Geoffrey entró a caballo en el patio del Louvre, y lo terrible de su magnífica figura hizo que los propios soldados del palacio se apartasen espantados, y que el mozo de cuadras que vino a recoger el caballo temblase visiblemente. Pero el Ventrue no les prestó la más mínima atención, sino que entró en el palacio con fuerza.
El Rey le había dejado al mando de la ciudad de París como mortal mientras se encontrase ausente, ya era hora de ponerse al tanto de sus deberes y quehaceres.