Title: Siguiendo el rastro de la muerte negra
Description: 20/05/1226
Adila Al-Benazir - May 17, 2007 05:30 PM (GMT)
Después de asistir a la reunión de las damas de París todavía tenía más de la mitad de la noche por delante, así que se dispuso a intentar averiguar algo sobre un tema que la preocupaba.
Los rumores habían guiado sus pasos hasta un barrio de casas a media altura de La Vilé.
Pareciera que la peste encontró allí a sus primeras víctimas mortales y la Assamita quería averiguar los motivos de tan atroz plaga en París. Todo aquello que le quitara "el pan de la boca" atraía poderosamente su atención, y teniendo en cuenta que no disponía de rebaño, la salud de los habitantes de la ciudad le preocupaba como la suya propia...
Se acercó sigilosamente a una de las casas que parecían abandonadas. Una familia entera había perecido allí (o eso decían) y deseaba echar un vistazo en el interior.
Evento - May 18, 2007 05:38 AM (GMT)
La casa esta abandonada, en el interior ya no hay más que polvo y suciedad. Ya que nadie se atreve a entrar por un absurdo miedo a contraer la enfermedad en su interior. Hay decenas de casas como esta en el barrio.
En las calles y a estas horas de la noche, es raro encontrar algún alma, pero no imposible.
Adila Al-Benazir - May 18, 2007 09:18 AM (GMT)
Adila entró en una de las viviendas deshabitadas para ver si podía hallar algo que le diera una pista, más lo que allí quedaba era basura inservible y sobretodo polvo, mucho polvo.
Lejos de desanimarse salió al exterior donde el aire no estaba tan viciado y se sentó a pensar en qué hacer.
Su afinado oído, siempre alerta, le advirtió de unos pasos que se acercaban por la calleja. Al levantar la vista la Assamita vió una figura acercándose. Entornó los ojos en un gesto de escrutinio por encima del velo y pudo distinguir a una vieja que portaba un pesado fardo con objetos de dudosa procedencia.
Con movimientos sigilosos para evitar auyentar a la mujer se acercó y cuando estuvo a una distancia prudencial de ella le habló en tono amable:
- Buenas noches, ¿necesitais ayuda? Parece que esa bolsa pesa lo suyo... Acompañó esta última frase con un movimiento de su mano, que hizo tintinear un par de monedas entre sus ropas, mientras una de sus cejas se levantó de manera cómplice.
Evento - May 18, 2007 09:23 AM (GMT)
La pobre anciana se asusta ante la voz surgida de la nada y el fardo se le cae, cayendo al suelo un buen número de objetos metálicos de diversas utilidades y un par de estatuillas de santos tallados en madera.
Al ver a la mujer se parece tranquilizar un poco y hace el gesto de recojer sus carga... hasta que escucha las monedas.
- Y en que os podría ayudar una pobre abuela como yo mi niña?
Adila Al-Benazir - May 18, 2007 09:39 AM (GMT)
El dinero suena igual en todas partes.
Una sonrisa complacida se dibujó tras el velo.
- Busco poca cosa, estoy convencida de que una buena mujer como vos podreis encontrar la manera de ayudarme.
Despacio la Assamita se agachó para ayudar a la anciana a recoger sus cosas, aunque su intención no era esa, si no la de revisar lo que había en el fardo más de cerca.
Cuando su rostro estuvo a la altura del de su interlocutora le volvió a hablar:
- Parece que la Peste se ha cebado con la ciudad de París ultimamente, y por lo que he oído todo se inició en este barrio... una lástima.
Movió levemente la cabeza con pesar.
- Me gustaría saber, entre otras cosas, si vos podríais decirme donde se dió el primer caso, y si recordais cualquier cosa relacionada que os llamara la atención.
Evento - May 18, 2007 10:18 AM (GMT)
La anciana mira desconfiada a la mujer del velo. Pero cada dia no surgía la posibilidad de ganarse unas monedas y la infomación requerida no le complicaba el trabajo... ya había vaciado esos lugares.
- Al final de esta calle hay una serie de casas donde parece ser que se llevaron los primeros cadaveres. Pero recuerdo perfectamente que unas semanas antes, en la casa de al lado, mataron a todos sus habitantes. Dicen que la peste es una maldición procurada por los fantasmas de los que allí habitaban, en venganza por la inexistente ayuda que les procuraron.
La abuela hace un par de gestos, con el objetivo de espantar la mala suerte.
- Dicen que los asesinaron en la oscuridad de la noche y que nunca encontraron sus cabezas. Allí vivía un matrimonio con cinco hijos ya mayores. - La voz de misterio dejaba claro que era posible que esto último ya fuesen leyendas urbanas.
Adila Al-Benazir - May 20, 2007 07:22 PM (GMT)
Después de escuchar con atención las palabras de la anciana y ayudarla a recoger sus cosas la Assamita urgó en sus vestiduras, sacó un par de relucientes monedas y entregándoselas le dijo:
- Aceptadme esto en agradecimiento a vuestra amabilidad, quizás podais compraros un hatillo que sea más fácil de llevar... Buena noche.
Sin darle más vueltas se dirigió con paso decidido a la casa en la que la Peste acabó con sus primeras víctimas.
Evento - May 21, 2007 05:54 AM (GMT)
La casa podía o no ser la primera en la que la Peste hizo su aparición. Pero el hecho era que la casa llevaba tanto tiempo deshabitada que en efecto podía ser el origen. El interior estaba sucio y se notaba que varios cisitantes habían paseado por sus estancias tras la muerte de sus dueños.
No se trataba de una casa pequeña para desheredados o gestes que sobreviván con lo puesto. La barriada era de ciudadanos más acomodados, trabajadores del mercado o gentes con más suerte aún; soldados de algún castillo o oficial de alguna carpinteria o forja.
Solo algunas ratas se arrastran por su interior, junto a otro tipo de seres despreciables.
Adila Al-Benazir - May 21, 2007 03:25 PM (GMT)
A Adila le sorprendió el estado de la casa, quizá esperaba que fuera algo más humilde, o tal vez que no se hallara tan vacía... La registró con desánimo sabiendo que demasiados ojos y, sobretodo, demasiadas manos habían pasado por allí.
Al terminar se dió cuenta de que una fina capa de polvo se había posado sobre sus ropas y la recubría como si hubiera estado en aquel lugar durante días. Se sacudió como pudo y salió al aire fresco de la calle.
Todavía tenía la desagradable sensación de haberse tragado un montón de pelos de gato, cuando recordó lo que la vieja le había contado sobre unos asesinatos en la casa contigua.
Seguramente la mitad de la historia era pura superchería así que tendría que encontrar la parte de verdad que le interesaba.
Adila Al-Benazir - May 22, 2007 11:29 AM (GMT)
Con felinos movimientos entró a un patio interior en el que, curiosamente, no parecían haber hecho mella los ladrones.
Nada más poner un pie en el interior de la casa la asaltó la sensación de que alguien la vigilaba entre las sombras y sus músculos se tensaron.
El aire allí era rancio, cargado, agobiante. Los muebles se erguían como témpanos mudos, como si respiraran bajo la madera, como si escondieran algo en su interior, algo oscuro, algo que era preferible no ver.
El polvo se acumulaba encima de los objetos abandonados, en las grietas de las paredes, en los rincones... en todos sitios menos en el suelo del pasillo principal.
Alguien ha estado pasando por aquí...
Adila afiló su mirada convirtiendo sus ojos en dos rendijas negras y escrutadoras para ver si podía descubrir algo más.
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Fdi: Tirada de percepción enviada a Tramas.
Evento - May 24, 2007 09:40 PM (GMT)
La casa, de corte cuadrado con patio interior, esta a oscuras. Ningún ruido significativo o remarcable, es audible por la hija de Haquim... o sí. Por el pasillo principal escucha casi perfectamente como algo arrastra los pies.
Algo con pies claro.
El ser se mueve poco a poco y sin luz ninguna.
Adila Al-Benazir - May 24, 2007 09:54 PM (GMT)
Entre las sombras de la casa Adila vio a un hombre que se acercaba aferrándose a las paredes. Las ropas que le cubrían, para su sorpresa, eran de corte árabe.
A pesar del aspecto del desconocido el instinto de la Assamita fue más fuerte. Con todo el sigilo del que disponía, utilizó el poder de su sangre para quedar oculta a los ojos y a los oídos del que arrastraba los pies en dirección a ella.
Evento - May 24, 2007 09:58 PM (GMT)
El extraño hombre avanza hasta que trastabilla y cae al empedrado suelo del pasillo. Por suerte es capaz de anteponer las manos a que su nariz aguileña golpee contra el suelo.
Comienza a toser por el polvo y parece murmurar alguna cosa.
Adila Al-Benazir - May 24, 2007 10:03 PM (GMT)
La Assamita se acercó con la intención de escuchar las palabras de los labios del extraño. A fin de cuentas, había venido allí a investigar y la palabrería de una anciana sobre fantasmas descabezados no podían obnuvilar su buen juicio...
Evento - May 24, 2007 10:09 PM (GMT)
Tras un estertor extraño, producto de la tos y las nauseas, el hombre vomita.
Algo negro y viscoso cae al suelo mientras el dolor se apodera del cuerpo del pobre hombre. Comenzando a sufrir lo que parece un ataque.
Agarrandose el estómago, y aún saliendo algo de aquel extraño suero de la boca, gira sobre si mismo por el suelo, emitiendo sonidos de dolor extremo. Gritando en un idioma incomprensible palabras de desesperación.
Adila Al-Benazir - May 24, 2007 10:27 PM (GMT)
Adila, descubiéndose de la capa invisible que la mantenía oculta, se acercó al hombre que gritaba en el suelo.
Muerto seguro que no me sirve de nada, al menos que sus últimas palabras no caigan en saco roto...
Con sus manos, cubiertas como el resto de su cuerpo, lo intentó inmovilizar agarrándolo por los brazos, y cuidándose mucho que aquello que le había salido de la boca ni la rozara.
Le habló en un perfecto árabe y su voz sonó imperativa y uniforme, como cuando en la batalla había tenido que decirle a alguno de sus compañeros que dejara de moverse para arrancarle una flecha hincada en su carne.
- Intentad estaos quieto o no podré ayudaros. ¿Qué os ha pasado?
Evento - May 25, 2007 07:06 AM (GMT)
El hombre queda un segundo quieto, poniendo los ojos en blanco y quedando palido muerte. Su boca a quedado abierta, mostrando aún el hilillo de vómito, unos dientes amarillentos y un aliento terrible.
El silencio se hace en el pasillo que da al patio interior y la mala sensación de Adila empeora. Es una sensación parecida a algo que ha sentido antes, y no hace mucho de ello. Una sensación de mareo que pesa sobre sus hombros morenos... su mente busca el origen del recuerdo hasta que da con él.
St. Denis.
Allí noto algo parecido... pero en aquel momento se trataba de algo que la atacaba por su naturaleza y esta es una repugnancia extrema. Como si estubiese oliendo a podrido continuamente.
Y entonces todo se acelera.
El vómito negro se retuerce y se agarra a el tobillo de la Cainita, produciendole un dolor terrible y demostrando una fuerza descomunal. La extraña entidad crece por momentos y se retuerce cual criatura pulpoide. Su capacidad pegajosa deja enganchada a la Assamita al suelo sujetandole la pierna.
Adila Al-Benazir - May 25, 2007 09:07 AM (GMT)
¡Mierda! ¿Quién me mandaría a mí ser piadosa?
Adila luchó para zafarse de aquel ser viscoso sin éxito. Su fuerza sobrehumana la mantenía aferrada sin remisión. La Assamita sintió una punzada aguda y como le comenzaba a hervir el tobillo.
La ira descontroló su razón, más le dio alas a sus instintos de asesina.
Concentrándose en el poder que corría por sus venas sintió cómo los músculos se le endurecían con una fuerza y una destreza desmedidas. Con los ojos casi cerrados por el dolor de la herida que le había abierto aquel monstruo, consiguió hacer un último esfuerzo para que su sangre se convirtiera en un veneno mortífero mientras desenvainaba la hoja de su alfanje cortándose la palma de la otra mano en el mismo movimiento.
- ¡Yo también voy a hacer que te escueza maldito bicho vomitado!
Evento - May 25, 2007 10:14 AM (GMT)
El extraño ser crecía por momentos, adquiriendo lo que parecía ser una forma aracnida de doce patas tentaculadas. Su color era negro como el abismo, pero con un brillo humedo sobre su quitinosa superfície.
Doce ojos amarillentos se abrieron para mirar a la Assamita con hambre, pues el monstruo había decubierto que la sangre de la Cainita era más sabrosa de lo común. Sangre poderosa que fortalecería su ser al exprimirla.
La bestia negra se conformaba en tenerla atrapada mientras adquiría si forma definitiva. Que era del tamaño de un rinoceronte.
Adila Al-Benazir - May 25, 2007 10:45 AM (GMT)
¡Por Alá! ¡¿Qué es esa cosa?!
La Assamita no había visto jamás semejante monstruosidad. Sus sentidos se quedaron colapsados ante aquella araña gigante que la miraba babeando a través de sus doce ojos brillantes. El impacto menguó la precisión del golpe que le asestaba, y la hoja de su alfanje resbaló por encima del cuerpo deforme y viscoso de la criatura.
Lo único en lo que Adila era capaz de pensar era en alejarse lo más posible de aquel bicho del averno, así que intentó zafarse de nuevo utilizando más fuerza que la vez anterior. Los músculos se le hincharon anormalmente mientras una mueca de dolor se le dibujaba tras el velo. Un potente grito se abrió paso como un rugido salvaje a través de su garganta y resonó entre las paredes de aquella casa maldita. La cabeza iba a estallarle por la presión, la vista se le nubló a causa del esfuerzo absoluto que hacía por su no-vida.
Tan sólo dispuso de un segundo. Con un chasquido, el zarcillo que la sujetaba cedió apenas un instante a la sobrehumana fuerza de la guerrera. No pensó, tampoco habría tenido tiempo para hacerlo, su instinto la empujó hacia el exterior de la casa todo lo rápido que pudo... incluso un poco más.
Corre, maldita sea, ¡corre por tu alma!
La herida del tobillo aún le hervía la piel. Pero, desde luego, era infinitamente positivo sentir ese dolor, ya que quería decir que todavía estaba viva.
Evento - May 28, 2007 05:30 AM (GMT)
El pasillo se volvió eterno tras la liberación del tobillo. El ruido de las doce patas del monstruo resonó en la mente de la Cainita, pero sin llegar a saber si era real o era su imaginación la que la convencía de tener a la negra bestia tras la nuca.
El aire fresco de la noche golpeó la fría y morena piel de la hija de Haqim.
Adila Al-Benazir - May 28, 2007 11:12 AM (GMT)
A duras penas pudo reponerse del enorme esfuerzo que había tenido que hacer para salir de la casa.
De pie en la calle apoyó las palmas de sus manos en las rodillas y recobró un aliento que no necesitaba mientras miraba a su alrededor. A unos diez metros divisó entre las sombras lo que parecía la entrada a un callejón oscuro.
Se acercó con cautela y con hambre, sobretodo con hambre.
Afiló los ojos por encima del velo y consiguió distinguir un bulto que respiraba tendido en el suelo. Se acercó sigilosamente, como un gato acechando a un pequeño ratón distraido con un pedazo de queso. Era un hombre de mediana edad que, a juzgar por el olor intenso a alcohol que desprendían sus ropas, estaba durmiendo la borrachera.
La bestia que habitaba en Adila se mostró durante un instante en sus pupilas. La víctima tan sólo emitió un gemido ahogado cuando ella le clavó los colmillos en el cuello. La sangre entró como un torrente en su boca devolviéndole las fuerzas y desentumeciéndole los músculos doloridos.
Tras lamerle la herida al cadáver se encaminó hacia el refugio de uno de los pocos cainitas que conocía en París, el Primógeno Nosferatu, Zack Thomas.
A ver qué le parece esto al Señor de los secretos de París...--------------------------------------------------------------------------------
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