View Full Version: Norma del conspirador

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Title: Norma del conspirador
Description: Rouen, 19 de Mayo de 1226


Elois D'Umbrelle - April 28, 2007 10:47 AM (GMT)
Corrían las noches primaverales entre conjuras y más tesituras, Rouen ofertaba la suficiente seguridad en los dominios de D'Anglard para ejecutar los planes más a corto plazo de los que disponía Elois escondidos bajo su manga. No obstante, el abusar de los recursos que ofertaba tan generosamente su anfitrión sería una descortesía por su parte, ni que decir que la primera norma del buen conspirador implicaba que nadie salvo uno mismo conociese cada uno de los pasos que se iban a dar, de forma que el camino trazado fuera una incógnita incluso para los más leales, aquellos que juraron lealtad, pues la lealtad a veces resulta difusa...

Serían Carentan y el bueno de Peter quienes acompañasen a la dama para preparar el golpe de efecto que la rondaba en la cabeza desde hacía unas noches, siendo pues, esa fecha crucial en el desenlace de sus intrigas y por lo tanto una noche ajetreada, ciertamente.

Elois no vestía sus mejores galas, sino su traje oscuro como era habitual en ella, no portaba joyas salvo sus anillos emblemáticos, no transportaría nada más valioso en su carro que ella misma y tenía a los dos leales cainitas para custodiarla.

Todos pensaban, incluso su escolta, que su destino sería Amiens, donde debían visitar un par de nobles destacados para que apollasen la campaña que se avecinaba, mas todo quedó suspendido por una cortina de misterio cuando la dama increpó al cochero, sutil como siempre, elegante desde luego, pues bastaron unos suaves golpes en la madera para que éste apremiase a prestar sus oídos a los deseos de tan imponente dama.

Poco tiempo después, el carromato se hallaba oculto por un velo espeso de una noche sin estrellas, anclado en la rivera, esperando impacientemente sus ocupantes a uno de los extremos de el puente del destino que los conduciría hacia un futuro incierto. Aunque como siempre, Elois se mostraba calmada portando la seguridad de quien cree controlar la situación.

Ardra McLyr - April 29, 2007 04:40 PM (GMT)
La noche primaveral ocultaba su negra faz tras las nuevas brisas que arribaban desde el sur para bañar la tierra con el suave despertar de la vida.

Una corpulenta figura caminaba paralelo al Sena, buscando el puente que cruzaba el gran río a las afueras de Rouen. Sus zancadas eran poderosas y acompasadas y su porte parecía el de alguien acostumbrado a moverse entre la espesura. En la oscuridad de la noche, tan solo podían entreverse algunas pieles curtidas que vestían a la figura, así como una intrincada y claramente pagana red de tatuajes que marcaba su cuerpo, allí donde la luz de la luna medio iluminaba los pasos del ser.

Caminaba orgulloso, sin temor a que alguien le siguiera o vigilara, pues no parecía el tipo de hombre pusilánime que temiera ser descubierto en alguna tesitura deshonrosa. Su mentón, alzado, así como su mano izquierda, que apoyaba descuidadamente en el cabezal de una antigua hacha que pendía de su cintura, hablaban de un orgullo quizás demasiado inflado...

Al fin, Ardra McLyr llegó a ver el extremo del puente que cruzaba el sena. Llevaba unos días rondando por su cabeza la invitación que alguien se había molestado en hacerle llegar. Una oferta de trabajo, le habían dicho, citándole en estos parajes alejados a los que había tenido que llegar con gran rapidez; al fin y al cabo no quería retrasarse en la cita que podría ser su primer empleo desde hacía más de cinco años.

Cuando sus pasos lo llevaron al extremo del puente, su mirada se posó enseguida en aquel lujoso carruaje que parecía esperar a alguien. Sin prisas y con gran atención, el gangrel procedió a inspeccionar los alrededores buscando cualquier posible trampa o celada. Sus ojos, acostumbrados a esas situaciones, habían dado ya con algunos posibles escondites en los que hombres armados podían aguardar a una presa. No había visto a nadie escondido, pero nunca estaba de más la precaución.

Al fin, estando relativamente seguro de que no correría un peligro inmediato, McLyr se encaminó hacia quien podia convertirse en su primer cliente desde que despertara en los bosques.

Elois D'Umbrelle - May 1, 2007 08:06 PM (GMT)
Los campos normandos serían testigos privilegiados de cuanto debía suceder al amparo de la nocturnidad, pues por aquellos lares, en los arrabales de Rouen pocas almas humanas osaban desafiar la noche y los peligros que ésta entraña, si bien, esa noche, entramaba no pocos peligros, pues un baile de depredadores distaba poco de comenzar... Un... ¿apuesto?... ¿intrépido?... un... ¿galán?... Ardra de Gangrel esperaba sobre la piedra que soportaba el río a una figura misteriosa, de quien nada sabía y que a pesar de los pesares había conquistado su corazón, no, su curiosidad. ¿Sabría bailar la danza que para él, para ellos tocarían los silenciosos odres del viento?... pronto se sabría, pues la puerta del carromato se abrió, de ella descendió un caballero fornido, armado que miró con cierta dosis de recelo al gangrel, aunque todo fue efímero pues sus siguientes pasos no fueron acercársele, ni de forma afable ni de forma hostil, simplemente extendió su mano para propiciar la aparición de una segunda silueta, arropada por una capa negra tal como su mismas ropas, así como su velo. Extraña pareja de baile...

En efecto era una dama, no una ninfa silvestre, más bien un ánima en pena que caminaría sobria con suma diligencia aferrando un gran poder dentro de su alma donde cada paso que daba sometía la hierba bajo su yugo determinante, abrumador.

Elois caminaba ataviada con un extraño luto que la concedía cierta ventaja salvaguardando su identidad, aunque no por ello se negaría a través de la fina tela un rostro pálido de cabellos opáceos y dos luces turquesas que tenía por ojos, apuñalando como dardos envenenados, con una mirada capaz de arrebatar la vida con sólo desearlo.

Ya estaba cerca, oscura y siniestra como una banshee se aparecía al gangrel, mas no emitía sonidos, no gritaba, ¿implicaba eso que ya no quedaban días de vida para el Gangrel?... pues ciertamente podría compararse con la más oscura de las hadas y aquel espectáculo macabro pertenecía a una de las tétricas formas que adoptaban los seres de su especie, ¿era pues una banshee?.

- Bien aventurado seais Ardra McLyr de Gangrel

No fue un grito sino una bendición cuan suave como el terciopelo, cuan dulce que rasgaba la melosidad y a pesar de todo conservaba una frescura innata, un porte distinguido y un aura de poder tan fuerte que podría llamársela reina de las banshee sin errar mucho en el calificativo.

Ardra McLyr - May 1, 2007 08:54 PM (GMT)
La espera había terminado para McLyr. Aquella noche en las cercanías de Rouen el gangrel había esperado encontrarse con un posible patrón, el cual había enviado un remedo de invitación que hablaba de negocios susurrados en la quietud de la hora bruja, de conspiraciones en la sombra que podían acabar con su cabeza rodando por el suelo y sus cenizas esparciéndose al viento primaveral.

El gangrel observó con atención como su interlocutara bajaba del carruaje. Un aura de tremenda confianza, casi rayando el poder bruto, se extendía desde la figura de aquella fémina. Ardra sabía reconocer el porte de un noble en cuanto lo veía, a pesar de que lo que otros juzgaran por nobleza no solía coincidir con lo que él había heredado de sus antepasados celtas; y ante sus ojos depredadores, había una noble entre la estirpe, y no una noble cualquiera.

Una ancha sonrisa se extendió por la cara del cainita, revelando unos dientes inusualmente blancos y un punto afilados. Había quien decía que cuando el gangrel sonreía semejaba el semblante de un lobo enseñando los colmillos, a McLyr le agradaba que pensaran en él de esa manera, no se alejaba mucho de la verdad.

Cuando al fin aquella mujer se apeó del carruaje, un sonriente Ardra le dio la bienvenida con una suave reverencia, apenas un movimiento seco de su cabeza, a la vez que estrellaba su puño derecho en su pecho, como muestra de respeto.

Buenas noches tengais, Dama D'Umbrelle, y que La Morrigan ilumine vuestro sendero en estos belicosos tiempos.

Mientras hablaba, Ardra miraba a los ojos de aquella mujer. Su último encuentro con un lord del clan Ventrue le impelía a alejar la mirada del semblante de Elois, pues sabía cuan poderosa podía llegar a ser la voluntad de los Patricios; mas no iba a dejarse amilanar por las experiencias pasadas. El Príncipe le había impuesto su voluntad por la fuerza de su sangre, humillando a su persona, y pagaría sus insultos. Cualquiera que volviera a intentar jugar con su mente o su cuerpo se ganaría a un vengativo enemigo, uno de la peor clase... de los que nada tienen que perder.

Elois D'Umbrelle - May 1, 2007 09:14 PM (GMT)

-Celebro vuestro buen humor esta noche de primavera.

Replicó al instante la voz sensual de la doncella, al tiempo que recogía a un lado el velo que nublaba la visión de su rostro, así dejo ver su imponente faz tal cual era conocida, así asintió con su cabeza el gesto de respeto que el gangrel la profesó para recibirla. Y la mirada de Elois ciertamente era penetrante cual halcón, pero una sonrisa acuñaban sus carnosos labios, bañando el primer contacto de ambos con un clima relajado.

La ventrue dio un paso al frente y con un gesto instintivo su mano mostró el camino a seguir, paseando sobre el puente, mas no había mala intención, simplemente Elois estaba acostumbrada a dar órdenes, a marcar las pautas, aquella ocasión no sería distinta salvo por la importancia que tenía para ella ganarse el favor del gangrel para el trabajo en que quería emplearlo.

Una vez, Ardra la siguiese cuan caballero escoltando una dama, Elois retomó la conversación.

- Permitidme la franqueza, pues sospecho que los rodeos no os serán afines, así como la palabrería no haría sino aburriros.

Sonrió, cómoda, tranquila. Suponía que Ardra no sería muy versado en protocolos y el obstinarse por mantenerlos per se contendría en si mismo una falta al protocolo, pues no teía razón de ser, mucho menos esa noche donde el tiempo apremiaba para ella.

- Desde luego, os agradezco la asistencia, pero como dije no os aburriré con palabrería tal como la fama precede a la dama D'Umbrelle. Y es que mi deseo es contar con vuestros servicios para un asunto delicado que he de llevar en esta ciudad.

Dejó suspendidas sus palabras, no enrevesaría el lenguaje pero las habituales pautas de comportamiento, el modo de hablar innato en ella, el como medía los tiempos y respuestas, eso era algo demasiado arraigado y no se podía suprimir fácilmente. Entre tanto que daba tiempo para la respuesta de su interlocutor, decidió examinarlo, observando los tatuajes que lucían su piel, su porte salvaje y Ardra no hallaría reproches en la dama, sino satisfacción, pues lo consideraba apropiado, es más el brillo especial que derrochaban sus ojos delataba el gozo por aquel encuentro.

Ardra McLyr - May 1, 2007 10:21 PM (GMT)
McLyr siguió el gesto de la dama y la acompañó en su paseo por el puente. Mientras caminaba, el gangrel observaba a la Ventrue con una palpable curiosidad, pues parecía que, lejos de sentirse asqueada por el aspecto tosco y poco agraciado del cainita, Elois parecía cómoda en su compañía.

La etiqueta... supongo que un maestro del protocolo debe saber tratar tanto a los más encumbrados príncipes como a los más hoscos soldados...

La curiosidad había hecho mella en Ardra. Tenía cierta idea del por qué había mandado llamarlo Elois, al fin y al cabo, las noticias corrían rápido en París, y cualquier vástago sabía que la dama D'Umbrelle y el Príncipe no estaban en buenas relaciones.

Celebro que no os pareis demasiado con las enrevesadas palabras cortesanas a las que tan aficionados son en París. Ganaremos tiempo y será todo más transparente para ambos.

No era la primera vez que el gangrel trataba con patrones Ventrue, y sabía que para algunos de ellos no seguir el protocolo podía ser el equivalente a descender a una posición inferior, bajar al grado de vileza de los bajos clanes para los más conservadores Patricios era un signo de debilidad; por eso apreciaba el gesto de la dama de Orleans como de buena voluntad.

Y decidme, noble señora, ¿qué tipo de servicios esperais de este humilde guerrero?

La sonrisa de Ardra no cambió ni un ápice, se había tomado muy en serio el consejo de la Ventrue de no andarse por las ramas.

Elois D'Umbrelle - May 2, 2007 01:44 PM (GMT)
Sin duda, los modales, las formas no eran tan exquisitos como ella quisiera, pero por otro lado, era de esperar y por ese motivo Ardra era el idóneo para lo que tenía en mente, dificlmente se los asociaría. Prosiguió con el temple habitual en ella, soportando el mal trago protocolario que alguien de su posición se veía forzado de la mejor forma posible, sonriendo, dulce e inocente cual cervatilla.

De repente truncó sus movimientos deteniéndose, su diestra abrió un abanico desde su torso hacia el exterior mostrando la inmensidad de Rouen al Gangrel.

- Rouen.

Calló un instante, el justo para que Ardra pudiera recalar sobre la ciuda, luego giró sobre éste, situándose al otro extremo.

- Esta ciudad es ahora mi hogar, poderosos aliados proporcionan respaldo a mi persona, aportan honor a mi existencia y por supuesto la controvertida situación política de la zona permite que sueñe con replantar el espíritu de la Gran Corte que una vez forjó el príncipe de Lutecia.

Se pausó brevemente, temporizando la charla, pues aunque no enrevesaría la conversación si otorgaría a esta su toque personal, demostrando el dominio que poseía de la oratoria, aunque para Ardra todo aquello no resultase más que un mero incomodo.

- Por contra, aún queda una importante labor por llevar a cabo.

Sonrió volcando sus ojos sobre los del gangrel dejando que este admirase la fuerza de las mareas en el brillo depredador de su mirada de halcón, turquesa, penetrante.

- Un par de cainitas locales precisan una llamada al orden por su actitud y digamos que había pensado en vos, un foráneo, para que colaboráseis conmigo en esta ardua tarea de disciplinar.

Cruzó sus brazos con determinación, autoritaria, dejando entre ver la intransigencia en este asunto.

- Quiero que los traigais a mi presencia, de forma discreta desde luego.

Ardra McLyr - May 2, 2007 05:04 PM (GMT)
El gangrel observó con detenimiento a la Dama. No era la primera vez, ni sería la última, que un noble cainita lo contrataba para buscar a algún vástago licencioso con el poder y llevarlo ante la presencia de los gobernantes de la zona, los cuales preferían dejar ese tipo de trabajo sucio en manos de un mercenario. Aún así, la petición de la Ventrue le escamaba.

No dudaba del poder de Elois, tanto del poder de su sangre como del que podía obrar para rodearse de vástagos y adoradores de distintas clases y estatus; por eso solo podía recelar de que le hubiera convocado a Rouen para una tarea como esa.

¿Me estás probando, noble señora o es que esos cainitas locales son más de lo que puedes morder tu sola?

El gangrel se perdió en los profundos pozos de oscuridad que eran los ojos de la Ventrue, admirando el brillo de inteligencia que destellaba en su mirada.

Un encargo curioso, mi señora... dos cainitas decís, bien pues, ¿cuales son sus nombres y sus linajes?

Ardra ya había decidido que realizaría el trabajo, aunque solo fuera por la curiosidad que despertaba en él la llamada de Elois.

Aunque espero no molestaros con mis preguntas, necesitaré esos y otros detalles para llevar a cabo dicha tarea. Además de los nombres, precisaría de información referente a la ciudad, ¿quién o quienes gobiernan a los cainitas locales?... espero disculpéis esta actitud pero es que últimamente mis encuentros con las autoridades vampíricas han sido poco... usuales.

El gangrel esperaba demostrar que podía tener cierto tipo de modales en la conversación cuando así lo deseaba (que no era demasiado amenudo).

Elois D'Umbrelle - May 2, 2007 05:50 PM (GMT)
Elois frunció el ceño brevemente mientras reflexionaba.

¿ ...espero disculpéis esta actitud pero es que últimamente mis encuentros con las autoridades vampíricas han sido poco... usuales... ?

Anotó aquella afirmación en su cabeza y tras su análisis la deshechó volviendo al asunto que se traía entre manos y por el cual deseaba la colaboración del gangrel.

Su voz sonaría seca, rotunda, pues no le hacía mucha ilusión aquel tema.

- Louis St. Claire y Henri Gorosite, ambos del noble linaje de los Patricios.

Pronto quiso quitar peso a su rección y sonrió tratando de confortar a Ardra, los dos ventrue tenían afiliaciones inglesas, craso error.

- No debeis preocuparos por las autoridades locales, será una incursión rápida y sigilosa, o al menos eso espero de vos.

Ardra era foráneo y gangrel, de ahí el porqué de escogerlo. Se giró hacia el carro y su mirada acusó al fraile que esperaba alerta junto al noble que la ayudase a descender poco antes.

- Ambos se encuentran reunidos esta noche en la villa de St. Claire, el padre Peter te guiará hacia ellos.

Su cuerpo adoptó nuevamente una pose hacia el gangrel mientras la dama suspiró, esgrimió una mueca en su rostro y al fin se decidió a hablar.

- Por vuestras últimas palabras, observo la reticencia que teneis hacia mi y es comprensible. No tengo por norma dar explicaciones, pero he de suponer que dadas las circunstancias es algo que valorais.

Calló buscando las palabras que mostrar al gangrel.

- En las últimas noches se ha dicho mucho pero se ha probado poco sobre Elois D'Umbrelle y espero comprendais que para mi sería un vano esfuerzo deshacer los rumores que circulan sobre mi persona. El príncipe de París, Geoffrey du Temple, Patricio al igual que yo, me considera el más letal de sus enemigos, así como es cierto que él y sus primogénitos arrasaron mi refugio, profanaron mis dominios y noches más tarde tratando de tenderme una trampa Lord Maxence y Lord Castellar, erraron y capturaron a mi chiquilla.

Su mirada palidecía, pues lamentaba la pérdida de Aenor a quien ya suponía muerta, mas aún quedaba esperanza para ella siempre que estos sospecharan de su utilidad para dar con ella misma.

- Por consiguiente, es inutil por mi parte que trate de negaros lo contrario, así pues tomad por verdaderos los rumores y decidid en consecuencia si aceptais la empresa que os propongo.

Volvió a cruzar los brazos, observando y más aún, alerta, por si el gangrel intentara dañarla. Aunque no había terminado, así, levantando su mentón replicó de nuevo.

- Valoraré que acepteis prestarme este servicio por propia voluntad, conociendo todo lo que ello implica y siendo consciente que de saberse vuestra ayuda para conmigo no os ganareis el favor precisamente de los gobernantes de París.

Su mentón bajó pues no quería parecer altanera, sino digna.

- A cambio tendreis mi respeto y protección. He renunciado a mi mejor arma para seduciros, la palabra y el engaño. Tampoco deseo influenciaros con ninguna de mis artes pues es algo que considero indigno para un cainita salvo extrema necesidad y en estos arduos tiempos valoro más la lealtad fundada en el respeto mutuo que forjada por medios oscuros. ¿Que respondeis pues?

No sonrió, su faz adoptó un tono neutro, espectante, aún seguía alerta. Esperaba haber convencido al gangrel...

Ardra McLyr - May 2, 2007 10:46 PM (GMT)
Mientras la Ventrue hablaba, Ardra la miraba con toda su atención. No dejaba de sorprenderle el hecho de que tuviera que ser la dama D'Umbrelle, de quien se decía que era la mayor enemiga del príncipe de Paris, quien le hablara con respeto. Era la ironía del destino.

Con un encogimiento de hombros dedicado a sus pensamientos, el ganrel se aprestó a responder.

Bien, considerad pues que he aceptado vuestro empleo. Iré hacia donde el sacerdote me lleve y traeré ante vos a los cainitas citados.

McLyr hizo una pausa mientras observaba al sacerdote bajar del carro. Ante el escrutinio del clérigo, su pecho se hinchó, mostrando todos los signos paganos que cubrían su piel. Era como un reflejo para él siempre que veía a un sacerdote cristiano. Al fin y al cabo, el gangrel no olvidaba lo que los seguidores de cristo habían hecho, y aún hoy hacían, a los seguidores de la vieja Fe.

En cuanto a que me permitáis hacer uso de mi voluntad a la hora de realizar este encargo, encuentro que es una novedad muy grata. Sinceramente, no hay nada que me disguste más como cainita, como gangrel y como hijo de los celtas que el hecho de que alguien imponga su voluntad sobre la mía obviando de esa manera mi libre albedrío.
Encuentro que vuestros actos hacia conmingo os hacen merecedora de todo mi respeto, al margen de las habladurías que haya escuchado de vos desde que desperté de mi sueño.


Tras la última frase, Ardra se giró hacia el sacerdote, como esperando que el hombre se acercara a él y le guiara como había dicho Elois.
Preparado ya para seguir al clérigo, McLyr volvió de nuevo su atención hacia la noble Ventrue.

Bien, mi señora, trataré de cumplir con vuestro encargo. Conminaré a esos díscolos patricios a que me acompañen ante vuestra presencia, ya sea por las buenas o por las malas...

Ardra llevó el puño derecho ante su pecho con un golpe certero que resonó como la roca golpeando el metal y mientras realizaba un seco gesto con su cabeza a modo de reverencia, se dirigió al sacerdote.

Cuando gustes sacerdote, estoy listo para marchar. La media sonrisa del gangrel no ocultaba un punto de desprecio hacia los hábitos del hombre de la iglesia. Al fin y al cabo, había costumbres que uno jamás podía olvidar, por muchos años que viviera.

Elois D'Umbrelle - May 3, 2007 05:37 PM (GMT)

Peter observó nervioso las indicaciones del gangrel, sin embargo no movió ni un músculo hasta que un nuevo gesto, esta vez de su señora que había aguardado silenciosa un extrasño segundo plano, le valió para acercarse.

Peter escuchó a Ardra y después miró a Elois, ella asintió inclinando levemente su faz al tiempo que sus párpados eclipsaron en un aleteo la portentosa mirada marina que atesoraba. Aunque el irlandés no estaba precisamente muy al corriente de lo que debía hacer por lo que mantuvo un incómodo silencio, temeroso y por su puesto obtendría como premio la ira, contenida, de su señora pues no había estado todo lo atento que se esperaba en él.

- Debes llevar a monsieur Ardra a la mansión de St. Claire y espera en segundo plano a que transmita mi mensaje tanto al anfitrión como a Gorosite.

Si había algo que Elois no soportaba era tener que repetir las cosas, eso quedó bien patente en su fulminante mirada, Peter lo sabía y no era ni capaz de levantar sus ojos del suelo, avergonzado, delante de un gangrel... Quizás con esa humillación aprendiera la lección, pero por otro lado Peter no era un Ventrue típico y muchas cosas que a otros no le eran consentidas, si a él, pues por algún motivo su señora lo tenía en gracia. Aunque una regañina que otra siempre le caía y ya llevaba tiempo sin que le tocase...

Cuando por fin el arrepentido chiquillo fue capaz de agitgar su cabeza afirmativamente, el rostro, el torso y todo el cuerpo de la dama reculó grácilmente hacia el gangrel.

- Ardra McLyr de gangrel, en vos deposito toda mi confianza para la resolución satisfactoria de esta empresa.

Sobraba añadir un "no me decepciones", siendo quien era la dama y por su expresión facial se podría sobreentender sobradamente.

Luego sonrió, tratando de quitar hierro al peso de sus palabras, de sus actos, pues aunque había guardado perfectamente las distancias y medido las formas con respecto al celta, después de todo era una ventrue, autoritaria, soberbia... en definitiva una ventrue. Mas a pesar de los pesares quedaba aún pendiente un asunto...

- Aún no hemos hablado del pago por este servicio.



Ardra McLyr - May 3, 2007 05:50 PM (GMT)
Ardra miró con atención hacia el sacerdote. La verdad es que parecía asustado, pero más de su señora que de él. Encogiéndose de hombros, el celta se aprestó a responder a la pregunta de la Ventrue.

¿Pago decís?... bueno considerad mi primer servicio como una muestra de lo que soy, si quedáis satisfecha, cuando culmine mi trabajo aceptaré lo que vos creais oportuno, sea lo que sea.

No había ni una pizca de arrogancia en las palabras del gangrel, pues en verdad estaba bastante seguro de sus habilidades. Al fin y al cabo se ganaba la vida luchando, y un luchador inseguro era un luchador muerto. Por otra parte, Ardra nunca le había dado demasiada importancia a los bienes materiales, era bastante austero y usaba los pocos recursos que disponía poco más que para vestirse y tener a punto sus armas.

No os he traido ningún tipo de referencia de mis anteriores trabajos, así que considerad esto como una prueba, si no os disgusta mi actuación y deseais volver a contar con mis servicios en un futuro, podremos negociar mi precio entonces en concordancia con las tareas que queráis que lleve a cabo.

Aunque Ardra no lo había dicho, sentía la necesidad de descargar la frustración que le había producido su encuentro con el príncipe, y una tarea que requisiese de un componente físico era la mejor medicina para el mal que atormentaba el alma del cainita.

Me vendrá muy bien volver a mi vida de mercenario, creo que ha pasado mucho tiempo desde la última vez...

Elois D'Umbrelle - May 3, 2007 06:01 PM (GMT)

La pose erguida y serena de Elois mientras escuchaba, mientras evaluaba escrutando cada uno de sus gestos, rasgos o palabras no hacía sino acentuar la visión que se tenía de ella sobre su saber estar y así Ardra pudo vislumbrar parte de la verdadera Elois. Tranquilamente movió su cabeza, como sólo una reina lo hace, asintiendo, otorgando. No tenía más palabras para el gangrel, no había más indicaciones, podía partir dejando atrás la dictatorial presencia de quien era luz y guía entre los Reyes.

Peter por su parte estaba dispuesto a conducirlo, la villa no estaba muy lejos de allí, quizás por ello Elois hubiera escogido aquel lugar como punto de reunión, denotando pues lo milimetrados que eran sus movimientos, así como la perfección que ponía planificando al detalle cada paso que daba, que daban sus seguidores y aunque capturar a los Ventrue renegados podrían haberlo hecho cualquiera de los suyos escogió a Ardra, un foráneo... De seguro que tenía planes para con él, Elois no solía dejar nada al azar.

Ardra McLyr - May 3, 2007 08:43 PM (GMT)
Ardra hizo un gesto hacia el sacerdote para darle a entender que se dejaría guiar por el. Acto seguido, dirigiendo una penetrante mirada a la dama Ventrue, hizo una seca reverencia con su cabeza a modo de despedida.

El gangrel atravesó el puente siguiendo a su guía. No parecía molestarle demasiado la compañía del clérigo, aunque siempre había detestado a los seguidores de Cristo. No es que tuviera nada contra la fe Cristiana, pero parecía que aquellos que adoraban la cruz si que tenían algo contra cualquier creencia que no fuera la suya, a la que se apresuraban de tildar como herejía y paganismo.

Paganos nos llaman, y adoradores del diablo... ¡Dioses!

Mientras caminaba siguiendo la estela del sacerdote, observaba los árboles que bordeaban el camino, escrutando con su mirada inquisidora, en busca de algo que quizás pasara desapercibido para el resto del mundo. Durante unos segundos el gangrel se quedó mirando a un árbol en concreto, aminorando su paso hasta pararse del todo.
Tras observar al coloso de madera y sin previo aviso, Ardra, impulsado por la fuerza de sus piernas en un poderoso salto, agarró una rama gruesa como su muñeca, y haciendo palanca con su cuerpo la quebró, cayendo al suelo con felina agilidad.

Gran árbol que te te encumbras en la tierra desde antes de que el padre de mi padre viniera al mundo, agradezco el don de tu madera que tomo en libertad y honro tu espíritu por el regalo dado.

McLyr había hablado en un antiguo dialecto celta, herencia del pueblo de su padre, como si se dirigiera al propio árbol, con sentimiento y con la cabeza gacha, como si de un rezo se tratara.
Cuando acabó con su acción de gracias, volvió a encaminarse en dirección al sacerdote, para seguir el rumbo que este le marcaba. Mientras andaba a paso vivo, el gangrel partió la gruesa rama en dos mitades prácticamente exactas, y extrayendo su cuchillo de la vaina, se dedicó a sacar punta a la madera de ambos trozos.

Tallando incansable y siguiendo la dirección que le marcaba el clérigo, un Ardra McLyr un poco más animado se dirigía hacia su primer encargo desde hacía más de cinco años.

Elois D'Umbrelle - May 3, 2007 09:46 PM (GMT)

Todo quedaba dicho para Elois, así el padre Peter emprendió la marcha hacia la villa en la que deberían "pedir a los ventrue que los acompañasen", eso sería en voz de Elois pues traducido al lenguaje coloquial implicaba algo más brusco: "traédmelos estacados".

Peter empezó a caminar por el sendero del destino junto al intrépido y bastante osado gangrel, dudaba que éste hubiera captado la sutileza de su señora, pero al ver sus actos quedose más que sorprendido y desde luego boquiabierto en tanto comtemplaba cómo Ardra confeccionaba unas estacas de madera con las que inmovilizar a los ventrue y se percató que aquel corpulento y orgulloso ser, era más de lo que aparentaba, después de todo no es de extrañar que su señora supiera escoger bien sus herramientas. Tranquilamente observó el cantico que profesaba el gangrel y aunque no quería ganarse su enemistad, no pudo rehusar a su condición jovial y desafiante esgrimiendo pues una sonrisa, pero iría a más pues irreverente como era una exclamación abandonó su boca.

- Ja

Inmedaitamente se percató que aquello no había sido lo más apropiado dadas las circunstancias. Ardra podría destrozarlo, era consciente, pero lejos de ofenderle su intención fue distinta a la que se pudiera pensar y antes de sopesar la fueria desmedida de la bestia que albergaba sin dudar, el gangrel, quiso ponerle remedio.

- Espero que Lugh te ilumine esta noche.

Peter rió desairado, restándole importancia a todo al tiempo que mostraba parte de su caracter, pasivo, osado y jocoso.


Ardra McLyr - May 4, 2007 04:48 PM (GMT)
Ardra caminaba tras el sacerdote, puliendo las estacas que habrían de hacer de "invitaciones" para los díscolos Ventrue, cuando escuchó la carcajada que emitió el padre Peter. La cara del gangrel se congeló en una mueca de disgusto, aunque su sonrisa seguía partiendo sus facciones, convirtiendo su faz en algo a caballo entre un gruñido de amenaza y un aullido de ira. Mas cuando el gangrel iba a pedir explicaciones al clérigo Ventrue, éste quiso regalara a McLyr con la más extraña y jovial de las bendiciones.

Vaya vaya, parece que no es oro todo lo que reluce...

Esta vez, la cara del gangrel pasó por varias etapas, entre las cuales destacaban el puro asombro y una hilarante curiosidad. Por más años que pasara entre los hijos de Caín, estos no dejaban de sorprenderlo, a veces de manera poco agradable, otras veces gratamente.

Bien sacerdote agradezco la bendición, aunque espero que Lugh, el sol, no me guíe esta noche... sería harto desagradable ¿no crees?

Una estruendosa carcajada se abrió paso por el pecho del gangrel, fluyendo de su garganta como una cascada de aguas salvajes. Al parecer Ardra había encontrado a alguien interesante al servicio de Elois.

Aún entre los cristianos tiene que haber de todo al fin y al cabo...

McLyr empezaba a mirar al padre Peter con otros ojos, con un par de comentarios y una risa le había demostrado que no todos los seguidores de Cristo eran unos fanáticos estrechos de mente y que no todos los Ventrue eran estirados y autoritarios.

Con su siempre ancha sonrisa iluminando sus toscas y poco agradables facciones, un Ardra McLyr un poco más animado se dedicó a seguir el camino que le marcaba el sacerdote, mientras tarareaba para sí una antigua canción de taberna en la cual se narraba la historia de una moza poco virginal y enamorada de la vida alegre que esperaba a un soldado tosco y de apostura distraida.

Elois D'Umbrelle - May 4, 2007 05:06 PM (GMT)
Peter teminó realmente por su existencia, pero parecía que después de todo no había sentado tan mal al gangrel su comentario y sonrió aliviado, aunque la pesadumbre todavía se ceñía sobre su faz.

Esta noche no ganarás para sustos...

Por otro lado, el envite de MacLyr, no sabía como afrontarlo, sus palabras bien valdrían un amigo o enemigo y las debía considerar antes de que su enorme bocaza se abriera de nuevo. Irremediablemente lo hizo como era habitual en él, sin pensar...

- Pues os diría que espero que no os ilumine en el sentido solar, pero si que lo haga de forma favorable.

Sonrió tímidamente, si no tenía una estaca en su pecho a continuación, sería buena señal, así emprendió la marcha llevando al cazador hacia la madriguera de inocentes conejos.

- A veces, las apariencias engañan, de hecho este atuendo no es sino una forma de pasar desapercibido y lograr cosas de los mortales que sin los atavíos de cura no conseguiría, mas bajo toda esta fachada duerme, descansa un viejo soldado de corazón irlandés.

Y así lo atestiguaban sus rojizos cabellos, ojos verdes y el Warhand de apellido del que sólo Elois usaba en alguna que otra ocasión, nunca debido a los logros del irlandés, sino más bien al contrario.

La bocaza de Peter se abrió nuevamente, mostrando su faceta afable, irreverente.

- Sin ir más lejos, la vieja bruja que nos ha enviado a hacerle el trabajo sucio...

Peter esperó un poco, para ver si habían calado bien sus reflexiones en el acompañante nocturno, aquella forma de actuar era parte de su forma de ser contenida que al encontrarse con Ardra afloraba por momento.

- Una vez en París, llegué lo suficientemente lejos dentro de su majestuoso castillo, como para observar runas antiguas en la entrada que abría paso a su lugar de descanso.

Rió, pues la destrucción del castillo le hizo gracia.

- De hecho, creo que gran parte del baile de túneles que tenía el castillo poserían simbolos paganos y pondría la mano en el fuego porque fue esa arpía quien las hizo poner, y digo que las hizo, porque ella sería incapaz de hacer algo por si misma, es demasaido manipuladora y haría que otro le hiciera el trabajo sucio, quizás después de eso lo usara en algún extraño ritual, pero bueno, eso son sólo suposiciones mías y espero quede entre nosotros.

De hecho Peter tenía un don inusual para meter la pata, sobre todo gracias a su gran bocaza.

Una vez más Peter has hablado más de la cuenta.

Ardra McLyr - May 4, 2007 05:43 PM (GMT)
Por todos los Dioses, este chico habla más de la cuenta... se nota que es irlandés, Ja!

El gangrel observó con pasmo y cierta animación, como su acompañante tildaba de bruja a Elois.

Vaya vaya, así que irlandés ¿eh?... mi familia procede también de irlanda. Mi padre fue Lyr McRoth, noble exiliado e hijo de Roth, de la isla de Eire. La historia de mi familia mortal es bastante triste, la verdad. McLyr rememoró otros tiempos más felices, en los que escuchaba a su padre hablar de su linaje a la luz del hogar. Mi abuelo tuvo que salir corriendo de Irlanda y se estableció con unos pariente de Dumnonia Británica. Ja, años más tarde mi padre tuvo que salir de la isla con lo puesto, perseguido por un obispo demasiado celoso en su empeño de cristianizar al pueblo llano... yo nací Bretón pero nunca he olvidado el orígen de mi sangre.

Peter empezaba a caerle bien, pero Ardra era un lobo viejo y no confiaría del todo nunca en un Ventrue que acababa de conocer (y menos uno irlandés). Tras meditar durante unos segundos, quiso dar un golpe de efecto en su conversación.

Es bueno conocer a alguien de la vieja sangre, de verdad... ahora me encuentro en un dilema. Me has caído bien muchacho y por eso creo que solo te arrancaré las tripas, en vez del corazón, por haber insultado a tu señora.

El gangrel se paró en seco, borrando toda sonrisa de su faz mientras adoptaba una pose de luchador, con sus piernas separadas y las manos aferrando las estacas de madera. Miraba al Ventrue a los ojos, con una mirada que prometía horrores que íban más allá del mero sufrimiento de la carne.

Mantuvo su postura durante un par de segundos para, acto seguido, soltar una tremenda carcajada ante la cara de Peter. Quizás hubiera asustado al cainita o quizás no, pero se lo estaba pasando en grande.

Bah, no me hagas caso... no es de mi incumbencia como trates o llames a tu señora, la cual seguramente sabrá lo que dices de ella... mas cuida tu lengua ante los desconocidos pues podrías meterte en problemas muy graves.

Dicho esto, el gangrel siguió camino junto al Ventrue, riendo por dentro y reanudando su ajada canción de taberna.

Elois D'Umbrelle - May 5, 2007 11:22 AM (GMT)
Todo iba bien, tal como era habitual, su caracter parlanchin y afable distaba mucho del de un típico ventrue, y así Ardra charlaba sobre si haciendo que al menos el camino fuera menos aburrido.

- Aquel a quien teneis delante es Irlandés de pura cepa.

Rió ampliamente, pues su orgullo valió por dos, el ventrue y el irlandés. Quería hablar de su pasado, pero su señora se lo tenía prohibido y una tristeza abogó en su interior pues era consciente que no podía violar esa restricción de su señora.

- Mi pasado nos lleva a la triste pérdida de mi clan, varias disputas con los ingleses y finalmente tuve que abandonar mi tierra...

No podía decir más que aquello y trató de restarle la importancia que su mirada lacónica era incapaz de hacer. Al poco sus labios forzaron una sonrisa aflorando su carismática personalidad.

- Por suerte ahora me hallo en buena compañía.

Entonces ocurrió, Ardra se giró violentamente y el miedo se hizo eco nuevamente de Peter y es que aquella noche parecía que no acabaría nada bien para él. Por suerte su estado de absoluta petrificación y pupilas dilatadas pasó, cuando el gangrel confesó su broma.

Los malos tragos se estaban sucediendo demasiado deprisa, mas Peter agachó su cabeza consciente que todo lo ocurrido lo había provoccado su propio comportamiento siendo él único responsable.

Un suspiro de alivio.

- No me cabe duda que la bruja lo sabe, pues la muy bruja tiene que tener un extraño poder para saber cosas antes de que éstas ocurran, incluso diría que ve el futuro.

Calló, nuevamente estaba hablando más de la cuenta, dando rienda suelta a su enorme bocaza para que transmitiera sus pensamientos, ciertamente esa era parte de su herencia irlandesa.

- Pero mientras no me lo oiga decir no correré ningún riesgo.

Rió y dedcidió poner puerta en su boca dedicándose única y exclusivamente a guiar al guerrero hacia su cita, ya no estaban muy lejos, pronto llegarían.

Ardra McLyr - May 6, 2007 06:41 PM (GMT)
McLyr escuchaba con atención al Ventrue disfrazado mientras, con su cuchillo, se dedicaba a dar los últimos toques a sus estacas improvisadas. Seguía a Peter sin hablar y sin atender del todo al camino, dejando en manos de su compañero el servicio de guía que Elois le había encomendado.

Ja, si que es un poco bocazas después de todo, pero la verdad es que es refrescante encontrar a un cainita tan jovial después de haber tratado con todos esos estirados señoritingos de ciudad... podríamos llegar a llevarnos bien este muchacho y yo...

La disertación de su compañero había hecho pensar al gangrel. Obviamente, si la dama D'Umbrelle mantenía a alguien como Peter a su lado era porque lo controlaba muy bien, o porque le era muy pero que muy útil. Ardra no dudaba ni por un momento que la no vida del Ventrue sería muy corta si a su señora no le sirviera como es debido; eso le hizo pensar en su contratante.

Por un lado, había escuchado muchos rumores acerca de la relación, más bien poco amigable, de Geoffrey y la dama de Orleans. Aunque no daba demasiado crédito a las habladurías McLyr debía reconocer que el hecho de haber aceptado un trabajo parar la Ventrue se debía en gran parte al enfrentamiento que ésta tenía con el príncipe.

Desafia a Geoffrey de manera abierta... mmm, entonces quizás sigue existiendo algún rastro de valor entre los cainitas de París.

Bueno, no era la primera vez, ni sería la última, que aceptaba un trabajo para un detractor de algún príncipe o barón, aunque probablemente era una ocasión en que disfrutaría trabajando para el enemigo de Geoffrey.
Al fin y al cabo cualquier cosa que él hiciera para que el poder de Elois creciera, aunque fuera indirectamente, podía llegar a molestar al señor de París lo cual le proporcionaba una agradable sensación de bienestar.

Meditaba sobre todo el asunto mientras seguía a Peter hacia su destino inmediato, caminando entre las oscuras tinieblas de la noche medieval, agitada su pardo-rojiza melena por la brisa de una primavera a la que le costaba hacerse notar.

Elois D'Umbrelle - May 30, 2007 04:44 PM (GMT)


Al fin lograron el objetivo, al menos a corto plazo. Ya habían llegado.

Peter le indicó el comienzo de la villa y con su mano trazó el camino a seguir, ya sólo cabía esperar que el gangrel cumpliera su misión.

- Ten cuidado Ardra, los ventrue son manipuladores...

Sonrió.


- No les des tiempo ni para "respirar"

Tras desear la buenaventura a su acompañante se dispuso a esperarlo, entre tanto que intentaría hacerse con un carro para agilizar el transporte. Por supuesto sin que nadie se percatase de su presencia pues no debía inmiscuirse

Ardra McLyr - May 30, 2007 05:02 PM (GMT)
El mercenario observó durante un momento al joven sacerdote y asintió con un gesto a su despedida.

Descuida Peter, no me gustaría acabar de rodillas subyugado a la voluntad de otro. Pero ahora que lo pienso... ¿necesitas ese hábito ahora mismo?

Tras la pregunta del gangrel brillaba la más fiera de las sonrisas, como anticipando el momento de la acción.

Me iría muy bien que me lo prestaras... al fin y al cabo mi aspecto habla de lo que soy por sí mismo. Con un hábito quizás consiga ganar un par de segundos y a veces ese tiempo es lo único que se necesita.

Mientras le decía esto al ventrue, Ardra comprobó las estacas que había tallado durante el camino, aseguradas en su cinturón de piel, así como el hacha y los cuchillos que siempre solía llevar encima.


Elois D'Umbrelle - June 6, 2007 04:33 PM (GMT)
Aquella solución no agradó muy mucho a Peter, pues su hábito era la única ropa que portaba, pero darle una negativa a aquel gangrel no sería del todo muy inteligente, aún más cuando su verdadera afinidad hacia su señora quedaba por demostrar y aún menos cuanto este poseía dos estacas y por supuesto la capacidad demoledora que la sangre de caín confería a los de su linaje.

Ardra escucharía un rotundo...

- Vale

Aunque no muy convencido fue la respuesta que encontraría en Peter y diciendo se deshizo de sus vestimentas para entregárselas, como Dios lo trajo al mundo, a su compañero Ardra, pues después de todo no era tan descabellado el plan que proponía y considerando que el éxito del gangrel iría ligado al suyo propio aceptó. No le quedaba otro remedio.

- A ser posible, intenta que no sufran mucho.

Nada más decirlo Peter tuvo la sensación de que aquella sería la última vez que vería sus viejos hábitos. Ahora le quedaba la empresa de encontrase algo decente con lo que presentarse a su señora en tanto que el gangrel cumpía la voluntad de ésta.

Ardra McLyr - June 6, 2007 05:26 PM (GMT)
El mercenario solo pudo sonreir ante el ofrecimiento de los hábitos.

Descuida Petee, intentaré devolvértelos enteros.

Mientras decía esto, se aseguraba de que todas las armas permanecían en su sitio, así como las dos estacas que había fabricado, las cuales escondió en las mangas de las holgadas vestiduras, para tenerlas más a mano.

Cuando comprobó que la ropa del Ventrue estaba bien dispuesta, haciendo un arreglillo aquí y allá, anudando algunas partes con tiras de cuero para que no le impidieran el movimiento, el fornido celta se encaminó hacia la entrada del edificio agachado, casi encorvado, ofreciendo su mejor aspecto de fraile mendicante.

Mientras caminaba trataba de no perder detalle de todo lo que veía bajo la capucha, la cual tapaba su cabellera pardo-rojiza, así como los numerosos tatuajes de su rostro. Buscaba posibles salidas, así como guardianes ocultos o cualquier otro tipo de peligro inmediato.

Elois D'Umbrelle - June 7, 2007 04:15 PM (GMT)


Nota: Por mi parte ya doy concluida la participación en este asunto por ahora. El como se desenvuelva lo dejo en tus manos y en las de Tramas. Suerte. ;)




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