Rodrígo era como una de las estatuas de antiguos reyes visigóticos que adornan las fortalezas. Tenía el tamaño y el porte señorial de un gran guerrero, y una antiguedad que le había hecho adquirir el color grisaceo de la roca. Su tupida barba ya era gris cuando fue convertido en cainita, y su piel adquirió ese color durante la tranformación. Tambien sus ropas habían ido adquiriendo con el tiempo un color ceniza. Sólo su capa era de un color intenso, rojo sangre, con el brillo aterciopelado de una rosa.
Pero a pesar de su robusta presencia de guerrero, la cualidad por la que más destacaba Rodrigo era la palabra. Eran sus palabras las que habían inspirado la chansón de Roldán, eran sus palabras la voz de los toreador en la gran corte de Alexander, eran sus palabras las que habían atraido a la noche al visitante que en ese momento entraba por la puerta.
Pierre, el chiquillo de Rodrigo, irrumpía en la oscura calma del refugio de su Sire cargado en sus brazos con el cuerpo aparentemente inerte de un joven, y con un gesto de desesperación que dejaba claro que se trataba de alguien querido para él. El neonato depositó con mucha delicadeza el cuerpo a los pies del trono labrado que ocupaba su señor, Rodrigo se inclinó lentamente hacia delante, para observarles.
Pierre, a diferencia de su Sire, conservaba el color de la vida, y paradógicamente el joven mortal que le había traido, tenía una palidez enfermiza, estaba apenas vivo. Por lo demás ambos visitantes se parecían mucho.
- Es mi hijo, y se muere, - le aclaró Pierre con un dolor que surgía de lo profundo de su ser. - os suplico vuestra ayuda mi señor, vos podeis salvarle.
Rodrigo observó a su vástago, Pierre conservaba en muchos aspectos una inusual cantidad de humanidad a pesar de su transormación. Por un lado el primogénito toreador le admiraba por ello, pero por otro era demasiado antiguo como para recordar el sentido de la nostalgia por la vida, y la consideraba un defecto de los canitas jóvenes.
- ¿Qué deseas salvar? - Preguntó Rodrigo con la calma y frialdad de una roca.
Pierre miró sorprendido a su señor ¿acaso no era evidente?
- Mi hijo ... su vida ... - trató de explicarse Pierre - no puedo permitir que muera, es sangre de mi sangre.
Rodrigo negó con la cabeza para corregirle.
- Su sangre no es ya tu sangre, recuerda que es ahora mi vitae lo que corre ahora por tus venas. Debes comprender ya esta diferencia porque ahora conoces las consecuencias de lo que me pides mucho mejor que en el momento en el que fuiste Abrazado. Es designio divino que tu hijo esté condenado por la enfermedad que ahora padece. Si lo que deseas es salvar su cuerpo, la vitae podría sanarle, pero su vida ya no será igual, ya no será vida, su alma quedará alterada y atrapada, sus afectos y emociones serán sometidos por los poderes de la sangre.
El Sire iba a poner a prueba a su chiquillo cuando estaba en juego lo que Pierre más quería, Rodrigo no era por lo general un maestro cruel, pero en aquel momento era importante que Pierre comenzase a comprometerse con el cainita iba a ser en el futuro.
- Se que te aferras a la humanidad,- continuó Rodrigo - piensas que el Abrazo te ha privado de algo esencial, de una parte de tu alma que has perdido irremisiblemente para tí, pero ahora puedes decidir el destino de tu hijo ¿condenaras su alma para salvar su cuerpo o dejarás que muera?
- Es una decisión muy cruel la que me pides, en cualquiera de los casos.
- La vida es cruel, si has de elegir amar a los mortales deberás aceptar que la muerte es la característica que les define, porque esta es sólo la primera vez en tu vida eterna en la que te enfrentas a esta situación, todos los vivos a los que conoces morirán antes que tú, resulta difícil aceptar todo ese dolor que te espera, por eso muchos inmortales escogen darle la espalda a la humanidad y dirigirse por otro camino.
Pierre se quedó como petrificado, arrollidado, reflexionando junto a su descendiente vivo y su ascendiente no-muerto.
Decisiones, Pierre había decidido aceptar el Abrazo sin detenerse a pensar en las consecuencias y se arrepentía cada vez más y sin embargo cuando se veía en esa situación acudía a los mismos poderes oscuros que habían condenado su alma ¿iba a condenarse más a sí mismo y tambien el alma de todos sus seres queridos para evitar el dolor del duelo? ¿iba a concederle esas victorias a la bestia a permitir que corrompiese tambien a sus seres queridos?. Aquello sería como tratar de tapar una mala decisión con cantidad de malas decisiones, de un modo que cada vez te atrapaba más y no conducía a nada bueno. Con todo lo que había pasado Pierre tenía muchas dudas de lo que le esperaba en el ciclo de la vida a aquella alma pura, pero tenía la fuerte convicción de que debía ser mejor que aquel pantano de tinieblas en el que se encontraban los hijos de caín. La disyuntiva que le planteaba Rodrigo parecía abierta, pero no para Pierre, él tenía muy claro cual era su camino.
Sin decir nada, Pierre recogió el cuerpo de su hijo y se marchó a vivir los últimos momentos de un ser querido como lo haría un mortal, Rodrigo le vio marchar sabiendo lo importante que era para su vástago aquel momento de su no-vida. Había decidido optar, para bien o para mal, por la humanidad, con todas sus consecuencias, y se trataba de una decisión firme. Con el tiempo Pierre cambió su nombre por el de Goibniu, y despues se llamó Maxence, pero en todo momento mantuvo su compromiso con la via humanitas.