View Full Version: Un pesaroso adiós (flashback)

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Title: Un pesaroso adiós (flashback)
Description: A.D. 1223


Elois D'Umbrelle - May 1, 2007 10:17 PM (GMT)
Siguiendo el sendero hacia las afueras de París. Cruzando el pequeño pueblo de Montparnasse y continuando la vía durante un buen rato por fin se logra avistar un edificio de murallas impenetrables, el cual goza de un campanario y torres vigía. Tomando el desvío al mismo, se deja a un lado la vía principal y se adentra en la hacienda de la flamante ventrue, Elois D'Umbrelle, no hay perdida pues antorchas a ambos lados del camino iluminan perfectamente la ruta a seguir.

El portón de entrada yace custodiado por dos fornidos guardianes con una cruz roja al torso, se trata de caballeros Hospitalarios de San Juan portando grandes alabardas, mas las puertas se encuentran abiertas al público y los caballeros hospitalarios, no hacen sino, alusión por su nombre al hecho que espera encontrarse en el anfitrión del lugar. Hospitalidad. Así, los guardias lejos de entorpecer, ofrecen un caluroso recibimiento al peregrino y tras solicitar su nombre informarán a Pier, Chambelán de la dama D'Umbrelle.

Una vez dentro y para mayor sorpresa, al otro lado del patio de armas existe una pequeña capilla y una comendación de la orden Hospitalaraia, unas cuadras imponentes a la izquierda desde donde salen varios mozos para ayudar a descender a los caballeros, ofreciendo agua y perfume para refrescarse del viaje mientras se hacen cargo de los animales.

Varios caballeros patrullan el patio, mientras Pier, ya apostado en la entrada al complejo indica el camino a las dependencias, entrando por una majestuosa puerta labrada con adornos de oro y un extraordinario blasón circunscrito con varias piedras preciosas.

El interior no resulta menos lujoso que la entrada, pulcro y refinado, Elois demuestra un excelente gusto estético, gozando de varios bustos de épocas pasadas, así como complejas armaduras y armas adornando los pasillos cubiertos por alfombras rojas aterciopeladas.

Tal como indica el chambelán se llega a la biblioteca de la ventrue siguiendo un largo pasillo con numerosos tapices y cortinas de seda cubriendo ventanales, el pasillo parece grandioso mas la iluminación es muy pobre por algún motivo.

Una vez en la habitación, Pier condujo al invitado a un lado de la enorme pared con varios estantes repletos de libros, varias mesas y sillas cómodas ocupadas por escribas que copian algunos de los libros más destacados de la época. Así es, la ventrue posee escribas personales, no obstante el chambelán les pidió que los dejaran a solas y sin rechistar todos marcharon.

Varios sillones bastante cómodos, estan dispuestos en torno a una chimenea que caldeaba el ambiente en invierno, estando ahora apagada. El ghoul se acomodó al lado de uno de ellos permitiendo completa libertad para examinar el lugar mientras aparece su señora.

Quizás llamase la atención una mesa apartada y elevada sobre el resto, con varios libros encima y cuya silla contiene varios adornos en oro y plata, su respaldar tiene dispuesto un escudo de armas muy peculiar, el blasón del clan de los Reyes. Indudablemente, aquel material e instrumentos de estudio eran los propios de la señora del lugar.

- Estais en vuestra casa monsieur

Fueorn las palabras que arrojó al vacío de la sala el atento y viejo Pier.

Duque de Valois - May 2, 2007 06:47 PM (GMT)
Debía reconocer que acudir a visitar a Elois d'Umbrelle siempre era una actividad interesante y que escapaba al tedio de numerosas noches en la ciudad y la corte parisina.

No obstante, y sin que sirva de queja he de reconocer que las últimas noches se habían precipitado tantos acontecimientos que si algo podía asegurar, era que no me había aburrido en absoluto.

Cuando empezaba a ostentar una posición de cierto poder y prestigio en la ciudad parecía como si un terrible soplo de viento hubiera deshecho mis planes como si durante los últimos años hubiera alzado castillos de naipes.

Pero. El deber era el deber. Y no iba a ser este Ventrue el que diera la espalda a los suyos... Debía cumplir esta misión por más que me pesara y lo haría con determinación y, por qué no. Con mi tradicional sonrisa.

No obstante, debía cerrar algunas puertas antes de partir y una de ellas era la de Elois. No marcharía lejos de Lutecia sin informarla sobre mi partida.

El viaje a lomos de mi caballo ghoul había sido rápido. Merced de viajar en solitario y sin emblemas ni blasones que llamen la atención de rufianes y malhechores.

Ahora, en esta enorme sala no podía sino que maravillarme de lo mucho que hacía esta Patricio para mantener la cultura en el pedestal que se merecía... dicen que la riqueza radica en saber rodearte de lo verdaderamente exquisito sin caer en las banalidades... Elois d'Umbrelle, sin duda, debía ser extremadamente rica.

Observé el escritorio personal desde la posición en la que estaba. La curiosidad me tentó... pero esa debilidad es propia de Nosferatus y no de los nobles. Así que aguardé en una posición calmada mientras me hacía con el espacio. Observé las posibles entradas y salidas de la sala. Conté el número de puntos de luz y donde se encontraban ubicados. Valoré el número de libros que podía haber en la sala.

Miré a Pier y en tono conciliador traté de romper el hielo.

- Espero no inportunar a su señora. No me gustaría interrumpir alguno de sus asuntos de esta noche.

Elois D'Umbrelle - May 3, 2007 10:09 PM (GMT)

El anciano Pier sopesó ligeramente la respuesta y con premura trató de ser cortés con el noble.

- La verdad es que la señora duquesa ha cambiado mucho desde la repentina muerte del duque y así ya van tres años que yo recuerde que no hace sino pasarse los días enteros rezando por su alma en la capilla.

Suspiró, aquél hecho preocupaba bastante a Pier, no podía ser bueno para la salud de la duquesa esa imposición.

- De hecho, ya estamos acostumbrados en palacio a recibir visitas nocturnas, aunque la duquesa, debo reconocer, rara vez presta sus oídos en persona, no obstante al saber que su gracia el duque estaba aquí, reclamó a sus doncellas, por lo que quizás tarde un poco, aunque sabed que sereis recibido.

Pier nunca se caracterizó por hablar demasiado, siempre había sido correcto, pero la reacción de su señora le había sido tan sorprendente que esperaba mucho del duque, quizás poniéndolo en antecedentes mediara para robarla esa absurda idea de pasarse el día rezando, encerrada cual ermitaña.

Para cambiar de tema, Pier se acercó al duque, aunque manteniendo las distancias y desde luego, nunca mirándole directamente.

- ¿Desea el duque algo de beber?

Apenas dio tiempo para respuesta a Valois cuando dispuso un par de copas de plata y sacó una botella de vino, que ya tenía preparadas en una mesa.

- Di orden al cocinero para que preparase un faisán y algunas doncellas preparan una alcoba por si su gracia deseara honrarnos con su presencia por un tiempo más prolongado o cuanto menos reponer fuerzas esta noche.

Duque de Valois - May 4, 2007 10:10 AM (GMT)
El Duque escuchó las palabras del viejo Pier con atención. Sin duda aquella muerte había supuesto un duro golpe para Elois. Sin embargo estaba seguro que tarde o temprano, sería ella misma la que superara aquel atoyadero... Elois tenía un orgullo que no le permitiría recibir ayuda, no en aquella parcela tan íntima.

Du Valois asintió al recibir la copa, mas cuando escuchó lo de la comida contestó rápidamente.

-La verdad es que el galope me ha revuelto el estómago y lo mejor será que no pruebe bocado hasta mañana. Sin embargo dejad que paladee ese buen vino que me ofrecéis.

-Las oraciones son una fuente de búsqueda de respuesta. Estoy seguro que pronto su señora obtendrá las suyas y entonces podrá afrontar su destino con mayor seguridad.

- En cuanto a lo de descansar, no lo había pensado. Sin embargo, dependiendo de lo que se alargue mi reunión con su señora quizás abuse de su hospitalidad.

El Duque tomó la copa que le ofrecía Pier y olfateó el vino. Sin duda era un buen Borgoña.

- A su salud y la de su señora. Dicho estó, se humedeció los labios sin llegar a beber.

Elois D'Umbrelle - May 4, 2007 05:44 PM (GMT)
Las visitas eran recibidas con rara frecuencia, mucho menos las distinguidas y aunque había pesar en el rostro de Pier por la declinación de la exquisita cena que había dispuesto con tan poco tiempo, por otro lado el viejo siervo se sintió satisfecho por haber hecho un buen trabajo, así como esperanzado si el duque sacaba de su enclaustrada vida a su señora, aunque sólo fuera por unos días.

- Nada más lejos del abuso, pues su gracia nos regalará su siempre distinguida presencia.

Y dicho lo dicho, las puertas de la biblioteca se abrieron nuevamente, dejando paso a la elegante, flamante, majestuosa señora del castillo, Elois D'Umbrelle.
No portaba joyas, no lucía lujos superfluos, salvo el tejido sedoso que acompañaba su inmaculada piel. Como siempre, para destacar en la multitud, no precisaba de mucho más.

La ventrue caminó gracil dirección al duque, no había sonrisas como antaño, no había corte de por medio, aquellos eran sus dominios que a bien le habían sido entregados como tales. Tranquila, no seria, pero tampoco jovial, sino más bien protocolaria, Elois despidió a su siervo con la siniestra en tanto que sus pasos la llevaban junto al patricio a quien tendió su diestra para el protocolo cortesano, en tanto que su voz no se haría esperar por más tiempo.

- Sed bienvenido al Chateau D'Umbrelle, si la paz trajisteis con vos, con ella morareis y partireis.

Elois no estaba cambiada especialmente, si bien más distante. Quizas fueran cosas del protocolo, pues ejercía como señora del lugar.

Duque de Valois - May 5, 2007 01:32 PM (GMT)
El Duque vio como entraba la menuda dama... aquellas ropas le daban un aire de sensual depredador, se dijo a si mismo.

Tomo la mano de la dama y la acercó a sus labios mientras se inclinaba en un estudiado y perfecto gesto que había automatizado en los muchos años de corte.

Valois no prestó demasiada atención al estado de ánimo de Elois. Aquella noche era él el que acudía hasta su presencia.

-Sin duda alguna es paz lo que traigo. Mas acudo hoy hasta vos para despedirme.

El Duque guardó silencio esperando que la Dama respondiera.

Elois D'Umbrelle - May 5, 2007 05:42 PM (GMT)

Pier había salido presuroso, debía cancelar la cena y escuchar las quejas de los cocineros, así tras éste las puertas se cerraron dejando a ambos cainitas a solas para conversar con absoluta tranquilidad.

Tras el correctísimo saludo de Valois, Elois no se sentó, si éste acudía a ella, quizás precisara de algo, aunque dudaba que quisiera entrar de nuevo a escondidas en Toulouse, incluso esta vez podría resultar prácticamente imposible pues hacía años que sus peones se habían ido desplazando de la ciudad por precaución.

Caminó en círculo sobre el ventrue portando cierta indiferencia, aunque pronto rompería el silencio.

- ¿Dejais París?, ¿acaso el nuevo señor de la ciudad os causa repulsa?

Sus palabras fueron agrias y todo menos indiferentes en cuanto a quien aludía, incluso se podían considerar hirientes y venenosas, el nuevo príncipe obviamente no era santo de su devoción y es que no era un secreto entre los patricios su estrecha relación con Alexander.

Duque de Valois - May 6, 2007 09:53 PM (GMT)
Valois sabía que la relación entre Elois d'Umbrelle y el chiquillo de Alexander, Geoffrey Du Temple, era por decirlo de manera suave, tensas. Sin embargo la Ventrue también sabía que el Duque era un fiel aliado de Geoffrey y uno de sus más ferreos defensores dentro de los Patricios de Paris.

El Duque llevaba tiempo tratando de mantener una buena relación con Elois, pues sabía perfectamente que era una pieza muy importante dentro de la política local y que sus aliados tenían nombres extremadamente poderosos. Además, para el Duque, Elois había demostrado con holgura que era una Ventrue muy capaz y extremadamente eficiente.

-Vos bien sabéis que no es así. Sin embargo he recibido el encargo de actuar como embajador del Príncipe Geoffrey en las cortes del Sacro Imperio y me temo que durante varios años voy a estar fuera de mi querido París.

El tono del Ventrue tenía un cierto aire melancólico. Elois sabía que el Duque du Valois había estado fuera de Francia en numerosas ocasiones. Siendo uno de los principales adalides y representantes del clan durante las cruzadas que se habían ido sucediendo en los siglos anteriores. Sin embargo también sabía que en cada ocasión había sido más dolorosa para el Duque el abandonar su tierra natal.

Ahora el Duque partía tras una orden directa del nuevo Príncipe de París. Y nada menos que hacia las cortes de Hardestadt.

-He llevado los preparativos de mi partida en secreto. Mas no quería marcharme sin veros antes. No vengo a solicitaros un favor sino por el respeto y aprecio que os tengo. Sabed dónde estaré y si precisáis alguna información de aquella región no dudéis en pedírmela. Haré lo que esté en mi mano por manteneros informada de aquello que os fuera menester y guardaré la discreción que sea oportuna.

El Duque dejaba una puerta abierta ante su inminente partida. Se alejaba de la política local pero tenía claro que explotaría su situación de embajador con toda la maestría que estuviera en su mano.

Elois D'Umbrelle - June 6, 2007 08:17 PM (GMT)

Era interesante la propuesta de Valois, así como la revelación que le procesaba, la cual valía su peso. En cualquier caso lo más lógico hubiera sido que ella le ofreciera la información y ayuda para su desplazamiento, sin embargo y en vistas de lo que realmente implicaba la marcha de Valois no lo haría. Espiar los movimientos de Alexander y por ende los contactos que éste pudiera tener con ella misma.

Asintió con el rostro, inclinándolo levemente.

- Eso es un gesto que os honra como caballero, como descendiente, como consanguineo y como... Amigo.

Le costó, pero al final esgrimió la palabra que con tan poca frecuencia usaba, pues los lazos de amistad no formaban parte de la realidad en su no vida cotidiana.

- Quisiera ayudaros, proporcionaros algún contacto, pero no puedo permitirlo.

Una tenue tristeza abordó su rostro y se apoderó como una marabunta de su mirada en tanto que sus siempre sigilosos y flotantes pasos la deslizaron hasta el valeroso caballero.

- Entendereis que esta misión vuestra es un atentado directo contra mis intereses y de no saberlo, os lo hago saber desde ya a título personal, más que otra cosa por preveniros.

Sonrió debilmente, muy forzada.

- En el momento que cruceis esa puerta ya nada será como antes entre nosotros, pues el príncipe de Lutecia es un viejo aliado de la dama que os sirve como anfitriona y cualquier atentado contra uno de mis aliados es un atentado contra mi.

Sus pasos la llevaron nuevamente lejos del duque, anticipando el futuro de la relación entre ambos.




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