La luna no traía buenas noticias a la cainita, un rastro de sangre la ocultaba dándole un aspecto ceniciento, presagio de terribles acontecimientos que pronto llegaron a sus oídos, atrayendo la oscuridad de los abismos...
El rumor convertido en realidad llego a la casa de la ventrue, el fin de Maxence de toreador a manos del príncipe...
Ya nunca volverían a encontrarse sus pasos, la hermosura de un ser tan etéreo se había perdido, alguien tan humano, tan puro... Alguien leal, con ideales nobles, destruido, despojado de la existencia por una mano ajena y sangrienta.
El dolor en su interior era irreconocible, las lágrimas no bastaban para aplacarlo.
Sus manos ocultaban su rostro empapado, deformado por el sentir de la perdida...tristeza, pena, dolor, ausencia, vacío. Duelo, duelo de sentimientos y al fin rabia, una necesidad indomable de venganza.
Poco a poco afloraban en su interior nuevos sucesos que le dotaban de fuerza, una fuerza inexplorada, una fuerza indomable, lejana pero cercana. Estaba ahí, estaba en ella, estaba en todo...
Un nombre la despertaba, uno con el suficiente poder para destruirla y transformarla.
Abandonaron sus manos el rostro, resurgiendo tras las cenizas del pensamiento. Una idea fija acompañaba a su caligrafía perfecta...