Un niño moreno, ligeramente delgado (aunque quizas demacrado fuese la palabra exacta para definir su quebradiza complexion), se acerco aquella noche del 30 de junio con una carta en las manos y con una sonrisa en los labios mientras que en su jubon apretaba una bolsilla de monedas de oro con la que resolveria su hambre y el de su familia por largos meses. Desconocedor del contenido y de su autor, simplemente se dirigio con la inconsciencia del hambre y la juventud a la morada de uno de los mayores depredadores que ha visto Paris, el dominio de Maximo Constanza de Lasombra.
Rapidamente y tal como se le habia encomendado y huyendo de cualquier protocolo, deslizo la carta por debajo de la morada del vastago.
CPR
La naturaleza reza: ¿quien podra escucharme?
La oscuridad se queja: ¿quien podra verme?
La muerte llora: ¿quien podra entenderme?
El cielo llama: ¿quien sabra alcanzarme?
El saber teme: ¿quien velara por mi?
El fuerte cuidando del valiente,
la naturaleza de la sombra,
la muerte encuentra su sitio en el cielo,
y todos tienen cabida en la tierra de la razon y el justo.
¿Y si nuestra maldicion fuese
la de "vivir" sin razon?
¿Y si nuestros rios y caminos
llevasen al mismo mar?
Unos pocos son los elegidos.
El reto es grande.
El objetivo alto.
El valor de la meta: incalculable.
Maximo de Lasombra, ejemplo de elegancia, conducta y señorio. Seria un placer contar con su asistencia para la CPR. Si estas palabras lo atraen, y quiere confiar en ellas, esperamos su visita en la ultima casa del ultimo barrio del Quartier du Marais, solo una casa estara iluminada en ese barrio abandonado de Paris.
Gracias por su atencion.
Un Amigo.