View Full Version: A la caza de un hermano

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Title: A la caza de un hermano
Description: Primavera de 1220 Bosques Germanos


Ardra McLyr - June 7, 2007 07:21 PM (GMT)
Entró en la aldea al caer la noche. Era apenas un villorrio en los alrededores de unos enormes bosques, pero tenía dos cosas que la diferenciaban de otras localidades: una enorme posada y el gran camino que la cruzaba. Desde los tiempos del imperio Romano mucha caravanas habían hoyado el camino con la intención de comerciar con el vino de los soleados valles del Sur a cambio del ámbar y las pieles del duro norte.

Un guerrero caminaba con largas zancadas, cubierto con el polvo de la carretera. Su mirada permanecía apuntando al frente y conforme avanzaba algunos labriegos, que regresaban a casa tras una larga jornada, pudieron percatarse de los extraños tatuajes que recorrían el cuerpo de aquel fornido hombre. Un red de espirales y símbolos en color verde y azul marcaban el cuerpo del extraño , desde su cara (algo desagradable a la vista y surcada de pequeñas cicatrices, hasta sus muñecas pasando por su torso.

Era evidente para la buena gente del lugar que el extraño era extranjero. Vestía con pieles bien curtidas, un kilt y un chaleco acompañados de una larga capa con la que se cubría del rigor del frío. Sus andares eran los de un trotamundos y su pose, así como la gran hacha que lucía colgando de su cadera izquierda, daban fe de su condición de guerrero.

Cuando el vagabundo se encontraba a la altura de la posada se paró en seco y abrió la recia puerta de roble.

Ardra McLyr - June 7, 2007 10:28 PM (GMT)
El humo del fuego de aquel descomunal hogar de piedra invadió los sentidos del viajero, haciéndole entrecerrar sus ojos para captar todos los matices del interior del edificio. La posada presentaba una planta rectangular, construida en piedra hasta la mitad de su altura y en madera hasta su techo; y aunque el edificio era realmente viejo su dueño lo conservaba en perfecto estado.

El hombre tatuado barrió la estancia con la mirada. A su izquierda se avistaba una alargada barra de dura madera autóctona, surcada de nudos y cicatrices viejas como el edificio. En el lado opuesto un buen número de mesas albergaban a los consabidos parroquianos locales, amén de a un buen puñado de comerciantes, buhoneros y viajeros de todas las clases y condiciones.
Cuando los profundos ojos de aquel extraño se pararon en una de las mesas, su ocupante, un achaparrado aunque corpulento britano cuya edad rondaría los cuarenta inviernos, hizo una seña hacia el recién llegado. Éste avanzó hacia la mesa con rapidez y sin esperar invitación se sentó mientras hacía un gesto hacia el camarero señalando la jarra de oscura cerveza de su compañero.

Buenas noches Albretch y bienhallado

La voz del guerrero tatuado era un rugido grave y sordo, como si hubiera pasado mucho tiempo desda la última vez que la había utilizado.

Buenas noches McLyr, gracias por acudir tan deprisa

El britano hablaba en un celta bastante áspero, como si hubiera de hacer memoria para comunicarse con Ardra.

No era para menos, dadas las noticias de las que me informabas en tu carta...

Ardra McLyr, cainita y soldado de fortuna, se dirigió a su compañero de clan en un tono ominoso, como temiendo la confirmación de lo que el otro le había hecho llegar en forma de carta tan solo tres semanas atrás.

Ardra McLyr - June 8, 2007 06:58 PM (GMT)
Las noticias son peores de lo que piensas, yo mismo lo vi allá en el bosque. Se desplazaba a cuatro patas tanto como con sus piernas y el miedo invadió mi cuerpo provocándome un escalofrío... tan solo lo reconocí como quien era por la red de tatuajes que cubría su cuerpo: tatuajes gemelos de los que cubren el tuyo.

El Celta de Albretch se iba volviendo mucho más nítido conforme hablaba, y aunque era un dialecto de Gales, el mercenario no tuvo demasiados problemas para entenderlo.
Ardra escrutó a su alrededor observando a la concurrencia con la intención de saber si alguien parecía interesado en su conversación, aunque no creía que ninguno de los que se reunían aquella noche en la posada entendier el idioma, nunca estaba de más ser precavido.

Entonces era Acechabosques...

No era una pregunta, sino más bien la confirmación de un hecho.

Estoy seguro. A pesar de que parecía más un animal que un hombre... la bestia lo tiene sometido Ardra... y yo no pude hacer absolutamente nada.

Albretch parecía avergonzado por la confesión de inactividad que acababa de hacer.

Y es mucho mejor así hermano. Eres demasiado joven como para enfrentarte a Acechabosques. Él es un consumado guerrero, y sumamente peligroso; además, lleva en esto más de dos siglos y medio... mi hermano es un bocado demasiado grande para ti.

Ardra no hablaba con desprecio, simplemente decía las cosas tal y como eran. El joven Albretch era un gangrel, chiquillo de uno de los hermanos de sangre de Ardra y de Acechabosques, y apenas llegaba a tener un siglo de edad.

Descuida hermano, ahora esto me toca resolverlo a mi... pero me vendría muy bien tu experiencia, ya eras buen explorador en vida, cuando Amric te dio el abrazo. Si alguien puede encontrar a mi hermano ese eres tu.

Ardra McLyr - June 10, 2007 04:27 PM (GMT)
Albretch asintió con su peluda cabeza e hizo un gesto a su hermano de clan para que salieran fuera de la posada. Ambas jarras de cerveza seguían teniendo el mismo contenido que cuando el camarero las trajo, mas ahora brillaban un par de monedas en la mesa, fruto del pago por el servicio prestado.

El cainita más joven indicó a su compañero Ardra que lo siguiera a través de la espesura del bosque. El mercenario jamás soñaría con moverse con tanto sigilo como Albretch, quien ya era un afamado rastreador antes de que le dieran el abrazo. Todos aquellos años pasados en el bosque habían servido para acrecentar la habilidad de Albretch, haciendo que el guerrero McLyr se sintiera como un torpe mientras caminaban entre la espesura.

Bueno, cada uno a lo suyo lobo...

Llevaban ya su buena media hora caminando cuando el joven gangrel hizo un gesto a su compañero de clan.

Tengo su rastro

Tras seguir el tenue rastro durante más de una hora, en la que hubieron de pasar por sendas que habían abierto los propios animales, McLyr sintió un leve cosquilleo en su nuca e hizo parar a Albretch. Concentrándose en sus propios sentidos y en su intuición de guerrero, Ardra escrutó los alrededores, buscando algo que delatara a aquel a quien habían estado buscando.

De pronto una rama se quebró. El ruido les sonó tan alto como si hubiera sido un árbol cayendo en sus últimos estertores bajo el filo del hacha de un leñador.
Con un gesto de su mano Ardra indicó a su acompañante que se alejara un poco del lugar, y cuando éste lo hubo hecho el Celta avanzó con todo el sigilo que fue capaz de reunir.

Cuando llegó al borde del claro pudo vislumbrar un espectáculo Dantesco. En medio de un montón de huesos, tanto humanos como animales, en diversos estados de descomposición, se erguía una inmensa figura medio encorvada, que daba buena cuenta de la sangre coagulada y de parte de la carne de algunas de las piezas.

Ardra McLyr - June 10, 2007 04:38 PM (GMT)
Los ojos eran dos pozos ambarinos que reflejaban hasta el más nímio haz de luz, cruzados por dos pequeñas franjas verticales parecidas a las de los felinos. Su boca no era más que un pseudo-hocico, similar al de un cerdo salvaje del que surgían dos poderosos colmillos, largos como un daga pequeña y sin duda muy afilados. Una gran masa de duras cerdas, similares a las de los jabalíes, cubrían la inmensa mayoría de aquel cuerpo encorvado, dándole el aspecto de un gran oso deforme, mas en algunas de las zonas en las que no había pelo, podían distinguirse, apenas visibles, unos tatuajes reflejo de los que el propia Ardra lucía con orgullo.

Por todos los dioses, es Acechabosques...

Armándose de valor ante lo que veían sus ojos y agarrando su hacha con firmeza, el Celta se encaminó hacia el claro, tratando de hacer ruido para no asustar a su hermano de clan.

Bran, hermano soy yo, McLyr... Vengo para hablar contigo Bran...

La voz de Ardra no era más que un susurro con el que pretendía tranquilizar al cainita, ya más bestia que hombre, situado en el claro. Acechabosques se irguió en toda su estatura, moviendo sus orejas lobunas de atrás hacia delante y olisqueando el aire del claro. Su cabeza se giró hacia Ardra cuando detectó su presencia y con una mirada propia del más fiero depredador, soltó un grave y feroz gruñido que avisaba al recién llegado de las intenciones hostiles del territorial cainita.

Bran tranquilo, solo deseo hablar contigo... soy Ardra, tu hermano...

McLyr sabía que era un intento desesperado. En todos los años que llevaba caminando bajo la larga noche, nunca había encontrado a un vampiro que estando tan dominado por su bestia consiguiera centrarse en una conversación. Pero aún así debía intentarlo, al fin y al cabo Bran "Acechabosques" O'bannon era su hermano de sangre.

Ardra McLyr - June 10, 2007 04:50 PM (GMT)
El feroz Acechabosques soltó el trozo de carne del que se estaba alimentando, y poiniéndose a cuatro patas, lanzó un segundo gruñido de advertencia, el cual surgió de una boca repleta de dientes rotos cuyos extremos aguzados hablaban de una lenta y dolorosa muerte.

Ardra observó a su compañero y hermano de sangre y no pudo menos que entristecerse. No era la primera vez que veía a alguien dominado por su bestia, de hecho, cuando empezó a viajar con su sire, hacía ya una eternidad, era a lo que se dedicaban con el viejo Duff. Su sire, Acechabosques y él, iban por toda Europa sirviendo a señores y Príncipes como cazadores, solo que las piezas no eran animales, sino bestias que en otro tiempo habían sido cainitas...

El ruido de unas zarpas rascando contra el suelo lo sacó de su ensoñación momentánea. Tras un par de avisos Acechabosques había decidido embestirle de frente. Una enorme masa de pelo y músculos, punteada por espinas, garras y colmillos, se le venía enciama a gran velocidad. El instinto guerrero del celta no le falló, y con un agil salto consiguió pasar por encima de su adversario sin ser herido.

No es momento de sentimentalismos, sino de lucha, es lo menos que puedo hacer por él...

Sin haber caído al suelo todavía Ardra hizo un quiebro de cintura y con un fluido movimiento de su brazo derecho, su hacha salió disparada, dando vueltas en el aire, en dirección a Acechabosques. El proyectil impactó de lleno contra el lomo de la bestia, quedando clavado todo el cabezal de hacha y haciendo que el formidable cainia diera un alarido de sufrimiento. Pero eso no sería suficiente para acabar con la no vida de tan poderosa bestia. Aquel golpe, que hubiera partido por la mitad al humano más fuerte, tan solo había herido superficialmente a aquel cainita.

Acechabosque se recompuso en seguida, y con una velocidad cegadora frenó su embestida y dio media vuelta, buscando a su torturador. McLyr apenas tuvo tiempo de sacar sus aguzadas garras de sus dedos, pues su hermano de clan ya lo acosaba con una lluvia de golpes, a base de zarpas, a los que era incapaz de responder.

Por la Morrigan, es mucho más rápido que yo... grrr, pero yo soy más fuerte y resistente hermano.

La mayoría de los golpes rebotaban en la dura piel de Ardra, pero algunos se enterraban en su cuerpo, dejando surcos rojizos por los que escapaba la vida del cainita.

Ardra McLyr - June 10, 2007 04:59 PM (GMT)
Ardra apeló a toda la fuerza de su voluntad para evitar que su sangre curase sus heridas y envió oleada tras oleada de su vítae hacia sus brazos y piernas, hasta el punto que sus articulaciones no muertas casi no podían resistir la tensión. A cambio, el gangrel obtuvo la ventaja de una mayor fuerza, así como más coordinación para arremeter en sus embestidas.

Tras recibier el aluvión de golpes, a los cuales no se había molestado en contestar, el celta dió un poderoso salto en el aire y tras una voltereta, quedó encaramado en la espalda de su adversario. Aplicando sus piernas con toda la fuerza de que disponía, el gangrel rodeó el cuerpo de Acechabosques y se dedicó a asestar metódicos garrazos en el lomo de aquel a quien había llamado hermano.

La piel del gangrel dominado por su bestia era durísima, pero no lo suficiente para poder aguantar las garras de su adversario, el cual las impulsaba con todo el poder de su sangre.

Tras varios segundos de golpes McLyr empezaba a albergar la esperanza de salir victoriosos del trance, mas un poderoso giro de su enemigo le hizo soltar su asidero y saltar por los aires para caer a más de cinco metros de distancia.

La dura epidermis del celta amortiguó el impacto evitando huesos rotos, aún así tuvo una vaga sensación de mareo y aturdimiento durante unos segundos. A Acechabosques le bastó ese tiempo para llegar ante Ardra y volver a lanzar su demoledor ataque, esta vez alternando sus garras y sus colmillos, haciendo salir la preciosa vitae del gangrel ante tan duro asedio.

Ardra McLyr - June 10, 2007 05:12 PM (GMT)
Ardra no las tenía todas consigo. El peso de su adversario lo inmovilizaba en el suelo y no quería recurrir a sus extremidades para liberarse, pues pugnaba por bloquear los peores ataques con sus brazos.

Mierda, no puede acabar así...

Un gruñido animal surgió de su garganta mientras sus músculos se tensaban para intentar sacarse de encima a aquella máquina de destrucción.

De pronto, todo el peso que lo aprisionaba salió despedido de encima suyo, provocando que la propia inercia del golpe acabara alzándolo, dejándolo de rodillas en el suelo.

La cabeza del gangrel se giró, buscando a su antiguo hermano, para ver con horror, como arremetía éste contra quien lo había alejado de su presa caída.

Albretch se encontraba lanzando cuchilladas con su espada corta, ante el furioso asalto de Acechabosques. McLyr no se lo pensó ni un segundo. Haciendo acopio de toda la fuerza que le quedaba consiguió ponerse en pie, y dirigiendo gran cantidad de su sangre para paliar lo peor de las heridas sufridas, corrió como alma que lleva el diablo, al encuentro de aquella bestia sedienta de sagre.

El choqué hizo que los tres cainitas cayeran al suelo, pero esta vez el celta se encontraba en una mejor posición respecto a su hermano de clan. Ardra apoyó sus fuerte rodillas en las extremidades delanteras de Acechabosques, y aplicando todo el peso de su cuerpo, así como toda la fuerza que pudo reunir, se dedicó a dibujar un mapa de heridas en la faz del cainita caído. Por cada golpe el celta soltaba un gruñido, cansado del esfuerzo y de la tensión de sus músculos, mientras que su adversario se quejaba entre estertores de sangre, castigado por las garras de McLyr.

Aún tuvo tiempo la bestia de morder un par de veces al gangrel, dejando sendas marcas dolorosas en torno a su pecho, las cuales, lejos de conseguir que el mercenario soltara su presa, hicieron que atacara con furia renovada.

Ardra, cuya visión se había tornado roja, pugnaba por controlar a su propia bestia, que ante tal banquete de sangre, rugía como el mar en un día de tormentas. Solo la férrea disciplina del mercenario le salvó de sucumbir a su bestia, y mientras golpeaba una y otra vez, una letanía se repetía en su mente, calmando su dolor y haciendo más llevadera su tarea presente.

No quiero acabar como él, no quiero acabar como él...

Por entre los huecos de tan extraño y sangriento abrazo, el joven y herido Albretch trataba de introducir su espada, con la intención de sajar el cuerpo de Acechabosques, acelerando su propia destrucción. El rostro del joven gangrel se veía desencajado por la lucha interna que tenía con su propia bestia, pero parecía que de momento podía controlarla lo suficiente.

Ardra McLyr - June 10, 2007 05:22 PM (GMT)
Aquello no podía durar mucho más, los movimientos del mercenario celta se hacían cada vez más lentos y el caído Acechabosques, a pesar de sus múltiples heridas, comenzaba a bloquear los garrazos de su atacante, gracias a su superior rapidez sobrenatural. Viendo todo esto, Ardra levantó su brazo derecho por encima de su hombro, y haciendo caso omiso de los mordiscos de Acechabosques, abatió su mano en un golpe que hundió sus garras en la garganta del gangrel caído.

Mientras el bestial cainita pugnaba por mover su cabeza, incapaz de darse cuenta de que se hallaba clavada al suelo por las aguzadas garras de su adversario, la fuerte mano de McLyr agarró la tráquea de su enemigo e intentando abarcar huesos y músculos, dio un poderoso tirón hacia arriba que consiguió desgajar el cuello de su hermano, prácticamente separando su cabeza del resto de su cuerpo.

Un último estertor de muerte recorrió el cuerpo de Acechabosques y su vitae fue saliendo a borbotones del agujero que Ardra había practicado en su cuello, como intentando unir de nuevo el tronco con la cabeza. Pero para aquel gangrel, consumido por su bestia interior, eran lo últimos momentos de su no vida. Su cuerpo empezaba ya a descomponerse, un proceso que en poco tiempo haría que un montón de cenizas se esparcieran desde el sitio en donde antes se había aposentado el cuerpo de un cainita.

Ardra McLyr - June 11, 2007 07:31 PM (GMT)
Todo había acabado por fin, Acechabosques se encaminaba hacia un olvido hecho de polvo y cenizas... todo se había convertido en sangre.

La vitae de Ardra se afanaba en recomponer las graves heridas sufridas durante el combate, mas debido al rápido y necesario gasto que había hecho el gangrel, el fluido era insuficiente para arreglar su duro cuerpo.

La visión del celta se estaba convirtiendo en un rojo torbellino, mientras su bestia empujaba hacia el exterior, aullando su ira por la falta de alimento. El propiio McLyr empezó a plantearse el hecho de lamer la sangre de su caído hermano, que encharcaba el suelo a su alrededor, filtrándose a través de la fría tierra, pero entonces captó un movimiento.
A su derecha el joven Ablbretch se levantaba, cansado y herido (aunque de menor gravedad), pugnando por tomar el control de su cuerpo.

Las fosas nasales del celta se inundaron con el olor de su compañero de clan y en su mente la bestia le instó a dejar que la sangre caída se secara en la tierra, pues contaba con una presa viva y fresca a mano. El cuerpo del mercenario se tensó preparado para saltar sobre su compañero. El salto no llegó a producirse; con una cara a medias entre el más absoluto horror y la concentración fruto de una intensa disciplina, la boca de Ardra se abrió para decir una única palabra.

¡Márchate!

Su voz sonó como el trueno, con la gravedad de un movimiento sísmico y la sequedad de los desiertos del Sur. En esa única palabra se adivinaba el tremendo esfuerzo que estaba acometiendo el gangrel para controlar la ira de su bestia, una ira teñida del rojo de la sangre.

Albretch vio aquel macabro espectáculo y sin un instante de duda emprendió la huida corriendo como si estuviera siendo perseguido por los mil demonios del infierno. El eco de sus pasos fue alejándose hasta que dejaron de escucharse las pisadas humanas, cambiadas por el frenético aleteo de un gran ejemplar de halcón que huyó en dirección Oeste.

Aquella noche en el bosque un grito de horror, a medias aullido a medias gruñido, se dejó oir, asustando a todos los animales de los alrededores, y una bestia furiosa cabalgó su ira y su frustración a lomos del ansia de fluido vital. Y la noche fue sangre, y fue caza hasta que la bestia quedó ahita de aquel horroroso manjar.




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