Title: 18/5/1226
Description: Erika y el Martillo
Mikael Bratovich - April 25, 2007 02:19 PM (GMT)
Era un garou; tenía pelos y garras, aullaba en las noches cuando su luna hacía aparición en el cielo; sentía una incontenible ira fluir dentro de él y atarlo a la tierra. Pero nada sabía. nada.
Aquella que había visto, pelirroja y de mirada salvaje, podría enseñarle otro tanto. Eso esperaba, pues no podía quedarse más tiempo sumido en tal ignorancia, en tal desazón, lleno de miedos y temores.
Suspiró, tal vez pro primera vez en toda su vida, mientras buscaba con la mirada, a la pelirroja. Había estado así cerca de tres horas, y lejos de sentirse cansado la larga espera le animaba.
Erika - April 25, 2007 10:50 PM (GMT)
Y la larga espera llegó a su fin, pues sin saber si por gracia del destino, o por algún otro asunto la mujer nórdica apareció ante Mikael. En su forma lupus se trataba de una enorme loba roja.
Las miradas se cruzaron, y entonces Erika recuperó su forma humana, eso sí, sin dejar de mirar al hombretón.
- Tu nombre es Mikael... ¿Verdad? -La melodiosa voz de la Fenrir, capaz de cautivar al más astuto de los hombres, se descargó sobre el hombre en un susurro embriagador.
Pero la pregunta no expresaba solo una cuestión, sino varias, y entre ellas: ¿Quién eres?
Mikael Bratovich - April 26, 2007 04:02 AM (GMT)
Así terminaba la búsqueda.
El eslavo, de rostro salvaje y noble como los reyes de antaño, miró a la pelirroja, indeciso. Bien sabía que pocas eran las opciones que tenía, pero su limitada habilidad social, o más bien, su apatía, le impedían muchas cosas.
No esperaba, desde luego, aquella transformación, pero ya la había visto un par de veces y con eso era más que suficiente para guardar la compostura.
En un francés mal hablado, con claro acento eslavo, respondió el que había sido Príncipe entre los Bratovich la pregunta de la loba.
-Así me llamó aquel hechiero del bosque. Pero sólo sé que soy uno de vosotros, un "grú".
Hablar siempre le había resultado tedioso. La falta de familiaridad con el "lenguaje" que ahora tendría que utilizar se le hacía imposible. A eso hubiera debido agregar un cadencioso "sea lo que sea que signifique". Pero hablar era tan tedioso...
Erika - April 26, 2007 11:31 AM (GMT)
Las escasas palabras de Mikael eran suficientes, para alguien con el don de la oratoria como Erika, para saber que al eslavo no le gustaba hablar en demasía, además de para demostrar que estaba totalmente perdido. No tenía ni idea de lo que era, y mucho menos lo que representaba.
- El nombre de nuestro pueblo es Garou. Somos los protectores de Gaia, de la madre tierra. Pero tranquilo, no hay prisa, ya habrá tiempo para encontrar tu lugar. Lo más importante ahora es que aprendas a convivir con el lobo que llevamos dentro. -La vikinga dejó de hablar mientras recordaba sus primeros cambios, y la extraña sensación interior, cuando nada resultaba controlable y la bestia interna cabalgaba a sus anchas.- Seguro que has notado algo dentro de ti, algo que te da fuerzas, pero a la vez te corroe desde el interior porque no puedes controlar. No parece que hayas tenido muchos cambios aún, y me arriesgaría a decir que para nada han sido cambios voluntarios, sino por la gracia de Selenne, dama de la noche.
Muchas cosas estaba explicando Erika de golpe a alguien que no estaba preparado apra asimilarlo todo, a alguien que parecía valerse mejor de las acciones que de las palabras.
- No temas, te enseñaré a controlar esto, a ser un autentico Garou, un Hombre Lobo.
Mientras decía estas palabras se acercó al hombre y posó una de sus manos en el hombro de él.
- Cierra los ojos Mikael, busca en tu interior. Siente esa parte salvaje que lucha por apoderarse de tu ser, pero no la temas ni la rechaces, abrázala. Hazla tuya. Deja que el alma del humano y del lobo se unan en una sola y te den la paz que necesitas.
La Fenrir sabía que esto podía ser peligroso, pues el recién cambiado no controlaría a su bestia, y si ésta lo superaba la cosa acabaría en pelea... cosa que no temía en absoluto. Además así tendría la posibilidad de ver si aquel era digno de ser un aprendiz.
Mikael Bratovich - April 28, 2007 04:06 PM (GMT)
Desde la altura el eslavo fijó su mirada en la mano que la pelirroja ponía en su hombro, y luego en los ojos de esta. Dudó por un segundo, pero no estaba buscando las palabras porque ya las conocía.
-Gracias.
En otro tiempo jamás podría haberse visto agradeciendo nada, pues se bastaba así mismo. Ahora, que ya no era quien era antes, que no sabía quién había sido, era necesario balancear su inamovible orgullo con sincera humildad.
Le pareció curioso cómo las palabras de Guillerm y de ella se parecían y distanciaban al tiempo, pero cómo sin embargo él era capaz de extraer lo mismo de ambas. Con una mano levantada pidió a Erika se apartase de él, y cerró los ojos, pues estaba dispuesto a mostrarle que no era la única vez que sufría aquella terrible metamorfosis, y que no era la primera vez que lo hacía a voluntad.
Pensando, su mente dejó de hacerlo. Quedó tan sólo una Sensación, un Sentimiento, un Instinto. Y buscando en él, regodeándose en él, el gigantesco cuerpo de Mikael, que Erika pudo sentir fornido al tacto, comenzó a sudar y a temblar débilmente. Los ojos cerrados del eslavo y las venas de su frente hinchadas eran testigo de su esfuerzo, y fueron también testigos los ojos de la Fenrir cuando aquel cuerpo se hizo aún más grande y más peludo, y su gesto de fiereza se duplicó, estando en el punto intermedio entre la bestia guerrera y el hombre. Pero no se detuvo, y aún con los ojos cerrados, aquel cuerpo creció más, si se puede, y a los ojos de la pelirroja apareció un hermoso Crinos de pelaje negro reluciente*, que al abrir los ojos por poco cae pues no había sido poco su esfuerzo.
Todo su ropaje se encontraba ahora hecho jirones sobre el suelo, pero se veía la satisfacción en los ojos del guerrero.
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* (Pura raza 4)
Erika - April 29, 2007 03:23 PM (GMT)
Erika se apartó unos pasos del hombretón y lo observó mientras realizaba el cambio. Sin duda el esfuerzo que hacía era demasiado notable para pasar desapercibido, pero con el tiempo aprendería a hacerlo como algo natural.
Al observar la forma guerrera de Mikael pudo reconocer en él la herencia de los reyes, la pureza de raza se identificaba en su porte así como en su pelaje. Pero para alguien de la casta de Fenri eso no significaba nada, a menos que se mostrara digno de esa herencia, y la vikinga estaba segura que que tarde o temprano eso sería demostrado.
Después de ver el cambio, la mujer nórdica hizo lo propio con su cuerpo adoptando también la forma Crinos y transformandose así en una enorme figura peliroja, que a diferencia del eslavo mantenía su negro tabardo y el cinto, con su martillo de guerra amarrado a él, en perfecto estado. De hecho parecía que se hubieran adaptado a la poderosa forma guerrera mientras la transformación se llevaba a cabo.
Entonces la Fenrir se puso a hablar, más no hablaba con un idioma humano, sino con un seguido de aullidos y sonidos procedentes de su garganta lobuna. Quizá, extrañamente para Mikael resultara incomprensible como podía entender aquel idioma, pero así era.
- Poco a poco te acostumbrarás a los cambios, y verás que cada una de nuestras formas tiene sus ventajas y desventajas.
Con una mueca, que en su rostro lobuno intentaba ser una sonrisa, un pensamiento corrió por la mente de la enorme mujer lobo.
- ¿Conoces ya el poder de tu cupero guerrero?¿Has combatido ya bajo esta forma?
Los Hijos de Fenrir desde tiempos inmemoriales habían sido los encargados de comprobar la fuerza y valía de los demás Hijos de Gaia, sometiéndolos a feroces combates y duras pruebas. Y así, como en la antigua cultura espartana, solo sobrevivían los verdaderos merecedores de tal honor: los más fuertes. Y éste parecía un buen momento para ver el valor real del eslavo, o ponerlo en su lugar. A parte seguro que un combate le serviría para aprender muchas cosas de su herencia y de su propio cuerpo.
Mikael Bratovich - April 29, 2007 06:42 PM (GMT)
Y en verdad le sorprendía; ya una vez hacía pocos días había escuchado y entendido los mismos sonidos provenientes de la garganta de Guillerm, y en ese momento, incapaz de sentirse hablando por medio de rugidos, había preferido guardar silencio. Ahora era el momento de intentar comunicarse de ese modo...
-No.
Sí, había que aceptarlo. Era gracioso, muy poco y demás, pero a parte de la tendencia natural del eslavo a guardar silencio, aquella forma de comunicación aún le hacía sentirse extraño.
De todos modos en lo único en lo que el eslavo no era un tonto era en la batalla, y no podía menos que agradecer una invitación a ella. Sin embargo no sabía cómo usar aquellas... garras, así que se agachó y recogió su espada, ahora muy pequeña para su mano. Era clara la desventaja, pero desde que Erika terminara de hablar pudo notar en los ojos del Crinos un brillo que como guerrera reconocía: el ansia de batallar.
Erika - April 30, 2007 12:20 AM (GMT)
El orgullo y el ansia de combate reflejados en la mirada de Mikael empezó a reafirmar el concepto que la Fenrir tenía de él. Con un buen entrenamientos sería un excelente guerrero. Pero... ahora quedaba por ver si estaría a la altura de tal práctica.
Con la misma voz de antes transmitió una orden al guerrero:
- Observa y mantente quieto, no intentes atacarme o lo lamentarás. -Todo acababa de empezar, la rabia del eslavo empezaría a fluir por su cuerpo y éste debería aprender a controlarla, ésta era la primera lección.
Con un rápido movimiento de su brazo derecho, la Fenrir asestó un garrazo al torso del crinos de pelaje negro. No pretendía ser una herida mortal, tan solo lo suficiente profunda para que la rabia brotara de él.
- ¡Quieto! Mantente firme, no dejes que la rabia te domine, hazla tuya. Siente como fluye por tu cuerpo, como acelera tu corazón y aporta vigor a tus músculos.
La vikinga se mantenía alerta y atenta para defenderse en cualquier momento, pues sabía muy bien lo peligroso que era desatar la rabia en alguien que apenas había sentido su contacto aún.
- Canaliza esa fuerza interior, toda la furia, la pasión por el combate, siéntelo y aprovéchalo en tu favor. ¡Ataca ahora!
Si todo salía según lo previsto la acometida del guerrero sería brutal y a la velocidad del rayo, una rapidez sobrenatural proporcionada por la rabia desatada en su organismo.
Erika esperó el ataque.
Mikael Bratovich - April 30, 2007 03:59 PM (GMT)
El golpe que le asestara Erika, mientras él permanecía completamente quieto, le dejó perplejo. Aquellas garras verdaderamente causaban dolor, y sintió la Rabia crecer dentro de él, incontenible y potente.
Siempre había sido de ánimo fácil, de golpes rápidos y de poca meditación antes de meterse en una refriega; no lo sabía a ciencia cierta, pero lo intuía al menos. Y sin embargo aquel ataque le hacía sentir algo completamente nuevo y que desde luego no entendía.
Sintió sus ojos teñirse de rojo, sus garras apretarse en torno al mango de su espada con tanta fuerza que sin duda la rompería si continuaba de ese modo; sus músculos tensos al extremo y una determinación única en su primitiva mente: acabar con la miserable vida de Erika.
No era una determinación racional, sin embargo. Pero tenía que controlarse. Su voluntad era fuerte, fortísima, imbatible*, y era la primera vez que se enfrentaba a un tan formidable reto. Y así pasaron largos segundos. Las razones para contenerse eran simples: como buen guerrero que era, a pesar de la emoción de batallar, de la alegría de vencer, el autocontrol era el requisito último para dar buena batalla; movimiento pensados, coordinados; ataques inteligentes. Presa de la Rabia descontrolada nada de esto era posible.
Y sin embargo aquello era más grande que él. Hubo entonces una conveniente fusión, y a pesar de la Rabia que le invadía, pudo sacar provecho de ella tal y como Erika le dijese.
Su siguiente movimiento fue uno fortísimo y hábilmente calculado.
En aquella estacada precisa pudo Erika notar que su manera de luchar era certera, carente de fintas y de estilos cortesanos, predestinada a incapacitar a su enemigo en el menor tiempo posible, y con la máxima eficacia posible.
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*10
Erika - May 1, 2007 05:02 AM (GMT)
La Fenrir ya estaba esperando la acometida, pero aún y así notó como la espada del eslavo penetraba en su carne provocando un tajo en el brazo, un corte que no tardó en cicatrizar. La rabia brotó del interior de la Fenrir como un relámpago, recorriendo todo su cuerpo y tensando su poderosa musculatura, pero el orgullo que empezaba a sentir por su recién adquirido aprendiz pudo contenerla.
- Maldita sea ¿Estás peleando o jugando? Deja esa espada y pelea con las garras, son más letales.
Para que Mikael hiciera caso, y para demostrarle su afirmación, Erika asestó dos garrazos más, dos movimientos a velocidad sobrenatural, una ventaja más del uso de la rabia. El primero dirigido al brazo que esgrimía el arma, y el segundo directo al pecho. No iba a darle ni un segundo de respiro, ella había aprendido así de los mejores guerreros de Gaia, y no pensaba adiestrar al nuevo de otro modo.
Mikael Bratovich - May 1, 2007 10:05 AM (GMT)
En los ojos de Mikael aquel fuego esencial, primordial, seguía brillando, y cada vez con más fuerza y excitación.
¡Oh tiempos olvidados por su mal, en que batallando con sus primos y hermanos, entraban a campos atestados de enemigos de su pueblo y los diezmaban hasta que se veían obligados a recular ante una fuerza proveniente de lugares que no entendían!
¡Oh días aquellos, magnánimos y sangrientos, en que nobles todos, caminaban con orgullo portando sus heridas y sus armas bañadas con las sangres enemigas, y festejaban durante días enteros, fuera ya en casas encumbradas en peligrosas montañas o en las tabernas de su natal Bistria!
No recordaba los gestos de admiración del pueblo que rigió; no recordaba los gestos de confianza en los ojos de sus camaradas de combate; no recordaba siquiera el orgullo de su padre, maldito ahora, si algún día lo conociera, por designios que escapaban a su entendimiento, cuando cortó la primer cabeza de un enemigo en franco combate, cuando tan sólo contaba con siete años.
Había aprendido primero a mover la espada que a hablar, y tal vez a esto se debiera su necedad de no comunicarse: si algo no podía decirse con la espada, no era digno de decirse.
Y ahí estaba sin embargo, otro pues todo su pasado había sido borrado, pero con aquel mismo temblor de montaña batiendo su pecho y obligándolo, aunque él no prestaba resistencia, a plantar pie a cualquier enemigo que tuviera el valor de hacerlo.
A pesar de las desventajas, de la velocidad sorprendente de su Maestra, el eslavo, cuyos ataques siempre habían sido precavidos, alcanzó a devolverse dos pasos; lo suficiente para detener, y era grande la fuerza de la loba pero la suya también, el primero de los ataques, aunque el segundo estaba más allá de sus capacidades.
Este último sin embargo le hizo moverse tan sólo un paso aunque no fue poco ni despreciable el dolor que le causara, y arrojando la espada a su lado, arrojose sobre Erika en similar posición de batalla: certera, eficaz, mortal, mientras dedicaba a la loba una extraña mirada de agradecimiento.
Erika - May 1, 2007 10:38 AM (GMT)
Los movimientos, los gestos de su rostro y la intensidad de su mirada revelaban a la Galliard todo cuanto necesitaba saber sobre el eslavo. Aquel era un guerrero. Un orgulloso y capaz guerrero como pocos había, y según iba comprovando sería una buena arma para la madre Gaia.
Erika aceptó la embestida de Mikael, sintió las poderosas garras de éste penetrando su piel, mientras un aullido de satisfacción salía de su garganta. Aún quedaba algo muy importante por comprovar antes de ver si aquel iba a ser el guerrero que ella creía. Cabalgar las olas con las que la rabia recorría tu cuerpo era algo relativamente sencillo. Lo dificil venía cuando debías detenerla. Y ese era el momento.
- ¡Basta! ¡Detente! -Las palabras de la Fenrir salieron de su boca lobuna con una fuerza e intensidad inusuales, posiblemente potenciadas por alguno de sus dones de bardo.
Mientras hablaba dio un empujón al eslavo para ganar algo de distancia. Si no se detenía, ella misma tendría que hacerlo, y no iba a tener ningún problema. Almenos eso era lo que mostraba la ferocidad de su mirada.
Mikael Bratovich - May 1, 2007 11:19 AM (GMT)
Todo era demasiado rápido; cuando apenas el eslavo se acomodaba a aquello, cuando sentía fluir dentro de sí un ansia de guerra que le había sido desconocida hasta el momento, una voz lejana le impelía a detener su acometida.
Los ojos de Erika mostraban determinación, y aunque el alma, y ahora también el cuerpo de Mikael, se negaban a obedecer, un reducto de su razón le decía que debía hacerlo, que ese era el camino.
Sus pies pararon la carrera, en seco, pero en todo su cuerpo aún se veía la intención de continuar aquella batalla hasta ver reducido a su enemigo a pedazos informes de carne y sangre. ¿Enemigo?
Cerró los ojos, haciendo un gran esfuerzo, pero aún sentía moverse sus garras en dirección a Erika, y aunque él tiraba hacia atrás, sus músculos todos lo hacían hacia adelante.
No era aquella una batalla que ganar con la fuerza, sino con la voluntad, y sintiéndolo de ese modo, y entendiendo la doble cara que tenía aquel poderoso instinto que la pelirroja llamaba Rabia, fue en su voluntad donde buscó fuerzas para sobrellevar aquella marejada de sentimientos que, sin haberse dado cuenta, la invadían.*
Y del mismo modo que en un inicio viera la Fenrir a Mikael, respirando agitadamente y bañado en sudor sobre su noble pelaje negro, viólo de nuevo, aunque esta vez el enorme esfuerzo había sido por contener aquello que nunca había sentido verdaderamente.
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*Gasto un punto de FV.
Erika - May 1, 2007 10:56 PM (GMT)
Interiormente la Galliard maldijo por no poder ser ella quien detuviera el combate, pero por otro lado se enorgulleció de estar enseñando a un buen guerrero. Dejando que el eslavo se relajara un poco mientras tomaba aire, siguió con la instrucción.
- La rabia puede serte muy útil en combate, pero también puede llevarte a la perdición. Si dejas que sea ella quien controle tus actos estarás acabado. Debes ser tú quien cabalgue sus olas, hazla tuya, pero jamás pierdas el control. Recuerda esta lección si quieres ser un buen guerrero de Gaia.
La Fenrir dejó algo de tiempo, mientras Mikael asimilaba el contenido de su mensaje y acababa de recuperar el resuello.
- ¿Hay alguna cosa más que quieras saber al respecto?
Mikael Bratovich - May 5, 2007 04:19 PM (GMT)
Respirando con dificultad, pudo asentir las afirmaciones de Erika. Sí que lo entendía, y muy bien. las preguntas que tenía no eran pocas, pero sí eran pocas las que se basaban en lo que acababa de suceder. Las lanzaría todas la tiempo entonces, haciendo por un momento un veto a su pertinaz silencio.
-Hace poco se movió con velocidad increíble; ¿cómo puedo hacerlo? Las garras son útiles y letales; ¿tienen alguna técnica especial de combate para usarlas? Ví que la herida que le causé con la espada se curó rápidamente, ¿por qué?
Paró un segundo; infló sus pulmones de aire, procurándose de este modo el aliado necesario para vencer al silencio, y continuó.
-Una espada que se vuelve daga después de una metamorfosis no tiene sentido; ¿sólo usan... usamos las garras? ¿Por qué sus ropas se acomodaron al tamaño de su metamorfosis?
Erika - May 19, 2007 12:46 PM (GMT)
Las preguntas eran las esperadas, y por eso la Galliard ya tenía las respuestas. Eran preguntas que todo Garou necesitaba saber durante su entrenamiento.
- La velocidad es uno de los beneficios del control de la Rabia. Canalizándola en beneficio propio nos permite realizar acciones con una celeridad asombrosa. Deberás practicar para poder aprovecharla al máximo, pues en combate es una gran ventaja. Para usarla debes concentrarte en tu interior, sentir al lobo que mora en ti, sentir como la rabia fluye por todo tu cuerpo y dejar que el lobo la cabalgue, pero recuerda lo que dije antes: no pierdas el control o será tu perdición.
Unos instantes de silencio permitieron a Mikael asimilar parte de la información, pero enseguid una nueva acometida de palabras salió de la Fenrir.
- Nuestras garras y colmillos son nuestra arma más mortífera. Somos guerreros de Gaia, la gran madre Tierra, y ella nos concede parte de su poder, haciendo de nuestras armas obejto de temor ante todo ser. Las heridas que causamos son letales para casi cualquiera, permitiendo una lenta regeneración a los heridos. Sobretodo deberás usarlas cuando entres en combate con seres sobrenaturales a quienes las armas mundanas posiblemente no hagan más que rasguños. Pues como nosotros gozamos de un poder de regeneración especial, como viste al asestarme un tajo, son varios los seres que también lo poseen.
Y aún a riesgo de que el eslavo se perdiera entre tanta palabrería, la mujer nórdica, dotada del don del habla por su auspicio, siguió con las explicaciones.
- No todas las armas que existen son mundanas. Así como mi equipo se adaptó a mi nuevo cuerpo, lo mismo sucede con algunas armas. PAra conseguir esto, existe la posibilidad de someter dichos objetos a un ritual. Se conoce como el rito del Talismán dedicado y permite que tus pertenencias no se hagan añicos durante las transformaciones, o que una arma se siga adaptando bien a tu mano cuando estes en tu forma guerrera.
Mikael Bratovich - May 22, 2007 06:07 PM (GMT)
Bien; todo aquello dependía de él, excepto lo último que su maestra había mencionado.
-Enséñeme entonces el ritual que menciona. ¿Puede?
Las razones eran obvias; no le gustaba estar buscando todos los días nuevos ropajes para cubrir su desnudez en la metamorfosis normal.
Erika - May 30, 2007 01:09 PM (GMT)
Aprender rituales no era cosa de un momento, pero valoraba el ansia con que el eslavo parecía querer aprender, sin duda este ritual en concreto era de uso inestimable entre los cambiantes.
- No sé si estás preparado para aprenderlo, ya que para ello se precisa de un conocimiento espiritual que no creo que poseas en estos momentos, y que no soy yo quien debe enseñarte. Pero por otro lado si quieres yo misma puedo someter tus ropas a este rito, eso sí, tendremos que buscarte antes unas ropas decentes. -Añadió el último comentario mientras una sonrisa pícara afloraba a sus labios al observar los jirones que fueran la ropa de Mikael.
Mikael Bratovich - May 30, 2007 01:40 PM (GMT)
El eslavo asintió ante la propuesta. No es que le molestara andar desnudo; de hecho lo prefería a ponerse ropas encima, pero no podría decirse lo mismo de todos los que le observaran. Al menos no todos serían hembras, y seguramente los machos humanos sentirían su territorio invadido.[Nota del traductor: y con razón]
Recogió los trapos que antes fueran sus vestiduras, así como ambas espadas.
-Ya vengo entonces.
Y dicho esto partió. No demoró más de diez minutos en regresar, y cuando lo hizo traía ya entre sus manos un patnalón y una camisa. Más que suficiente. Sin embargo desde hacía diez minutos una duda le carcomía: "conocimiento espiritual".
Erika - October 7, 2007 10:10 AM (GMT)
Cuando Mikael llegó encontró a Erika recostada en un arbol, esperando. Al verlo acercarse rebuscó en un pequeño zurrón de cuero que llevaba bajo la capa y de él sacó un fragmento de espejo.
- Algunas de las cosas que te mostraré a continuación careceran de sentido para ti, pero como te decía, no soy yo quien debe enseñarte su significado, todo llegará a su debido tiempo.
Acercándose al eslavo y tomádolo por el brazo empezó a hablarle mientras sostenía con la otra mano el espejito frente a los dos.
- Ahora concentrate en el espejo, mira su reflejo y busca dentro de ti. Deja que todo fluya a tu alrededor, no te fijes en lo material, busca más allá de la imagen reflejada de tus ojos. Y cuando sientas algo inexplicable camina, yo estaré a tu lado.
Y para demostrar su afirmación ejerció algo más de presión sobre su antebrazo. Así poco a poco, dejó que su pupilo hiciera todo lo que le había dicho, y lentamente comenzó a caminar de lado acompañando a Mikael con ella para facilitarle el acceso. El paisaje se desdibujó por unos momentos a los ojos de ambos, tornandose borroso, para acto seguido reflejarse de nuevo en sus pupilas con mayor intensidad, mayor pureza y una belleza sin igual, debido al reflejo umbral del gran bosque parisino.
- Bienvenido a la Umbra, al mundo espiritual.
Mikael Bratovich - October 9, 2007 04:41 PM (GMT)
Pocas cosas podían impresionar a Mikael, pues era un hombre práctico y de guerra, y sabía, o mejor, pensaba, que más allá de las batallas nada podía causar en él asombro: tan sólo un guerrero incomparable, o un arma imparable, o una victoria épica.
Sin embargo aquello que ahora veía era diferente. Era otro mundo que siempre había presentido, eso ahora lo sabía, pero que nunca antes había podido imaginar en toda su magnitud. ¿Qué era pues aquello tan sagrado que ahora tenía ante sus ojos? ¿Acaso la realidad donde antes habia vivido era un simple reflejo, por aquella metáfora del espejo, del mundo en el que ahora respiraba, del mundo que ahora pisaba?
Y no pudo contener una lágrima que brotó de us ojo izquierdo, y no quiso tampoco, porque su alma estaba conmovida ante una belleza más grande que la batalla misma.
Erika - October 15, 2007 12:39 AM (GMT)
Al observar la reacción de Mikael la Galliard sonrió levemente, pues no quería que el guerrero pensara que se estaba burlando de él. Ella había tenido una reacción similar en su primer acceso al mundo espiritual, y aunque de eso hacía ya algunos años lo recordaba como si se tratara de ayer.
Lentamente soltó al eslavo del brazo para que sintiera la pureza de Gaia en todo su ser. Y empezó a prepararse para el ritual que iba a realizar. Sacó una pequeña daga y empezó a garabatear runas en el suelo siguiendo un trazado que terminaba en la forma de un circulo.
Una vez realizado el grabado, llamó la atención de su pupilo con un gesto de la mano.
- Mikael acercate y entra en el circulo. Realizaré el ritual para que tus ropas no se rompan en cada transformación, llamado ritual del talismán dedicado.
Dicho esto esperó a la reacción del guerrero, por si quería preguntar alguna cosa, o hacer algo antes de someterse al ritual.
Mikael Bratovich - October 20, 2007 04:54 PM (GMT)
Aún emocionado, el gigante hace lo que Érika le dice, y un conocimiento rudo y burdo comienza a aflorar su mente: ahora entiende por qué los lobos protegen a Gaia, como la llaman: porque si no lo hicieran ese paraje dejaría de existir en esa ultraterrena belleza que ahora aparece ante sus ojos.
Entra en el círculo, sin dejar de mirar las figuras difusas que se aparecen a sus ojos, sin embargo nítidas en su esencia.