Title: Haciendo amigos
Description: 24-5-1226
Ardra McLyr - June 23, 2007 01:52 AM (GMT)
Una gran figura se movía por las orillas del Sena, a través de muelles en desuso y pequeños y destartalados almacenes. El rostro de aquel hombre era realmente feo y una sonrisa de dientes torcidos asomaba en su faz, dandole un aire de peligro muy propio de los ambientes nocturnos de esa parte de la ciudad. Aquel ser, cuyo cuerpo ataviado de pieles lucía una intrincada red de tatuajes de extraña simbología, respondía al nombre de Ardra McLyr, soldado de fortuna y guardaespaldas, y esa noche iba a buscar presas poco habituales.
Cuando llegó a la puerta de la taberna, no pudo menos que sonreir más ampliamente. El edificio, si es que se podía llamar a aquella caja de madera podrida, presentaba los estragos del tiempo y de la humedad, pero para lo que había ido a buscar, suponía que le valdría.
Abrió la puerta con un gran golpe de su mano, y sin esperar entró pisando fuerte la mezcla de madera podrida por la humedad y paja vieja llena de pulgas.
Cuando el posadero lo vió puso mala cara, pero un segundo vistazo le hizo cambiar de opinión. Por si no fuera poco peligroso su aspecto, el gangrel lucía varios cuchillos de diferentes tamaños distribuidos en fundas de cuero que colgaban de su cinturón, así como una pesada hacha de combate de acero, reforzada con bronce. Ante la seguridad de su caminar y la ancha sonrisa que cubría su cara, el posadero se afanó en poner una jarra de loza encima de la mesa, y esperar con su mejor y más amigable semblante. Al fin y al cabo, aquel tipo no era tonto, y lidiar con lo peor de los bajos fondos de París, le había enseñado a saber juzgar a la gente.
Ardra McLyr - June 23, 2007 02:04 AM (GMT)
Buenas noches amigo, póngame una jarra de su peor brebaje
El posadero, solícito, comenzó a rebuscar bajo la oscura y arañada tabla que le servía de barra, hasta hallar un recipiente de loza tapado con cuero. Volcó el recipiente sobre la jarra y de su interior surgió un oscuro e inidentificable líquido que olía como cien estercoleros.
Ahí tiene amigo, el Matahombres...
Y esperando algún tipo de reacción por parte del gangrel, observó como éste se echaba un generoso trago al gaznate.
Aggh! Dioses, esto sabe a rayos... mmm Ja!, bien.
Y tras degustar el viscoso líquido, el mercenario se volvió de nuevo hacia el dueño del establecimiento.
Por Lyr y Manannan, lo que hay que hacer...
Y ahora, compadre, dígame... ¿quién es el tipo más duro de este antro?
El camarero se quedó mirando al gangrel sin entender del todo la pregunta. Por fin, tras unos segundos, sus ojos se agrandaron, sabía lo que vendría a continuación.
Por favor señor, este es un humilde y honrado negocio, aquí no queremos peleas...
Ardra borró su sonrisa y estudió la media docena de mesas llenas que había en el local. La mayoría de los allí reunidos parecían de bastante mala catadura, matasietes y rufianes, piratas y ladrones de todo tipo.
Honrado y un cuerno... ay, mierda de vida. Pero tienes que hacerlo lobo, lo que buscas no lo hallarás entre los nobles caballeros de París... bien, allá va mi interpretación.
Humilde si que es, pero honrado... hay más acero barato aquí que en una mala herrería. No te rías de mi, ¿de acuerdo?... y ahora, contesta.
El posadero lo había intentado, de todas maneras no pensaba jugarse el tipo por eso, de manera que señaló a una mesa ocupada por tres tipos.
Ardra McLyr - June 23, 2007 02:14 AM (GMT)
Sin dirigir al posadero ni unas míseras gracias, Ardra agarró su jarra y se dirigió a la mesa señalada. Un variopinto trío se sentaba en ella. Por un lado había un tipo bastante grande y pesado, tan alto como el celta pero dos veces más ancho.
Ese es un saco de sebo...
Los otros dos eran delgados y de complexión atlética, pero uno de ellos tenía la mirada ausente, como si estuviera en un estado de borrachera aguda.
Será el rubio pues.
El hombre rubio era alto y espigado, fibroso y de facciones marcadas. Sus ropas eran un amasijo de varias telas recosidas y mil veces remendadas, cuero viejo y cuarteado y una capa de lana.
Empieza la fiesta...
Sin mediar palabra, McLyr se acercó a la mesa y sin más dilación vació el contenido de su jarra sobre la cabeza del rubio. Mientras su brazo se estiraba hacia atrás, imprimió un poco de fuerza a sus músculos para estrellar la jarra en la cara del grandote, el cual abrió mucho los ojos y se sujetó su húmeda nariz sangrante.
El gangrel vigilaba al otro tipo, el de la mirada perdida, hasta que se dio cuenta de que no se había enterado de nada. Entretanto, el rubio se levantó, rápido como una centella y alargó su brazo derecho hacia el pecho de Ardra. El brillo de un corto y cochambroso cuchillo de hierro advirtió al mercenario de sus intenciones.
Ardra hizo un quiebro poco elegante, apartándose de la trayectoria de la hoja.
Ambos contendientes se estudiaban el uno al otro mientras el resto de la taberna había hecho un hueco a su alrededor, gritando palabras de ánimo para el rubio.
Ja!, me habían dicho que eras un hombre duro, pero creo que no serías nada sin ese cuchillito que llevas.
El gangrel hizo dicho observación mientras se señalaba la pesada hacha que colgaba de su cinto.
Te voy a destripar como a un cerdo...
El tipo, con todo el pelo mojado del asqueroso brebaje del posadero, respiraba con normaildad, aunque un punto de miedo se dejó traslucir en sus ojos cuando desvió la vista hacia el arma del celta.
Los tiene bien puestos, y no parece tonto...
Mira, arreglemos esto como hombres...
El otro lo miró con cara de pocos amigos.
¿Qué propones?
Ardra ensanchó su característica sonrisa.
Sin armas, con los puños... duelo irlandés.
Ardra McLyr - June 23, 2007 02:19 AM (GMT)
El rubio observó al celta con interés. Había visto lo rápido que era Ardra, eso sin mencionar las armas que portaba... Sabía que las cosas podían ponérsele muy feas con el acero. No lo pensó mucho tiempo.
Adelante
El tipo no bajó el cuchillo hasta que Ardra se lo indicó, momento en que se encogió de hombros y lo enfundó en su espalda, tras la capa de lana.
El gangrel se dirigió hacia la barra y arrebató la botella de oscuro brebaje al posadero, así como un par de vasos de loza.
Las reglas son simples. Ambos nos bebemos un trago de esto, sin respirar, y después tu me das tu mejor golpe, yo me dejaré golpear, acto seguido yo te atizo a ti. Si uno de los dos cae el otro gana, si no se vuelve a repetir todo otra vez... quien más aguante...
La explicación iba dirigida a medias al tipo y a medias a la multitud. Varios de los marineros que había en la taberna sonrieron ante el inusual tipo de pelea, mientras que el tipo gordo y grande se levantaba de su asiento taponándose la nariz sangrante.
Acaba con ese cabrón, Marcus
El aludido miró a su compañero y asintió con la cabeza en dirección al gangrel. Promto se despejó un círculo entre las mesas y un par de voluntarios llenaron los vasos.
Ardra McLyr - June 23, 2007 02:27 AM (GMT)
Esto marcha... veamos lo duro que es.
Ardra cogió el vaso que le dirigía uno de los parroquianos y notó que su cacharro estaba bastante más lleno que el de su contrincante. No pudo evitar que su sonrisa se ensanchara ante la flagrante trampa.
Ambos extendieron los brazos y tras un silencioso brindis se tragaron el contenido del vaso de un golpe.
No había acabado aún de beber cuando vió que el puño del rubio se dirigía hacia su abdomen.
Un cabrón rápido y listo.
El gangrel encogió el estómago, más por no dejar mal a su contrincante que por aguantar el golpe. Con el rabillo del ojo, pudo observar como el rubio torcía el gesto durante unos segundos, cuando su puño impactó contra la dura piel del mercenario.
Vaya amigo, has golpeado a una piedra, ¿eh?
Cuando el gangrel se enderezó, echó una mirada taimada al rubio. Éste, con resignación y un poco confundido por el fallido puñetazo, adquirió una postura para aguantar el golpe de Ardra. Con un gesto de sus ojos indicó al celta que estaba listo.
Empezaremos suavemente, si aguanta tres me lo quedo...
Un grande y duro puño salió disparado hacia el rostro del rubio. El celta no había golpeado con toda su fuerza, pero aún así, un enorme moratón empezó a perfilarse en el pómulo derecho del rufián, haciendo que su ojo empezara a llorar de manera frenética.
El rubio hubo de agarrarse a una silla para no caer, mientras el público quedó silenciado ante aquel espectáculo.
Ardra McLyr - June 23, 2007 02:39 AM (GMT)
Este muchacho promete
Ya llevaban cuatro golpes y Ardra estaba fresco como una rosa. Su adversario sangraba por el labio y la nariz, y tenía un enorme moratón en un pómulo, hinchazón que le impedía ver bien por ese ojo.
La gente no daba crédito a lo que veía. El rubio parecía ser un tipo bastante temido en el lugar, prueba de ello eran los gritos de ánimo que le daban todos. A partir del primer golpe habían enmudecido, asombrándose y alejándose cada vez más de donde se encontraba el celta.
El quinto vaso fue llenado y puesto sobre una mesa. Ardra observó al rubio, el cual apenas se podía mantener en pie. Era cierto que el gangrel no había golpeado con toda su fuerza, de lo contrario el tipo habría caído ante el primer envite, pero lo había castigado con ganas, calculando a ojo la fuerza que podía llegar a ejercer un luchador avezado. En un combate real el rubio habría caído, pero si McLyr hubiera sido mortal, el resultado no habría estado tan claro.
Hora de dejarlo, antes de que lo mate a golpes.
Bien amigo, creo que deberíamos dar por zanjado este asunto... Ja! peleas como un lobo, pero no me has tumbado... y tu no tienes buen aspecto. Vamos, te invitaré a un trago, uno bebible al menos.
El tipo rubio dejó caer los brazos e hizo una señal al gangrel, dando a entender que estaba de acuerdo. Ardra se rió con estruendosas carcajadas mientras se daba la vuelta en dirección a la barra.
Ahora la prueba final...
Por el rabillo del ojo, el gangrel notó como el rufián se recomponía de su cansancio, y con mano experta desenvainaba uno de sus cuchillos para, con gesto experto aunque falto de fuerzas debido al cansancio, tirarlo hacia la espalda del celta.
Ardra se volvió y esquivó el puñal mientras avanzaba un paso en dirección al rubio. Lo hizo todo deprisa y en un solo movimiento. Cuando llegó a su altura agarró el brazo que había lanzado el cuchillo y se lo retorció a la espalda.
Creía que estabamos de acuerdo... te habías retirado.
El matasiete escupió un gargajo de sangre y saliva a la cara del gangrel.
Ja!, por Taranis y la Morrigan que los tienes bien puestos... mmm busco gente como tu para algunos trabajos, se te pagará bien, puede que te interese.
Una mirada de estupor recorrió la cara del rubio para mutar, segundos después, en una amplia sonrisa que desembocó en una estruendosa carcajada. McLyr soltó su brazo y se unió a la risa del rufián mientras le palmeaba la espalda.
Bien, he aquí al primero de mis chicos...
Heidelberg - June 23, 2007 04:32 AM (GMT)
Las puertas de la taberna se abrieron despacio. Nadie se hubiera dado cuenta de ello con el espectáculo que reinaba en el local si no fuera por el frío gélido que entraba empujado por la brisa de madrugada, demasiada fría para aquellas épocas del año cuando los retoños comenzaban a dar sus primeros frutos.
Unos pasos lentos y ligeros entraron en el local acompasados por el pesado ruido de un cayado. Un hombre muy alto, demasiado para la época y delgado, de constitución fragil y fina hizo su aparición en el local. Caminaba ligeamente encorgado, apoyado con en su peculiar bastón, madera tallada y lijada de roble, acabada en un crsital con forma de rombo de curazo blanco y rosáceo. Sus ropajes eran una túnica roja con ribetes plateados, y de la capuchansobresían mechones de cabellos blancos.
Observó a toda la sala y paró un momento observando al enorme hombre que había delante de él. Se retiró la capucha dejando que todos los ojso observaran un rstro anciano, que rondaba los cuarenta y cinco años, los ojos vívidos y sabios, las arrugas de la cara marcadas y las cejas blncas pobladas. El cabello largo y liso y los ojos azules y grises.
Paró. En la quietud de su moviemitno echó una ojeada a toda la taberna como buscando algo, hasta que su mirada se posó en el hombre de las pieles, y en sus extraños tatuajes y trató de recordar todo cuanto había visto en sus viajes, activó su percepción sensorial* sobrehumana y observó satisfecho durante unos segundos como aquel hombre tenía la piel algo pálida, sobre todo para aparentar ser un cazador que se curte y gana la vida bajo el sol, más aun cuando en el poco tiempo que llevaba allí, no había parpadeado. Prestó atención a este gesto sin decir nada más, mirándole curioso a los ojos y se convenció. Ni siquiera tenía que vislumbrar los colores del halo.
Bien Albert, no te equivocabas, todo ese follón que escuchamos en la calle tenía que ser provocado por uno de los nuestros...
Ardra McLyr - June 24, 2007 07:56 PM (GMT)
Cuando la puerta de la posada de abrió, revelando a aquel extraño tipo, Ardra al principio no acabó de darle importancia. Fue cuando se dirigía a la barra en busca de bebidas para él y su nuevo amigo, cuando se fijó en como desentonaba la presencia y el porte, así como el vestuario del recién llegado, con un antro de mala muerte como aquel.
Una vez el tipo se quitó la capucha, el mercenario lo miró con fijeza, como preguntando con gesto hosco y mudo, qué es lo que hacía un hombre como ese en un local de mala catadura como aquel.
Mientras se encargaba de la vigilancia del recién llegado, el gangrel pasó una jarra llena de cerveza a Marcus, observando la actitud de los parroquianos de la taberna para con el recién llegado.
Heidelberg - June 24, 2007 08:02 PM (GMT)
Heidelberg se acercó despacio hacia el Gangrel, y lo observó trnauilamente de arriba abajo, durante unos segundos.
Buenas noches Dijo con tono seguro y firme. ¿Podría compartir con usted una pequeña charla?
Ardra McLyr - June 25, 2007 10:17 PM (GMT)
El mercenario escuchó la pregunta del recién llegado mientras se afanaba en pedir algún tipo de bebida en la barra, así que sin más se giró hacia su nuevo amigo Marcus y le tendió algunas monedas.
Toma muchacho, tómate algo e invita a quien quieras. Luego hablaremos de negocios.
El rufián aceptó las monedas y sin quitar ojo de encima a aquel extraño tipo de cabellos blancos, se retiró hacia su sitio.
Ardra se giró hacia su interlocutor, y tras observar con atención a aquel curioso hombre, se aprestó a contestar.
Si, en efecto, puedes compartir conmigo una pequeña charla. Siempre que me digas quién eres y por qué deseas hablar conmigo.
Estaba claro que el gangrel no acababa de ver claro el tema. McLyr estaba receloso sobre los motivos del otro, y no dejaba de vigilar los movimientos del hombre de cabellos blancos.
Podría ser de la sangre... veremos.
Heidelberg - June 25, 2007 11:45 PM (GMT)
Heidelberg observó durante un momento el aura andra para intentar asegurarse de lo que era casitotalmente obvio.
Tirada: auspex 2 ---> 1 éxito [tir]http://pariseo.byethost18.com/salida.php?id=319[/tir]
Sin embargo no quería parecer muy descarado, y aunque no alcanzó a distinguir según los colores del halo su estado de ánimo, si comprobó que su aura era pálida y sonrió con satisfacción.
Esperó a que el Gangrel le dirigiera la palabras para dirigirse a él, y si bien no lo conocía, con toda confianza se sentó despacio a su lado, trabajosamente cual anciano, y sin apartar la mano de su curioso bastón.
Mi nombre es Heidelberg... Heidelberg de Toreador...
El silencio del malkavian denotaba que le pasaba la palabras ahora que su presentación tamn escueta de´cia tanto de él, sin embargo, su forma de vestir, andar y observar las cosas difería ciertamente de lo que Andra estuviera acostumbrado a ver en los sensiblones humanistas del clan de la rosa.
Ardra McLyr - June 26, 2007 10:04 PM (GMT)
Toreador, ¿eh? ¿Y que querrá el artista del lobo?...
Ardra miró con fijeza a Heildelberg, juzgando su aspecto externo e imaginando lo que se escondía en la mente de aquel hombre.
Yo soy Ardra Lobo Sonriente McLyr, de los Gangrel... Y vuelvo a preguntarte, ¿qué deseas de mi?
Su forma de hablar era brusca y directa, sin dobles sentido. El gangrel solía ser sencillo y llano, dejando ver a los demás la totalidad de su personalidad, adornada con aquella fea y siempre lista sonrisa suya.
Heidelberg - June 26, 2007 10:50 PM (GMT)
Heidelberg observaba a Andra con mucha naturalidad, como si aquello lo hubiera hehco miles de veces...
Vos sois de laestirpe y estoy tratando de conocer a sus miembros en la ciudad, daod que lelvo relativamente poco tiempo en ella... y por lo que visto, no tenéis muchos escrúpulos...
dijo señalando la zona de la taberna en la que la sangre del chico al que había golpeado repetidas veces aun estaba fresca...
Pude oler la sangre fresca derramándose desde fuera, señor Andra...
los sentidos aguzados de Heidelberg estaban al tanto de otras cvonversaicones, ruidos y posibles miradas que atañían a aquella mesa.
Así que no pude menos que preguntarme que hacía un honorable cainita como vos, además perteneciente a los Gangrel pegándola a un humano para luego tomarse unas copas con él... y más en un tugurio de mala muerte com oeste... huele a cosas feas, señor Andra...
Heidelberg conocía lo peliagudo de su conversación así que se anticipó a contestar al gangrel antes de que estea biera la boca de nuevo
Sin embargo no soy el clásico Toreador, y me muevo en otras círculos distintos a lso habitulales en en clan de la rosa, como nos llaman... y me preguntaba que buscaba un hombre como vos en un sitio como este... quizás yo puda ayudaros...
Ardra McLyr - June 27, 2007 04:58 PM (GMT)
El gangrel soltó una carcajada fuerte y sonora, profunda como una montaña. Su mandíbula se movía al ritmo de aquella risa, pero sus ojos, fríos y fijos, no compartían la alegría.
Bien, maese Heidelberg, para empezar, soy Ardra, no Andra. Sé que tanta puntillosidad puede parecer un poco fuera de lugar, pero es que para los gangrel los nombres tienen mucha importancia.
La sempiterna sonrisa del mercenario había desaparecido de su faz.
En cuanto a qué hago yo aquí... no creo que sea de vuestra incumbencia, ni de la de nadie. Mis asuntos solo me atañen a mi, y si frecuento antros de mala catadura o no, y con quien me pelee... es algo que a nadie ha de importar siempre que no revele mi auténtica naturaleza a los mortales.
Ardra observó a los parroquianos de la taberna. El camarero no les quitaba ojo, aunque lo hiciera con disimulo, y a pesar de todos los matasietes y hampones del local, la reciente pelea parecía haber calmado los ánimos y las ganas de gresca en el sitio.
Ardra dirigió un guiño cómplice a su nuevo amigo Marcus, después se giró hacia el Toreador y continuó con su conversación.
Pero no creas que soy un perro sin modales, amigo Heidelberg, me acabas de proponer algo, dices que quizás puedas ayudarme... bien, te escucho, dime en qué podrías ayudarme... quizás me interese.
Heidelberg - June 27, 2007 06:40 PM (GMT)
Tirada: robar cuchillos ---> 4 éxitos [tir]http://pariseo.byethost18.com/salida.php?id=323[/tir]
Tengo habilidades poco usuales para ser un miembro de mi Clan...
FDI: tiras percepción+alerta dif 6 ^^
Ardra McLyr - June 27, 2007 10:20 PM (GMT)
El gangrel ni siquiera se dió cuenta cuando Heildelberg le quitaba los cuchillos de las fundas.
Vaya vaya, es rápido y muy bueno...
La sonrisa de Ardra volvió a ocupar su legítimo puesto en su boca.
Ya veo que posees grandes e inusuales habilidades, maese Heidelberg... si. Desgraciadamente no es lo que yo busco. Yo deseo encontrar bueno guerreros y no cortabolsas, por hábiles que estos sean. No obstante... quizás podríamos hacer algún que otro trabajo en alguna ocasión.
El mercenario estaba realmente impresionado, ya que normalmente los Toreador que había conocido jamás hubieran hecho alarde de tan innoble habilidad.
Ah, y por cierto, a pesar de lo impresionado que estoy por tu habilidad de latrocinio, si vuelves a tocar alguna de mis escasas pero queridas pertenencias haré que te comas tus propias tripas. Pocas veces amenazo a nadie, amigo Heidelberg, pero por mi honor Celta que siempre cumplo mi palabra.
Con una palmadita en la espalda, el gangrel le pidió amablemente sus hojas de acero al Toreador. Le había sorprendido mucho aquel tipo, pero que alguien pusiera las manos sobre sus armas sin permiso, podía llegar a sacarlo de quicio.
Heidelberg - June 29, 2007 02:23 PM (GMT)
Heidelberg sonrió sin miedo al gangrel mientras extendía su brazo para cederle sus armas...
Sé sin ningún tipo de duda que cumpliríais vuestas palabras... y recogiendo los brazos con un gesto de la mano apareció de la nada una moneda con la uqe sus manos jugueteaban incoscientemente a una velocidad que cualquiera dataría de sobrenatural.
Sin emgargo sabed my seor mío, que si yo no hubiese querido no os hubiéseis dao cuenta de que os flataban hasta que no fuerais ahcer us de ellas... pero eso no es impotante... ¿para qué necesitáis guerreros?
Heidelberg no era un vástago que supiera mucho sobre la guerra pero a pesar de su apariencia sus habilidades le permitína con crecer ser muy eficiente en las cosas que se porponía...
No os dejeis llevar por mi apellido Toreador... soy practicamente un repudiado de mi Clan... hablan de arte, y no comprenden el arte de las Prestidigitación... Soy un Ilusionista. Puntualizó sin ningún tipo de duda el Toreador.
Ardra McLyr - June 30, 2007 08:42 AM (GMT)
El gangrel estaba disfrutando con aquella extraña conversación.
Ilusionista... mmm
La verdad es que busco a guerreros porque estoy reuniendo un grupo de mercenarios libres. Necesito a guerreros capaces de seguir órdenes y disciplinados, aunque sobretodo me interesa que sean duros. Espero poder reunir a un buen grupo y poder ofrecer mis servicios en Paris, tanto a mortales como a cainitas.
Tras una pequeña pausa, Ardra echó un vistazo a Marcus.
Aquel muchacho rubio de allí, con el que acabo de pelear, va a ser el primer mortal que reclute. Por eso peleaba con él... tenía que probarlo.
Heidelberg - July 2, 2007 12:03 AM (GMT)
Heidelberg observaba al gangrel con curiosidad.
¿Para qué deseais un grupo de mercenarios? Los Gangrels son buenos cazadores y temibles enemigos en el terreno de combate, no le veo mucho sentido a que vos los necesiteis...
Cualquier vástago podía ser teible cuando se potenciaba con sangre y recurría a sus poderes, hasta Heidelberg podía ser realmente peligroso cuando se lo proponía...
Si eneis algo interesante que ofrecerme, podría seros de mucha más utilidad que esa escoria...
Ardra McLyr - July 2, 2007 04:57 PM (GMT)
Interesante...
En respuesta a tu pregunta, yo soy un soldado de fortuna, no he jurado lealtad a ningún señor de entre los cainitas, y espero poder crear un grupo de hombres libres como yo. Mi idea es la de ofrecer servicios de escolta y soldados a todos aquellos que los puedan sufragar. De esta manera, cualquiera puede obtener un buen servicio de guerreros, sin importar su posición o estatus social en la urbe. Guerreros que no deban lealtad a nadie más, y con los cuales se pueda contar al margen de los clanes.
Aquello resultó todo un discurso para el gangrel, poco acostumbrado a hablar tan seguido.
Por supuesto, también pretendo ampliar mi negocio a los mortales, al fin y al cabo, tendré que pagar, alimentar y armar a los miembros de mi grupo...
Ardra estudió el rostro de Heidelberg, aquel hombrecillo empezaba a despertar su interés.
Respecto a lo que me has dicho, bueno, al margen de buscar guerreros, siempre hay tareas que un grupo de mercenarios ha de cubrir y que escapan a las habilidades de la fuerza y el puro músculo. Puede ser que tenga un sitio para tí en mi organización, si es que deseas tener acceso a ella. Busco a hombres inteligentes y de probado valor, hombres en los que poder delegar responsabilidades sin que me fallen... ¿Crees que cumples los requisitos?
La pregunta flotó en el aire entre los dos cainitas, dando tiempo al Toreador a que pensara bien la respuesta.
Heidelberg - July 2, 2007 05:32 PM (GMT)
Heidelberg se interesaba cada vez más en el Gangrel pues el hehco de que no sirviera a ningún ni tuviera un idela que defender le proporcionaba la ventaja de poder usarlo para ciertos propósitos no muy nobles.
Creo señor Ardra que cumplo esos requisitos sobradamente... si lo deseais puedo ayudaros a conseguir más miembros, yo me muevo por los círculos más nobles de la estirpe... y juntos podríamos ser socios y sacar grandes cosas... además sería vuestro primer cliente pues estoy dispuesto a pagar por los servicios de vuestros mercenarios acaben sienod vuestros o nuestros...
Ardra McLyr - July 2, 2007 05:37 PM (GMT)
El gangrel sopesó la oferta del Toreador solamente un par de segundos.
Creo que no me has comprendido, maese Heidelberg... puedo aceptar a cainitas bajo mi mando como mercenarios, también puedo aceptar trabajar para los miembros de la estirpe por un precio, pero no busco socios. Cualquier cainita que desee entrar a formar parte de mi grupo lo hará bajo mis órdenes o no lo hará.
Ardra había sido seco y tajante cuando expuso su postura, mas su sonrisa no había abandonad su faz durante la conversación.
No es nada personal señor Toreador, es simplemente cuestión de confianza. Es un proceso largo y duro el de ganarse mi confianza, de manera que espero entiendas que rechace tu propuesta respecto a una sociedad. En lo que se refiere a usar mis servicios, bien, en eso no pongo problema alguno, dime que es lo que quieres hacer y si me acomoda, le pondré un precio al asunto.
Heidelberg - July 5, 2007 01:57 AM (GMT)
Heidelberg sonrió, parecía rudo, pero si no era capaz de apreciar sus habilidades ya lo haría con el tiempo.
NO os preocupeis, os comprendo, pero creedme cuadno os digo que pronto querreis tener a un socio, y no será otro que mi persona...
HEidelberg se giró para observar una mesa cercana, donde sus sentidos aguzados habán dejado de percibir conversaci´n alguna, y se dió cuanta de que un par de ojso desconocidos les observaban y prestaban atención a la conversación...
Para que a alguien no invitado le interesa la conversación señor Ardra...
Ardra McLyr - July 5, 2007 05:13 PM (GMT)
¿Socios? mmm, este tío es arrogante y ambicioso, y puede que sea peligroso también... pero hace falta más para que me ganes a tu causa, amigo.
El gangrel se fijó en la mesa que el toreador le señalaba. Nadie espiaría la conversación de Ardra McLyr sin su permiso, si ese alguien quería seguir vivo para ver un anochecer más.
Heidelberg - July 11, 2007 11:02 PM (GMT)
Los oidos atentos pàrecieron disiparse rapidamente y las miradas bajaron. Habían sido testigos de la fuera de Ardra y parecían no querer más problemas. Heidelberg volvió a prestar su atención sobre el Gangrel y continuó con lo que tenía en mente...
No es necesario que discutamos, lo único seguro es que quiero ser su primer cliente... y lo único que quiero saber por ahora, es que tipo de trabajos sucios estan dispuestos a ahcer usted y sus hombres, incluyendo a la estirpe, claro... y cualq es el pago que pedías a cambio...
Ardra McLyr - July 18, 2007 05:06 PM (GMT)
Los ojos de Ardra no se apartaban de Heidelberg, y su mirada decía a las claras que algunos de los comentarios del Toreador no le habían hecho demasiada gracia.
Nuestro cometido no es el de hacer trabajos sucios, maese Heidelberg, no hay nada sucio en buscar fortuna con las habilidades marciales. En cuanto al pago... decidme en qué estáis pensando y yo le pondré un precio.
Heidelberg - July 18, 2007 05:22 PM (GMT)
El asunto se estaba volviendo delicado y Heidelberg trató de elegir las palabras correctas.
Decís que no habeis jurado vasallaje a ningún señor... ¿No os habéis presentado ante el Príncipe de París, ni seguís las tradiciones? Si así fuera no teneis que preocupas pues no os delataría, pero me interesa hasta que punto estáis dispuesto a ofrecer a vuestros mercenarios...
Ardra McLyr - July 24, 2007 07:14 PM (GMT)
El gangrel se estaba cansando de la conversación, no tenía que rendir cuentas ante nadie, y menos aún ante un Toreador. Aún así, un posible cliente era algo que no debería dejar escapar...
Sin mover un solo músculo de su cara, Ardra se avino a contestar a Heidelberg.
Maese Heidelberg, empiezas a agotar mi paciencia con tus preguntas, que más bien se asemejan a un interrogatorio. Pero me has caído bien, muchacho, de manera que voy a avenirme a contestar.
Ardra dejó la frase en el aire durante unos segundos.
La verdad es que sí que me he presentado ante el príncipe, pero no he jurado lealtad al señor de los gangrel en la ciudad. Al fin y al cabo Aureus y yo somos viejos conocidos, y las costumbres entre los gangrel difieren mucho de lo que hacen el resto de clanes. No nos basta con que un príncipe designe a uno de los nuestros como primógeno para que el resto del clan lo acepte en una ciudad... a pesar de todo, Aureus de gangrel es un miembro antiguo y respetado entre los de nuestra estirpe, y habla por nosotros en París... pero de ahí a que le jure lealtad hay un trecho.
Y respondiendo a otra de vuestras cuestiones... me reitero en lo dicho, dime qué es lo que esperas que haga y te pondré un precio si el asunto me acomoda, pero te advierto, Toreador... ni yo ni los míos matamos por encargo, para eso ya hay clanes que se ofrecen. Los mercenarios luchan batallas y escaramuzas, luchamos en duelos, protegemos gente o la agredimos. Si lo que quieres es un asesino sigiloso que se mueva entre las sombras... buscas en el lugar equivocado.
Heidelberg - July 24, 2007 09:16 PM (GMT)
ME habeis entendido mal... Dijo sonriendo Heidelberg... No deseo asesinos, deseo ver que servicios ofreceis para adecuarlos a mis necesidades, y necesito gente capaz, que si tiene algún problema sepa defenderse... Necesito encontrar a alguien que no sé si está en la ciudad... Puede que pertenezca a la estirpe o no, no lo sé, y solo puedo facilitaros un nombre y una descripción... Eso es lo que quiero...
SI Heidelberg conseguiría encontrar a su hermana de este modo, era algo que no sabía, pero desde luego no levantaría las sospechas del segador o el príncipe temeroso po su vida.
Harían tus hombres ese trabajo para amí?
Ardra McLyr - July 25, 2007 05:28 PM (GMT)
Al gangrel le sorprendió mucho la respuesta del Toreador... ¿Buscar a alguien en París?. Podía hacerse.
Bien, maese Heidelberg, al fin dices algo conciso y claro. Lo que quieres puede hacerse, aunque con tan pocos datos y en una ciudad tan grande y poblada como París, puede llegar a ser complicado. De todas formas, es un trabajo para el que no puedo poneros un precio exacto, pues no sé cuanto se puede tardar en localizar al objetivo, ni que peligros conllevaría hacerlo. De manera que os haré un precio aproximado del trabajo: Dos libras de plata por cada día, si en dos semanas no consigo encontrar ni su pista ni ningún tipo de información al respecto, os devolvería la mitad de los honorarios.
Ardra calculó un precio medianamente justo por la labor.
Al fin y al cabo tendré que pagar a mis hombres... si el trato te acomoda, solo tienes que darme toda la información que dispongas para empezar la búsqueda.
Heidelberg - July 25, 2007 06:30 PM (GMT)
Heidelberg pensó durante unos instantes, no tenía mucho dinero, aunque para él no resultaba mucho problema conseguirlo con sus grandes dotes y sus maravillosas manos que parecían multiplicar del dinero.
El trato me parece justo... sin embargo engo entendido que aun no habéis juntado a vuesros hombres, no corre especial prisa, así que no tengo problema en daros lso datos en cuento reunais vuestros hombres y hayais decidido quien o quienes son los adecuados apra esa labor...
Ardra McLyr - July 30, 2007 09:23 PM (GMT)
La sonrisa del gangrel volvió a aparecer en su rostro, aunque esta vez revelaba bastante más hilaridad que de costumbre, como si riera de un chiste privado.
Ah, al fin un buen comentario con sentido común... ya decía yo que el muchacho me caía bien...
Tras pensárselo un poco, el mercenario asintió con un movimiento brusco de su cabeza.
Me parece una sabia decisión, maese Heidelberg. Cuando esté listo para ello yo mismo te buscaré, si sigues queriendo que te preste el servicio, claro. En todo caso, si deseas contactar conmigo, no tienes más que dejar un mensaje en esta misma posada y alguien me lo hará llegar.
Tras esas palabras el gangrel dirigió una mirada de reojo al posadero para acabar con la vista fija en su nuevo hallazgo, Marcus el rubio.
Heidelberg - July 31, 2007 02:22 PM (GMT)
Heidelberg observó al Gangrel. Si deseaba encontrarlo lo tenía difícil, el vivía del ilusionismo, del escapismo, del engaño...
Sea así, dejadme un aviso en la posada del cuerno rojo si deseais encontrarme, cuando lo tengáis todo dispuesto... Y yo lo recogeré cuando pase por allí...
Heidelberg comenzó a levantarse de la mesa...
Ahora si me disculpais he de irme... Hay aunstos que requieren mi atención y los he pospuesto demasiado... Buenas noches señor Ardra, ha sido un placer...
Ardra McLyr - August 8, 2007 05:16 PM (GMT)
Mclyr esperó hasta asegurarse de que Heidelberg salía de la taberna, y solo entonces volvió a reunirse con su nuevo descubrimiento.
Marcus el rubio se sentaba en una mesa, en solitario, con un par de jarras de cerveza aguada, esperando a quien acababa de darle una buena paliza.
Cuando el gangrel se sentó permitió que el otro hombre lo observara atentamente.
Bien, muchacho, ¿qué me dices de lo que estábamos hablando? ¿te interesaría trabajar para mi?
El matón miró a los ojos al gangrel, algo que agradó en gran medida a Ardra.
-¿Qué eres?
La pregunta pilló al mercenario desprevenido, mas en pocos instantes mudó su semblante por su habitual sonrisa, la cual desembocó en una poderosa y grave carcajada.
Has hecho una pregunta muy adecuada, muchacho... ¿quién soy? Soy un guerrero, soldado de fortuna, soy un seguidor de la antigua fe, soy mucho más de lo que parezco, y probablemente mucho menos de lo que me gustaría... pero ante todo, soy quien puede hacerte un hombre fuerte y poderoso, pero todo eso tiene un precio.
-¿Tan fuerte y poderoso como tu?
Al gangrel volvió a sorprenderle la pregunta, dos veces en una noche... desde luego había elegido bien.
No, al menos no de momento, llegar a lo que soy me ha costado años... pero haré que seas un hombre fuerte, y si las cosas me salen bien, un hombre suficientemente adinerado. Aún así, lo que yo ofrezco no es una bicoca. Serás más fuerte de lo que ahora eres y tu envejecimiento se detendrá, pero a cambio estarás sometido a mi voluntad, plena y totalmente sometido, serás un adicto a mi... comprendo que es una decisión difícil de tomar, y no te obligaré a hacerlo en contra de tu voluntad, pues valoro mucho la libre decisión de un hombre... ahora dime, ¿estás dispuesto a acpetar lo que te ofrezco?
La mirada de Marcus el rubio estaba fija sobre el cuerpo del gangrel, sopesando lo que éste le había dicho. Ardra era capaz de sentir su miedo, mezclado a partes iguales con una insaciable curiosidad. Mclyr había tenido un par de ghouls antes, sirvientes subyugados a su voluntad por medio del pacto de sangre, aunque su vida errante de guerrero había acabado con ambos muertos en un campo de batalla olvidado en algún lugar de Europa. El mercenario valoraba mucho el libre albedrío de los humanos, y es por eso que ninguno de sus ghouls fueron obligados nunca a beber su sangre, siempre tuvieron capacidad para decidir si deseaban aceptar el don (o maldición) que Ardra les ofrecía. Algunos de sus hermanos de clan consideraban que era peligroso para los mortales (y para el propio Ardra) ser tan franco, pero los antiguos hábitos eran difíciles de erradicar.
-¿Qué he de hacer?
La respuesta del matón no sorprendió esta vez al gangrel, no se había equivocado al juzgar a Marcus. Mientras Ardra asentía con un gesto, su mano derecha aferró un pequeño puñal de su cinto, y haciendo fuerza en uno de sus brazos, dejó correr su sangre en la copa del rubio.
Bebe hoy, Marcus, bebe tu primer sorbo de vitae, el cual te acerca un paso a la inmortalidad.
La melancolía se reflejaba en la voz del gangrel, así como una parte de alegría. Sentimientos encontrados que ilustraban a la perfección su estado de ánimo. Por un lado se sentía contento por haber encontrado a aquel eficiente muchacho, pero por otro sentía un intenso remordimiento por saber lo que estaba a punto de hacerle, privarle de su voluntad, atarlo a su sangre.