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Title: Nuevos encuentros, viejas conversaciones
Description: privado con Alauric e Isolda


Eddard Danzasombría - August 8, 2007 04:52 PM (GMT)
Roble Gris caminaba a grandes zancadas por el bosque, seguido de la archimago de los Herméticos. Hacía ya un buen rato que ninguno de ellos hablaba, pero no era necesario hacerlo, la calma de los árboles y las plantas mantenía a aquella dispar pareja en plena armonía con su entorno.

Tras una larga caminata, el druida indicó a su acompañante que se detuviera, y girándose hacia ella habló con su grave vozarrón.


Podemos esperar en este mismo sitio, mi señora Isolda, el líder de guerra de los garou no tardará mucho en llegar.

Eddard señaló un viejo tocón de roble, antiguo vestigio de un poderoso y viejo árbol.

Sentaos si lo deseáis y disfrutad de la quietud que nos ofrece el bosque mientras esperamos. No es, desde luego, una cómoda butaca tapizada en terciopelo, pero si la probáis y os sumergís en el suave murmullo de los árboles os sentiréis tan cómoda como en el mejor de los hogares.

Roble Gris esbozó una suave sonrisa a su acompañante y escogió una piedra plana en donde aposentarse con el fin de esperar al tercer miembro de tan dispar grupo.

Isolda Lamartine - August 9, 2007 04:06 PM (GMT)
Caminar en el bosque siempre había sido reconfortante; los seres vegetales, seres inútiles, siempre habían sido hermosos y misteriosos, portadores de verdades desconocidas u olvidadas; incluso alguien como Eddard, cuya alma, que había alcanzado un extremo más allá de la iluminación, se encontraba de vez en vez perdida en el intercambio de secretos milenarios de esos seres de colmena, poderosos, sabios y antiguos.

Tomo asiento sin ningún ritual de por medio, y esperó, clavando los ojos en la espesura. Podría, desde luego, aprovechar la espera en algo que desde que llegara a la cabaña había sentido...

-Eddard, al llegar a vuestro hogar he sentido algo diferente en vos. Algo mágico y grande. ¿Sabéis de qué os hablo?

A pesar de ser dispares en sus métodos, objetivos y creencias, Isolda apreciaba en sumo grado la compañía del gigante de los bosques.

Eddard Danzasombría - August 10, 2007 05:41 PM (GMT)
Eddard se quedó mirando a la archimaga con una franca sonrisa, mientras extraía una vieja y ajada pipa de madera del interior de sus ropas y empezaba a llenarla con una mezcla de hierbas secas.

Bien pudiera ser, señora, pues en los bosques antiguos la magia y la grandeza están por todas partes... no lo sé, mi buena Isolda, últimamente noto mi mente más clara, me noto más cercano al ciclo... quizás mi viejo maestro tuviera razón, y al fin y al cabo la sabiduría entraría en mi dura mollera con la edad... Ja!

Una poderosa carcajada se elevó en el pequeño claro del bosque, subiendo por el amplio pecho del druida para estallar más allá de su boca.

El graznido de un viejo y desplumado cuervo se dejó oir en los alrededores, como rebatiendo la afirmación de Roble Gris.

Un hosco gruñido proveniente del druida fue la única bienvenida dedicada a su familiar.

Isolda Lamartine - August 14, 2007 08:16 PM (GMT)
Isolda sonrió al ver la reacción de Eddard.

-No es sabiduría; es Esencia. No opinas diferente de las cosas, simplemente ahora las ves con ojos que antes no eran tuyos sino del Universo.

Miró a lo lejos, como intentando ubicar el graznido de Cramus en medio del verde y oscuro follaje de aquel antiguo bosque. Muchas cosas estaban cambiando; al menos no todas para peor.

-Os felicito, Eddard Danzasombría.


Alauric d'Artois - August 18, 2007 02:02 PM (GMT)
Un gran hombre de cabello claro y ojos acerados se acercó al claro en el que hablaban los dos magos. Por su ropa era obvio que se trataba de un guerrero, y aunque la sencillez de las formas desmintiera el hecho, la calidad del tejido hablaba de una persona con posibles.

Alauric pisó fuerte cuando entró en el claro, con la intención de delatar su llegada al duo de sabios que, sentados, compartían una extraña conversación. Sabía que no era necesario hacerlo, pues conocía el poder de observación del druida en el bosque, y probablemente la archimaga conocida como Isolda tuviera otras dotes de observación similares, pero aún así, la cortesía le impelía a delatar su presencia.

Con un ronco carraspeo, el alto y fornido garou se aclaró la garganta antes de saludar a los dos magos.

Bienhallado Roble Gris, druida de los bosques, y saludos para vos, noble Isolda. Me habéis llamado y aquí me encuentro.

Las palabras del Colmillo plateado fueron escuetas y secas, como de costumbre. Alauric sabía que el tema sería importante, de otro modo el druida no le habría llamado con tanta urgencia.

Isolda Lamartine - August 18, 2007 05:27 PM (GMT)
Isolda no se sorprendió al no ver a Guillerm; ya Eddard le había dicho en el camino las razones del encuentro con otro Líder, de distinta naturaleza pues eran distintas las circunstancias. No molestaba y de hecho para Isolda fue un descanso. ¿Cómo explicar lo que sentía hacia el Líder de los Lobos si ella misma no podía darle crédito a tal sentimiento?

Así pues, como Eddard había sido el primero en ser saludado, ella esperó a que el Druida respondiera, y una vez lo hubo hecho ella hizo lo propio.

-Os saludo Alauric d'Artois, líder de los lobos en estos tiempos peligrosos.

Lo que siguiera dependía únicamente de Eddard; él, como intermediario, era el que debía hilar la conversción.

Eddard Danzasombría - September 6, 2007 04:20 PM (GMT)
El druida dedicó una ancha sonrisa al recién llegado, y sin más dilación, se dispuso a hablar.

Gracias por haber acudido con tanta premura, Alauric. Supongo que te preguntarás el por qué de nuestra llamada... es un asunto de vital importancia lo que aquí nos reúne a los tres. Te he llamado a instancias de la noble Isolda, con el fin de tratar un asunto que a todos nos atañe, una información sobre los vampiros que sin duda te interesará.

Como siempre la intervención del druida había sido directa y sin ambages, con cierta brusquedad en sus modos.

Isolda Lamartine - September 7, 2007 03:40 PM (GMT)
Ahora correspondía al Lobo aceptar o denegar la presencia en la reunión. La importancia de esa manera expuesta, que tendría para los lobos el que se quedara, casi que aseguraba su estadía. Pero aquellos seres solían ser impulsivos en extremo -tal y como el que ella casi considerara su amigo, Guillerm, sacando de esta existencia terrena al único vampiro por el que se había preocupado-, y cualquier cosa podía suceder.

Después de eso sería su turno; le explicaría a Alauric qué pasaba y qué pasaría si se decidían a colaborar en este asunto.

Alauric d'Artois - September 13, 2007 09:20 PM (GMT)
Alauric se quedó pensativo ante la exposición del druida. El garou respetaba al viejo Roble Gris, no en vano se había ganado el respeto de los lobos como guardián de los bosques. Respecto a Isolda, sus pensamientos iban por otros derroteros. Era obvio que la dama era poderosa, cualquiera con un mínimo sentido de percepción se daría cuenta, y hasta la fecha los magos y garous de París parecían haber convivido en paz.

La voz ronca del cambiante surgió de su pecho, lenta y fuerte.

Bien, estoy dispuesto a escuchar cualquier información que me ayude en la guerra contra los vampiros.

Con una inclinación de cabeza indicó a Isolda que escucharía lo que tuviera que decir. Alauric no acostumbraba a ser hombre de muchas palabras, prefiriendo que sus actos hablaran por él.

Isolda Lamartine - September 14, 2007 05:58 PM (GMT)
El mundo se movía en inquietantes ondulaciones: brechas estocásticas iban siempre entre las ramas estables del movimiento del mundo: caían, confluían, destruían el pensamiento organizado del más triste de todos los Dermiurgos.

Pero así era: el mundo, auque controlado, de alguna manera, por fuerzas externas, con grandes planes, con existencias tan amplias como el infinito y por tanto incontables, innombrables, seguía sus propios derroteros. ¿Cómo preveer la caída de una hoja?

Posible era, sin duda, mirar en los caminos más posibles. Pero de un momento a otro algo podía suceder: y ese algo se bastaba con una mirada, con la recitación de un verso egipsio, con una gota más en la mezcla preparada en el laboratorio de los sueños. Así era en realidad: los Dermiurgos tenían una vaga idea de lo que sucedería si se hacían estas o tales cosas, pero el Tiempo, como Demiurgo por él mismo, era por tanto inaprensible. Y mudo.

¿Permitiría ahora el destino que una de esas coincidencias supremas se gestara en su seno, destruyendo todo lo que había planeado, las hojas y hojas de historia que ya tenía escritas?

La voz de Isolda resonó tranquila y apasible, y como la de Eddard cuando se encontraba en su elemento, la de Isolda lo invadió todo, más no violentamente, sino seductoramente, y hasta las hojas, las piedras y los durmientes espíritus de la naturaleza sintieron aquel eco.

-No sé cuánto podáis o no saber sobre los Massasa; a pesar de que lleváis ya una guerra desde el principio de los tiempos, tanto vosotros como ellos desconocen las esencias de sus adversarios.

-Ahora yo no os diré todo lo que no sabéis, pues tampoco, a mi pesar, es grande mi conocimiento respecto a ellos. Pero sí os diré una cosa, y haré todo lo que esté en mi alcance de convenceros de su importancia, aunque tal vez en un inicio no la veáis.


A pesar del tono de su voz, el rostro de Isolda era estático, frío, y sus ojos, sin brillo, parecían estar mirando hacia adentro, siempre hacia adentro, auscultando oscuridades interiores más interesantes y peligrosas que cualquiera que pudiera vivir en el mundo de la Piel.

-Sabed pues que los Massasa, a diferencia de las criaturas dentro del ciclo, tienen su potencial de poder coartado por el poder del que fue su verdugo. No comprendo cómo, o porqué, pero hay ciertos Massasa cuyo padre los hace a su vez grandemente poderosos... y peligrosos.


Hizo una pausa justa. Tal vez Alauric creyera que tanta palabrería era completamente innecesaria, pero no lo era sin embargo, y a su pesar, tendría que escucharla sin interrumpirla hasta el final.

-En esta ciudad son pocos los Massasa que conozco, y casi todos son contrincantes pobres y de pobres miras, con inteligencias que no hacen honor al mito que los circunda. Y tal vez, aunque no lo sé, haya ciertamente algunos con miles de años en sus hombros, y tantas guerras que las pelean con los ojos cerrados. Y auqnue esto es posible, ninguno de ellos tiene el peligro y el poder que uno sólo de ellos, que aunque no es anciano, pues hace cuatrocientos años aún era un hombre, tiene a su favor la bendición de un dios de la noche.

Y una nueva pausa, dedicándola a mirar a Eddard.


-Os explicaré por qué os digo lo que os digo: dentro de los Massasa he descubierto algunas capacidades sin duda impresionantes: una suprema fuerza, una capacidad de regenerar sus cuerpos heridos increíble; la capacidad de viajar en las mentes de los durmientes, o de poseer sus voluntades con tan sólo una sencilla orden. Y aunque estas habilidades son impresionantes, no dudo que vos y los vuestros seáis capaces de luchar contra ellas y salir victoriosos.

Sin embargo, este otro no fue siempre un durmiente. Antes de ser la aberración que es, era uno de nosotros, y tal vez el más talentoso dentro de los suyos. Cuando su vida terminó y comenzó a vagar por la oscuridad, triste y con razón por no poder practicar más la magia, la verdadera, que nosotros conocemos, comenzó incansablemente usando sus conocimientos anteriores y los que adquiría noche a noche, a desarrollar una magia que aunque no tan versátil como la nuestra, pudiera emular la que había perdido.

-Y lo logró. Él y los suyos son capaces de increíbles proezas mágicas: invocar tormentas destructoras, o al fuego que todo lo consume; o volar y hacer volar a su voluntad las cosas o personas que les rodean. Pueden manipular los elementos, pueden manipular las mentes, y son conscientes de su poder... y más aquí, en París, pues se encuentra con ellos el Primero después del Único, conocido como Goratrix de Tremere, el Sin Sueño.


Descansó unos segundos, recordando las miradas de su Maestro mientras se consumía en un fuego más letal que el del infierno.

-Así que os seré sincera, Líder de los Lobos. Él y quienes le acompañan, quienes llevan el mismo odiado nombre, se dedicaron y aún lo hacen, por muchos años, a exterminar o a enviar a la perdición del vampirismo a cuantos Magos encuentran en su camino. Acabaron con cábalas completas, con escuelas donde pequeños aprendían los rudimentos de nuestras artes, y con siglos de conocimiento. Lo nuestro hacia ellos no es un odio viceral, al menos no en todos; es necesidad de supervivencia. Sabemos que ellos nunca dejarán de crecer, y nosotros no elegimos cuando un joven Despertará a la magia. Así, eventualmente, si no nos escondemos, terminarán con lo que queda de los nuestros sobre las Tierras de la Piel.

-Por otro lado, vosotros estáis en guerra... ahora como siempre, pero ahora con las diferencias que ambos sabemos. Así lo que os pido y ofrezco, al tiempo, es la posibilidad de que nos libremos de tal vez el más grande enemigo que vayamos a enfrentar en lo que nos resta de vida sobre la tierra.

Alauric d'Artois - September 20, 2007 09:43 PM (GMT)
El garou miró a la maga a los ojos. El discurso de Isolda había sorprendido un tanto a Alauric. Conocía algunas cosas de los vampiros, aunque la Hermética le había desvelado otras muy interesantes.

Nuestra guerra con las sanguijuelas es antigua. Durante milenios hemos batallado con ellos, pues los vemos como sirvientes del wyrm, aunque el tiempo me ha enseñado que algunos de ellos, muy pocos en realidad, resisten la llamada del Wyrm, conservando cierto tipo de moralidad. Son en verdad seres extraños, y extremadamente poderosos.

Aquí en París, nuestra guerra contra ellos no se debe solo a lo que son o representan, es algo mucho más complicado. Pero las razones no importan, solo lo que hagamos con ellas.


El enorme garou desvió su mirada hacia el druida, como buscando alguna señal de apoyo.

Si lo que decís es cierto, y no tengo ninguna razón para desconfiar de vos, esa amenaza disfrazada de humano debe ser destruida. Bastante malas son las sanguijuelas como para unir su impío poder con la hechicería. Sabed pues que contáis con el apoyo de los lobos para tal menester.


Isolda Lamartine - September 25, 2007 03:24 PM (GMT)
Isolda asintió, satisfecha. Ahora tenía que terminar de hilar la red.

-Os lo agradezco enormemente, así como los Despertados que habitamos París, e incluso los que habitan más allá de estas fronteras. Lo que intentaremos hacer es sumamente peligroso, como sabréis, pero estoy segura de que cambiará la historia como ninguno de nosotros puede ahora imaginar.

Miró Isolda a Eddard. La visita del Primus de la Casa terminaría de completar aquel círculo.

-Ahora es explicaré lo que haremos, y cuando, y espero que vos, que sois un guerrero, me deis vuestra opinión sobre lo que he planeado.

Y así, con detalles, explicó a ambos el plan que se había forjado en su mente.




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