View Full Version: ...et tempus fluxum avertio in speculum mundis

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Title: ...et tempus fluxum avertio in speculum mundis
Description: de 08-1225 a 19-5-1226


Gerard Delacroix - September 13, 2007 06:49 PM (GMT)
La cordura de Gerard se tenso al máximo durante el més de agosto de 1225.

Duranto doce dias estuvo encerrado en le Ictus, dibujando, ultimando, escribiendo.

Cada dia presentaba a Isolda su trabajo y cada dia aplicaba las correcciones, cada dia añadia nuevos elementos, cada dia.

Dormia poco, pero las infusiones le ayudaban.

El 12 de agosto de 1225 empezó a trabajar en las piezas.

Los crisoles de su estudio, las herramientas, los metales, la madera, su sudor y sangre todo se entremezclaba con los versos, los pentagramas, las aplicaciones herméticas.

Casi inmediatamente empezaron a ensamblar las piezas en la Sala del Mundo. Las esferas concentricas y los engranajes fueron las partes más complejas, pero gracias a la Quintaesencia y la ayuda de Isolda Lamartine se pudo completar la estructura exterior en el plazo de diez dias más.

La pieza Magna de la sala era el orbe de orfebreria de oro plata y gemas, cuidadosamente construido y armonizadas sus dimensiones, inscripciones y formas geométricas.

En los postreros dias de Agosto, Gerard tensado fisica, mental y espiritualmente como la cuerda de un arco en máxima extensión, desarrollo una actividad febril ultimando los detalles de la sala.

El fin habia terminado el orbe, e Isolda le dió su aprobación. Gerard iba a ensamblar el orbe el 31 de agosto del anno domini 1225.

Exultante de Jubilo y energia se dirigió a la sala del mundo. Invocando la quintaesencia ubicó el orbe en el centro de la sala, suspendido. Inició el verso, cuyas palabras, portadoras de conceptos, penetrarían el mundo de las ideas y llegarian al mundo del espíritu. El último verso, el verso que proporcionaria a la sala el perpetuo movimiento, su propio tiempo y espacio.

Gerard inició la modulación exacta de la voz. Los versos inundaron la sala y como una columna vertebral comenzaron a dar sustento a los diferentes elementos inbuidos de quintaesencia y ubicados en perfecta proporción por él e Isolda en la sala.

Gerard cerraba los ojos. No vio nada. Nadie lo vio.

Fue una lástima, pues la sala comenzo a reberverar y fluctuar de pura quintaesencia. Los engranajes empezaron a moverse, las esferas giraban en perfecta armonia. Del orbe dimanaban pulsos de energia que se difuminaban en oleadas de infinitas sensaciones. El conjunto alcanzaba un punto crítico. Un pequeño error de submodulación de la voz de Gerard podia ocasionar una tremenda implosión, una brecha en el universo o la simple desactivación del constructo.

Todo fué bien.

Gerard terminó el último verso, apenas unos minutos para el, y cayó exhausto al suelo de la sala.

Lo que Gerard no podia saber es que mientras el recitaba, el mundo giraba sobre si mismo y entorno al sol.

Gerard empezo a colocar el orbe el 31 de agosto 1225 y caia al suelo de la sala el 19 de mayo 1226.

Isolda Lamartine - September 15, 2007 03:36 PM (GMT)
Y así fue cómo Isolda vivió desde el 31 de agosto de 1225 hasta el 19 de mayo 1226.

Los días se sucedían con perfecta soltura, pues sabía el Tiempo, como los seres, que pronto estaría culminada la más grande obra hermética de todos los tiempos: porque algo era cierto, y es que sólo en dos lugares había un Globo del Mundo, un Cosmos Domoi, y estos eran la extinta Mistridge, y Doissetep en las laderas de los Pirineos.

Pero algo también era cierto, y es que aquellos adustos herméticos que hacía décadas habían trabajado en su construcción tenían ideas antiguas y algunas de ellas, aunque poderosas por sí mismas, inservibles.

Esto era tema de debate cada vez que Isolda se reunía con el Primus de su Casa, o con quienes tuvieran el conocimiento suficiente para sostenerse en el debate, que no eran muchos, pero era cierto que los pesados paradigmas de hacía años se estaban rompiendo ahora, y esa libertad nueva visible a través de los ruinosos escombros, permitía no sólo un mayor entendimiento del mundo, sino también un más Iluminado camino hacia la Mens Divina.

Y estos dos factores habían sido determinantes, pero más lo había sido el incansable esfuerzo del Adeptus Iniciatus, que sin descanso, sin permitir que nada le distrajera, había unido pieza a pieza, y llevado la insoportable pero deliciosa carga de construir el mundo en un cuarto.

Pues eso era lo que estaban haciendo: con la habilidad técnica de Delacroix muchos de los inconvenientes de las dos existentes construcciones había sido evitado. Y con el consejo y participación, organización y disposición del hábil mago y de Isolda, los avances en muy poco tiempo habían sido increíbles. La sangre del Adepto bañaba aquellas paredes, cada pieza y cada engranaje, y sin duda eso haría que Le Ictus para siempre, más allá de los tiempos, fuera la Más Grande de las Capillas de la Orden en las Tierras de la Piel y de los Muertos.

Y el día había por fin llegado.

Isolda había salido de su Sanctum, y paseaba por el jardín acompañada de Chokhmah, mirando las flores y al antiguo y sabio Sauce Llorón. Sentía las fluctuaciones en la atmósfera y en su pecho; sentía que todo a su alrededor comenzaba a ordenarse, y escuchaba los rezos de Gerard, pues grande era el poder que el Adeptus estaba invocando con su cántico.

Las paredes, la tierra, el agua, el aire, los seres que habitaban la Capilla también sentían esa superior Iluminación, y con el girar inicial de las ruedas, todo se movía. Y sus cabellos se erizaron cuando faltaba poco, y cuando todo hubo terminado el Mundo gritó de Asombro, y tonos de alegría surgieron del centro de la tierra y descendieron desde las esferas inalcanzables, más allá de la Luna. Y fue el mundo una sala de conciertos, y cada cosa tomó su lugar en el Orden Supremo, y...

La archimaga se desmayó. Despertó unas horas después, en su Sanctum; Chokhmah la miraba preocupado, y lamía tiernamente su mejilla. Pero en el rostro de Isolda sólo había preocupación, pues aunque sentía un enorme poder fluir desde los laberintos, no sentía a Gerard... no lo sentía.



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Y no lo sintió hasta que un día, mientras preparaba un ensalmo en su Sanctum, una oleada psíquica invadió su mente: lo reconocía perfectamente pues ella había sido su Maestra. Sonrió, y dejando abandonada su preparación, con lo que perdía dos días de trabajo, corrió hasta el Domus Mundi: y allí estaba, sobre el suelo, sorprendido pero sano.

Se agachó a sus pies. Mucho y recogió su cabeza sobre su regazo: mucho en ella había cambiado. Sus drados cabellos eran negros, así como sus ojos que antes brillaban azul. Y su alma ahora era más triste y más práctica. Pero ahora estaba feliz, y con razón.

Gerard Delacroix - September 15, 2007 09:33 PM (GMT)
Cuando alguien desfallece y su cuerpo cae, su mente, su ser, experimentan extrañas experiencias.

Oscuridad y frio. Caia o, mejor, todo caia.

Sobre el la luz y bajo el la oscuridad. No sentia miedo.

Por pura voluntad quiso ver el universo y el universo vino a él.

Vió las esferas celestes, escuchó la musica de los mundos y dejó de caer.

Felicidad.

Sintió con profunda percepción la harmonia, la perfección, el orden del cosmos. Ascendía.

Plenitud.

La luz cenital, la quintaesencia pura le inundaba. De pronto lo supo todo. De pronto lo sintio todo.

Dolor.

Tomó conciencia de su cuerpo, de sus magulladuras y el conocimiento supremo se desvaneció como un sueño, dejando retazos de saber en la punta de su lengua.

Sufrimiento.

Abrió los ojos lentamente, con temor, sus pupilas se contrayeron, solo perfiles, solo sombras. Una mujer le miraba. Sintio su esencia , Isolda Lamartine, ¿seguro?. Sí, sin duda, pero extraña.

Revelación.

Sintió, todavia sus ojos ciegos le fallaban, la Sala del Cosmos. Eureka. Funcionaba. Su ser profundo reberberó con alegria y plenitud.

Júbilo.

Abrió su boca, seca, y con una voz que surgio de las profundidades, sonando muy lejana exclamó:

- Lo lográmos Isolda, es hermosa, es indescriptible.....¿ lo sientes?

Isolda Lamartine - September 16, 2007 07:18 AM (GMT)
Los ojos negros de la archimaga se clavaron en los de Gerard, y una sonrisa agradable, tímida, asomó en sus labios. Él había sentido la Grandeza Suprema, había visto el Intelectus Mundi ante sus ojos, lo había sentido y había sido parte de él. Ahora él entendía lo que era ser un Hermético, lo que era Caminar el Único Camino, y lo que era Alcanzarlo.

-Lo siento, Adeptus.

Sonrió. Era más que sentimiento lo que recibía Isolda con aquella sala, y Gerard no tendría menos... cuando se recuperara.

-Lo siento.

Puso sus blancas manos, más blancas que antes de la desaparición del orfebre, sobre los ojos de este, y de sus labios salieron unas palabras balsámicas. No iba a discutir esto; ahora el Mago tendría que "descansar" de aquel "viaje", que Isolda comenzaba a comprender, o no volvería a aquella sala como uno de los Vivos.

Así pues, los músculos del Despertado se relajaron y su mente también, así como su alma, y mientras caía en un profundo y reparador sueño sintió cómo su cuerpo se elevaba sobre el suelo recogido por dos brazos fuertes y sólidos, fríos y que por tanto no eran los de Isolda, dejando aquella sala.

Durante dos días Isolda misma preparó bebidas y perfumes quintaesenciales, y durante esos dos días Gerard Delacroix, navegando libre de ataduras en las tierras de Morfeo, recuperó todas las fuerzas, físicas y mentales, que había perdido cuando estuvo fuera del tiempo.





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