Title: Sed de sangre veneciana.
Description: Venecia, años atras...
Octavio Giovanni - April 1, 2007 05:16 PM (GMT)
Era una noche tranquila, inusualmente tranquila en la ciudad de los canales. La luna apostada reflejaba su imagen en el gran canal.
Dentro de la estancia Marcelo redactaba la que al parecer era una carta importante. Se le veía apresurado, intranquilo. Constantemente miraba a sus espaldas. Con su pluma acabó la última frase y enrolló el pergamino, lo abrazó con un lazo rojo sangre y lacro su sello personal con cera.
Apresurado llamaba al fiel pablo, un chico joven que ejercía de criado y emisario del Giovanni.
Pasada la media noche, una figura oscura apareció en la estancia…totalmente encapuchada y con una daga en su mano izquierda, alzándola esgrimió afiladas palabras contra el cainita.
-No nos has tratado bien, Marcelo, no nos has tratado bien y lo sabes….-
Algo agarró a Marcelo desde atrás inmovilizándolo, mientras el encapuchado se abalanzaba sobre su presa que no podía moverse. Con su daga le profirió 7 puñaladas que serían mortales y luego procedió a morder su cuello y consumir su alma…
-Has estado bien Octavio, ahora seremos libres…-
La figura del nigromante desapareció en la negra oscuridad…entre susurros y risas histéricas…
Ardra McLyr - April 1, 2007 05:26 PM (GMT)
Ardra se encontraba en una pequeña taberna sita en el peor barrio de la urbe. Normalmente solía ir allí para charlar con los habituales mercenarios mortales que viajaban de aquí para allá. Con ellos intercambiaba información y se enteraba del resultado de lejanas batallas. Aquella noche se entretenía hablando con Hans, un fornido alemán, cuando un joven llamó su atención.
El muchacho era Pablo, el fiel criado de su, en ocasiones patrón, Marcelo. Portaba una carta lacrada que entregó al gangrel. Éste se alejó un poco de la mesa y rompió el sello de cera, abrió la carta y se esforzó por leer su contenido ayudado por su dedo índice. Al cabo de unos minutos volvió a enrollar la carta, sus manos apretaban el pergamino haciéndolo crujir, sus ojos eran dos ascuas ardientes y su sempiterna sonrisa había desaparecido de su cara.
Una reververación ronca surgió de su garganta como un profundo susurro capaz de hacer temblar los huesos...
Giovanni
Ardra McLyr - April 1, 2007 05:42 PM (GMT)
En la noche veneciana, una rápida figura recorría las oscuras calles con determinación. De mirada enrojecida y zancadas firmes, con su enmarañada melena castaño-rojiza, Ardra McLyr mantenía su rumbo hacia lo que él consideraba como el refugio de una serpiente escurridiza y sibilina.
Llegó ante la fachada de una casa mercantil y se encaminó hacia una gran puerta de madera cuyas hojas permanecían firmemente cerradas por unas trancas interiores. El gangrel hervía de rabia por lo que había encontrado en casa de su antiguo patrón Marcelo. El estudio del vampiro se hallaba un poco desastrado y en el suelo podían verse manchas de sangre y algunas cenizas que la corriente de aire dispersaba.
La atención del gangrel volvió a posarse en la puerta, y con un gruñido silencioso, los músculos de sus brazos y sus piernas fueron hinchándose con el poder de su sangre. Con un gran salto embistió hacia la recia puerta. La fachada de piedra, así como los goznes y refuerzos de hierro temblaron y se combaron ante la furia de McLyr, más la entrada aguantó el embite.
Presa de la rabia, el gangrel volvió a embestir una segunda e incluso una tercera vez, hasta que la pesada puerta cedió hacia el interior, arrancada una de sus hojas de sus bisagras.
Una vez dentro, el gangrel escrutó la oscuridad con sus ojos, que ardían como ascuas, y mientras de sus dedos iban abriéndose paso unas afiladas e irregulares garras, como el torrente de un furioso río, un grito se abrió paso hacia el exterior.
¡Octavio, maldita alimaña traidora!, ¡da la cara, sal de donde te escondes o por Manannan y Tarannis que subiré a buscarte y te abriré en canal!
Octavio Giovanni - April 1, 2007 07:52 PM (GMT)
Hinchado por la sangre de Marcelo el encapuchado capadocio salió al encuentro del gangrel.
El silencio como respuesta y el sabor de la sangre de su maestro Giovanni en su paladar.
De pálida tez y ojos rojos, debajo de aquella capucha el nigromante estudió a su adversario, sabía quien era…
Ardra Mclyr, -pensó.
El poderio físico del tatuado gangrel era indiscutible, pero ya no había vuelta atrás.
Entre ellos, una pequeña sala a oscuras con algun viejo mueble estropeado por el paso del tiempo...
Ardra McLyr - April 1, 2007 07:59 PM (GMT)
Ardra vio salir al capadocio y su cara adoptó una mueca feroz, parecida a la sonrisa que aparecería en la cara de un lobo si éste pudiera sonreir.
Bien, Giovanni, muy bien, no eres tan cobarde como imaginaba. Ahora tienes sesenta latidos para explicarme la vil traición hacia tu sire, antes de que arranque tu cabeza y la uitlice como caliz
La amenaza del gangrel no era un farol, y prueba de ello constituían sus garras, además del fluido carmesí que se abría paso por las venas de sus extremidades, dotándole de una fuerza mayor de la que tendría cualquier humano.
Octavio Giovanni - April 1, 2007 08:21 PM (GMT)
….60 latidos de un corazón no-muerto eso era una eternidad para el veneciano…
El Giovanni alzó la vista hasta posarla en los fieros ojos del gangrel. Quizás era el poder de la sangre de Marcelo o quizás la sensación de ser libre al fin.
-Era un maldito bastardo y se lo merecía.-
Lo cierto es que tras decir esa frase sus piernas temblaron un poco, conocía el aprecio de aquel cainita por el que fuera su maestro.
El miedo comenzó a hacerse sentir mientras la sangre se consumía en su organismo y el éxtasis bajaba…
Los ojos del gangrel brillaban en la oscuridad y a buen seguro vió la gota de sangre que bajaba por su frente...
El panico.
Ardra McLyr - April 2, 2007 09:22 PM (GMT)
Los ojos del gangrel chispearon de hilaridad.
Un maldito bastardo, JA, sabias palabras Giovanni, si, y ciertas ademas. Aunque eso me recuerda que tu también eres un maldito bastardo...
Con estas palabras el gangrel se lanzó en con fuerza hacia el Capadocio, la mano derecha extendida y las irregulares y afiladas garras apuntando al frente. Sus músculos brillaban tersos por le poder de su sangre, y en su cara asomaba una sonrisa lobuna.
Octavio Giovanni - April 4, 2007 06:33 PM (GMT)
A menudo cuando todo esta perdido, cuando todo carece de sentido ya, un atisbo de esperanza aparece reflejando su luz en la absoluta oscuridad…
Del miedo al orgullo. Ante la figura del salvaje gangrel saltando preso de la rabia con sus garras frente al capadocio este solo tenía una única posibilidad, huir. El no era un guerrero, no destacaba por sus cualidades físicas y si había algo de lo que carecía era de valor.
Clavando su mirada en la del fiero guerrero gangrel, sus ojos se tornaron rojos de repente llenos de la vitae del que se proclamase años atrás su señor…
El cuerpo del gangrel se congeló cayendo al suelo inerte, congelado y recibiendo la sensación de que sus músculos no le obedecían….atónito, desde el suelo y preso de la ira vio como el encapuchado nigromante sonreía segundos antes de arrojarse por una de las ventanas haciéndola añicos…
-Alcanzaras tu venganza si, pero no será esta noche-susurraba divertido.
Segundos después un negro corcel escapaba lejos de allí a través de la noche…sin rumbo.
Para cuando el gangrel se recuperaba el veneciano estaba lejos de allí.
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Nivel 2: Rigor Mortis
Uno de los primeros cambios que sucede a un cuerpo muerto es la rigidez; el cuerpo se vuelve tan inflexible como un tablón, congelado en una única pose. El Cainita que esgrima Rigor Mortis es capaz de empujar a cualquier cuerpo vivo o no muerto hasta ese punto empleando únicamente su voluntad y comprensión de las fuerzas del deterioro. Fuerza a su blanco a volverse rígido, incapaz de moverse sin un enorme esfuerzo de voluntad ya que sus propios músculos le traicionan.