Title: Buscando Mecenas
Description: 20-5-1226
Ardra McLyr - April 25, 2007 05:19 PM (GMT)
La noche caía ajustando su negra mortaja sobre los transeuntes y despistados que se dejaban ver a la luz de los candiles de la vida nocturna de la urbe. Los había más o menos borrachos, otros iban atentos a cualquier descuido de los jóvenes pisaverdes que paseaban por las estrechas calles... pícaros de mala vida y mujeres de moral distraída, ejerciendo su oficio para alegría de unos y asco de otros (usualmente los más píos...).
Un pensativo Ardra se dirigía con paso vivo hacia los locales más concurridos de París. Mientras caminaba, su mente divagaba acerca de la ciudad en sí misma.
Vaya, a pesar de los años siempre son iguales, algunas más grandes, otras más pequeñas... pero siempre igual de sucias y concurridas...
El ánimo del gangrel no estaba en su mejor momento. Los acontecimientos de los días pasados habían hecho mella en él, y no solo en su orgullo. Por su mente pasaban momentos del pasado, en los que veía la vida como algo mucho más sencillo. Quizás el tiempo transcurría demasiado rápido para él.
Cuando llegó a la puerta de la posada, al principio pensó en pasar de largo, al fin y al cabo, no poseía ningún tipo de liquidez con la que poder costearse bebida alguna (aunque solo fuera para disimular su auténtica naturaleza), pero sabía que nunca conseguiría dinero si no iba a los lugares adecuados. Era como un círculo vicioso.
Al gangrel no es que le importara demasiado el vil metal, mas había que atender a ciertas convenciones sociales si quería ser tomado en serio. Debía tener acceso a algún tipo de ropa con la que no llamara tanto la atención, así como algunos servicios de los comerciantes locales, algo que solo el oro podía conseguir; por esa razón se dirigía a la posada del Cuerno Rojo, con la esperanza de que alguien precisase de los servicios de un mercenario, ya fuera como guardaespaldas o en otras lides.
Al fin se decidió a empujar la vetusta puerta de madera, para entrar en un mundo de humo y risas, un mundo de herméticos secretos susurrados por todos y conocidos hasta por los muertos, un lugar en donde se mezclaban todo tipo de personas, desde el más encumbrado noble, hasta el más bajo de los labriegos, pues como le dijo su sire en una ocasión... No hay nada que una más a los hombres que el vino....
Con su habitual sonrisa partiendo unas facciones que, en el mejor de los casos, serían calificadas de "difíciles de contemplar", Ardra se dirigió a la barra buscando al posadero con la mirada.
Ya es hora de anunciar la mercancía...
Octavio Giovanni - April 25, 2007 06:00 PM (GMT)
Demasiadas noches de estudio estaban convirtiendo al pobre nigromante en un saco de huesos sediento de sangre.
Estudiar los escritos de Trang lo llevaba sin remisión a convertirse en un vulgar profanador de tumbas. Con esa idea en la cabeza y hundido en una de las "mesas del fondo" contemplaba estupefacto el vacio. Sus ojos repasaban mentalmente, notas y apuntes del que fuera su señor cuando la imponente figura de un viejo conocido hizó su aparición en la posada.
Octavio se hundió en su silla intentando que aquel maldito gangrel no le viese. Porque diablos había vuelto a paris? Acaso el mundo estaba contra el veneciano? No tenía bastantes problemas ya?
Ardra McLyr - April 25, 2007 09:46 PM (GMT)
Mientras caminaba hacia la barra el cainita pensaba en como presentarse ante el posadero. Al fin y al cabo no era lo más común que un hombretón vestido con pieles de conejo (ahora ya curtidas y apenas sin olor...) y una intrincada red de tatuajes claramente paganos, se presentara a una posada para preguntar si alguien precisaba de los serivicios de un guerrero... Aunque suponía que un posadero en París habría asistido a espectáculos aún más dispares.
Cuando se acercaba ya a su destino la mirada del gangrel se posó sobre una de las mesas de la concurrida sala. Era habitual en él que hiciera un barrido visual en cualquier sitio al que accediera. Solía aprovechar con este primer vistazo para detectar cualquier posible peligro, así como las ventajas que podría llegar a obtener si las cosas acababan poniendose feas, gajes del oficio...
Bah, caballeros, labriegos y chusma en general... umm, aquella chica no parece estar nada mal, si yo estuviera vivo y tu te dejaras muchacha... Ja!, a ver por allí... aquel podría ser un vástago, y al fondo Octavio Giovanni... el de la tercera parece un guerrero... ¡¿Octavio Giovanni?!.
De repente Ardra se paró en seco, su vista clavada en la pequeña y escurridiza figura que ocupaba una de las mesas de alrededor y que trataba de pasar desapercibida ante el escrutinio del gangrel.
Sin pensarlo dos veces Ardra avanzó hacia dicha mesa; su boca sonreía pero sus ojos más bien parecían dos hojas de acero listas para cortar en dos a aquel que ocupaba su atención en esos momentos.
Cuando llegó a la mesa del Giovanni, Ardra habló con la voz más suave que pudo poner (algo así como el sonido que haría una piedra al raspar contra los eslavones de la cadena de un reo condenado a muerte...).
Vaya, vaya, vaya, que Macha me corte la lengua y den de comer con mis restos a los cuervos de la Morrigan si este no es Octavio Giovanni... Al final mi sire tenía razón, el mundo no es más que un gran cenagal, si remueves un poco no tarda en salir la mierda a flote. Mientras hablaba, el gangrel aprovechó para sentarse a la mesa del Giovanni (justo enfrente, tapándole la salida...) Podría decir que me alegro de verte, pero es que lo que más me gustaría hacerte ahora sería arrancarte las entrañas, curtirlas lentamente y hacer con ellas un saco en el que meterte para arrojarte al mar de Manannan... lástima que eso sea quebrantar media docena de leyes de su gloriosísima majestad, el príncipe, y no queremos eso, ¿verdad Octavio?
La voz del gangrel tenía un matiz de buen humor. Mucho había llovido desde que viera al Capadocio por última vez, y el tiempo y el agua habían disuelto gran parte de la animadversión que pudo sentir Ardra hacia el Giovanni.
Adila Al-Benazir - May 29, 2007 05:55 PM (GMT)
Cuando la Assamita entró en la posada sus ojos barrieron la estancia en busca del Gangrel con el que había compartido su presentación ante el Príncipe. Sin muchos problemas lo localizó al fondo hablando con un hombre encapuchado.
Esos tatuajes son inconfundibles...
Se acercó a la pareja sutilmente, intentando pasar desapercibida para aquellos a los que no había venido a buscar.
Cuando estuvo detrás de McLyr le habló sin rodeo alguno:
- Salaam Aleikum Ardra McLyr, y compañía. ¿Disponeis de un minuto para ofrecerle a esta humilde extranjera?
Ardra McLyr - May 30, 2007 05:21 PM (GMT)
La paciencia del mercenario hacia el Capadocio hacía ya tiempo que se había agotado. De hecho, ya habían pasado años suficientes como para que no sintiera ningún tipo de odio hacia el Giovanni. Ahora tan solo le hacía gracia el haberlo encontrado de nuevo, pero por lo que parecía Octavio no tenía ganas de conversación.
Tras la irrupción de la Assamita, Ardra aprovechó para echar una mirada de furia fingida, solazada con su siempre afable sonrisa a Octavio.
Bien mi querido Giovanni, tendremos que dejar nuestro pequeño reencuetro para otro momento y lugar...
Sin esperar constestación de su acompañante, Ardra se levantó para encararse a la mujer árabe.
Que los dioses te den una buena noche, así como buena caza en los días venideros.
Mientras hablaba el gangrel evaluaba a la guerrera assamita, observando con atención sus músculos y su postura, calculando cuanto tiempo tardaría en sacar su hacha para defenderse de un posible ataque de ésta.
Basta ya lobo, si ella te quisiera muerto el golpe te habría llegado antes de que pudieras verla...
Bien, tengo algo de tiempo... ¿qué deseáis de mi?
Ardra recordaba perfectamente que ella había sido uno de los testigos de su humillación ante el Príncipe, por lo que su tono era bastante seco, aunque su sonrisa todavía luciera en su faz, como un escudo ante la locura de su mundo en las últimas noches.
Adila Al-Benazir - May 30, 2007 06:25 PM (GMT)
Adila miró a su alrededor, en parte porque no quería ser víctima de oídos indiscretos, y en parte porque le pareció buena idea despertar la curiosidad del Gangrel.
Su voz se tornó un susurro:
- Quizás podríamos hablar en una mesa un poco más apartada del barullo de este local. Nada me gustaría menos que alarmar a la gente que bebe aquí tranquilamente sobre el peligro que les acecha.
Se deslizó con un movimiento sibilino hacia una de las mesas apartadas del fondo y esperó a que él la alcanzara para hablar en el mismo tono discreto.
- Acudo a vos porque me parecisteis un buen guerrero cuando coincidimos la otra noche. No dispongo de mucho tiempo para explicaciones ahora, pero me gustaría saber si estaríais dispuesto a salir de caza conmigo. Se trata de una presa poco habitual y muy peligrosa... ¿Os apetece un poco de acción y una buena excusa para sacar vuestra hacha a pasear?
Hizo una pausa para que Ardra asimilara lo que le acababa de decir.
- Aunque si preferís quedaros aquí al cobijo de un buen fuego lo entenderé... Después de todo no todos los cainitas estamos dispuestos a jugarnos el pellejo de la misma forma...
Ardra McLyr - May 30, 2007 10:08 PM (GMT)
Ardra no salía de su asombro, aunque su cara no daba muestras de ello.
Vaya vaya, así que de cacería ¿eh?
Tras pensar su respuesto durante unos segundos, la poco agraciada cara del gangrel mostró la abertura horizontal llena de dientes que pasaba por sonrisa.
Bien, veo una petición de ayuda... ¿o será que queréis contratarme? No olvidéis, noble guerrera, que yo, al fin y al cabo no soy más que un pobre mercenario.
El gangrel escrutó la expresión de la assamita, buscando signos de duda en su semblante.
Decidme pues, Adila... patrocináis vos esta "cacería" ¿o ese derecho le corresponde a otro? En fin, sabed que actualmente estoy bastante aburrido, y un poco parado, y eso no es algo demasiado normal en mi, y menos después de los últimos acontecimientos.
Digamos pues, que como buen mercenario os demostraré mis cualidades antes de pensar en ser contratado. Tomadlo como una simple demostración de lo que valgo... Así pues, ¿salimos de caza?
Adila Al-Benazir - May 31, 2007 08:15 AM (GMT)
Vaya con el mercenario...- Bueno Ardra, tal vez sea una buena oportunidad para demostrar vuestras habilidades... pero no delante mío, que no soy más que una humilde y pobre Assamita, sino delante de uno de los cainitas más poderosos de París por su bien merecido cargo y por su sangre.Sonrió bajo el velo.
- Entiendo pues por vuestras palabras que estais dispuesto a venir. Bien... seguidme, os enseñaré el camino.Enérgicamente la mujer se levantó de la silla y salió de la posada seguida del guerrero Gangrel.
Maldito bicho del infierno... más te valdría no haberte cruzado conmigo...------------------------------------------------------------------------------------------
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