Había llegado el momento. Pocas noches atrás, casi en secreto, había llegado al túmulo un enviado del consejo de la Casa de Cielo Dorado, organización de los colmillos plateados a la cual pertenecía Guillerm. Había sido llamado al más alto consejo; el motivo no se sabía; el tiempo, desconocido.
Tristemente había comunicado la noticia al clan, y con el más profundo dolor de su alma debía abandonar a los suyos, en el peor de los momentos. Cualquier que no fuera un colmillo plateado pensaría que huía, pero los verdaderos colmillos, el linaje de los líderes, sabían que cumplía con su deber. Cuando uno era llamado por su mayores, uno debía acudir.
Guillerm pensaba en la guerra, en la desaparición de sus ancestros en la umbra, en la amenaza del wyrm que se cernía sobre París. Y no podía olvidarlo. Sentía que no debía marcharse... Sin embargo, había llegado el momento. Solo aquellos que le habían seguido durante años y aquellos que eran su propia sangre le acompañarían en este duro viaje, sin duda mucho más duro que su última partida de su hogar hace ya quince años.
Estaba preparado,Guillerm, Edric, Hugo Maroo, Rolf, Anubis y Domotor se dirigían al centro del túmulo, al lugar donde se encontraba ya abierto el puente lunar. Guillerm miró atrás, esperaba que un día pudiera regresar, mas no sabía la respuesta... Después cruzó, un nuevo destino le esperaba, un ciclo terminaba...