Title: El renacer de Selene
Description: 21/5/1226
Nayara - May 1, 2007 03:36 PM (GMT)
Tras recibir noticias de su buen amigo Goibniu, sobre una posible ayuda con el tema que tiempo llevaba organizando; la ventrue se dirigió hacia el lugar indicado.
Era luna nueva, en el oscuro cielo miles de estrellas arropaban con luces a los refugiados del lugar. LLegaba hasta las afueras acompañada, en su carruaje el cochero aguardaba mientras Claudia merodeaba por los alrededores haciéndose una idea de la necesidad de los que alli habitaban.
Nayara esperaba encontrarse con aquella buena mujer para lograr encontrar una ayuda contra la maldición de la peste. Sus pasos la guiaron hasta la cabaña citada, allí algunas personas aguardaban audiencia con la curandera, mujeres, hombres y niños sin distinción esperaban ser atendidos.
La dama como uno mas, esperó su turno; no acudía a ella con preferencias, acudía en busca de ayuda, humilde como lo era siempre.
Nada en su ser arrojaba idea de ser una gran dama de ciudad, nada aparte de su esencia que la hacía ver grande ni bien sus palabras acompañaban a sus gestos, dulces y sinceros.
Isolda Lamartine - May 3, 2007 10:15 PM (GMT)
Pero no era aquel un lugar como los que se ocultaban bajo los muros; y ni siquiera, aunque así pareciera, podía Nayara creer que había conocido la esencia misma e la pobreza, de la condena de por vida a la esclavitud.
Aquellos hombres, mujeres y niños no eran en vano olvidados de dios; tenían en sus pechos tanto odio que era difícil imaginárselo y más imposible aún pretender siquiera medirlo. Sólo eran capaz de apaciguarse aquellos pechos enardecidos cuando ante su presencia estaba el acero de una espada o una tropa guarnecida con metales y montada a caballos.
Aquella al parecer no era la situación, y así un hombre pasado de los cuarenta, a quien habían pateado alguna vez hacía un par de meses en un mercado de la ciudad, aún con los huesos adoloridos después de aquel atropeyo, decidió calmar su dolor de un modo indirecto.
Ni bien Nayara hubo parado al final de aquella pequeña, aquel hombre la tomó fuerte del brazo, haciéndole daño.
-No eres de aquí. Vete ahora, asesina!
No se suponía que aquel consejo pudiera ser fácilmente ignorado.
Nayara - May 4, 2007 01:57 PM (GMT)
-¿Cuanta ira podía abarcar un corazón, cuánto rencor...?-
Nayara contempló ante ella un desenlace desesperado, fruto del entorno...¿qué debía hacer ella?, para cualquier mortal aquel movimiento habría sido doloroso.
-Injustas son tus palabras, como injusto es el daño que me provocas...-
En su rostro se leía el dolor, mas no era el físico lo que sentía atacado. Nunca había enfrentado una situación tal, no tenía intención de protegerse con el poder de la sangre, si con el del dialogo. Él era un igual, pese a moverse por impulsos nocivos.
-No soy ninguna asesina, espero encontrar una salida a todo lo que nos rodea, nada mas.-
La ventrue se soltó de su apresor con un solo movimiento que pese a todo no fue brusco ni busco herir a aquel hombre. Sus ojos se centraron en los de aquel, aguardando sus siguientes pasos...
Isolda Lamartine - May 5, 2007 03:45 PM (GMT)
Con un poco de sorpresa, el hombre vio el movimiento de la Ventrue. Desde luego su rabia no se apaciguó con las palabras que ella le prodigara, pues ¿qué podría saber alguien que siempre lo había tenido todo?
Y no sólo estaba enfureciéndose el ánimo del hombre, sino el de la muchedumbre, mucho más peligroso y violento.
Dio dos pasos, levantando la mano para golpear el rostro de Nayara, y enseñarle de ese modo que la injusticia era otra, que sí era una asesina al patrocinar con los dineros de sus tierras gigantescos ejércitos en tierras lejanas, y que la única salida que "todo esto" tenía era la muerte.
Pero aquella expresiva lección de vida fue detenida de tajo por una intervención que no era inesperada para la concurrencia; se trataba de una niña pequeña, bastante hermosa teniendo en cuenta las circunstancias, y con una profunda tristeza en la mirada. La niña trabajaba con la anciana, y siempre era una de sus labores detener los impetuosos impulsos de los presentes. Su sola presencia calmó los ánimos del hombre, que refunfuñando volvió a su lugar en la fila.
La niña, que aunque no contaba con más de nueve años tenía aires mucho mayores, miró a Nayara de arriba a abajo enarcando expresivamente una ceja, y luego volviose y regresó a la chabola, meneando la cabeza como si dijera: "por qué a mí..."
Nayara - May 6, 2007 03:05 PM (GMT)
La dama comprendía el proceder del sentimiento de la angustia y desolación, podía empatizar con sus sentimientos...no obstante no dejaba de ser una acción fuera de lugar; aquel campamento se había dejado de lado, alli no había normas, no había medios, no había nada... nada mas que hambre y tristeza, pobreza y perdición.
-¿Quién debía ser castigado por esto, acaso el pueblo que muere de hambre y peste...?,¿quién decide equilibrar o volcar la balanza de lo justo?-
Una niña, como símbolo de esperanza imponía respeto entre la muchedumbre, una niña...el futuro, la inocencia, la vida en su comienzo luchando por seguir adelante.
Vida, ese campamento estaba lleno de vida pese a que la muerte parecía rondar cada uno de sus rincones. En él batallas eran libradas todos los días para obtener como victoria la supervivencia.
La ventrue sintió frío, un avernal frío que recorrió su cuerpo recordándole aún más que su condición no le hacía exenta de sentimientos, ese no era su camino, Nayara seguía ahí, expuesta a carencias mortales pese a lo "inmortal".
Sus brazos se cruzaron dotándole de una protección maternal, mas psíquica que real, pero igualmente aceptable para mantenerse estoica frente a la espera.
Isolda Lamartine - May 7, 2007 04:29 PM (GMT)
Y el tiempo pasó; entraban algunos y salían deprisa; otros permanecían más tiempo sin embargo, y llegaban otros más que esperaban tras Nayara que llegara su turno, y tal era la agitación sentimental que giraba alrededor de la chabola, que un reflejo de aquello se notaba hasta en el aire, que nervioso, ululaba con fuerza sobre las cabezas de los conglomerados.
Por fin no quedaba nada más delante de la Ventrue excepto la entrada al lugar.
Nayara - May 10, 2007 01:13 AM (GMT)
Llegaba el momento; la ventrue accedió a la cabaña y buscó con la mirada a la anciana por su compañero mencionada. Ante ella la mujer se encontraba sentada tras una mesa aguardando la llegada del siguiente.
Aercándose se ubicó en la silla que ocupar debían los penitentes, y con una voz cálida hizo su presentación ante la sanadora.
-Buenas noches buena mujer, me llamo Nayara y acudo a vos en busca de una ayuda para erradicar el dolor que el pueblo tiene por el mal de la peste. Lord Maxence me hablo de su sabiduría y buen hacer para con los enfermos,y hoy mismo he comprobado el poder de vuestras audiencias con ellos.-
Cesó un instante para obtener alguna respuesta, en su gesto la serenidad era perceptible por cualquiera que cerca estuviera.
Isolda Lamartine - May 10, 2007 01:40 AM (GMT)
En realidad aquel lugar era humilde; tan sólo un mueble en el reducido espacio había, y era el que ahora usaba la Ventrue. La anciana se encontraba tras un tejido de paja muy rudimentario, donde seguramente se acostaban aquellos a quienes fuera necesario sanar; en una esquina, al lado de la anciana, la niña que ya Nayara había antes observado, lavaba con paciente gesto los trapos manchados en sudor y en sangre que dejara el último en estar allí dentro.
Aquella mujer vestía verdaderamente extraño, pues era una mezcolanza de culturas la que se adivinaba en su vestimenta, producto sin duda del agradecimiento de los curados; su color de piel era oscuro, y cuando sonrió se notó que los pocos dientes que le quedaban se encontraban en estado de la más pura y bendita putrefacción; sus pelos blancos estaban retenidos por un trapo amarrado cuidadosamente sobre su cabeza arrugada, y en sus cuencas blancas podía verse el signo de la ceguera.
Nada más Nayara terminó de hablar, la anciana arrojó dos semillas sobre las vestiduras de la Ventrue, y sonrió de nuevo.
-Un guerrero vino a verme; acurdamos que si no me quimaban yo no tunía problema en ayudar a los enfermos; que si los espíritus que me acumpañan no les gustan a los cristanos, yo diría que también era muda como ciega, y que no pudía prometer salvarlos pero si aliviar su pasaje a la murte.
Todo cuanto había que hablar ya lo había hablado con Gallois, y no tenía sentido repetir las mismas palabras. Partirían desde donde habían quedado.