Geoffrey descabalgó delante del ayuntamiento y entró para encontrarse con el alcalde como estaba planeado. Era curiosa la figura del alcalde en la ciudad, porque su poder era realmente escaso: no sólo los gremios le comían una burrada de terreno, sino que el Rey mismo habitaba en la ciudad y decidía cómo debían ser las cosas en ella. Por ello, el alcalde estaba relegado a ser una figura mediocre, ocupando sólo un puesto intermedio que lo alejaba de las diferentes fuentes de poder seculares.
Y, sin embargo, el Duque se dignó a ir a visitarlo. Geoffrey sabía que estaría muy nervioso, porque siempre lo estaba. Sería una conversación tranquila y agradable, de la cual el Cainita esperaba obtener alguna información util, en especial sobre a hambruna. Aun no habia llegado la peor parte de ella y debia estar preparado para ella.