Un lujoso carruaje cruzaba la noche en direccion al reciente convento de las hermanas de la Orden de Teodosio junto con una pequeña guardia armada que lo acompañaba.Al llegar al modesto edificio que habían eregido para las mojas la comitiva se detuvo y el primer soldado que llegó hasta las puertas llamó a estas hasta que una novicia vino a abrirle.
-Hermana-dijo el soldado-mi señora desea hablar con la madre superiora ahora mismo.No discutais conmigo,abridnos las puertas y entregadle esta carta,ella comprenderá.-
La monja confusa por las horas de la noche y la sensación de premura,corrio en busca de su superiora a entregarle la carta de aquellos desconocidos.Mientras,el resto de soldados preparó un perímetro de vigilancia y ayudó a desmontar a las ocupantes de la carroza:Ana Maria Blanco de Granada y su señora la Salianna.La Monarca entró con paso firme en el monasterio seguida de una no tan segura Ana que antes de dar el paso entre el exterior y el interior,miró con duda como su señora entraba sin recibir castigo divino alguno.
La novicia regresó de nuevo de hablar con la matriarca y se encontró con la belleza ultraterrena de la Monarca,parando en seco su andar acelerado y siendo incapaz de articular una palabra.Salianna se acercó a ella y suavemente acarició su mejilla hasta la mandíbula y cerros el pequeño hueco que formaba su boca;levantó su cara hasta que hubo una comunicación entre los ojos y entonces habló.
-¿Donde nos recibirá vuestra superiora? -
Apenas había susurrado la pregunta pero para la novicia fue como si el propio monasterio se lo hubiese preguntado a coro.Incapaz de hablar,cogió como coje una niña la mano de su madre,y guio a la Monarca y a su vasalla a través de los áusteros pasillos de lo que era su hogar hasta el escritorio de la madre superiora,donde ésta ya esperaba sentada a que llegase la inesperada visita.La educación de la monja y los largos años llevando el liderazgo de las hermanas que con ella convivían,hacían que pocas veces se encontrase fuera de lugar y menos todavía dentro de los muros a los que llamaba su hogar;pero nada de lo que había vivido durante su vida la había preparado para ver entrar por su puerta una imagen de belleza imposible de concebir.Que aquella dama despidiera a su novicia cuando hubo entrado no pareció tener importancia,mientras que siguiese sonriendo parecía que no podía hacer ningún mal.Finalmente,la experiencia le ayudó a reponerse y con un gesto de la mano invitar a su visitante a sentarse enfrente suya,quería decir algo,pero no se acordaba muy bien de que y decidió que era mejor esperar que aquella dama que despedía tan fuerte sensación benevolencia empezase a hablar.
-Buenas noches madre superiora-Salianna bajó la mirada en señal de respeto,hecho que no hizo si no aumentar la admiración que ya sentía la superiora hacia ella.-siento haber interrumpido vuestro tan necesario sueño,pero me urgía venir a verla.-
-Bien,pues contadme que es lo que os pasa hermana que tanto os preocupa que habeis tenido que venir en medio de la noche.-La madre no sabía que podía preocuparle pues parecía que lo sus asuntos económicos ciertamnte no podían ser malos y no parecía que pudiese una afrenta provenir de una persona cuyo mayor pecado parecía ser excesivamente bella.
-Vereis madre,mi sirvienta que veis aqui conmigo-La madre superiora la acaba de ver-sufre de la misma extraña dolencia que yo,que nos provoca un tremendo dolor en cuanto la bendita luz del sol toca nuestra piel,pero en mucho peor grado y ultimamente hasta el mismo aire de París parece afectarle.Por ello os pido que la acepteis aqui en vuestro convento,donde estoy segura que su salud mejorará y se encontrará mucho mas a gusto.Su presencia os pasará casi inadvertida pues con los años hemos tomado la costumbre de levantarnos cuando el sol ya casi ha desaparecido y sus mayores intereses son el estudio y la oración;yo pasaría frecuentemente a verla y os estaría agradecida eternamente si pudieseis hacerme este favor.-Los ojos de Salianna ya no están bajos si no que miran intensamente a los de la madre superiora moviendose ligeramente mientras habla.
-Dios es amor,proteccion y ayuda;aceptaremos gustosas a tu sirvienta entre nuestros muros y esperamos poder hacerle sentir tan a gusto como sea posible.-
La conversación duró largo rato mas mientras la madre contaba los propios problemas que tenía el monasterio y se embelesaba de la risa y la voz de la Monarca,se cerraban acuerdos sobre vino y otros víveres que llegaban en menor medida al monasterio y otra multitud de detalles mas;pero al despuntar el alba el carruaje de Salianna llegó a su mansión en la Ille de la Cite con un ocupante menos.