View Full Version: Pidiendo permiso al abad...

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Title: Pidiendo permiso al abad...
Description: 12/6/1226 Abadia de St. Germain-De-Près


Gilles Arnoux - September 5, 2007 04:49 PM (GMT)
Desde su llegada a París, Gilles había estado visitando en sus ratos libres diferentes bibliotecas. Andaba enfrascado en el estudio de los escritos ancestrales que trataban sobre la curación de ciertos males mediante pócimas e infusiones. La fama de una biblioteca situada en la abadía de St. Germain-De-Près era notoria, había oído hablar de ella a varios clérigos de su Dijon natal.

Dicha biblioteca era famosa por sus escritos teológicos, sin embargo, los intereses del borgoñón distaban mucho de ser... metafísicos. Mientras observaba la puesta de sol en aquel día de final de primavera, hacía mentalmente una lista de los tratados en los que estaba interesado, esperaba que en aquél antíguo lugar pudiera encontrar al menos uno.

El carruaje se detuvo súbitamente y el galeno no pudo evitar dar un respingo, estaba tan enfrascado en sus elucubración que no se había percatado que se encontraba ya en St. Germain-De-Prés.

Si bien no solía vestir con una indumentaria digna de su poder adquisitivo, aquel día iba a entrevistarse con el abad, así que decidió usar unos elegantes ropajes de lino egipcio con anchas mangas.

Anduvo hasta el interior de la estancia y aguardó unos segundos a que alguien advirtiese que había un nuevo visitante en la abadía...

Maximo Constanza - September 6, 2007 01:43 AM (GMT)
Extrañamente en estos últimos tiempos los portones de la abadía se encontraban abiertos, eso si, con una vigilancia más que evidente. Más quien interceptó al recién llegado no fue un miembro de la guardia, sino un anciano con andar vigoroso, y una extraña fuerza interior reflejada en sus ojos.

- Bienvenido seais a St. Germain, buen caballero. ¿Quién soys, y qué buscais entre los muros de esta Abadía?

Las palabras del viejo provenían de una mente sabia que hablaba con voz calma y servicial, y aportaban cierta tranquilidad a su interlocutor.

Gilles Arnoux - September 6, 2007 08:21 AM (GMT)
Con sus oscuros ojos marrones observaba, con cierta curiosidad, la vida en la abadía. El borgoñón detuvo sus pasos en el magnífico patio central, allí le interceptó aquel anciano.

- Buena noche tengáis, mi nombre es Gilles Arnoux, soy un recién llegado desde tierras borgoñonas y desearía poder entrevistarme con su ilustrísima, el Abad de St. Germain-De-Près, si esto fuera posible, claro.

Hablaba con un tono suave, pausado, nada que ver con las terribles ganas de conseguir entrar a la biblioteca de la abadía que bullía en su interior.

Maximo Constanza - September 6, 2007 03:21 PM (GMT)
Las palabras del médico no sorprendieron al viejo Dinard, aunque por contra si que causaron una cierta curiosidad en él. ¿Qué buscaría este hombre, sin duda culto y de buena posición deducido por sus formas y vestimentas, de su señor? Dada su posición en el recinto, el abad estaba dispuesto a satisfacer sus inquietudes, así que acompañando al recién llegado con el brazo hacia el interior del edificio principal. Daría un rodeo para saciar sus curiosidades durante el trayecto.

- ¿Y cual sería el motivo de vuestra audiencia con el domine Constanza? -Un silencio seguido de una nueva intervención del abad hizo continuar la conversación.- Creo que estais de suerte, pues diría que su ilustrisima se encuentra disponible en estos momentos... siempre y cuando tengais algo interesante que tratar.

Mientras hablaban, los pasillos de la abadía iban cambiando, y a medida que dejaban una zona más sencilla y poco decorada, empezaban a encontrarse cada vez con muestras de mayor riqueza y un estilo clásico basado en la Roma de varios siglos atrás.

Gilles Arnoux - September 6, 2007 06:04 PM (GMT)
Gilles no pudo evitar esbozar una media sonrisa, aquellos que ocupaban su vida con quehaceres más elevados no solían regalar su tiempo.

- Me es extraordinariamente grato saber que su ilustrísima se encuentra disponible - dijo mientras arrancó a caminar paralelamente a Dinard - cuando moraba en mi ciudad natal, Dijon, escuchaba hablar frecuentemente, por parte de los monjes del Císter con los que mi familia se relacionaba, de la riqueza cultural de la biblioteca que ese viejo lugar guarda. Debéis saber, su merced, que ejerzo de galeno, y en estos tiempos de padecimiento, todo conocimiento legado por nuestros ancestros es buena ayuda para intentar sanar al prójimo, ¿no cree? Es por ello que estaría eternamente agradecido si su Ilustrísima diera su venia para que un servidor pueda estudiar los antiguos manuscritos relacionados con la medicina que en este sagrado lugar se encuentren.

El borgoñón iba sintiéndose progresivamente más incómodo en su interior según la opulencia de la estancia aumentaba, siempre había preferido la utilidad a la belleza y no entendía el motivo de que la curia se rodease de oro allá donde estuviese.

Maximo Constanza - September 6, 2007 08:09 PM (GMT)
El corredor transcurría al caminar de los dos hombres, adornado por tápices y otros ornamentos. La conversación parecía entretenida y hubiera sido de agrado del Abad Dinard poder proseguir con ella pero el camino acababa de llegar a su fín al encontrar la puerta que los adentraría en la misma biblioteca que Gilles venía buscando.

- Hemos llegado, ahora todo depende de la gracia con la que caigais al Domine Constanza.

Con los tres golpes habituales a la puerta, seguidos del asentimiento del antiguo, Dinard abrió la puerta y procedió a anunciar al invitado.

- Don Máximo, monsieur Gilles Arnoux, natal de Dijon solicita ser atendido por su gracia para exponerle una petición.

Dicho esto el Abad indicó a su acompañante que entrara a la biblioteca, ésta repleta de volumenes de todo tipo ordenados en largas y altas estanterias. El olor a pergamino embriagaba el ambiente, tenuemente iluminado por unas velas situadas encima de una gran mesa. Sentado al otro lado en un cómodo sillón un personaje oscuro, de tez marfileña y negra melena, con un semblante casi atemporal esperaba paciente a que su nuevo invitado se acercara.

- Venid y sentaos Gilles Arnoux. Contadme el motivo de vuestra visita y veré en que puedo seros de utilidad.

Las palabras del Lasombra salían casi en un susurro, acorde con la estancia donde se encontraban, más la cadencia de esa voz parecía de ámbito sobrenatural, como si un angel se hubiera colado en el recinto y hablase a través de él.

Gilles Arnoux - September 7, 2007 02:01 PM (GMT)
No pudo evitar dirigir una rápida mirada a las estanterías, aquel olor a pergamino le resultaba el olor del conocimiento, algo que pocos eran capaces de valorar justamente. Sin embargo, la atención del borgoñón fue rápidamente captada por aquella imponente persona que se hallaba al otro lado de la mesa, durante unos segundos no encontró la palabra correcta... quizá por primera vez en su vida, se había quedado sin palabras.

- Bu... buena noche tengáis Ilustrísima - dijo inclinando su cabeza en señal de respeto - es todo un honor que hayáis tenido a bien hacer un hueco en vuestro quehacer diario para atender a este humilde galeno

Tomó asiento y aire a la vez, la primera impresión que se había llevado del abad Constanza distaba mucho de la que tuvo del obeso e ignorante abad de Dijon...

- He llegado recientemente a París, con el objetivo de residir y expandir mi conocimiento en esta ciudad. Hace años, cuando vivía en mi ciudad natal, llegó hasta mis oídos las excelencias de la biblioteca que guarda esta importante abadía. Y hoy, heme aquí, ante vos con la intención de solicitar vuestra venia para estudiar algunos textos antiguos sobre el manejo de hierbas y demás esencias naturales. Son muchos los monarcas e importantes figuras que caen merced a ponzoñosos venenos y agresivas pestes, mi interés es buscar con ahínco en los textos legados por nuestros ancestros la solución para dichos males.

Tras exponer sus intenciones, esperó callado a que el abad decidiera qué hacer.

Maximo Constanza - September 7, 2007 02:43 PM (GMT)
El saludo del galeno fue recibido con un leve cabeceo por parte del Lasombra, que mostró una leve sonrisa debido a la buena educación de su invitado.

- La búsqueda de conocimiento siempre es loable, más depende del fín para el que lo busquemos nuestra garantía de éxito. -Una pausa siguó a las primeras palabras del antiguo, que prosiguió con el mismo tono susurrante de antes, como si no quisiera romper la esencia del lugar.- Hablais de envenenamientos monarcales, así como de otras dolencias de la gente acaudalada, pues en estos tiempos resultan ellos los más importantes... ¿Pero no creeis que es todo el pueblo quien debería gozar de la reputación que pareceis tener algunos de los de vuestro oficio?

De nuevo un parón en el discurso del cainita, seguido de una inquisitiva mirada ponía a prueba al médico. Aprovechando el lapso de tiempo en el que no hablaba, Máximo mojó una larga pluma recién afilada en un tintero y tomó una anotación en una hoja de pergamino, para acto seguido volver la atención hacia Gilles.

- Convencedme de vuestras intenciones y veamos a que acuerdo podemos llegar.

Gilles Arnoux - September 7, 2007 04:04 PM (GMT)
Gilles no pudo evitar sorprenderse, había intentado disfrazar su mera ansia de conocimiento de un falso apego a las altas clases. Curiosamente, esa máscara para agradar al poderoso había sido útil en situaciones similares, sin embargo... aquel abad era diferente, debería ser sincero...

- Ilustrísima, estáis en lo cierto, el conocimiento de la ars médica debe ser usado para los que más lo necesitan. Si bien es cierto que la peste y el veneno daña a la nobleza, son miles de campesinos los que caen, desdichadamente, merced a estas desgracias. Los avances que lograra entre los muros de esta abadía no quedarían restringidos a una única clase social, ello iría en contra del Juramento Hipocrático.

Maximo Constanza - September 7, 2007 08:16 PM (GMT)
Poco a poco Máximo iba forjando sus maquiavélicas ideas en torno al médico. Ya veía su futuro, una figura importante en un gran tablero de ajedrez, del cual él mismo era a la vez jugador y rey.
Las palabras de Gilles consiguierón sacar una extraña sonrisa al Lasombra.

- Vuestra mente es rápida, y sabeis como debeis actuar en cada momento, rectificando si es necesario. Se diría que esa es una buena virtud, aún cuando la jugais con alguien que os lleva ventaja, por eso os dejaré husmear en mi biblioteca, pero antes espero que podamos seguir con esta interesante charla. -Otro de los silencios habituales en el Lasombra hizo aparición, pero fue roto enseguida con un nuevo torrente de palabras.- Habeis mencionado el juramento Hipocrático, es curioso, pues precisamente eestaba pensando en ello. Que me decís del punto en que cita "Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deba ser público, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas". ¿Soys de los que llevan esto a rajatabla?

La sonrisa en el pálido rostro del antiguo seguía allí cuando terminó de hablar.

Gilles Arnoux - September 8, 2007 02:07 PM (GMT)
Estaba acostumbrado a guardar secreto sobre las dolencias de sus pacientes y, aunque se encontraba realmente intrigado por el tono usado por el abad, no haría una excepción esta vez, el silencio era un pago que se le antojaba justo ante la posibilidad de acceder a dicha biblioteca.

- La intimidad de una persona es inviolable, Ilustrísima, desvelar detalles, de cualquier tipo, de la vida privada de una persona es algo que no concibo.

La una contestación breve y directa, que aseguraba confidencialidad de lo que viera u oyese

Maximo Constanza - September 9, 2007 12:54 PM (GMT)
Pero nada había terminado aún, Máximo gustaba de esta conversación, y por eso la mantendría hasta que el quisiera o su invitado se diera por vencido.

- Parece ser, entonces, que vuestra profesión no dista tanto de mi oficio en algunas cosas. Ambos nos esforzamos por salvar a los demás, vos en cuerpo y yo en alma, y a ninguno nos está permitido hablar sobre las vidas ajenas. Son dos puntos importantes a tener en cuenta a la hora de tratar con alguien, pues creo que eso puede hacer que, en cierto modo, entendamos mejor las motivaciones del otro.

Las palabras seguían saliendo por boca de ambos interlocutores, y a medida que transcurría el tiempo el Lasombra mostraba mayor fuerza, tanto en su persona como en sus palabras, que ya no resultaban quedos susurros en la oscuridad, sino una voz con fuerza y decisión capaz de rendir a los hombres a sus pies.

Gilles Arnoux - September 10, 2007 04:19 PM (GMT)
Los altos cargos clericales, según había comprobado el borgoñón, eran importantes políticos con una gran dote oratoria. Sin embargo, Constanza iba mucho más allá, el galeno nunca se había cruzado con un ser de su valía, aquella manera de manejar el ambiente y el tono de la conversación era más propia del valido o el ministro real, no de un simple abad...

- La información... es una poderosa arma, no somos demasiados los que hemos jurado mantener en secreto la intimidad de aquellos a los que prestamos ayuda.

Enlazó suavemente sus dedos, estaba disfrutando de aquella inesperada conversación

- He de reconocer, que el conocimiento y aprendizaje ocupa un gran espacio en mis objetivos. Podría decirse que, en mi caso, uno de los pilares de mi existencia... tras la Fe, por supuesto... es el ansia de saber. Resulta complejo encontrar en unos años plagados de peste y guerra, seres que aprecien el conocimiento en su estado más puro - el galeno giró su cabeza hacia las estanterías - por lo que veo, su Ilustrísima forma parte de aquellos que aprecian el conocimiento.

Maximo Constanza - September 11, 2007 09:20 AM (GMT)
- En efecto, el conocimiento es algo de suma importancia para mi, y más aun en estos tiempos que mencionais de pestes y guerras. Precisamente en estos momentos es cuando mayor necesidad tenemos de gente como nosotros, gente capaz de reconocer los errores del pasado debido a todo lo aprendido, y capaces, como es en vuestro caso, de sanar y devolver algo de esperanza a los enfermos y moribundos.

El antiguo se detuvo un momento en su proceder, y observó seriamente a su invitado.

- Debo pediros una cosa más antes de daros libertad para buscar el conocimiento que precisais en esta biblioteca. Me gustaría que comparierais conmigo cualquier información importante que encontreis en este lugar, o a partir de ahora, respecto a la peste y la posible sanación de esta, pues es un gran mal para París y debemos trabajar contra ella lo más preparados posible y con una visión conjunta. A cambio yo prometo ofreceros cualquier información que yo pueda averiguar. ¿Qué me deciis?

La seriedad perfilada en el rostro de Máximo mostraba su preocupación acerca del tema.

Gilles Arnoux - September 15, 2007 10:39 AM (GMT)
OFF: Mil disculpas por el retraso, tuve que mandar a reparar el PC y no he dispuesto de él hasta hoy

Caviló durante unos segundos, era lógico que el abad quisiera saber todos los progresos que el galeno realizase en su biblioteca. Además, la peste estaba mermando también las filas de los clérigos.

- Tendrá un informe cada noche, al acabar mi jornada, Ilustrísima

Súbitamente una idea llegó a su cabeza, algo importante que podía ser un primer paso para plantear un punto de partida.

- Dada vuestra gran cultura, quizá podáis ayudarme con una duda, Señor Constanza, ¿Existe algún dato de que haya habido una peste de tal magnitud antes en el mundo? Creo, que un primer paso debería ser retroceder en el tiempo y buscar en los archivos de algunos cronistas.

Maximo Constanza - September 15, 2007 03:04 PM (GMT)
El Lasombra negó con la cabeza.

- Una epidemia tal no ha existido jamás en este mundo. No soys el primero que teneis la idea de retroceder en el tiempo para buscar alguna solución, pero desgraciadamente, algo así no se puede encontrar en los libros. Almenos no en aquellos a los cuales he tenido acceso, y como debeis suponer no son pocos... Según mi parecer el metodo que debería llevarse a cabo para encontrar un remedio sería la experimentación, y la puesta en práctica de cuantos remedios nos vengan a la mente. Si desearais emplear vuestro tiempo en la búsqueda de dichos remedios estaría gustoso de proporcionaros mi ayuda en cuanto fuera posible. Podría habilitar una pequeña estancia para vuestro trabajo, pues aquí, a parte de una de las fuentes de mayor conocimiento de París, tendriais la guía del Señor todo poderoso.

El papel de fiel devoto era una fachada necesaria para el antiguo, pues era la fuente de gran parte de su poder en la urbe parisina, así que lo aprovecharía al máximo, e intentaría mantener cerca al galeno para sus maquinaciones futuras, pues creía que iba a ser una pieza fundamental en su relación con la vida de los mortales.


FDI: La peste negra apareció en teoría sobre el 1347 y duró hasta 1350, así que sería imposible que hubiese datos en la época en que nos encontramos, de ahí mi respuesta negativa.

Gilles Arnoux - September 17, 2007 09:56 AM (GMT)
Escuchó, no sin cierta desilusión, la carencia de antecedentes en esa clase de plagas, partiría desde cero.

- Mi intención es ejercer en París desde el cantar del gallo hasta la hora de comer, pasaría tardes y noches estudiando entre los muros de esta abadía. Así, podría mezclar la experiencia que recabe con esta plaga con los escritos. Sin duda, Ilustrísima, la mejor manera de enfrentarnos es mezclando la experiencia con los documentos.

La idea de tener una estancia donde poder llevar a cabo su estudio le agradaba, no se fiaba de la seguridad que podían tener sus documentos en su pequeña casa en Le Vilé, París era una ciudad insegura...

- Le estaría agradecido de poder disponer de una habitación donde poder concentrarme en mis estudios, Ilustrísima.

Maximo Constanza - September 25, 2007 04:24 PM (GMT)
El Lasombra asintió.

- Así será entonces, monsieur Arnoux. Mañana mismo al atardecer tendrá una habitación lista para usted con todo lo que pueda necesitar. Y si durante vuestra estancia necesitara de algo más, hágamelo saber y haré lo posible por ayudarle... Aunque es posible que no siempre pueda atenderos pues mis deberes como Abad son de suma importancia para la religión parisina, así que sentiros libres de comentar vuestras necesidades al Abad Dinard, el cual me informara sin demora de todo cuanto deba saber, o actuará según crea conveniente.

Una pausa para observar la reacción del galeno procedió a las palabras de Máximo.

- ¿Ha algo más de lo que deseeis hablar Gilles?




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