Title: En busca del Exacra o Servilismo
Description: Día quinto del quinto mes del año 1226
Stephan du Blois - April 16, 2007 06:39 PM (GMT)
Despuntaba un hermoso día en aquella París que le era desconocida por falta de tiempo tal vez y por falta de deseos definitivamente. Hacía unos días, habíale Gerrard hablado sobre la ciudad, y aunque lo negara, buscando optimistamente sobreponerse al impacto, sabía que las raíces de la Iglesia estaban en tan podrido estado en esa ciudad, que no una, sino tal vez dos o tres revoluciones habrían de ser necesarias para resembrar y recoger semilla agradable al paladar.
Pero esto era otra cosa. Su querida maestra de ojos grandes, instructora en los caminos de la magia, habíale enviado con una carta a quien fuera el Exacra en aquellas tierras; pòderoso Despertado de nombre Aloisius, combatiente también, y pío.
Pablo descansaba en su hombro derecho, y vestido como caballero pero sin pretenciones, usando una capa de viaje usada aunque muy limpia, y el emblema de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalmen, cabalgando llegóse al Hospital de San Julián, donde con seguridad, según Augustina de Aquintania, noble devota y sumisa a los designios del Divino Padre, podría encontrar a quien sería su líder mientras permaneciera en aquellas tierras.
Detuvo entonces su córcel frente al Hospital, y descendió de un ágil salto. Era hermoso y gallardo, de mirada cálida y cabellos rubios descuidadamente arreglados sobre su noble frente. Su cuerpo, torneado por años de entrenamiento y otros de batalla, daba gusto de ser visto; mas no era esto lo único, pues era su alma pura y limpia, y le rodeaba un aura pacífica y tranquila.
Dejando su corcel en manos de un pesebrero, entróse al Hospital, luego de hacer la señal de la cruz sobre su pecho al ser aquel un sagrado recinto, y a quien primero viera que no estuviera allí por razones concernientes a su salud, preguntó en alegre tono.
-¡Buenos días gentil señor! ¿Sería usted tan amable en indicarme dónde, en este sagrado recinto, puedo encontrar al caballero Don Aloisius Montenegro?
Pablo sobrevolaba el Hospital, pues no era bien visto que una lechuza se mezclara con enfermos.
Aloisius Montenegro - April 16, 2007 11:51 PM (GMT)
(Lo de servilismo no lo entiendo, ¿me lo puedes explicar?)
Dirigieron los pasos del joven Hospitalario hasta una pequeña sala en la que se hallaba un fornido, aunque no muy alto, caballero. Su túnica de color pardo estaba manchada con sangre y otros efluvios de los enfermos. Aunque quedaban disimulados normalmente en el color de los ropajes, la mera acumulación hacía que aún así se viesen.
Cuando se giró pudo ver unos ojos afables acostumbrados a sonreir, aunque con la pesadumbre de las preocupaciones firmemente marcada en su rostro.
- Hola, bienvenido seais. No creo recordar haber tenido noticias sobre la llegada de un compañero de la orden. No sabeis cuanto me alegra que esteis aquí. Espero que no esteis de paso y os quedeis un tiempo. Pero, perdonadme... no he dejado que os presentaseis. Acompañadme hasta mi escriptorium.
Su apostura, su seguridad y una pequeña pizca de orgullo, Aloisius no podía evitar ver en el joven un reflejo de lo que él había sido. O quizás de lo que aún era.
Aloisius Montenegro, recibiendo un compañero.
"Da tu bienvenida a los que son como tú de la misma forma que a los que son diferentes."
Stephan du Blois - April 17, 2007 12:05 AM (GMT)
Se dejó guiar con tranquilidad mientras observaba el recinto y sus sombras, sus lugares y los olores óxidos de la sangre. Finalmente quien le llevara le indicó una habitación.
-Os lo agradezco gentilhombre.
Sonrió afablemente, como solía hacerlo y entró al lugar que se le indicase.
No esperaba verle, a él que era grande y reconocido, manchado en sangre pero regodeose de dicha pues aquello hablaba bien de su gran corazón y su disposición a ayudar... con medicinas que no eran aprobadas por los retrógadas eclesiásticos y sus escuelas. Cuando estuvieron en un lugar más privado lanzóle al cruzado su perorata.
-Veo con gusto que habláis casi tanto como yo. Sonrió. Pues sabed que mi nombre es Fray Stephan du Blois, Caballero de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalem y Discípulo entre las Voces Mesiánicas, y os aseguro que si vos no fuistes avisado de la llegada mía a estas tierras parisinas, yo no contaba con que vos, Exacra entre las Voces Mesiánicas, fueráis también miembro de mi Orden.
Hízole una reverencia en señal de respeto el joven caballero, y sonrió de nuevo animado por lo que acontecía.
-Pues han sido dos las cosas que me han traido a estas tierras; la primera es responsabilidad de la Orden, y no he venido solo sino con cinco, y esperamos poder hospedarnos en la guanición de la Orden del Temple, dado que la nuestra no posee nada más aquí que vuestra presencia. La segunda es de las Voces, pues Augustina de Aquitania, que es también Exacra entre nosotros es mi maestra, y me ha enviado a vos, aprovechando mis otras responsabilidades, para apoyaros en cuanto fuese necesario. Eso responde vuestras otras preguntas.
Aloisius Montenegro - April 17, 2007 10:06 PM (GMT)
- Me alegro de vuestra llegada y de que vuestra estancia se prolongue.
Aloisius se acercó a una palangana que tenía en su despacho y lavó sus manos. Ofreció asiento a su visitante y se sentó.
La estancia era sencilla. Solamente un crucifijo de madera adornaba una de las paredes.
- Poco tengo que ofreceros más allá de mi incondicional apoyo. Si me necesitais venid a hablar conmigo. Sólo os pediría que me ayudaseis en este Hospital, en la medida de lo que os fuese posible.
Ofreció, como tenía por costumbre, su más cálida sonrisa.
- Y ahora, si lo deseais, pretendía dirigirme hacia el centro de la ciudad a buscar unos unguentos que tengo encargados en un boticario amigo mio. Trae algunas sustancias desde Oriente que son de gran utilidad para el tratamiento de muchas dolencias. Podemos compartir nuestro camino. - Se quedó pensativo unos momentos- Habeis dicho que buscareis refugio entre los caballeros del temple. Si lo deseais también podríais vivir en Le Ictus. Allí disponemos de lo necesario para menesteres de despertados. Pero, permitidme que cambie mis ropas, podeis esperarme en la puerta, no tardaré.
Aloisius Montenegro, caballero de la orden de San Juan de jerusalem.
"Ofréceme tu ayuda pero no me des consejos que para equivocarme me basto yo solo."
Stephan du Blois - April 18, 2007 05:02 PM (GMT)
El joven se carcajeó.
-¡Me agrada ver que sos casi tan desordenado como yo!
Y esto se debía, cómo no, a que dos segundos después de haberle ofrecido asiento, le pedía que lo esperara en la puerta; por supuesto no le molestaba; todo lo contrario pues como ya habíase expresado en forma jovial esas actitudes le agradaban.
-Os esperaré pues en la puerta, Exacra, y después de que emprendamos el camino responderé vuestras preguntas y os formularé unas cuantas más.
Dicho esto se paró, sonriendo aún, y salió de la habitación. Después de todo París del Bullicio le era agradabilísima en extremo grado, cosa que nunca hubiera quizá pensado.
Aloisius Montenegro - April 19, 2007 08:37 PM (GMT)
Aloisius se puso los hábitos de su orden, aunque últimamente eran pocas las veces que vestía aquellos ropajes. No tardó más de cinco o diez minutos y salió al encuentro del joven Du Blois.
- Cuando deseeis. Y, por favor, contadme más de vuestra misión, si os está permitido contarme algo. Ayudaros con vuestro cometido hará que al menos salga y me apartye de las miserias de aquel París apestado.
Aloisius Montenegro, esperando encontrar un compañero en la puerta.
"Deambulan por los caminos las certezas y las dudas; si por ventura encuentras dudas es porque transitas por el camino correcto, si por desgracia te topas con certezas, da la vuelta y busca otro sendero."
Stephan du Blois - April 20, 2007 09:53 PM (GMT)
El joven conversaba a esas alturas apaciblemente con una anciana señora.
-Sí mi señora; las oraciones limpían las almas, y los corazones puros necesitan de ellas tanto como los cuerpos de sanos alimentos y descansos justos.
-¡Don Aloisius! Os presento a esta adorable anciana, se llama Ma'am Freguer, o algo así. ¡Bueno, vayamos pues en busca de vuestras hierbas!
Y tomándolo del brazo y halando a la par con gentileza y firmeza, lo sacó casi al trote del Hospital. Era el ansia de conocer la ciudad lo que lo insitaba, tanto que de todas las preguntas que debía responderle a Aloisius, no respondió ninguna y en su lugar formuló otra.
-¿Hace cuánto vivís en estas tierras, Santo Hombre?
Aloisius Montenegro - April 21, 2007 01:55 AM (GMT)
Los jóvenes, llenos de energía. Era una pena que la contención no fuese una prioridad en la juventud. Pero, ¿Acaso era tan viejo como para tener este tipo de pensamientos sobre otros? Lo cierto era que, aunque en edad no fuese así, si loera en vivencias.
- Suficiente tiempo llevo aquí para saber que apenas conozco la superficie de la ciudad. Pero para mi es bastante. Y, por favor, no apeleis a mi santidad pues no la merezco. Soy tan pecador como cualquier otro hombre.
Los aromas de París azotaron sus fosas nasales. No es que oliese peor que la enfermedad que se encerraba en el Hospital, simplemente olía diferente.
Aloisius Montenegro, respirando el olor de la ciudad.
"Si es de noche o es de día
que más da,
si el olor de la alegría
llega igual."
Stephan du Blois - April 22, 2007 10:18 PM (GMT)
El joven, adedrede tal, vez, ignoró el último comentario de Aloisius, y una vez estuvieron caminando tranquilos y pausados, se decidió el Caballero a responder a todas las cuestiones que habíale antes planteado el Exacra.
-No puedo ayudaros en el Hospital de la manera en que pensáis, Oh Dos Aloisius, pues poco saben mis manos de las artes que vos practicáis y más daño haría que bien. Pero puedo ayudaros de otro modo, si lo consideráis conveniente, pues tal vez conozca suficientes sabios doctores y nobles misericordiosos, que estarían gustosos de ayudaros en esta labor y de brindaros sus dineros, puesto que estos serán para honrar a Nuestro Señor.
-Y hablando de medicinas, me sorprende que vos acudáis a otras medicinas que no sean las cultivadas en nuestras universidades y abadías. -Bajando la voz el pío joven continuó- Y cierto es que hay serios retrasos, pues he visto a varios doctores cristianos formados a nuestro lado, en Palestina, usar cosas que aquí se considerarían peligrosas y herejes. Algunas tal vez lo sean, y no debemos confiar en médicos de otras tierras, pero si los nuestros han de aprender, como vos, pues que sea por el bien del mendigo y el pobre. -Y aún bajó más la voz-. Espero que nadie dentro o fuera del Hospital sepa que tratáis a vuestros enfermos con hierbas del Oriente, pues las mentes no soportan ciertas cosas y suelen ser más cerradas de lo sano y conveniente.
Alzando de nuevo la voz prosiguió con su perorata, que parecía haber estado guardadno para aquel momento en que desbordándose hacía invasión conquistadora en los oidos del anciano.
-Disculpadme debéis que no acepte vuestra proposición, puesto que mis acompañantes no serían bien recibidos en aquel lugar, y puesto que hemos antes de buscar también refugio permanente en la Abadía de Sain Denis, pues es justamente neustra misión ayudar al Abate Gervese en cuanto nos sea posible ¿Le conocéis? ¿habéis oido de él alguna vez?
Aloisius Montenegro - April 23, 2007 10:07 PM (GMT)
- Si le conozco no me acuerdo de él, son tantas las gentes con las que trato y mi memoria, que se hace cada vez más escurridiza, no es lo que era. Pero si os puedo ser de ayuda al respecto, contad conmigo.- Sonrió plácidamente al joven caballero.- En cuanto a lo del Hospital, cualquier tipo de ayuda que redunde en beneficio de las gentes de esta ciudad será bienvenido si con buena fé es ofrecido. Y, por cierto, no será tan poco lo que decís saber sobre medicina cuando reconoceis unas hierbas de procedencia oriental.- Chanceo por lo bajo Maese Aloisius. Acompañó la chanza con una risita entrecortada que mal simulaba una malicia que estaba lejos de sentir. Con rostro sonriente finalizó su perorata.- Pero teneis razón en cuanto a la estrechez de miras de muchos de los nuestros, pero al fin y al cabo muchos hay en todos lados que reniegan de todo aquello que no entienden.
Aloisius Montenegro, locuaz y buscando la alegría perdida.
"Riete de mi mismo, pero riete conmigo."