La bella mujer cerro las pesadas puertas tras ella. Su morena piel quedaba oculta tras los pliegues de sus ropas de seda negra. A su espalda las dos cimitarras labradas hacían sobresalir los pomos por encima de sus hombros. Pero ningún ruido produjo mientras bajaba descalza las escaleras de piedra.
La sala del trono estaba a medio construir, pero el asiento elevado ya estaba situado en su lugar. Así como su dueño, que estaba acompañado por su chiquillo más leal, delgado y nervudo, palido y de mirada afilada... como las descripción de un estilete nuevo.
La voz del Señor resonó tras la máscara blanca en Marfíl tallada.
- Dame novedades mujer... dime algo de mi perdido chiquillo en Paris.
Pero las palabras de respuesta se mantendrán ocultas tras lo muros y las puertas de gran grosor. El tiempo de la sangre y la venganza había llegado. Marfíl había venido con intenciones poco claras... por lo menos para los habitantes de la Estirpe de París.