de unos minutos los guardó en otra bolsita que escondió entre sus vestiduras.




Isolda Lamartine - July 7, 2005 11:31 PM (GMT)
Muchos años se había escondido, se había escondido de muchas cosas. Le atemorizaba la luz del sol, y la luz de la oscuridad, le atemorizaban los sonidos del aire al moverse bruscamente entre las ramas y las caricias que le hacía cuando caminaba sola nunca le gustaron.

Le temía a la mirada de los hombres y de las bestias, y sabía -antes, mucho antes- que su maldad no podía ser superada or fuerza alguna, ni por razones ni con caricias o ternura, ni oportunidades.

Así había trasncurrido mucha parte de su vida alejada del mundo. Esto, de todos modos, no es completamente cierto. Su acercamiento al mundo había sido muy diferente: había pasado horas, días, meses, años, en habitaciones pequeñas y oscuras aprendiedo los saberes arcanos de los libros viejos y empolvados, y escuchando las historias y las creencias de los que se cruzaban por su misma diminuta jaula del mundo, había aprendido a contrastar la veracidad de lo que leía, y había construido un sistema moral a partir de las reglas del juego.

Aquellos monstruos de la noche, que antes se le pintaban horrorosos e infernales, ahora se aparecían a sus ojos como criaturas necesitadas de compasión -auqnue ella estaba consciente de que no sería la que se las diera-.

Y había salido luego de mucho, mucho tiempo, a conocer de nuevo el mundo.

Pero el mundo no había cambiado, ni las almas de los hombres.

Jean Pierre de la Voud - July 7, 2005 11:40 PM (GMT)
Jean Pierre estaba dando una vuelta por aquellos parajes, no demasiado alegres aquella noche, pero cuando algo en su vida habia sido alegre, ya se habia acostumbrado a los gritos de los hombres y no parecia prestarles atencion.
Cuando llegaba a la cima de la colina observo a la silueta. divagando y haciendo sus quehaceres, decidio hacercarse hacia ella y preguntar.

-Hola señora, espero no ser entrometido, que tambien ha venido a observar los lamentos de las almas de los pobre hombres que viven en esas casas, esos pobres hombres que por la tirania de su señor, no tienen que dar de alimento a sus hijos y mueren alli delante de sus ojos inundados en lagrimas por la impotencia del momento.

Las enseñanzas de su padre, habian no habian sido usadas en ese momento, el no apreciaba el machismo que habia sido implantado en la sociedad, sabia de buena tinta que las mujeres podian valerse por si solas.

(Auspex 2, sabe que es una maga)

Isolda Lamartine - July 7, 2005 11:50 PM (GMT)
Isolda no pudo evitar sorprenderse, y de un brinco se puso de pie, cubriéndose con la capa el cabello rubio ceniciento que caía sobre su hermoso rostro, despienado. ¿Cómo podía haberse permitido aquel error?

Por distraerse con banalidades podrían haberla elimiando. Sabía que el mundo estaba lleno de múltiples trampas y de enemigos.

Sin embargo, auqnue su rostro estaba sorprendido -incluso algo asustado-, sus mejillas estaban rojas ya por el camino dejado por las lágrimas.

Se recompuso con rapidez y cubrió su rostro de modo disimulado, mirnaod hacia el objeto que el recién llegado señalaba.

Yo no he venido a observar los lamentos de estos hombres, Mi Señor, porque yo también me lamento.

Educadamente en ningún momento le miró a los ojos.

Jean Pierre de la Voud - July 7, 2005 11:55 PM (GMT)
-Mi señora no temas, no he venido a hacerla daño, ni a causarla problemas.-

Le dijo al verla levantarse y cubrirse con rapided.
El la miro a la cara pero al ver que no le miraba a los ojos y no parecer descortes se giro para observar la inmundicia humana que se ponia bajo su mirada.


-Mi señora se lamenta, y pork vos se lamenta, no quiero parecer entrometido.

Isolda Lamartine - July 8, 2005 12:05 AM (GMT)
Isolda observaba falsamente hacia las casuchas. Conocía aquellas callejuelas de memoria, conocía nombres, rostro, a pesar de que ellos no le conocieran. Sabía de los pesares de la pobreza y el hambre, y sabía cómo se comían los cuerpos las fatales enfermedades del río y cómo las almas los olvidos y la pereza espiritual.

Las observaba con falsedad, porque su interés estaba en Jean Pierre. ¿Acaso sentiría, también?

Asintió agradecida cuando el Demonio pronunció sus primeras palabras. Las otras la turbaron visiblemente, porque abrió un par de veces la boca, pero ningún sonido salió de ella.

-No lo es, Mi Señor, no es entrometido. Miró hacia el suelo, y cerró los ojos durante unos segundos. -Me duele mucho el mundo, Mi Señor.

Aquello podría sonarle ridículo a un vástago que tal vez podría tener miles de años. Pero ella era una humana, de todos modos.

-No quiero molestarle a usted con mis pesares sin sentido. Y luego, por primera vez, le miró unos segundos al rostro. ¿Qué le trae el rincón olvidado de los hombres en París, MI señor¿

Jean Pierre de la Voud - July 8, 2005 12:31 AM (GMT)
-Que me trae hasta aqui el olvido como muy bien as dicho, el olvido que los hombres poderoso le tienen a estos hombres, pero pobres hombres porque han nacido en miseria, si uvieran nacido acomo el rey rodeados de los lujos y posesions de este, todos serian avariciosos y codiciosos como el mismo, hace tiempo que vi que mi fe en la humanidad caia, ya ni siquiera los hombres santos se salvan, la corrupcion del oro y los tesoros ha llegado a todas las moradas humanas, y cuanto maas tiene uno mas quiere, si viera a un hombre que no se preocupara por si mismo si no por los demas, a ese ombre seria al que sentaria en la cabeza del trono, o de la iglesia, pero ese hombre seguramente seria corrompido aunque el no lo quisiera.Y sus pesares no me molestan, ademas esos pesares pueden ser mas llevaderos cuando son compartidos mi señora.-Guardo silencio y miro con la mirada perdida como la oscuridad se hacia con las calles de aquel desdichado poblaco.

-Dime que son esos pesares que tanto la atormentan y no la dejan dormir en una noche como esta-

Se giro hacia ella para decirla esta ultima frase, y ver si esta vez le miraba.

Isolda Lamartine - July 8, 2005 03:52 PM (GMT)
Era evidente que estaban hablando un idioma totalmente diferente, lo que no necesariamente era molesto. Al contrario. De todos modos había algo en aquel hombre que no le era totalmente agradable.

-Es ese nuestro asunto, Mi Señor de la Voud. Nadie recuerda a los que nada tienen que ofrecer escepto su sino desafortunado, sus manos y su muerte. Pero las soluciones se encuentran escondidas siempre en simples cosas, y los nobles lo son por encuentro de fortunas.

Suspiró. Sintió la mirada de Jean Pierra, pero prefirió evitarla.

-Yo nací aquí, y será aquí donde mi vida transcurra. Y con ella los dolores, el hambre y la tristeza de estas noches hermosas de Luna Cayendo y Niebla Imperturbable que nadie ve, porque no pueden.

Sus malestares eran muy profundos y muy variados, pero expresarlos de modo abstracto era una manera sencilla de abarcar todos cuantos podía sin incurrir en el terrible delito de la omisión -que es delito cuando uno habla de uno-.

Trang Oul - July 8, 2005 04:09 PM (GMT)

F.d.I: cuidadin con las fechas.

Esto va para jean pierre, tio, fijate que el dia 25/06/1225 estas en la misa tridentina desde la primera hora (o esto sucede a ultima, lo cual seria peligroso, o no podras ir a la fiesta de Salianna)

Jean Pierre de la Voud - July 8, 2005 10:56 PM (GMT)
-a sique eres de las tierras franesas, yo tambien naci no muy lejos de aqui pero claro ya fui olvidado, intrigantes y de doble forma tus palabras, no dicen nada y lo dicen todo, juegas a un doble sentido misterioso, y haces bien no confies nunca en nadie, y en mi menos, los de nuestra especie no somos de confianzas elevadas, pero algo nos une un enemigo que nos a sido asignado por naturaleza, esos malditos imitadores de cainitas y de magos, esos indefinibles hijos de.....-


Jean tenia una mirada de ira, al hablar de los trmere, ya que los avasallamientos en sus tierras habian sido terribles. Pero se repuso y kedo en silencio esperando algo sobre sus enemigos comunes.



F.D.I:
Razon tienes Oul, gracias por la correccion, en principio si no tiene ninguna cosa en contra y no la importa a Isolda Lamartine esto es nada mas anochecer, antes de la misa y la fiesta.

Isolda Lamartine - July 8, 2005 11:32 PM (GMT)
FDI: asumiré que en el anterior post me di cuenta o me dijiste que eras vampiro... y no, no tengo problema.... :P



Isolda observó a aquel hombre. Sabía que los suyos podían pasar siglos y siglos encerrados en sus recuerdos y en sus odios, y eso los hacía peligrosos. Pero sin duda alguna, y lo más importante de todo, es que tenía razón.

Él no tenía porqué saber que ella pertenecía a la Orden de Hermes, y menos aún a la Casa Bonisagus, si lo supiera entonces sí que habría dado con una aliada en contra de esos ladrones corruptos y diabólicos, que tantas vidas habían arrebatado entre los suyos.

Pero el que supiera ya que fuera Magus, bastaba.

Bajó el rostro.

-No crea que pretendo confundirlo o mentirle, pero expresarle lo que me entristece Mi Señor, es casi imposible con palabras humanas.

Se quedó en silencio largos minutos. ¿Por qué odiaría este hombre a los ladrones? Su conocimiento de la cultura cainita era deprimente, pero sin duda eso abría de cambiar.

Su tono de voz cambió, más relajado, aunque más serio. Hablar de ella siempre le había costado. -Usted debe estarme hablando de la infamia de Tremere, mi Señor. Al parecer conoce usted que los míos les odiamos... ¿pero porqué los suyos lo hacen?

Jean Pierre de la Voud - July 8, 2005 11:40 PM (GMT)
-Si enefecto señora hablo de los usurpadores, que pork los odian los mios, es una guerra entre los mios y esos perros, siempre an intentado eliminarnos y quitarnos el pais donde descansabamos, ellos nos matan pork temen que seamos los unicos que podamos detenerlos, y lo saben podemos detenerlos, ademas aqui en la ciudad se encuentra un cainita que tiene el poder de asolar paris con solo proponerselo, y que ya asolo la mitad de transilvania-


Jean Pierre jugaba con las indirectas, el no habia reconocido que era un cainita, un humano no habria saido nunca y no queria violar las tradiciones.
Jean pierre tenia un fuego en la mirada, demasiado odio hacia todo lo tremere.

Isolda Lamartine - July 9, 2005 12:09 AM (GMT)
Isolda miró de nuevo el suelo. Hablaba de los suyos con ira, y con pasión. Mientras estuvo en Trasnilvania había escuchado en los corredores de ese gran palacio que la albergara en Hungría* rumores y maldiciones. ¿Pertenecería este hombre a los que se llamaban así mismos Demonios?

Ni siquiera sabía si era o no uno de los muertos, pero debería arriesgarse a averiguarlo. Esperaba que el precio de ese conocimiento no fuera demasiado alto.

-Le ruego excuse mi Señor la osadía que tendré al hacerle una pregunta. ¿Es usted de la familia de los llamados Demonios, acaso?





*Lo que hoy es Hungría

Jean Pierre de la Voud - July 9, 2005 12:23 AM (GMT)
-mi señora eso es una cosa que no le puedo desvelar, prefiero no decirselo, si no la importa, hay cosas que es mejor no saber, claro pero siempre puedes adivinarlo o indagar.-


Esto es lo k le uviera gustado decir pero no podia no podia violar una tradicion, k le podia costar la vida.

Señora yo pertenezco a la familia de los modeladores de carne y hueso, esos que nos llaman monstruos o demonios, que nos temen y dicen que somos crueles, y sin envargo no lo somos mas que muchos otros, y claro no todos somos asi.


-necesito mas confianza con usted, para desvelarla ese tipo de cosas, no sabes nunca donde te puedes encontrar un nuevo enemigo en potencia, y no es bueno desvelar lo que uno tiene o posee.
Por eso no pretendo k me digas a que orden pertenece usted, ni nada por el estilo.

La volvio a mirar.


-Pero digame que conoce de la otra cara de la ciudad, me refiero a lo oculto.-








Isolda Lamartine - July 9, 2005 12:31 AM (GMT)
Isolda agradeció la discreción de su contertulio. Eso la libraba de muchas cosas, como revelar sus capacidades o su posición entre los Magus. Hubiera suspirado. De todos modos, aquello era demasiado obvio.

No podía estar completamente segura y prefirió dejar el tema muerto, y saberlo no haría mucha diferencia. Obviamente Isolda no conocía nada sobre las tradiciones de los vampiros.

-Le ruego, de nuevo, disculpe mi osadía, mi Señor.

Suspiró. -Es comprensible su discreción, y no pretenderé violarla de nuevo en el futuro. Respecto a la otra cara de la ciudad... no conozco nada.

Su última frase sonó con tono de reproche. -Seguramente usted sabrá más que yo, pero me estoy esforzando por revelar lo que no es obvio. Sabe usted que es necesario.

Guardó de nuevo silencio. -Si su odio hacia los ladrones es tan acérrimo, seguramente profundas razones albergaran su corazón. Si puedo ayudarle, auqnue sea con consejo, no dude en caminar por estas tierras que yo le encontraré.

Jean Pierre de la Voud - July 9, 2005 12:45 AM (GMT)
-mi señora queda completamente disculpada, y con respecto de no volverla a violar, no tengo problemas las amistades se hacen con conversaciones, y haveces no tiene porque agradar una pregunta a alguno de ellos.

hizo una pausa y continuo.



-Lo de saber cosas de Paris, no tengas prisa pronto sabras mas, ten paciencia ya que es una virtud, y los de los tremere le doy mil gracias, en Paris es dificil encontrar aliados contra esos urpadores, y tambien le digo, que para cualquier cosa que necesite, no dude en buscarme por las noches de paris, que yo intentare alludarla. Espero que esto sea el comienzo de una bonita amistad o alianza


Lo ultimo lo dijo con enfasis para ver como respondia la señorita ante aquello.
Saber que podia tener un nuevo aliado, o amigo tan poderoso como eran los magos, no iva a gustar a muchos pero a el que lo mismo le daba, nunca intentaba agradar a los antiguos, salvo a aquellos que se lo merecian.

Isolda Lamartine - July 9, 2005 12:51 AM (GMT)
Isolda asintió.

-Tendré en cuenta el consejo que me ha dado, y tendré paciencia. Sonrió complacida y levantó el rostro, con radiante alegría.

-Tal vez sea el comienzo de una amistad, mi Señor, o incluso de una alianza. Sabe usted bien que los míos no tolerarían algo como eso mucho tiempo, y no sé los suyos qué posición tomarían. Pero no dudo en que podremos lograr ayudarnos mutuamente.

Sabía que tenía razón. Se giró para ver la luna, desapareciendo ya en el horizonte. A las tres de la mañána saldría e nuevo, y tendría una nueva oportunidad para estar a solas con ella.

-¿Por qué ha dejado sus tierras de nacimiento, mi Señor?

La pregunta podría haber sido sorpresiva para Jean Pierre. Isolda se giró mientras preguntaba, y su rostro parecía completamernte nuevo, como si nunca hubiera llorado o ninguna preocupación hubiera pasado por él.

Jean Pierre de la Voud - July 9, 2005 01:01 AM (GMT)
-Sabed que a muchos de los mios no toleran el trato con los vuestros, pero no tienen porque enterarse, y si se enteran puede ser un problema para vos o para mi, y deeriamos mantenerlo en secreto, por el bien mutuo.


Jean Pierre se sorprendio al ver el rostro de la hermosa mujer que ahora era aun mas bello, sin las lagrimas por sus mejillas y la preocupacion que tenia antes.



-En realida decidi volver, porque ya nada me retenia alli, y queria volver a mi antigua region, donde habia nacido y ver si los viejos fantasmas habian muerto con el tiempo.
y usted señora a estado fuera de los muros de la ciudad o solamente hha morado dentro de la misma.



Jean Pierre esta mirando embelesado la cara de la hemosa dama, parecia un toreador delante de una obra magnifica, como si nada mas ubiera en el lugar.

Isolda Lamartine - July 9, 2005 02:00 AM (GMT)
-Lo mantendremos en secreto entonces. Si me indica dónde poder encontrarlo, allí enviaré a algún mensajero. Podrá enviar a alguno a buscarme a esta misma colina, si es menester. Isolda asintiò y volvió a retirar la mirada del rostro de Jean Pierre.

Enfundó las manos en sus ropajes. Un frío viento se levantó desde el río, trayendo con él cantidad de pestilentes olores, nauseabundos, y fantasmas traidos por las palabras del Demonio se levantaron con él.

-He conocido muchos lugares en el mundo, mi Señor. Crepúsculos en lugares profanos y desconocidos por muchos hombres de estas tierras; hace mucho no visitaba de nuevo estas tierras -en realidad hacía mucho no caminaba por ningún lugar. Sus viajes habían sido fugaces, y sólo con el tiempo necesario para admirar los bellos paisajes y escuchar a los lugareños. Tenía responsabilidades, y había regresado para cumplir con ellas donde había nacido-, pero he venido a quedarme.

Jean Pierre de la Voud - July 10, 2005 11:02 PM (GMT)
-Mi señora demomento no tengo un lugar fijo de refugio, prefiero estar en varios sitios, demomento me hospedo en la posada el cuerno rojo, por eso prefiero buscarte yo por aqui, o si eso manda algun mensajero k me busque en la posada.

Se kedo dibagando alguna otra forma de contactar pero no se le ocurria demomento ninguna otra.

-A sique as venido para quedarte, es un placer tener a señoras tan bellas por estos parajes. Yo creo que tambien me quedare porlomenos durante una temporada. Espero que conectemos bien y no alla problemas entre nosotros.

Isolda Lamartine - July 10, 2005 11:46 PM (GMT)
FDI: Aclaración, Isolda nunca ha mencionado Le Ictus... :P


Sonrió como una niña cuando Jean Pierre terminó de hablar.

-No deben ser sus palabras tan funestas, mi Señor, pues ningún problema entre nosotros nos augura el destino; más es probable que alguna vez nos encontremos mirando de modo diferente algún asunto, en defensa de nuestra propia naturaleza, y debamos tomar partido. Pero eso será tan impersonal, que espero que en ningún momento sintamos malestar el uno por el otro.

Había escuchado hablar sobre la posada. No era difícil encontrarla, auqnue un lugar tan público no era para nada adecuado para enviar un mensaje pidiendo una cita. Sin embargo no había mucha mas opción.

Jean Pierre de la Voud - July 12, 2005 11:33 AM (GMT)
-Ya se que la posada, no es el mejor lugar para mandar ni mensajeros ni mensajes secretos, estoy en busca de un refugio mas comodo, y aceptable.
Y yo no quiero que las inquietudes de los nuestros no entorpezcan una amistad.



La mistad que acababa de surgir de la nada, habia echo que Jean Pierre viera con buenos ojos a esos humanos que no confiaba, y al verla a ella....
Hacia muchos años que un Humano le habia dado una conversacion tan gratificante.Esta dama tenia algo especial, aparte de ser maga, calro, tenia un corazon puro, y quiza una ingenuidad que es necesaria, para vivir feliz.


-Encuanto tenga una nueva opcion de refugio mandare aqui un mensaje, o vendre en persona, a comunicarselo. Y dime no te habre interrumpido antes un ritual, o algo asi, no era mi intencio disculpame.-


F.D.I:No pude contestarte anoche, porque me peto el ruter, y lo del Ictus, fallo mio, borrado y olvidado, pork esto de escribir a las 2 de la mañana influye en mis sentidos. XDD

Isolda Lamartine - July 16, 2005 03:16 PM (GMT)
Isolda puso cara de extraneza por unos pocos segundos. ¿Había dicho ritual? Miró hacia el suelo y luego hacia su bolsita, y lo entendió. De todos modos esperaba que se refiriera a otra cosa.

-Desde luego que no mi señor-, dijo sorniendo tiernamente-; he adquirido ciertas costumbres en otras tierras, y en estas, las nuevas y desconocidas -auqnue siempre hubieran sido mi hogar-, aferrarme a algo se me hace imprescindible para no perder la esperanza, y para no perder la valentía.

Jean Pierre de la Voud - July 17, 2005 12:36 AM (GMT)
-Señora, la noeche es joven y merece ser esplotada por mi ser.
A sido un placer conocerla mejor. estoy encantado de haber encontrado una amiga en la ciudad, ya sabes si necesitas algo, tan solo dimelo.-



Jean Pierre hizo un semi postramiento, en señal de despedida.
y empezo a avanzar hacia abajo de la colina, con un paso lento y poco vacilante.
Segun bajaba miraba la luna, aun oculta entre las nuves.
Espero unos segundo para escuchar la respuesta si habia y siguio bajando.



La bajada se hallaba algo oscura, y de no haber sido por sus sentidos huviera pisado alguna piedra y huviera tropezado. Angustioso momento para el vastago. Pero no fue asi , bajo tranquilamente con cuidado. Y se perdio entre las callejuelas de akel desdichado lugar.

Isolda Lamartine - July 17, 2005 05:14 AM (GMT)
Isolda respondió a la reverencia de aquel hombre, más guardó silencio; su espalda comenzaba a desaparecer en las brumas de la noche, y una sonrisa de medio lado se perfiló en el hermoso rostro de la Magister Mundi.

Se giró en cuanto Jean Pierre hubo desaparecido. La Luna ya había desaparecido en el horizonte y era difícil ver a más de unas pulgadas del rostro.

Pero como bien había dicho aquel muerto, la noche aún no había terminado.

Isolda Lamartine - July 17, 2005 09:03 PM (GMT)
Esperó tranquilamente, observando aún el horizonte. Luego de comprobar que ningún otro entrometido se acercara, sacó de nuevo las piedras lunares, y las puso en la palma de su mano.

Parecían llorar con su brillo azulado -que como escribiría siglos después Novalis, era el color de la melancolía-, y sus repentinos brillos en las aristas comunicaban su poder a la Magister Mundi. Sonrió.

Sacó, con la otra mano, otro grupo de piedras mientras guardaba estas. Las segundas no eran cristales, sino piedras negras, sin reflejos, auqnue limpias. No emitían ninguna clase de brillo, y eran cinco.

La oscuridad se nubló por un momento, un poco más, y un gran silencio se sembró sobre la cima e la colina. Isolda cerró los ojos, y sus labios se movieron debilmente mientras su mente recorría las líneas del Ritual.

"Allí donde la oscuridad se pone a cada día y noche
donde Helios es negro como la Luna como el alma de Lor-Ukter
donde se esconden de la vista y el castigo las bestias olvidadas de Dios
Allí irá mi mano, empuñando la Espada de Mercurio en la Diestra
y su Lanza en la siniestra
La mirada de la noche perfora la noche
La venganza perfora la venganza."



Abrió los ojos. Las piedras seguían en la palma de su mano, tranquilas, adormiladas, pero ella sabía que ahora eran diferentes. Las guardó con cuidado de donde las había sacado, y miró de nuevo al horizonte, recorriendo los elementos que le serían necesarios.

Isolda Lamartine - July 17, 2005 09:28 PM (GMT)
Seguramente en Le Ictus encontraría los demás implementos necesarios. Tenía ya preparados los hechizos en la mente, y ambas ofrendas estaban ya listas en sus bolsillos. Miró hacia el suelo, y su mirada se enturbió de nuevo.

Muchas veces había preguntado qué sería la eternidad. Cómo se sentiría un ser humano viviendo para siempre. La presencia de ese Massasa la había distraido al principio, pero ahora le hacía regresar a su meditaciones pasadas.

No era la primera vez que veía a uno de ellos, y no era la primera vez que conversaba. Siempre le habían parecido seres que naturalmente deberían ser tristes y meditativos, auqnue en los montes Transilvanos había conocido horrores indescriptibles. ¿Era eso? ¿Para resistir los embates el tiempo sacrificar su corazón y su alma a tales barbaries?

Pero Ukter-ar no era así. ¿Entonces dónde estaba la diferencia? Seguramente un esfuerzo de voluntad. Aún así, no olvidaba la materia prima del trabajo de su amigo, algo que pocos humanos -o incluso Despertados- harían con tal descaro.

Levantó los ojos al cielo. Le gustaría ser eterna, poder evitar la muerte. Afrontaría las consecuencias.

Isolda Lamartine - July 17, 2005 10:00 PM (GMT)
No de la manera en la que los vástagos lo eran. No ver el sol, no poder acercarse al fuego de la chimenea para huir del frío, no poder enamorarse por tener que ver envejecer a los seres queridos, permanecer en una piedra mientras al mundo pasa.

No, envejecer con la tierra, ser eterna de manera absoluta y abstracta, perdida en la infinitud laberíntica que la definía desde que contaba con seis años de vida: Aleph.

Pero poder regalar ese don; traer las almas del lugar al que viajaban, mostrarles que el mundo no era nunca indiferente, atarlas a la vida, enamorar los cuerpos y los ojos de la tierra; alejarlas de las penas y las hambres.

Porque Isolda estaba convencida de la subjetividad plena de la muerte. Sabía que se moria si se quería. Suspiró de nuevo, repasando de nuevo el ritual. No podía fallar.

Se giró para ver el camino de regreso a Le Ictus, y evitandolo, se perdió entre las casuchas. Sería una larga noche.


FDI: SIgo en Le Ictus.




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