View Full Version: "Bajo un cielo estrellado."

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Title: "Bajo un cielo estrellado."
Description: Breccianno, Mayo de 1208.


Aloisius Montenegro - May 2, 2007 01:14 AM (GMT)
La noche era clara. Las estrellas bañaban con su luz los estrechos callejones. El día había sido caluroso y la noche seguía su rastro.
El estruendo de un carruaje que se aproximaba le despertó de sus ensoñaciones.
Se apartó, apretandose bajo el dintel de una portezuela desportillada.
Al pasar apenas entrevió a una bella dama. Sus ojos se clavaron en él, y tuvo la certeza de que le habían escudriñado casi hasta el alma.
¿Quien sería aquella hermosa dama? Sus ojos estaban llenos de belleza pero eran frios como la muerte.
El carruaje se alejó calle abajo, dejando una estela de polvo que le hizo toser.
Siguió su camino. Le estaban esperando, aquel asunto era incómodo pero necesario.

Aloisius Montenegro, juventud y nocturnidad.

"En primavera se caen las hojas, llenas de los garabatos de los pintores y las palabras de los poetas."

Nayara - May 2, 2007 02:53 PM (GMT)
Estaba de vuelta, estaba en sus tierras y sin embargo no se sentía en ellas...sus hermanos le habían convocado para delimitar ciertos temas que debían ser solucionados. Sabía que era deber suyo acudir pese a no desearlo; sobre ella la espada de Damocles pendía aun mas cerca hayándose en su propio hogar.

El carruaje le devolvía al carcelero castillo, antaño lugar de vivencias felices, hoy sólo un recuerdo de lo que un dia fue para ella.
Su mirada se detuvo en los álamos tristes y sus lápidas, ahí reposaba todo lo que le quedaba de su pasado, mas debía seguir adelante, para ella el tiempo no era delimitado y anclarse en su dolor no lograría ayudarle.

Hasta la entrada principal fue guiada por el cochero, con exquisito formalismo el conocido chambelán de la familia le abrió la puerta y le cedió su mano para ayudarle a bajar.
En el rostro del fictíceo anciano se descubría una sonrisa bajo las perpétuas arrugas que cubrían su blanca tez. Ése gesto valió para que la dama cambiara su semblante al encontrarse con un buen amigo, después de todo su hogar no había cambiado demasiado.

Saltándose el protocolo como hacía de costumbre con el buen Andrea, lo abrazó con dulzura dedicándole la mas bella de las sonrisas.

- Mi buen amigo, cuanto tiempo distante de estas mis tierras, de vos, mi familia. Me dedicais el mejor de los recibimientos, y os lo agradezco.-

Andrea era quizás el más cercano a la dama junto con Francesco, ambos la vieron crecer y la guardaron de peligros en vida y mas alla.
Acompañada por el anciano llegó hasta sus aposentos, debía arreglarse para la reunión familiar y sus invitados; de nuevo en su sitio pese a añorar su hogar en tierras de Francia...

Aloisius Montenegro - May 8, 2007 08:42 PM (GMT)
Recorrió con pasos prestos las callejuelas de la pequeña ciudadela. Pronto llegó hasta la pequeña portezuela, sabía que dentro le estaban esperando.
Golpeó tres veces la puerta y, después de insistir, alguien acudió y abrió un ventanuco pequeño.

- ¿Quien va?-Con voz cascada y rasposa le contestó un hombre.

- Soy Maese Montenegro. El Signore Petrucci me está esperando.

- Ah, si, pasad- Le dijo mientras abría la chirriante puerta.

Atravesó el descuadrado dintel, que daba a un estrecho pasillo. El hombrecito sujetaba un mísero candil de aceite. Le guió por unas estrechas escaleras hasta llegar a una pequeña bodega.
Allí les esperaba un hombre de oronda barriga y grasiento pelo.

- Signore Montenegro, que alegría conocerle- Le dijo el hombre con fuerte acento siciliano.- ¿Ha traido lo que tratamos?

- Veo que, como siempre, le gusta ir al grano Maese Petrucci. Si, lo he traido.

- Benne, benne. Hagamos il intercambio entonces.

- De acuerdo.- Metio la mano dentro del zurrón, sacó un saquito tintineante y estiró su brazo acercandolo al siciliano.- Aqui teneis lo acordado.

- Molto benne, amicci.- Recogió la bolsa de las manos del caballero. La sopesó durante un breve instante y sonrió.- Perfecto. Aquí teneis.

Se agachó y estrajo una caja de un pequeño baul. La puso encima de la mesa y la abrió. El señor Aloisius Montenegro comprobó su contenido y sonrió.

- El Vaticano está encantado de tratar con Usted Signore Petrucci. Esperemos que nuestra relación dure mucho tiempo.

El Siciliano asintió. El señor de Montenegro cogió la pequeña caja y la guardó en el zurrón. Se giró después de dar una pequeña reverencia y subió por las escaleras. Salió a la calle y caminó con paso firme calle abajo.

Aloisius Montenegro, caballero en misión vaticana.

"Cumple con tu deber y vuelve antes del amanecer, pero no apresures tus pasos más de lo necesario, podrías volver antes de tiempo."

Nayara - May 11, 2007 03:24 PM (GMT)
Todo permanecía como a su partida, todo hasta sus muñecas...la habitación de una niña, de una dama que nada sabe de la vida. Todo era ternura tras aquella puerta.

Apoyada en su cama acarició con dulzura sus sábanas, como si al hacerlo recuperara parte de su pasado. Una sonrisa se dibujaba en su rostro al oir la música de los violines comenzar a despertar a los vástagos.

Era momento de empezar...Francesco se había encargado de su vestido, para la ocasión un hermoso vestido color beige, con hombros descubiertos y mangas de tul, con caída recogida, que con cuidado fué colocado sobre su cuerpo.

Quedaba perfecto, casi se sentía como antaño, luciendo zapatos nuevos...mas no era un baile lo que la esperaba, aunque sus pasos serían igualmente comedidos en principio.

Bajó majestuosa las escaleras de caracol,su porte denotaba ser descendiente de las damas de la casa, y su sonrisa conseguía hacer cesar instantes a algunos músicos, que obnubilados le contemplaban recibiendo la pronta llamada de atención de Andrea.

Las lámparas vestían ya de luces su morada, todo estaba dispuesto para el comienzo, mas faltaban los importantes, los que aún no habían llegado.
No pudo detener el impulso de recorrer sus calles, ¿habrían cambiado?, sus deseos eran fuertes y demasiada la espera. Dedicándole un guiño a su imperecedero amigo, abandonó la estancia dirigiéndose a ellas, deseaba ser libre un instante, contemplar a Selene sobre Bracciano inundando de paz sus hermosos rincones.

Aloisius Montenegro - May 16, 2007 09:43 PM (GMT)
La calle parecía desierta, nadie en su sano juicio o que no tuviese ningún asunto turbio o "diferente" se aventuraría tan entrada la noche por los estrechos callejones. Bajó unas escaleras polvorientas. Hacía calor, las temperaturas habían subido, amenazaba tormenta pero no acababa de cumplirse dicha amenaza.
Sintió una estraña sensación, como si alguien clavase sus ojos en él.
No le gustaba nada. La calle seguía pareciendo desierta. Concentró sus sentidos y supo que allí había algo. Algún habitante de la noche se escondía entre las sombras. Metió su mano en el zurrón, sólo para comprobar que el pequeño objeto seguía allí.

- Sal de tu escondite y date a conocer.- Las sombras no se dignaron a contestar, o quizás aún estuviesen sorprendidas porque un simple humano les dirigía la palabra.

- Sal, por favor, hace una buena noche para hablar.

El silencio continuó siendo la única respuesta. Siguió manteniendo sus sentidos atentos e incluso aumentó sus percepciones. Ladeó un poco la cabeza y sonrió. Ya sabía a que se enfrentaba.

- Te sugiero que te apartes de mi camino si quieres hacer algo más que mantener una distendida charla.

Casi podía disfrutar de la cara de sorpresa que le suponía al desconocido. No detectó verdadero mal en aquel ser, más allá de su naturaleza maldita.
De entre las sombras apareció una encorvada figura que le miraba con perplejidad.

- Tu no eres uno de la estirpe. ¿Que eres?

- Sólo un devoto caballero.- La sonrisa afable del Hospitalario iluminó su cara.

El delgado ser salió hasta la luz de los hacheros, dejando ver su deforme faz. Dió un paso hacia el frente y dió un repentino salto hacia atrás.

- Aauuuu, eso ha dolido. ¿Por que me haces daño?

- Perdona, no sabía que pasaría eso. Quizás deberíamos dejar esa conversación para otro día. Preguntad por Maese Montenegro en la taberna de "Pucarelli", estaré dispuesto a hablar con vos si así lo deseais. Ahora os pido que os aparteis. No quiero haceros daño.

Ya se alejaba cuando escuchó que le gritaba su encorvado amigo.

- Me llamo Luigi Chiconne. Hasta la próxima Maese Montenegro.

Aloisius Montenegro, misiones vaticanas.

"Se amable con los desconocidos, más incluso que con los que ya conoces, pues no sabes con quien estás tratando."


Nayara - May 20, 2007 03:07 AM (GMT)
Caminaba por sus calles la oscura dama, mas luminosa y radiante se encontraba aquella noche de vuelta en sus tierras. Los motivos que hasta ella le llevaban carecían de importancia ahora, tan sólo el contacto con una realidad ajena y cercana deseaba.
Recorriendo como antaño las estrechas y laberínticas, contemplo la nueva vida que su anhelada ciudad guardaba, una sonrisa acompañaba los pasos de Nayara que sin querer encontraron ante ella al extraño personaje.

El destino quiso que ambos se encontraran de nuevo ante el mundo cuando el leve descuido provocó el cruce de caminos.

La pequeña caja que portara el caballero cayó al suelo frente a la dama, que con presteza la tomo entre sus manos para devolvérsela a su dueño junto a sus disculpas.

-Disculpadme caballero, no os había visto...-

Nayara ruborizada por su error, entrego el objeto con un gesto de timidez, que apenas le permitía sostener la mirada de aquel desconocido.




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