Henry observaba detenidamente el cuadernillo que tenía en su mano con las notas de Heidelberg. Levantó la cabeza y observó el bullicio de estudiantes que caminaban en su mayoría rumbo a La Sorbona, ajenos a las mayorái de las cosas de la vida, a ese otro mundo inmortla que se escapaba a su conciencia y recordó sus días mortales en los que envejecía con su hermano, creciendo ambos... Ahora todo había cambiado...
Desechó sus pensamientos para centrarse en el trabajo. Alzó la vita y la vió. La dirección de la casa que Heidelberg le había dado. Sin más dilaciones se acercó y llamó a la puerta.
Un hombre rechoncho vestido con un pantalón oscuro y unas calzetas axules abrió la puerta.
(Henry): Buenos días, vengo de parte de mi señor para ver la casa...
- ¡Ah sí! Pase, pase por favor...
La casa se abría en una pequeña estancia de madera mal construida. A la derecha una habitación pequeña hacía las veces de cocina y a la izquierda un pequeño pasillo conducía a tres habitaciones no muy grandes y una escalera. Las habitaciones estabas casi vacías y las paderes algo resquebrajadas. Las escaleras temblaban al subir por ellas ara dar a otra habitacion esta algo más grande, una epecia de buhardilla.
El hombre parecía complacido de la casucha que tenía y Henry repasó las notas. Era pequeña y pobre pero tendría que valer. No tenían apenas dinero pero eso cambiaría con unos meses de trabajo...
(Henry): - Bien, me la quedo... si podemos hablar las condicines de pago...
Aquel hombre se msotraba comlpicido por la venta que estaba realizando. Se sentó en una mesa del pequeño saloncito con su invitado y discutieron las condiciones del pago repartido... La semana siguiente Heidelberg ya podría mudarse a su nuevo refugio...
Henry se despidió pensando en la pobre vida que le quedaría al desdichado vendedor...