Title: Dar pan al hambriento, curar al enfermo
Description: 4-5-1226
Maxence - April 4, 2007 04:18 PM (GMT)
Un carromato llegó al campamento de refugiados a la hora de cenar. Varias mujeres cubiertas, protegidas por trabajadores fornidos, comezaron a repartir alimento. Aquellas visitas eran habituales en el campamento de los desposeidos, pero no tan frecuentes como se necesitaba, puesto que la necesidad era grande.
Madame Helene de Toreador supervisaba la operación desde lo alto del carromato. Aunque su existencia había sido larga todavía recordaba su infancia en bizancio y eso le conectaba especialmente con los refugiados de aquel campamento que habían venido desde su tierra natal.
Aquella noche un escolta no habitual se había unido a la comitiva, a madame Helene le había sorprendido que el Caballero Gallois se ofreciese a acompañarles, porque desde su reciente regreso no parecía muy interesado en la caridad. Helene observaba al arquero galés y éste no ponía ningun interés en el reparto de comida, sin embargo escudriñaba el interior del campamento en busca de otra cosa.
Mikael Bratovich - April 9, 2007 01:34 AM (GMT)
FDI: Si interrumpo, me dicen y borro. :)
Era un Monstruo. Inevitable conclusión aquella la de Mikael, que sintiéndose atacado por su propia esencia, rehuía la visita continuada a los interiores del bosque. Extrañas las dos tendencias de su comportamiento, la necesidad de la protección nocturna y la necesidad del acercamiento con los alejados de "las" sociedades, fueran estas de animales o humanos. Y creía el eslavo que se debían a su anterior vida, fueran estas las que fueran. ¿Cómo lograr convivir con un Lobo, en medio de follaje, con seres a quienes ni siquiera entendía?
Tenía que hacerlo. Esa era su vida. Pero eso no significaba que fuera fácil; tampoco significaba que no habría de hacerlo.
Llegándose así al Campamento, cuyas diminutas luces había oteado noches atrás desde alto árbol, montando en el enorme caballo que junto a él había estado desde que terminara su conversación con Guillerm, se apeó junto a un fuego.
Miserables eran los seres que allí se reunían; pocos eran quienes tenían algo, y por eso, aquel escenario se le apareció interesante: desde un carromato regalaban comida... y un hombre observaba.
Su percepción militar de todas las cosas nunca cambiaría. Se acercó sosteniendo la rienda del corcel hasta estar a unos diez metros, desde donde observó curioso la escena.
Maxence - April 9, 2007 07:40 PM (GMT)
Los dedos del toreador se deslizaron sutilmente sobre su arco cuando vió acercarse a un hombre con un gran caballo, considerándolo una potencial amenaza. Pero al tenerlo cerca, Gallois lo reconoció, dejó estar su arma y le saludó cortesmente.
- Buenas noches noble señor Bratovich, ¿que os trae por aquí? estais algo lejos de la aldea de Violet.Sus caminos se habían cruzado dos o tres veces y en una ocasión combatieron en el mismo bando. Aquello resultaba suficiente para que el arquero confiase en Mikael, sin plantearse siquiera que aquel podía no ser el mismo Mikael que había conocido.
Mikael Bratovich - April 9, 2007 10:23 PM (GMT)
Varias cosas nuevas había aprendido en unos segundos: su apellido era Bratovich; residía en aquella misteriosamente oriental aldea de nombre Violet; y era allí no un simple campesino. ¿Quién sería aquel hombre, visiblemente buen arquero, que con respeto le saludaba?
No le sorprendían las cosas que descubría sobre su pasado. Le parecían incluso extrañamente normales, cotidianas, casi como si pudiera esperarlas. Más esto era cierto únicamente pues su fría mentalidad desechaba casi todo lo que no supusiera un peligro inmediato, relegándole a niveles inferiores en largos pero simples escalafones de importancia.
-Buenas noches.
Seguía siendo insoportablemente honesto, y bastante lento; entendía, sin embargo, que no debía manifestar su olvido de ningún modo, y pasaron algunos largos segundos mientras el eslavo encontraba la manera de contestar y preguntar a su vez sin quedar en evidencia.
-Me aburre la quietud.
Aquello era condenadamente difícil, pero debía hacer el intento. Mirando su arco, relajado ahora, preguntó.
¿Busca a alguien?
Maxence - April 10, 2007 07:15 PM (GMT)
Frotando levemente la nueva runa que adornaba su cara Gallois se sorprendió ante la prespicacia del "principe" Bratovich, no tenía objecciones en hablar con él, pero hechó una mirada a lady Helene como si no quisiese que ella se enterase de esos asuntos.
El toreador se acercó a Mikael, para poner una cierta distancia con el carro, y más en confidencia le respodió al transilvano.
- Ciertamente sí, busco a alguien. En el pasado tambien yo he distraido mi aburrimiento visitando este campamento, aquí he vivido algunas situaciónes tensas que no hacen muy aconsajable que me dedique a volver a investigar el lugar. Pero en el pasado tambien encontré aquí a personas con capacidad para la curación que practican artes que no estan muy bien vistas en el interior de la ciudad. Los profundos ojos verdes del toreador miraron con curiosidad a los tambien verdes ojos de Mikael, antes de preguntar:
- Si vuestro caminar os ha traido en anteriores ocasiones por este lugar, quizas conozcais a alguno de los sanadores que habitan por aquí.
Mikael Bratovich - April 14, 2007 10:51 PM (GMT)
Su mente no era capaz con aquella carga; inventar historias o disimular sus palabras era mucho para alguien naturalmente honesto, dispuesto siempre a hablar con sinceridad o a no hablar.
Pero no podía decir que ya no era quien era antes, pues en su nueva vida aquello podría significar la muerte de muchos. Tal vez estuviera exagerando, pero nadie quería decirle nada.
-No son tan frecuentes mis visitas a este lugar.
Miró por encima de Gallois a Helene.
-Pero puedo ayudarlo en la búsqueda. No creo que montado en el carro logre nada.
Tal vez con tiempo lograra encontrar la manera de obtener la información que ahora le faltaba.
Maxence - April 15, 2007 09:39 AM (GMT)
- ¿Ayudarme? - repitió Gallois, como si estudiase el significado de esa palabra.
- Bien, sois un guerrero de probada capacidad, vuestra ayuda me resultará útil, supongo. El arquero toreador invitó con un gesto a que el Bratovich le acompañase hacia lo profundo del campamento y comenzó a avanzar hacia allí. Pero mientras llegaban sintió la necesidad de explicar más sus intenciones.
- En realidad yo no necesito de un curandero, pero he sabido que mi señor busca a uno y he pensado que podría mejorar mi posición si yo le consigo uno. Necesito hacer algunos méritos. Y ya que hablaba del tema, decidió con educado interés indagar sobre la situación de Mikael con su propio señor, que por lo que Gallois sabía era Dazbog.
- ¿Y que tal os va a vos con vuestro señor? Supongo que estareis muy atareados con los preparativos de defensa.
Mikael Bratovich - April 15, 2007 04:14 PM (GMT)
Méritos. Extraña palabra. Y encontrar un curandero no parecía en exceso una difícil tarea. De todos modos caminar por allí y esperar que él preguntara lo necesario no parecía complicado, y podría darle el tiempo necesario.
Y justo cuando comenzaba a animarse llegó aquella otra pregunta, más mortal que cualquiera que le hubieran hecho.
¿Qué hacer? No sabía quién era; ni siquiera sabía que tuviera uno; si él, Mikael como le habría llamado aquel druida, tan grande como era, servía a alguien debía hacerlo con las armas. Si eso era cierto, entonces también lo era que aquel a quien servía debía tener otros más como él.
Y a lo mejor le estarían buscando; pero si eso no era cierto, entonces al saber que aún estaba por allí le buscaría y le preguntarían. ¿Qué podía responder? ¿Que se había convertido en un monstruo lobuno? ¿De qué defensa le estaría hablando? ¿Acaso habría guerra?
Mientras caminaban un silencio algo tenso se cernió sobre ambos. Pero no podía mentir. No era capaz, por un lado; y su corazón, entrenado desde pequeño al honor, no le dejaba salidas de ese tipo. Obviamente no podía confiar en aquel hombre a quien no conocía, pero...
-No sirvo a nadie. Soy un hombre libre.
Maxence - April 15, 2007 05:51 PM (GMT)
Aquella era una afirmación sorprendente en la época feudal. Gallois trató de corresponderle con una respuesta a la altura.
- Un hombre libre, eso es algo que yo puedo respetar, lo único que merece ser respetado en realidad. Tambien yo me considero libre, pero a mi señor le cuesta aceptar ese hecho, sólo permanezco a su lado porque cuando intenta obligarme a obedecerle entra en contradicción con sus convicciones, y me produce placer desquiciarle. Era bastante retorcido, tambien había habido ciertos cambios en Gallois, aunque Mikael no tuviese memoria para apreciarlo.
Mikael Bratovich - April 15, 2007 08:08 PM (GMT)
-Aunque conseguirla es muy costoso.
Claro era el caso de Mikael al respecto; pero saber que antes había servido a alguien y que ahora ya no lo hacía más le llenaba de un extraño júbilo; sí, tal vez antes fuera "normal", pero tenía que cumplir órdenes; ahora era mitad lobo mitad hombre, pero hacía lo que quisiera...
De las palabras de Gallois también supo que no era la mejor compañía; alguien que se regodeara del sufrimiento del otro no debía ser un buen compañero. Aunque tal vez esa clase de tratos se reservara tan sólo para su "Señor".
Isolda Lamartine - April 15, 2007 08:32 PM (GMT)
En aquel lugar alejado de los hombres y de Dios, había hacía pocos días sido erigida una humilde chabola, como todas las otras que había en aquel lugar. Poco más que remiendos de madera que evitaban que el agua de la lluvia se filtrara al interior, y sin nada más en sus alrededores que un pequeño grupo de hombres y mujeres que parecían estar esperando.
Un fuego tímido ardía también en el exterior, donde un hombre ya entrado en años y con rostro de cansancio revolvía los carbones para evitar la extinción de la llama. Un humo salía de la chabola, aunque no era de combustión de madera, sino con un tinte rojizo.
De vez en vez se escuchaban cortos gritos provenir del interior, pero luego eran callados por el crepitar de las llamas.
Maxence - April 17, 2007 08:56 AM (GMT)
Siguiendo las ideas de Mikael, Gallois hizo una reflexión perdida en voz alta.
- El precio de la libertad...Subconscientemente su mano sujetó la espada bastarda que colgaba de su cinto, no como si fuese a empuñarla, mas bien como si tratase de sujetarse en ella, como si fuese un bastón. Era un arma vieja y poco lucida, pero parecía tener una importancia sentimental para el toreador, alimentaba sus recuerdos.
Pero ese intante de nostalgia pasó, el toreador miró hacia un lado y acabó la frase.
- ... un interesante negocio.¿Se refería a la libertad como un negocio? ¿O a la chabola que tenía a un grupo de hombres y mujeres esperando en la puerta? Los sentidos del toreador comenzaron a explorarla (auspex 1), ante la posibilidad de que dentro se encontrase lo que estaban buscando.
- ¿Que opinais señor Bratovich? ¿Encontraremos en ese lugar al sanador que busco?
Mikael Bratovich - April 17, 2007 02:45 PM (GMT)
El eslavo se encogi'o de hombros ante la duda que asalt'o su mente. No quer'ia preocuparse m'as y estaba verdaderamente exhausto de esforzar su poco trabajador cerebro en responder cuestiones que le superaban por mucho.
Si aquel que ten'ia a su lado estaba hablando sobre la libertad con sus fr'ivolas palabras, ten'ia toda la raz'on del mundo. Quienes pose'ian hombres, auqnue esto fuera una ilusi'on, ganaban de todas formas, fuera teni'endolos o perdi'endolos, y de las anteriores palabras de aquel arquero era obvio que 'el era quien estaba ganando fingiendo su servilismo.
Se encogi'o de hombros de nuevo al llegar a la chabola. Probablemente estuvieran repartiendo monedas.
Isolda Lamartine - April 17, 2007 02:50 PM (GMT)
En el interior Gallois pudo escuchar una respiraci'on agitada y fuerte, y movimientos bruscos pero si fuerza rozando un tapete de paja. Pudo escuchar otro movimiento m'as, proveniente de una esquina de la chabola, donde alguien lavaba algo en l'iquido. Poco m'as, excepto el aroma que sal'ia del lugar, que era de hierbas secas, sangre y vapor de agua.
Maxence - April 18, 2007 08:42 AM (GMT)
Gallois se aproximó a la entrada de aquella improvisada vivenda, y observó las reacciones de las gentes que esperaban allí reunidas. ¿Se molestarían si él entraba? ¿le diría alguien algo con el riesgo de llevarle la contraria a dos guerreros? Intentó acceder al interior, manteniendo la opción de pararse a discutirlo si alguien decidía ponerle algun impedimento.
Isolda Lamartine - April 20, 2007 04:53 PM (GMT)
Uno de los hombres que esperaba, en la fila, tocó a Gallois en el hombro. Los malditos parisinos creían que podían ir allí a pisarles la cara.
-Excusa las palabras, Parisi. Nosotros pasica toda la tarde esperando, y tenica males grandes en cuerpos. Usted está sano. Espere su paso en la fila.
Y a pesar de estas palabras Gallois había podido ya observar el interior de la tienda. Un hombre tendido en paja, desnudo y con todo el cuerpo invadido de sudor, se removía seguramente debido a un dolor muy fuerte. En un extremo de la tienda una niña de unos ocho años removía trapos en un balde de agua que ya era negra, lavándolos seguramente.
Y una anciana vestida con tanto orden que parecería no un humano y no de aquel campamento, con blanco pelo recogido en coleta y mirada distante, nariz aguileña y mano segura, practicada dibujos en la superficie del cuerpo usando un carbón.
Maxence - April 20, 2007 07:06 PM (GMT)
¿Sería aquella la misma
anciana que conoció brevemente en una visita anterior? Pronto Gallois se interesaría por ello, pero su caprichosa voluntad se ocuparía primero del valeroso hombre que no estaba dispuesto a que se le colasen.
El cabello trenzado del toreador se deslizó sobre su rostro, ocultando casi por completo sus ojos verdes y dejando más visible una sonrisa burlona.
- Os equivocais en casi todo plebeyo, en primer lugar no soy parisino, sino galés, en segundo lugar, no pretendía robaros el turno, sino informarme sobre el trabajo que hace la mujer de esta choza, si me lo explicais no será necesario que yo entre.
Isolda Lamartine - April 20, 2007 08:19 PM (GMT)
Ciertamente era la misma señora; un poco menos diestra, visiblemente menos habladora y menos formal; y visiblemente más dependiente de la niña, que si Gallois recordaba bien, en aquella oportunidad ocupaba el lugar que ahora ocupaba el hombre sudoroso.
Pues bien, el extranjero no conocía eso de Galés, así que supuso que se refería a cierta condición que se dan los nobles entre ellos; algo como cuando él llamaba a su vecino "imbécil".
-Sepa entonces miñor que si no quiere robarme el pusto yo lo ayudo. Que esa viejucha es curandera y rezandera, y nos quita los males que bundan fuera de la ciudad como si MiIós también nos repulsera como nos repulsan los parisinos.
Mikael Bratovich - April 20, 2007 08:21 PM (GMT)
Observaba con tranquilidad el eslavo cuando sucedía, pendiente de cualquier cosa que pudiera pasar. Ciertamente la presencia de ambos era turbadora para aquellos muertos de hambre, pues auqnue el eslavo ya no comiera como Príncipe, o como Sirviente de un Tzimisce, seguía teniendo bajo su paladar gustosos conejos, deliciosos jabalíes y el ocasional rebaño de cabras cuidado por algún pastor distraido.
Maxence - April 21, 2007 09:29 AM (GMT)
- ¿ Y es buena curandera? ¿consiguen sus rezos hacer milagros? No creo que dios aprecie más a los que habitan dentro de la ciudad, porque allí tambien padecen males, y muchos mueren a causa de una enfermedad que nadie sabe curar. Pero al menos a ellos les ha concedido mucha riqueza, que seguro compartirán con quien tenga un remedio a sus males. Quizas sea ella quien tenga un remedio, dijo señalando a la choza, y quizas yo pueda conseguir una recompensa para quien me ceda su turno. Alzó la voz al decir las últimas palabras, para que todos le oyesen bien, esperando que la codicia alimentase sus corazones. Podría haberles causado temor u obediencia, podría haber ensartado con su espada al que protestaba contre un caballero para darle un castigo ejemplar a aquella plebe, pero verles enfrentarse codiciosamente le divertiría más.
Isolda Lamartine - April 22, 2007 04:17 PM (GMT)
-Por claro es que nos cura, porque es buena curadora.
Los hombres en la fila, ansiosos de tener luises en sus bolsillos miraron estupefactos a Gallois. Otro día podían ir donde la anciana.
-Yo aceptaré con mucas gracias su dinero.
-Y yo- dijo el primero en la fila-; pero lo quiero ya que si no no nos pagan nunca, como todos los noblezas.
El segundo, que no tenía nada más que ofrecer, ofreció irónicamente un golpe al primero, pero este dijo que, con razón, su puesto era más costoso y nadie podía decirle que no lo vendiera.
Maxence - April 23, 2007 07:07 AM (GMT)
La semilla para el enfrentamieto estaba plantada, eso era suficiente para Gallois que no necesitaba comprobar el desenlace. Arrancó una modesta bolsa y la lanzó, dejando que se abriese y las monedas saliesen formando un arco dorado por en el aire.
Se metió en la tienda antes de verlas caer y dentro saludó a la niña y a la anciana.
- Buenas noches sanadora, veo que estais ocupada, asi que seré breve. ¿habeis oído hablar de que en París se extiende la Peste? los habitantes de la ciudad necesitan ayuda y vos pareceis tener la capacidad y la voluntad necesarias, ¿teneis una cura para ese mal concreto, o algun remedio para el sufrimiento que causa? o ¿sabeis al menos por que se propaga la enfermedad y como controlarla?
Mikael Bratovich - April 23, 2007 01:00 PM (GMT)
Con un poco de esfuerzo logró estrujar el gigante a los pobres muertos de hambre que se golpeaban afuera como animales por un pedazo de metal, y aquella escena fue triste en extremo, anuque procuró que no lo molestase. No tenía nada que ver con aquello.
Ya adentro observó con curiosidad la escena, preguntándose si en verdad una anciana y una niña podían curar cualaquier cosa.
Isolda Lamartine - April 23, 2007 01:20 PM (GMT)
La anciana levantó la cabeza, clavando los ojos ciegos en el lugar donde debería estar Gallois. La niña se asustó, y corriendo se paró al lado de su sanadora, abrazándola por el cuello. Pero las palabras del toreador parecían sinceras, y de algún modo creía que le era conocido aunque no podría precisar si fue tal vez en un sueño.
-No sé nada de lo que pasa dentro la ciudad, aunque gentes me han contado de una enfermedad que se extiende y mata en poco tiempo, pero no la he visto.
Se suponía que eso acababa con todas las otras preguntas y nada más había qué hablar, pero de la anciana volvieron a escapar sonidos.
-Pero sí puedo ayudar y al menos hacer el paso a la muerte de muchos menos doloroso. Si los espíritus me apoyan en esto, incluso podría salvar a algunos y retrasar la muerte de otros.
Maxence - April 24, 2007 06:50 AM (GMT)
Una persona dispuesta a ayudar, eso interesaba a Gallois.
- ¿Espiritus? - preguntó con curiosidad y sin miedo
- ¿es eso lo que hace funcionar vuestras artes curativas? me gustaría comprender mejor el significado de esa palabra "espiritu" ¿se trata del espíritu santo? ¿de las almas de los muertos? ¿la esencia de cada cosa que existe?. Tanto mi acompañante como yo nos consideramos muy libres, y supongo que eso incluye estar libres de prejucios, pero supongo que tendreis que entrar en la ciudad para atender a esos enfermos y para ello habría que convencer a gente mucho más cuadriculada sobre cuestiones de creencias.
Isolda Lamartine - April 25, 2007 12:29 AM (GMT)
Por un segundo la anciana se sintió contrariada, y estuvo a punto de decirle que muchas ocupaciones la atendían esa noche como para escuchar, una vez mas, las voces de quienes no creían lo que ella hacía, o que creían que su manera era insensata, "aliada con seres del Demonio" y cosas similares que pregonaban los sacerdotes.
Pero las posteriores palabras de aquel hombre la hicieron reconsiderar sus impulsos, normales si se tiene en cuenta que su vida había sido de persecución y señalamiento.
-Todo tiene espíritu: cada piedra, los vientos, las plantas, los animales. Las enfermedades son espíritus malignos que se aprovechan de los cuerpos de los humanos y animales y se expanden a sus anchas hasta que ven saciada su hambre. Los espíritus que me apoyan a mí son los de la tierra, el agua y en ocasiones algunos del fuego consienten en escuchar mis llamados. Si consideran que lo que les digo es "bueno", expulsan los otros espíritus, los de las enfermedades.
Aún la niña, ya desentendida de aquella conversación pues no era su lengua la que se hablaba, continuaba limpiando el sudor de la frente y el cuerpo del hombre desnudo, que lentamente había dejado de emitir sonidos y de temblar.
Maxence - April 25, 2007 09:33 AM (GMT)
El arquero ladeó la cabeza escuchando con atención, ese gesto dejó más a la luz un símbolo celta que adornaba su cara. Era el símbolo de un arbol sagrado con forma de doble flecha que apuntaba hacia el cielo y hacia la tierra. El mismo tipo de dibujos celtas se podían ver en el arco que portaba en su espalda. Aquellas imágenes carecían de poder espiritual, él no era un mago sólo les daba un valor simbólico, porque había crecido en una cultura que conocía y respetaba las cosas de las que estaba hablando la anciana. Pero Gallois tambien había convivido con los estrictos puritanos de París y sabía que ellos no aceptarían esas explicaciónes, de hecho ellos lo veían de una manera totalmente diferente.
- En la ciudad la historia que más se cuenta sobre esa enfermedad es que es un castigo divino que dios envía contra los pecadores. El bien y el mál estarían en lugares opuestos en cada explicación.
El arquero tenía su propia explicación que de algun modo combinaba ambas, pero antes de continuar miró al silencioso Bratovich para saber si este tenía algun otro punto de vista que aportar.
Mikael Bratovich - April 25, 2007 11:49 AM (GMT)
Y como era de esperarse, el eslavo levantó los hombros. Había olvidado los detalles de su vida, pero su conocimiento general sobre el mundo no había desaparecido.
-Si dice eso, anciana, la quemarán antes de que pueda darse cuenta.
Y lo peor de todo es que no era para nada exagerado. Miró a la niña con curiosidad, y al cuerpo enfermo.
Isolda Lamartine - April 25, 2007 11:55 AM (GMT)
Pero la anciana era consciente de eso, y asintió. Aunque no veía los símbolos sobre Gallois, pues no veía nada, de sus palabras había ya hacía rato extraído una tranquilidad que le permitía seguir hablando sin preocuparse... tanto.
-Sé cómo son esos cristianos. Yo también estoy hablando del bien y del mal, pero en el plano humano; no puedo juzgar a los espíritus, pero un juicio simple y directo que cualquier niño puede hacer es ese: la enfermedad es el mal, la cura es el bien. Indiferente de cómo sea la persona afectada. Contra las ideas cristianas nada puedo hacer, y si lo que me pide es que acuda y me explique, sepa que no ha llegado mi hora todavía en que sea reclamada por la Tierra de donde vengo.
¿Le pediría que mintiera?¿Que fingiera ser muda?¿Convencería a quien estuviera más arriba de lo necesario de tratar con ella?
Maxence - April 25, 2007 01:09 PM (GMT)
- El padre de mi familia adoptiva en París estuvo buscando a alguien como vos en la ciudad, alguien que pudiese buscar un remedio. Pero todo los que encontró que tenían sabiduría estaban más interesados en la muerte que en la vida.
De hecho ambos estaban definitivamente muertos.
- Un hombre sabio que habitaba en San Genieveve le dijo a mi pariente que la enfermedad era cosa de las ratas. Puede ser que esa tambien fuese una explicación espiritual, he viajado y se que en culturas antiguas consideraban a los gatos como protectores del hogar, pero a la iglesia le parece que esa es una costumbre pagana y considera un indicio de brujería la posesión de esos animales.
Bien podría ser que al alejar a los espíritus protectores del hogar, los espíritus de la enfermedad hubiesen encontrado una via libre, pero...
- Pero hay una explicación más mundana para todo ello: no hay gatos que cacen ratas en las casas y por eso ahora hay más ratas que contagian enferemedades a las personas. ¿Os ofendería que yo utilizase una explicación carente de espíritus y dioses para convencer a la gente de la ciudad?
Podrían ser mentiras, o al menos era retorcido, pero a su modo despreciable aquel tipo había ido al campamento para repartir comida, había repartido su dinero y estaba buscando un modo para atender a los enfermos de la ciudad.
Isolda Lamartine - April 25, 2007 02:33 PM (GMT)
La anciana se pasó la mano por el blanco pelo, meditando. Su objetivo estaba claro; odiaba con toda su alma a los cristianos, asesinos de su pueblo y culpables de los males que veía día a día; procuradores insaciables de alimento para el fuego y tontos, tanto como ella. Eso último fue lo que la hizo decidirse, pero con condiciones.
-Entiendo vuestro intento; esos animales siempre han sido emisarios de los espíritus, aunque conozco tantos que no podría decirle que sí a lo que dice. Pero ellos, los de "adentro" me quemarían si abro la boca, como dice su acompañante silencioso.
Suspiró, cansada.
-Si usted me promete que no me usarán como leños en la chimenea, yo le prometo que me quedaré callada y arguiré ser muda como soy ciega, mientras usted explica lo que crea menester.
Maxence - April 26, 2007 08:03 AM (GMT)
- Bien, creo que podremos llegar a un acuerdo que respete las creencias de cada cual. He oído que hay una noble de confianza en París organizando un hospital para estos enfermos, pero no se si ya está funcionando. Ella buscaba a una sanadora como vos, le pediré que colabore y tambien a otros para poder asegurar vuestra protección.
Eso podría llevarle un tiempo, dependiendo de si encontraba a Lady Nayara, porque Gallois no solía mezclarse con enfermos.
- Cuando este organizado volveré a buscaros, ¿os encontraré en este mismo lugar?
Isolda Lamartine - April 28, 2007 03:48 PM (GMT)
La anciana asintió; estaba evidentemente nerviosa, pero le animaba profundamente poder salvar tantas vidas, o al menos aliviar su dolor en el trance último.
-Me encontrará aquí cada vez que la Luna esté a punto de cambiar su fase.
Esperaba que las palabras de aquel hombre fueran ciertas, y que sus intenciones fueran justas.
Maxence - April 30, 2007 10:37 AM (GMT)
- Así se hará. Bunas noches buena mujer.
El toreador salió de la tienda de la curandera, evitó velozmente a los pacientes que esperaban y se dirigió al carruaje de los alimentos para hacerle llegar un mensaje a quienes podían continuar esa labor.
Mikael Bratovich - April 30, 2007 04:07 PM (GMT)
El eslavo salió con Gallois de aquella chabola, sintiendo que algo más grande que lo que podía intuir acababa de forjarse.
-Vaya con bien guerrero.
Fueron sus palabras antes de tomar de nuevo las riendas de su caballo y separarse del toreador, sumido en intensas y poco fructíferas meditaciones. ¿Podría aquella anciana ver lo que había sido?
Sea como fuere, aquel no era el día de averiguarlo.