Title: Studia Humanitatis II - Sabiduría olvidada
Description: AD 901, Irlanda
Maxence - April 11, 2007 04:51 PM (GMT)
El cainita Pierre despertó en el interior de la caverna en la que se había guarecido del sol durante el día. En aquel instante del despertar, le costó recordar dónde estaba, habían sido muchos sus refugios temporales desde que abandonó París. Ya ni recordaba si estaba huyendo o si estaba buscando algo. En su corazón había desesperación y dolor, por la sensación de que todo lo bueno que le rodeaba acababa destruido, pero aceptaba esos sentimientos porque volverse frío e impasible sería una concesión a la bestia que no estaba dispuesto a hacer.
Salió de la gruta acarreando sus utensilios de herrero, frente a él se abría un amplio lago de montaña, sobre sus cristalinas aguas se formaba una bruma que quedaba iluminada por la luz de la luna. En esa bruma fue formándose la figura de una mujer, hacía tiempo ese efecto había sorprendido al herrero, pero ya se había acostumbrado a ver aparecer a la dama blanca, su imagen solía aparecerse en los anocheceres. Pierre no podía asegurar si aquella aparición era un espíritu, la proyección astral de un cainita, o un producto de su imaginación, pero en aquellos momentos de desesperación ella se había convertido en el único rayo de luz en sus oscuras noches, la promesa de algún tipo de salvación.
El toreador caminó hacia la etérea dama, hundiéndose hasta las rodillas en el agua de la orilla del lago. Ella, que parecía construida por la luz y el rocío, se mantenía sobre el lago, caminando sobre las aguas. Como muchas noches antes que esa Pierre le preguntó:
- ¿Quién eres?
Ella permaneció en silencio, y le señaló con el dedo un punto distante a su espalda. Siempre le daba una pista de dónde seguir, en una especie de misterioso juego que no se sabía a dónde conducía, pero en aquella ocasión sí le había señalado un lugar concreto. La aguda mirada del toreador pudo distinguir una construcción excavada en la roca entre las montañas, tan mimetizada con su entorno que sería haberla visto sin la indicación de la dama blanca. El herrero le iba a preguntar algo más, pero ella ya había desaparecido.
Maxence - April 13, 2007 05:54 PM (GMT)
Pierre tardó varias horas en llegar al edificio indicado, al aproximarse pudo comprobar que se trataba de un monasterio antiguo. Llegar a él requirió de destreza y esfuerzo, puesto que su entrada se encontraba en una posición apenas accesible y cuando consiguió alcanzarla se dió cuenta tambien de que estaba abandonado. El símbolo de una antigua y sabia civilización que se derruía, retornaba a la barbarie, era recuperado por la naturaleza.
Al menos, eso le pareció al principio, porque mientras se internaba en sus desordenadas cocinas pudo comprobar que aquello no estaba tan vacío como él pensaba. Escuchó como alguien llegaba haciendo ruido a través del patio. Se asomó por uno de los ventanucos del robusto edificio, y pudo ver a una media docena de criaturas humanoides, pequeñas, mal disfrazadas con hábitos de monje, cubiertos de suciedad y sangre seca, sobre todo en sus capuchas. Estos tiraban de tres personas que parecían formar una familia de viajeros a los que habían secuestrado . Los captores dejaban chillar libremente a sus víctimas pidiendo axilio, como si esa agonía les satisfaciera y estuviesen seguros de que nadie pudiese atender a sus lamentos. Aquellos seres condujeron a los cautivos a través de los pasadizos del monasterio hasta una biblioteca escondida en los sótanos donde habían hecho el cubil donde se alimentaban de sus presas.
No era la naturaleza la que había reclamado ese edificio, sino algun tipo de degenearas criaturas de aquella isla tan llena de magia. Pero aquellos seres no se saldrían con la suya aquella noche, no si Pierre podía evitarlo. Ni siquiera sabía a qué se enfrentaba, puesto que su conocimiento sobre ocultismo eran muy escaso, incluso cuando se trataba de su propia región, pero sabía que aquellas víctimas eran humanas y eso era suficiente para que el cainita comprometido con el camino de la humanidad intentase protegerles.
El toreador siguió los gritos, pero no pudo alcanzarles antes de que las criaturas comenzasen a dar cuenta de los mortales. Cuando llegó, sólo quedaba viva una niña, que contemplaba en catatónico silencio el dantesco espectáculo. Los alaridos habían cesado para dar paso al masticar de aquellas bestias y en aquel repentino silencio la llegada del cainita artesano cargado de sus materiales fue inmediatamente detectada.
Una nariz grande, retorcida y grisacea asomó por la capucha de una de las criaturas cuando terminó de alimentarse, y de unas fauces de dientes puntiagudos cubiertos por la sangre surgió una voz chillante que pronunció una única palabra para alertar a los demás. Era el lenguaje de los isleños, Pierre no lo entendía en general, pero particularmente esa palabra que significaba "hierro" sí le era familiar. Al parecer el metal que el herrero llevaba para hacer su trabajo suponía a la vez una amenaza especial para aquellos seres.
Las criaturas comenzaron a rodear al intruso, manteniendo una cierta distancia. El cainita tomó un martillo grande de su equipaje para poder enfrentarles. Uno de aquellos seres, el que parecía su lider, emitió un gruñido aterrador que intentaba intimidar a Pierre, pero el cainita no se dejó vencer por el miedo, tal como no se dejaba vencer por su propia oscuridad interior. Pierre podía parecer humano, pero era en esencia tan coscuro como sus enemigos, y utilizó precisamente su oscuridad interior para devolverles el miedo emitendo un rugido que superaba al del monstruo. Varios de sus enemigos huyeron de la fortaleza ante los dones oscuros del toreador. Sólo el lider de las criaturas se mantuvo, en lugar de atemorizarse se enfadó más y atacó. Comenzó una larga lucha, ambos eran rápidos y certeros, las fauces del monstruo no se frenaban ante nada, pero el metal que portaba el cainita parecía producirle aversión, de un modo que permitió a Pierre vencer.
Maxence - April 13, 2007 06:08 PM (GMT)
El cainita acabó, mentalmente agotado y físicamente muy perjudicado, rodado por los cuerpos de la criatura y sus víctimas. Pudo preocuparse más por el entorno que le rodeaba. Había oído hablar de bibliotecas como aquella, más antiguas que su propio Sire, fundadas en los primeros tiempos del cristianismo, con todo el saber de los tiempos antiguos y demasiado alejadas de todo como para haber sido saqueadas por los bárbaros o depuradas por los inquisidores. Había estado buscando un lugar como aquel, con el conocimiento olvidado de la civilización, la clave para la prosperidad que buscaba Pierre para combatir tanta destrucción, para combatir su dolor.
Observó con curiosidad los volúmenes y pergaminos fascinado ante la oportunidad que significaba aquello, cuando pudo ver un brillo entre las estanterías, se aparecía nuevamente la dama blanca, igual de bella que en el lago. La siguió entre aquellos pasillos del conocimiento hasta que ella terminó atravesando la lápida de un nicho construido en uno de los muros de la biblioteca.
Sin pensarlo demasiado, el herrero tomó otra herramienta e hizo palanca para levantar esa lápida. Dentro le esperaba una versión material e inmovil de la dama blanca, los sentidos del toreador la identificaron como una cainita en letargo, una probablemente bastante antigua. Otro podría haber aprovechado esa situación de un modo ventajoso, pero Pierre fue a por la sangre aun fresca de las víctimas mortales para alimentar y despertar a la dama blanca. Quizas por eso ella le había escogido a él y lo había dirigido hasta allí.
- Gracias Maxence, - le dijo la misteriosa dama al despertar, con un extraño tono de familiaridad - sabía que podía confiar en tí. Estas criaturas habían invadido mi dominio y yo estaba demasiado seca como para enfrentarme a ellas.
El toreador la miró extrañado.
- Mi nombre es Pierre du Forgeron. Pero ha sido un placer ayudaros.
- ¿Todavía? Bueno, es igual. - comentó ella distraidamente mientras flexionaba sus articulaciones - Lo importante para mí ahora es agradecerte esta ayuda, ¿qué podrías necesitar?. Sospecho que has llegado hasta aquí buscando algo de sentido a la vida, ¿qué mejor lugar para encontrar respuestas que esta biblioteca que contiene todo el saber del mundo moderno? No hay nada comparable a esto, salvo quizas la biblioteca de Alejandría.
Ella le hizo un gesto de ofrecimiento, para que él cogiese los libros. Él tomó uno de ellos con avidez y se desizo entre sus manos. Y despues otro con el mismo resultado, desesperado por aquello miró a la dama blanca buscando una explicación.
- Que contrariedad, sabía que el papel nos daría problemas, tiene una duración vida de apenas unas décadas, ya avisé de que su invención era un retroceso, ahora toda esta biblioteca, los pensamientos de miles de eruditos estan podridos. - y en tono confidente ella añadió - Bueno, supongo que esto es de algun modo una importante lección sobre el sentido de la vida.
Y acto seguido ella comenzó a caminar con aire despistado, saludándo a los invitados de un festejo que sólo ella veía y olvidándo completamente la trágica pérdida de todos aquellos libros. Pierre tenía ya pocas dudas, aquella cainita de sabiduría centenaria estaba completamente loca, podría ser a causa de su estirpe, de su largo encierro o por haberse alimentado de la sangre de los seres máicos de esas islas, pero la cruda realidad era que su mente estaba tan fragmentada como las hojas de los libros que se habían deshecho en sus manos.
Su busqueda del saber de los antiguos y de las civilizaciones perdídas, había encontrado demencia y papeles rotos. El cainita podría haberse desesperado ante la cruel ironía en la que finalizaba su busqueda, pero en lugar de ello se rió, y eso le hizo sentirse mejor.
Maxence - April 14, 2007 10:48 AM (GMT)
Decidió abandonar aquel lugar extraño de locura y degeneración, dejando que la demente dama blanca se las arreglase si las criaturas que habían huido decidían volver. Pero su salida se vió interrumida por una niña pequeña, la última superviviente de la familia que había sido capturada por los monstruos. Con tanto lío se había olvidado de ella.
La niña hablaba sólo la lengua de los irlandeses, que era desconocida para Pierre, pero ella se hizo entender muy bien cogiendo al toreador de la mano, quería irse con él. El primer impulso de Pierre fue evitarlo, pero mirando a su alrededor se dió cuenta de que él era mejor alternativa como padre adotivo que había por allí, asi que decidió llevársela de allí y buscar a alguien que pudiese cuidar de ella. Mientras se marchaban, él le preguntó.
- ¿Cómo te llamas? - preguntó él herrero, y luego trató hacerse entender por gestos, señalándose a sí mismo dijo - Pierre - y luego le dió pie a ella para que dijese su propio nombre.
- Brigid. - Dijo la niña.
Compartía el nombre con la santa patrona de Irlanda, pero Pierre, poco acostumbrado a aquel idioma, lo interpretó tal como le sonaba en francés, y al repetirlo lo que dijo fue:
- Brigitte.
Con el tiempo fue más sencillo que ella se acostumbrase a ese nuevo nombre, antes de que Pierre aprendiese a decirlo bien, pero a cambio Brigitte tambien pudo rebautizar a su nuevo protector. Aunque esa es ya otra historia.